Sergio Bitar: “Los líderes de la centroizquierda están congelados”

Ante la falta de coherencia y unidad en la centroizquierda chilena, el ex ministro en los gobiernos de Salvador Allende, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet y ex senador, Sergio Bitar, dice que la posibilidad de que la derecha continúe en el poder después del actual mandato de Sebastián Piñera, es altamente probable. Pero en caso de que cambiara la situación se pregunta: ¿ganar para qué, con qué propuesta, con qué programa y con qué prioridades? En esta entrevista Bitar trata de dar respuestas a estas preguntas.


Por María Isabel Guzmán

“Mi trabajo y mi vocación es política”, aclara de partida el ex ministro de Minería en el gobierno de Salvador Allende, de Educación en el gobierno de Ricardo Lagos y de Obras Públicas en el primer gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010). Con medio siglo de experiencia política acumulada, Sergio Bitar, quien también fue senador, hoy está dedicado a reflexionar sobre el camino que debiera tomar la centroizquierda. También está preocupado y ha escrito profusamente sobre los cambios mundiales, acelerados por los avances tecnológicos, los problemas demográficos, medioambientales y de gobernabilidad y cómo afectan a Latinoamérica.
Parte de esta labor la desarrolla en Chile, como también en el centro Diálogo Interamericano en Washington y en el Institute for Democracy and Electoral Assistance, con sede en Estocolmo.

¿Usted cree que la derecha puede seguir en el gobierno un próximo período?

Puede haber otro gobierno de derecha. Porque no solo no veo coherencia de las fuerzas políticas de oposición, sino que además no veo ideas que articulen esa capacidad. Ni nuevas generaciones que reemplacen a la mía. Pero eso va a tomar creo todavía un tiempo y por eso el desarrollo de la sociedad civil es fundamental si queremos tener democracia fuerte.
Mientras tanto, la ex Nueva Mayoría está desarticulada, no logra atraer a los jóvenes. Por otra parte, el grupo de jóvenes que, a mi juicio, lucía bastante interesante, en el Frente Amplio, hoy día muestran las peores prácticas de los que ellos mismos criticaban. Por otro lado, en una mirada obtusa de la política, ven como único adversario a la ex Nueva Mayoría y le hacen el juego a la derecha. Entonces, hay que tener cuidado cuando criticamos.

O sea, se ve muy pedregoso ese camino para la centroizquierda.

Por cierto. Esto de amenazar en la Cámara de Diputados que no se vota; o que mañana en las elecciones de 2020 para gobernadores cada uno quiera llevar sus candidatos y no logremos acuerdo y la derecha termina llevándose todas las gobernaciones, lo mismo en los municipios, no es algo que podamos corregir en un año. Ojalá se pudiera. Hay que trabajar por eso.
Está prevaleciendo más el protagonismo que la unidad. Cuando ocurre aquello, el peligro acecha. El protagonismo mata la unidad. Si cada uno quiere ser candidato presidencial, y cada uno está pensando sólo en eso, porque no ve desafíos mayores a la democracia, están equivocados. El resultado es que Chile corre el riesgo de retroceder y lo vemos a diario.
Si no tenemos capacidad de articulación en el nivel de las cúpulas dirigentes la opción es tomar como referencia lo que quiere la sociedad civil. Eso es lo que tiene que hacer la centroizquierda, ir a la sociedad civil. Esa es una gran tarea, primero para fortalecer las bases de una democracia, y segundo para aprender. No bastan los libros y los discursos, uno aprende de la gente. La gente le dice a los políticos lo que tiene que hacer.

¿Ve usted alternativas para establecer un camino conjunto de las fuerzas de oposición?

Vamos a dar una pelea, porque lo que resulte en la parte electoral depende de tu propia fuerza, y depende de la fuerza y la debilidad del otro. Si nosotros estamos desunidos, ayudamos a la derecha.
¿Pero ganar para qué? Entonces tenemos que tener mucha claridad hacia donde queremos caminar. El punto que mencioné sobre la sociedad civil debe ser el eje de la articulación de un programa nuevo. Pero con prioridades. Hay que empujar una nueva Constitución. ¿Por qué? ¿Para cambiar unos artículos? No, porque tiene que haber un nuevo pacto político y social en Chile para enfrentar el siglo XXI. Que la gente se sienta incorporada.
Hoy tenemos un déficit de pensamiento. Para mí eso es uno de los temas más importantes en política: déficit de pensamiento. Entonces, apoyar lo que son los centros de reflexión y la articulación internacional de estos centros de reflexión, para el progresismo es un asunto clave.

¿A su juicio, por qué la coalición de centroizquierda llegó a esta situación?

Uno puede mirarlo por el lado positivo. La nuestra ha sido la más larga coalición de centroizquierda en Occidente en el último siglo, no hay otra. Nada es permanente. Pero parte del cambio que se ha producido es por lo que hicimos y por lo que no hicimos. Tampoco es que hay aplaudir todo lo que se hizo.
Ahora estamos frente a una coyuntura en lo que lo individual prevalece. En este contexto, las posibilidades de elegir e imitar a un Presidente con plata obnubilan. El poco interés por lo colectivo es algo que no hemos sido capaces de superar. Fenómenos nuevos, como las tecnologías en materia de comunicación, no sabemos cómo están influyendo en la política; cómo están influyendo en los comportamientos. Tampoco sabemos cómo se van a comportar las nuevas generaciones hacia adelante, los millennials y los zeta, respecto de los baby boomers. En fin, necesitamos preocuparnos de todo esto, para no seguir errando.
Sin embargo, cuando uno está un poco confuso y abrumado por la incertidumbre, tiene que aferrarse a los valores. Y los valores de solidaridad, libertad, igualdad, democracia, son los insumos permanentes que nos pueden guiar. A esto hay que agregar el medioambiente y la participación de la mujer. Pero esto no se ve en los planteamientos de los líderes de la centroizquierda. Están como congelados. No son proactivos.

¿Qué cree usted que puede ayudar a movilizarlos, a descongelarlos?

Los que no estamos en el Parlamento tenemos que demostrar una capacidad de reflexión. Eso está muy débil hoy día. Entonces, hay que fortalecer los centros de pensamiento del progresismo y con ello reforzaría la rearticulación del progresismo latinoamericano. Tenemos que propiciar la articulación de partidos, que no son similares, pero que quieren cambios sociales y quieren hacerlo en democracia, protegiendo la naturaleza. Si en estos tres temas podemos convocar a un grupo de partidos, yo creo que ayudaría bastante.

Tenemos que propiciar la articulación de partidos, que no son similares, pero que quieren cambios sociales y quieren hacerlo en democracia.

Usted recién señalaba algunos valores que son permanentes en la cultura de izquierda. ¿Son esos lo valores que hoy mueven a la centroizquierda chilena?

Sí, estos valores están incorporados al progresismo o el socialismo democrático, como lo llaman. A esto agrego la revalorización del Estado, más allá del rol regulador que hoy prevalece. Agregó también la solidaridad y la colaboración por sobre la competencia; la diversidad y tolerancia con el otro.
El movimiento estudiantil que hemos tenido, junto con el movimiento de las mujeres, creo que son elementos nuevos muy estimulantes. De que aquí hay algo nuevo que tenemos que apreciar y rescatar. Ahora, ¿qué es lo nuevo?, ¿cómo se maneja lo nuevo? Es difícil entenderlo, pero el riesgo está en que mañana gane un tipo como Lavín, que a su modo y desde la derecha trata de ser populista. Yo lo veo como un riesgo claro.
Cuestiones tan básicas para la gente, como el tema del derecho al agua siguen pendientes.
La reforma constitucional está pendiente. Y va a venir el tema del agua como uno de los más urgentes. Otros temas de alcance constitucional son el reconocimiento de los pueblos Indígenas y el derecho a vivir en un medioambiente sano. Otros temas son la reforma al Tribunal Constitucional, que hoy se ha puesto por encima del Parlamento y la reestructuración de las fuerzas policiales y de las Fuerzas Armadas, sobre la base de qué roles van a cumplir en el futuro.

Como también cómo la autoridad fiscaliza las platas que se entregan a los uniformados.

Eso no necesita un cambio constitucional. Pero, obviamente, si no hay supervisión civil sobre el recurso fiscal, de todos los chilenos, que se entrega a Carabineros y las Fuerzas Armadas es grave. Pero más grave todavía es que si un militar se corrompe con plata del Estado, mañana se puede corromper con la plata del narcotráfico. Y ahí estamos fregados. Entonces, es muy importante que los propios militares y la policía se defiendan, pero que la sociedad esté supervisando y tenga control.
Yo diría que no es difícil que nosotros armemos un programa de Gobierno. Y cuando gobierna la derecha saltan más a los ojos las diferencias.
Por ejemplo, lo que están haciendo ahora en materia internacional con el Prosur. ¿No es un ALBA de derecha? No resultó ni la una ni va a resultar la otra. Otro tema es la intención del gobierno de Piñera de volver a la selección de los alumnos en los establecimientos educacionales; y parar el proceso de gratuidad de la educación superior.
Entonces vemos una derecha que vuelve un poco a su ADN. Es un ADN elitista, es un ADN que no le preocupa la desigualdad, que no le interesa la participación. ¿Nos ayudarán estos cuatro años, son suficientes? Yo siempre soy optimista, pero no está fácil.

Se habla constantemente del desencanto y desconfianza de la ciudadanía respecto de los políticos y su actuar. ¿Cómo se acercan a la gente en ese contexto?

Yo no conozco otra forma de acercarse que ir a ayudar a que la ciudadanía haga lo que cree que tiene que hacer. Es por eso que la sociedad civil, las organizaciones sociales, los problemas en el campo, en las ciudades pequeñas, estar ahí más que ir a decirles lo que tienen que hacer. Escuchar. Las tecnologías de hoy permiten esa articulación con la ciudadanía con bastante más velocidad.
Por ejemplo: en la discusión que tuvimos cuando asumió el nuevo presidente del Senado, surge la necesidad de retomar el tema de la Constitución, no como una discusión formal, sino como una discusión del tipo de sociedad que queremos. Además, he argumentado que el Senado ha tenido un rendimiento espectacular en materia del Congreso Futuro, uno de los eventos más importantes del país que destaca a nivel mundial.
Entonces, si tenemos un Congreso Futuro, por qué no levantamos la labor de pensar una estrategia de Chile al 2030, al 2040. Hemos visto que Congreso Futuro convoca a la ciudadanía, y podríamos discutir un temario, con la ayuda de expertos, región por región. Así vamos recogiendo eso de manera que compartamos algo en común, que nos dé un sentido, que nos aglutine para lograr algo mejor y no solo estar pensando en dos o cuatro años más.

¿Cree que esto sería como los espacios alternativos que propone José Antonio Kast, desde la otra vereda?

Yo creo que eso ya se instaló. O sea, el cambio al sistema electoral, que demoró mucho tiempo, abrió y muestra que en la derecha hay una extrema derecha. Y en la izquierda, un sector de la izquierda más radical, que uno podría llamar su equivalente, que no quiere alianzas, o que es principista, que es testimonial, y que al final termina haciéndole el favor a la derecha, también existe. Pero es así. Nosotros dijimos que preferimos un sistema un poquito más proporcional, porque no podíamos seguir con este sistema binominal en que la derecha se llevaba con el 40% la mayoría y nos empataba en todo y trancábamos el país.

Pero mi pregunta es: ¿puede ganar Kast una elección presidencial?

Dudo mucho, pero puede dividir a la derecha, y en eso le da una punción a otro. Si no ocurre aquello, como pasó en la elección anterior, que Piñera se llevó todo con una mirada más al centro, y nosotros estábamos divididos, llevamos no sé cuántos candidatos, gana la derecha.
Entonces, ¿es que los chilenos se han puesto conservadores? No. Yo creo que no todos los problemas los podemos explicar por derecha e izquierda, hay temas mucho más complejos.

¿Cómo cuáles?

En los temas, por ejemplo, de mayor libertad de la mujer para tratar su propio cuerpo, no es un tema de derecha o de izquierda. Entonces, hay que tener flexibilidad para ver la variedad nueva de temas y una fuerza de centroizquierda tiene que ser capaz de expresar esa diversidad, lo cual complica la unidad, pero se puede.
Y es por eso, entonces, que la derecha puede ganar de nuevo, con un candidato que luzca más popular y nosotros podemos quedarnos trancados en una discusión para ver quién es más purista, y no representemos los intereses de la gente.
Esto alimenta la desafección de la ciudadanía con la política, lo que dicho sea de paso, no es un problema exclusivamente chileno, es un problema mayor que no sabemos muy bien cómo enfrentar. Tiene que ver con la globalización, tiene que ver con que la desigualdad de ingresos crece con las nuevas tecnologías. Ahora vamos a enfrentar el tema de los nuevos empleos y la digitalización. Cómo vamos a formar a la gente, cómo vamos a hacer un pacto social, nadie está discutiendo aquello. Entonces, la fuerza progresista tiene que tomar los desafíos del futuro, y hacerlo conversando con la ciudadanía.

¿Es hoy Bachelet el único liderazgo unificador de la oposición o hay otras figuras que puedan serlo?

Yo creo que ella hoy es la que mejor representa un sentimiento común, de respeto, de admiración, de capacidad, porque ella no anda peleando con todo el mundo como Piñera, que anda tratando de desacreditar a los demás, que al final, como decía Mahmud Aleuy, le termina haciendo la campaña. Sin embargo, tendríamos que ser ciegos si creemos que de esa manera se resuelven los problemas del progresismo. La opción que postular nuevamente a Bachelet puede agravar los problemas que vive la centroizquierda, si no hay fuerza en las ideas y capacidad de despertar a una nueva generación que las lidere.

¿Y ve a alguien con características para asumir ese rol de liderazgo?

He aprendido que para ser un buen presidente hay que tener un cuerpo de ideas sólido; hay que tener buena gente que te apoye; hay que tener unidad; hay que tener reglas que se respeten. A veces hay presidentes que pueden ser menos llamativos desde el punto de vista del brillo comunicacional, y mucho mejores como Presidentes de la República, más serenos, más cuidadosos, más conversadores con la ciudadanía. Aquí no se necesita brillantes traídos del cielo para ser buenos presidentes. Se necesita organización política, sociedad civil, ideas y valores.

¿Ve usted alguna posibilidad de un eje PS-PPD-PC-PRSD, con el Frente Amplio hoy?

Es algo que no se descarta. De hecho, los pasos que se han dado me parece que han sido adecuados. Primero, la agrupación de lo que se puede llamar el eje de centroizquierda democrático de lo que fue la ex Nueva Mayoría PPD-PS-PR, que además los tres somos parte de la Internacional Socialista. Eso le da garantía a la DC de que se puede conversar. Eso le da un cierto peso a un eje de esta articulación. Eso permite hablar con el PC, con el cual hemos estado en el gobierno, y permitiría hablar con el Frente Amplio. Si no estuviera eso, la dispersión sería mayor. Creo que ese es un primer paso.

¿A su juicio, cuánto daño hace a la izquierda latinoamericana la situación de Venezuela?

Cuando hace un par de semanas abrí una página de The New York Times y aparece una entrevista a un empresario chino, que se ha ido a Malta porque Xi Jinping corre el riesgo de transformarse en un Nicolás Maduro, lo que estoy viendo ahí es que el tema de Maduro es el epítome de la ineficiencia que va a ser usada por la derecha para decir el socialismo es una mierda.
Le pusieron Socialismo del Siglo XXI, y esto no es ni siquiera del siglo XIX. O sea, estamos en presencia de un hombre que no es de izquierda. No puede ser de izquierda un hombre que poco le importa el sufrimiento de su gente que no tiene para comer, no tiene medicamentos, no tiene nada. Y que le anda echando la culpa a Estados Unidos, cuando él pudo vender todo el petróleo que quiso durante todos estos años a ese país. Y quiere compararse con Allende, que fue un demócrata toda la vida, y que además a nosotros no nos dejaban vender el cobre, ni nos vendían repuestos, y nos tenían bloqueados todos los créditos desde antes que partiera Allende.
Entonces, esto es un chiste, es una mueca de lo que es progresismo, lo que es izquierdismo. No puede ser de izquierda un hombre que viola los derechos humanos y políticos de los demás, controla los medios de comunicación, inventa una Asamblea Nacional Constituyente, mete presos a los opositores.

El conservadurismo en el mundo parece aprovechar muy bien esta situación.

Estamos frente a un gran fraude y el progresismo tiene que encararlo, si no la derecha se va a hacer parte de eso y lo va a tomar para atacar. Ya vimos a Trump en su discurso sobre el estado de la Unión (State of the Union), en que toma el caso de Venezuela, no para atacar a Venezuela precisamente, a él no le importa nada. Él quiere mostrar la cabeza de Maduro para atacar al sector progresista de los Demócratas norteamericanos.
Chilezuela, no me imaginé nunca que alguien pudiera plantear esa estupidez, y aparentemente mucha gente picó. En Brasil ocurrió lo mismo. Esto se va a usar en todas partes para decir ‘esto es lo que usted quiere. Estos señores quieren hacer estos cambios’. Los conservadores van a usar Venezuela en desmedro de la izquierda en otros países, lo cual es una vergüenza.
Creo que la experiencia de Venezuela es desastrosa, en primer lugar, para los venezolanos. Viví exiliado ahí muchos años por la dictadura de Pinochet. Me parte el alma, porque ya no es solo un problema de pobreza, es un problema de destrucción del espíritu y de la dignidad como personas. Y no podemos dejar esto en manos de la derecha. Ni menos todavía que crean que van a resolver el problema a punta de balazos con intervención extranjera.

¿Cree usted que podremos salvar estas diferencias?

Yo siempre tengo fe. Si uno está en política, debe tener fe en que el ser humano tiene fuerza y capacidades superiores de ir a través de la lucha imponiendo sus valores. O si no, no creería que los venezolanos van a poder tener una democracia algún día, y salir del desastre en que están metidos.
Creo que en Estados Unidos también, siendo muy peligroso Trump, están teniendo una sacudida que, más allá de que los demócratas sean capaces de reaccionar con suficiente fuerza y mantenerse unidos, hay una reacción de la sociedad que se percata que sus libertades están en riesgo.
Pero en América Latina los fenómenos son distintos. No tenemos terrorismo, no tenemos islam, no tenemos 28 o 15 idiomas distintos. Acá los fenómenos de amenaza a la democracia son de otra naturaleza.

¿Cuáles son esos fenómenos de amenaza a la democracia en América Latina?

Sin duda, hay cuatro o cinco grandes fenómenos que hay que enfrentar, a mi juicio. El primero es la conciencia de la desigualdad. Y eso está vinculado y tiene ramificaciones a los temas de cultura, porque la desigualdad no es solo económica, es de trato, es de forma, de barreras, de xenofobia. Pero ese es un gran tema. Por lo tanto, la lucha por inclusión es crucial.
El segundo gran desafío de América Latina, para sostener la inclusión, es el crecimiento, que no puede hacerse solamente sobre las bases del mercado y los recursos naturales. Y hemos sido bastante lentos en la capacidad de reacción. El mejor índice que revela nuestra lentitud es el nivel de investigación y desarrollo como porcentaje en producto geográfico. Mientras los israelíes, los estonios, los coreanos del sur, en fin, los nórdicos, superado el 3%, se acercan al 4%, y nosotros no podemos llegar ni al 0,5%.
Es muy lamentable y demuestra que la cultura de la estructura económica chilena, del mercadismo, por un lado, y del redistributismo por otro, o sea, tenemos una derecha que piensa en el mercado y una izquierda que piensa en distribuir, y nadie se preocupa de cómo se da el salto tecnológico del mundo que viene. De hecho, la brecha con Asia crece a diario, pero tienen muchas mejores condiciones, la productividad lo demuestra.
El tercer gran desafío tiene que ver con los temas de participación ciudadana, de complemento de la democracia representativa, con nuevas formas de democracia participativa, sin caer en el asambleísmo, sino que se respetan las reglas del Estado de Derecho.

¿Qué evaluación tiene hasta ahora del segundo gobierno de Piñera?

Este gobierno es comunicacional, de encuestas. Da la impresión de que miden en la mañana la opinión pública y en la tare salen con alguna sugerencia. Creo que se está expresando en el gobierno de Piñera el ADN elitista y que el temor a José Antonio Kast lo está llevando acentuar las políticas conservadoras.
Lo que se está instalando desde la cúpula del gobierno no me gusta. Se está instalando una mediocridad en general, con muy poca capacidad de innovación. Lo que teníamos de fuerza innovadora se está perdiendo. Hay que dar más espacios para las nuevas generaciones, eso no lo veo. Tenemos estabilidad, que yo valoro mucho, pero la mezcla de estos dos aspectos nos da una mediocridad estable. A esta situación no le doy mucho tiempo, antes de que empiecen a surgir los algún movimiento como los “chalecos amarillos” en el país. Tendrá otro color en Chile, pero la cosa se puede venir. Entonces, hay que estar atentos, a lo que pueda venir en materia de derechos sociales, de participación ciudadana, o si no vamos a tener sorpresas. Esa es mi visión hoy día de este gobierno.

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Editor Política & Economía