XIX Congreso del PC Chino: La fase final para desplazar a Estados Unidos

En su discurso de apertura del XIX Congreso del Partido Comunista Chino, el Presidente Xi Jinping lanzó una aseveración para nada desconocida y por lo mismo nada de original: el comienzo de una nueva era china. Sin embargo, lo novedoso de esta frase es que fue dicha por el segundo hombre más poderoso del planeta, del que subyace su destreza para manejar las riendas del partido político más grande, también del planeta, y junto con ello, para seguir impulsado la gigantesca economía china, que por tamaño en pocos años superará a Estado Unidos.


 

A diferencia de lo que ocurre en Occidente, donde los cambios políticos y económicos suelen seguir los ciclos de los gobiernos de turno, en China lo que prevalece es la planificación de largo plazo. Incluso, más allá de cada quinquenio que transcurre entre cada congreso del mayor partido del planeta. Por eso, lo que venga después del XIX Congreso de Partido Comunista Chino, es que con alta probabilidad se cumplirá la ruta trazada por los antecesores del Presidente Xi Jinping, de convertir a China en la primera potencia mundial.

No fue casualidad que al momento de su ingreso al salón del Gran Palacio del Pueblo, el 18 de octubre pasado (en Beijing), el Presidente Xi llegó escoltado por sus antecesores, los ex Presidentes Jiang Zemin y Hu Jintao.
Xi se valió de este protocolo para refrendar que el camino que se encuentra recorriendo China, desde hace cinco décadas, no ha sido fruto de la improvisación, ni tampoco de las fuerzas del mercado, aunque desde Deng Xiaoping en adelante, en la década de 1980, la práctica china ha sido valerse de las fuerzas del mercado para respaldar la planificación centralizada.

Valiéndose de una diplomacia que genera más asombro que controversia, Xi ha promovido la “reconfiguración del orden global de las relaciones internacionales”. Conforme a ello, hace pocos meses lanzó un proyecto que cuando esté concluido unirá el lejano Oriente con el corazón de Europa: la llamada Nueva Ruta de la Seda, un plan de inversiones en infraestructura para la integración vial y comercial que será la mayor de su tipo a escala mundial. Xi también está impulsando el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés), con el que algunos observadores creen que, de tener éxito, convertirá a China en el principal gestor financiero a nivel global, desplazando al Banco Mundial, que es gestionado desde Washington.

Otra vía deliberada de China para sentar su presencia en el campo internacional ha sido el apoyo a los países de menor desarrollo, en los distintos continentes, con créditos blandos, ligados a la venta de bienes físicos producidos en el país oriental. Junto con ello, ha negociado directamente con los gobiernos para invertir en recursos naturales y les ha pedido que incluyan al yuan como moneda de intercambio comercial, con el fin explícito de contrarrestar la prevalencia del dólar el euro u otras monedas duras.
Fiel al pragmatismo -que ha sido otro de los ingredientes del éxito programático de los chinos-, en su carrera para convertirse en la mayor potencia mundial, Xi anunció los puntos clave que permitirán avanzar en este desafío: la flexibilización en el acceso a la inversión extranjera, más apertura de los mercados y reforzamiento en las normas de protección de la propiedad industrial e intelectual. Por lo demás, son puntos críticos que forman parte del núcleo de las disputas que largamente ha mantenido China con sus principales socios comerciales: la Unión Europea y Estados Unidos.

Disciplina y control de gestión

Lo que China tiene claro es que no puede prescindir de los mercados internacionales para seguir creciendo y qué mejor que en esta nueva fase cultive buenas relaciones comerciales con el resto del mundo.

Un atributo fundamental del Partido Comunista chino es la disciplina y por ello es que resulta imperativo hacer lo que está planificado. Así, el rasero para medir el desempeño de los dirigentes del partido es si cumplen o no con la meta instruida y si no cumplen prontamente son removidos de sus cargo. Xi ha cumplido con creces, por eso llegó al XIX Congreso revestido de más prestigio del que tenía cuando llegó al máximo cargo dentro del partido, en marzo de 2013. Y por eso también se ganó un nuevo periodo como secretario general del Comité Central del Partido Comunista, de presidente de la Comisión Militar Central y de Presidente de la República Popular China.

Xi no ha rehuido de tomar medidas heterodoxas para cumplir con los objetivos, incluso echando mano a herramientas de la ortodoxia capitalista.

Al igual que sus antecesores, Xi no ha rehuido de tomar medidas heterodoxas para cumplir con los objetivos, incluso echando mano a herramientas de la ortodoxia capitalista. Según un despacho de la agencia EFE, durante el desarrollo del XIX Congreso, el vicepresidente de la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo, Zhang Yong reconoció que las compañías privadas se han convertido en un componente fundamental de la economía china. Dijo que en lo que va corrido de 2017 la inversión privada ha crecido en 6%, esto es, 3,5 puntos porcentuales más que lo que subió entre enero y septiembre de 2016.

Pero eso no es todo, Zhang Yong destacó que hoy la participación del sector privado en el PIB chino es del 60% y que genera el 80% de los empleos y la mitad de los ingresos fiscales. Por lo tanto, si el gobierno chino busca garantizar el crecimiento en los próximos años, sencillamente no puede prescindir de las compañías y las inversiones privadas, sean éstas nacionales o extranjeras.

Apertura de empresas públicas

En su discurso de apertura del XIX Congreso, Xi planteó que “los tipos de interés y los tipos de cambio deben estar más basados en el mercado”, y que es necesario “respaldar el desarrollo de las empresas no públicas” y activar “a los agentes del mercado”.

Para dar más impulso al crecimiento, el mandatario chino anunció que las empresas públicas “comenzarán a abrirse al capital privado”, avanzando de esta forma a un modelo de “propiedad mixta”. Conforme a ello, dijo que el país continuará con el actual proceso de reformas al que llamó “reorganización estratégica”, a fin de desarrollar “empresas de primer orden mundial, globalmente competitivas”.

Por el lado de la oferta, Xi Jinping subrayó la necesidad de profundizar las reformas estructurales, “para eliminar la sobrecapacidad del sistema productivo chino y crear una economía basada en la innovación”.

También mencionó el objetivo de mejorar el sistema de supervisión y control financieros, para “evitar la aparición de riesgos financieros sistémicos”.

Junto con lo anterior, el líder comunista chino se comprometió a impulsar una profunda reforma impositiva, para avanzar hacia “un sistema fiscal moderno”, con una clara división de competencias y obligaciones entre las administraciones central, provincial y local.

Lucha contra el cambio climático

Xi Jinping dijo también que China debe trabajar para mantener “cielos azules” libres de contaminación y promover una “revolución” en energía limpia.

Dicho sea de paso, la macro zona norte de China, que sufrió una severa crisis de contaminación a comienzos de este año, es una prioridad para el gobierno chino, para lo cual ha ordenado el cierra de las fábricas más contaminantes y la aplicación de un plan más severo para la reducción de emisiones, aun a costa de reducir la capacidad productiva.

Por otra parte, ya se están aplicando medidas para reducir el uso de carbón, el combustible preferido por el país, y ha activado el uso de energías renovables como la eólica y la solar.
En este marco fue que Xi Jinping reiteró su compromiso para sumar a China a la lucha contra el cambio climático y con ello “garantizar la supervivencia de la humanidad”, según sus propias palabras.

Partido único con férreo control del poder

Pero como todo no puede ser tan perfecto, el talón de Aquiles de China Popular sigue siendo el régimen de partido único y la ausencia de canales de participación democrática, lo cual se traduce en la aplicación de medidas de fuerza contra los disidentes y el amago de la libertad de expresión. Esto último incluye la censura a las manifestaciones culturales y políticas que conlleven críticas al Partido Comunista o a sus dirigentes, como también el bloqueo de los medios digitales que potencialmente ofrezcan canales de expresión imposibles de controlar por el Partido, tales como Google, Facebook, Twitter, u otros similares gestionados en Occidente.

En este ámbito, Xi Jinping llamó a reforzar al Partido para que siga liderando al pueblo”, manteniendo como referente a Mao y la doctrina marxista. Y como principal herramienta de cohesión al Ejército Popular, que depende del Partido Comunista y jerárquicamente de su secretario general. Vale decir, del propio Xi Jinping.

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Editor Política & Economía