Un enfoque sostenible para la recuperación forestal en las regiones afectadas por los mega incendios

Los gigantescos incendios ocurridos en enero y febrero pasados, en la macrozona que se extiende entre la Región Metropolitana y La Araucanía, llevaron al Observatorio de Sostenibilidad de la Universidad de Chile a proponer una nueva política para la recuperación de la masa forestal y la preservación de la biodiversidad. Para esta entidad resulta indispensable que las autoridades enfrenten el desafío de la recuperación con un nuevo punto de vista y la aplicación de políticas públicas de largo plazo, que tomen en cuenta no solo el enfoque económico, sino también el de sostenibilidad ambiental. Por eso critican el sesgo comercial que ha favorecido casi exclusivamente la propagación de las especies exóticas de pino radiata y eucalipto, en desmedro de las especies nativas.


Luego se superada la emergencia de los incendios que costaron la vida a decenas de personas, asolaron pueblos rurales, destruyeron parte importante de la biodiversidad y quemaron medio millón de hectáreas de bosques y matorrales, surgió la preocupación de los expertos por aportar un nuevo enfoque en la dura fase de recuperación, humana, económica y ambiental.
En la propuesta surgida del Observatorio de Sostenibilidad, dependiente del Departamento de Administración de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, participaron los académicos Mary Therese Kalin Arroyo, PhD en Botánica, directora del Instituto Milenio de Ecología y Biodiversidad de la U. de Chile y Premio Nacional Ciencias 2010; el profesor Alvaro Promis, PhD Ciencias Naturales y director Departamento Silvicultura y Conservación de la Naturaleza, U. de Chile; Jaime Riquelme, PhD en Liderazgo de Crisis Decisional del Centro de Desarrollo Gerencial; y Reinalina Chavarri, directora del Observatorio de Sostenibilidad.
“El país urgentemente requiere una línea base sobre los efectos de los incendios para guiar las acciones de restauración y para permitir predicciones más informadas de lo que se puede esperar de futuros mega incendios”, afirman los expertos.

Efectos visibles

La catástrofe ha generado efectos sobre la cubierta forestal de plantaciones (principalmente pino radiata y eucalipto) y de vegetación nativa, acelerado el proceso de desertificación y alterando el ciclo de nutrientes; así como la muerte y/o el desplazamiento de animales desde su hábitat, y alteraciones en la composición de especies del bosque nativo. A esto se suma la paralización de vastos territorios de producción agrícola y la gigantesca emisión de CO2 a la atmósfera, así como una cuantiosa pérdida de biodiversidad.

La superficie de bosque nativo quemada, mayoritariamente está en quebradas y laderas. En este sentido, el incendio ha afectado posiblemente los siguientes bosques:
1. Bosques esclerófilos de litre, peumo, quillay, boldo y espino, con presencia en algunos casos de palma chilena.
2. Bosques caducifolios (de hoja caduca o que se cae), como es el caso del roble de Santiago.
3. Bosques mixtos de roble maulino (hualo) y lingue.
4. Bosques mixtos de roble y queule.
5. Bosques caducifolios de raulí.
6. Pequeños relictos de bosques de ñirre.

Recuperación

Las especies dominantes de la mayoría de estos tipos de bosques nativos responden con regeneración vegetativa, lo que significa que pueden regenerarse de la base, después de que el árbol fue cortado o quemado. Todo dependerá de si la base del árbol sobrevivió al fuego. En caso que ésta haya sobrevivido al fuego, en bosques esclerófilos los árboles y algunos arbustos pueden recuperarse en menos de 5 años. En caso de bosques caducifolios, esto puede tardar alrededor de 10 años. Sin embargo, la recuperación de toda la biodiversidad acompañante puede tardar entre 15 a 30 años en el caso del bosque esclerófilo y tratándose de bosques de robles, más de 50 años o más. Estudios publicados sugieren que, inicialmente se puede esperar una mayor dotación de especies de hierbas y arbustos exóticos en los bosques, las que podrían tardar el proceso de recuperación. Los bosques nativos altamente dañados podrían llegar a ser reemplazados por matorrales densos, dominados por especies más adaptadas al fuego.

Así y todo, nuestra preocupación es que se opte por una solución fácil y de corto plazo. Esto es, que se reforesten las áreas afectadas de bosque nativo con especies forestales exóticas, dado que la mayor parte de los predios quemados son de propiedad privada. Sin embargo, confiamos en que, frente a este problema, la autoridad considere un enfoque estricto, en que se evite la sustitución de bosque nativo por plantaciones exóticas, con visión de largo plazo, centrado en la sostenibilidad, tanto para las comunidades y los sectores productivos afectados, como para el medio ambiente, la fauna silvestre y la flora.

Chile, históricamente, ha perdido una gran proporción de sus bosques en la zona central, por lo que el enfoque debe ser recuperar los afectados y no reemplazarlos.

Chile, históricamente, ha perdido una gran proporción de sus bosques en la zona central, por lo que el enfoque debe ser recuperar los afectados y no reemplazarlos.

Una vez superada la emergencia, las autoridades y organismos del sector debieran realizar una investigación acuciosa y entregar a la opinión pública un balance preciso de los daños, así como de las políticas que van a aplicar para recuperar la superficie dañada. Asimismo, debe apoyar la realización de estudios de largo plazo para determinar los reales cambios que esta catástrofe ha significado para un importante Hotspot Mundial de la Biodiversidad.
Mientras tanto, como Observatorio de Sostenibilidad hacemos un llamado al gobierno para que considera planes de incentivos para reforestar con especies nativas, entre otras cosas porque éstas favorecen el ciclo del agua y ayudan a frenar la desertificación, favoreciendo de paso otras producciones, de frutales y las viñas, por ejemplo, que se abastecen de agua de napas. Hoy estas producciones frutales dan vida a una economía local importante, pero mañana pueden caer como víctimas de la sequía, como hemos visto en zonas en que han tratado de coexistir con plantaciones de bosques exóticos.

El bosque nativo consume agua en menor cantidad que las especies exóticas y disminuye la evaporación desde el suelo, por estar más protegido por otras especies de flora en el sotobosque y con suelos orgánicos que son capaces de retener agua, y debido a un crecimiento arbóreo que generalmente es más lento.

Opción por las especies nativas

Por lo tanto, como Observatorio de Sostenibilidad solicitamos a las autoridades que en el plan de recuperación de esta catástrofe se hagan los mayores esfuerzos para que en las áreas con aptitud forestal afectadas se restituyan las especies nativas, tanto de árboles como arbustos. No obstante, para la recuperación de aquellas superficies utilizadas por plantaciones con una especie (monocultivos de pino radiata o eucalipto), se propone incentivar el desarrollo de plantaciones mixtas, con estas especies utilizadas tradicionalmente pero además con especies arbóreas nativas, de más lento crecimiento.

Durante la última década, a nivel mundial se han hecho llamados y propuestas a cambiar plantaciones de monocultivos, que tienen un objetivo de producción maderera, hacia plantaciones de especies mixtas, en que la producción se dirige con dos o tres especies.

Estas plantaciones con especies mixtas, además de continuar entregando producción maderera, proveen de otros servicios ecosistémicos, tales como de regulación y cultural. Además, el establecimiento de plantaciones con especies mixtas puede favorecer políticas de desarrollo local o regional, pues ofrece la posibilidad de acciones de manejo alternativo de estos cultivos, especialmente en momentos como el que estamos viviendo, en que se acentúan los riesgos y la incertidumbre debida al cambio climático y sus efectos, como son estos incendios.

Esto como alternativa a la solución que probablemente darán las empresas privadas, en la medida en que recuperen los seguros comprometidos. Es probable, que éstas tratarán de reponer rápidamente la superficie afectada con especies forestales exóticas, debido principalmente, a que ofrecen un retorno económico más rápido, y son las que tradicionalmente se han utilizado.

Algo parecido puede pasar con los pequeños propietarios afectados y que han sido beneficiados por Decreto Ley 701. Dado que sus plantaciones se encontraban bonificadas por Estado, ellos están obligados a volver a plantar, aunque sin restricción de especies. Debido a ello y a las actuales condiciones de mercado es probable que vuelvan a plantar pino o eucalipto, puesto que ya forman parte de una cadena productiva establecida.

Como Observatorio de Sostenibilidad creemos que el Estado debe aplicar una nueva visión para el sector y modificar la actual política de fomento forestal, con el fin de transitar hacia el establecimiento de cadenas productivas alternativas. Así, por ejemplo, en las zonas donde no hay parques nacionales, el estado debería adquirir superficie, o reunir superficie a través de donaciones, o de bienes nacionales y construir -entre otros- el Parque Nacional del Bosque Maulino. Algunas áreas de bosque nativo afectadas deben convertirse en sitios de estudio de largo plazo adquiridos por el Estado.

Decreto Ley 701

Este decreto dictado en 1974, se hizo en un momento en el cual las voces de los científicos no estaban presentes y cuando había poca sensibilidad sobre el valor de la biodiversidad. Tampoco era tema de preocupación y de debate el ahora evidente problema del cambio climático. Así y todo, no se puede negar que este decreto-ley ha permitido una importante contribución al desarrollo de la industria forestal de Chile y de las exportaciones.

Sin embargo, los resultados indican que este subsidio estatal ha favorecido en mayor grado a grandes grupos económicos del sector, más que a las comunidades que coexisten con plantaciones, hoy, severamente afectadas por mega incendios. Estas comunidades, como también los pequeños y medianos propietarios que no cuentan con seguros, incluyendo campesinos y agricultores de menor tamaño, han quedado altamente expuestos a la vulnerabilidad económica, dependiendo su recuperación en gran medida de la solidaridad ciudadana y de la ayuda estatal.

Entre las externalidades por la aplicación del DL 701 destacan el bajo desarrollo de las localidades y comunidades aledañas a las plantaciones, el impacto ambiental por los monocultivos y cambios en el uso del suelo; la desertificación en algunos ecosistemas y territorios específicos; la ausencia de manejo forestal sustentable en numerosos predios; la dependencia del arriendo de los terrenos y la permanencia de una mano de obra barata y poco cualificada.

Asimismo, las plantaciones de pinos y eucalipto han provocado otras externalidades ambientales, tales como la disminución de la producción de agua para otros fines, incluyendo los requerimientos humanos en localidades vecinas; la afectación de la biodiversidad; la reducción del valor que tiene el paisaje chileno para la emergente industria del turismo, la disminución de la oferta de productos forestales no madereros, tales como hierbas medicinales, hongos, frutos silvestres, forraje, cortezas y madera para ebanistería y carpintería; y la baja ostensible en la producción de miel de abeja.

Industria forestal sustentable

Chile necesita un nuevo diseño institucional para el sector. En la actualidad no existe una política forestal en estrictu sensu. Creemos que llegó el momento de plantearse la pregunta sobre qué modelo de desarrollo forestal necesitamos para los próximos 20 a 30 años.

La respuesta a esta pregunta implica asumir los desafíos del cambio climático, que en el caso de nuestro país es mayúsculo, en términos del avance de la desertificación, sus efectos en el borde costero y en la agricultura. La respuesta también debe considerar una nueva visión en el manejo de los recursos hídricos y en el uso de la energía, entre otros.

Desde la perspectiva del proceso de toma de decisiones, se observa la necesidad de un diseño institucional, que propenda a una mayor investigación, considerando la descentralización de algunos procesos clave, con la finalidad de reducir el daño frente a futuras catástrofes del sector.

Como Observatorio de Sostenibilidad creemos que el nuevo modelo de desarrollo forestal debe ser parte sustancial del nuevo enfoque de crecimiento sostenible. Esto es, la aplicación por primera vez en una política pública multisectorial con un enfoque productivo ético y de equilibrio global, lo que significa producir de manera segura en el largo plazo, con el menor impacto ambiental y social posible. Confiamos en la capacidad de las autoridades del país para reaccionar con decisión en futuras catástrofes naturales y en la sensatez de la industria forestal chilena para adaptarse a los desafíos que imponen el cambio climático y la sostenibilidad económica, social y ambiental para nuestro país.

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Sobre el Autor

Editor Política & Economía