Senador Carlos Montes: “hoy la contención del gasto lo único que puede provocar es frenar el crecimiento”

En respuesta a la baja tasa de crecimiento que presenta la economía chilena y sus inevitables consecuencias en el empleo y los salarios, la bancada de senadores socialistas, que encabeza el senador Carlos Montes, elaboró el documento “Una política pública pro crecimiento y desarrollo”. El gobierno lo tiene en sus manos desde julio pasado y su objetivo es reimpulsar el crecimiento, en el año y medio que le queda a la Presidenta Bachelet en el gobierno.


En esta entrevista el senador Carlos Montes explica por qué es necesario que el gobierno corrija el rumbo, utilizando las herramientas que tiene a su alcance para lograr la reactivación. Reclama una mayor proactividad de las políticas de inversión pública y llama a superar la ortodoxia neoliberal, que delega al sector privado la mayor responsabilidad en la inversión y el crecimiento económico.
Entre otras cosas, Montes sostiene que este año el gobierno no debiera permitirse que se dejen de gastar unos US$ 1.000 millones, por simple subejecución presupuestaria, como ocurrió el año pasado. Es decir, por una débil o deficiente gestión del gasto en los distintos ministerios. Sin apartarse del marco que impone la regla fiscal estructural y la Ley de Responsabilidad Fiscal (promulgada en septiembre de 2006), el senador socialista afirma que “se puede hacer más” para dinamizar la economía.

¿Por qué se les ocurrió ahora formular esta propuesta? ¿Cuál es el diagnóstico?

La verdad es que desde hace tiempo estábamos preocupados por el tema de la baja del crecimiento y así se lo habíamos planteado al gobierno. Entendemos que es necesario mantener la sanidad de las cuentas fiscales, controlar el déficit fiscal, dar confianza a los empresarios y mantener los equilibrios macroeconómicos. Pero también entendemos que es prioritario retomar una tasa de crecimiento más alta e impedir que aumente el desempleo. Eso se lo dijimos a la Presidenta Bachelet y al ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés. Tiendo a creer que la propuesta fue bien recibida.
En el diagnóstico hemos tenido muy presente lo ocurrido en Chile en los últimos años y también en otros países. Por ejemplo, en Europa, donde el solo objetivo del equilibrio fiscal y el control de las expectativas no ha generado más crecimiento.

Aparentemente, en el oficialismo hay discrepancias por la forma de cómo impulsar el crecimiento, ¿es así?

Hay discrepancias. Nosotros, los socialistas, creemos que el gobierno puede hacer más para impulsar el crecimiento, aun dentro del respeto a la regla fiscal estructural. Nosotros no estamos por romper esta regla, que garantiza el equilibrio macro en el largo plazo, pero discrepamos de que exista solo una forma de crecer en el marco de esta regla: conteniendo el gasto.
Sabemos que el gobierno está elaborando un nuevo plan de reactivación, en el cual esperamos que se tomen en cuenta nuestras propuestas.

¿Se están jugando distintos enfoques, incluso ideológicos?

Sí. En lo que a nosotros respecta, creemos que el Estado debe tener un rol más activo, aun dentro del margen que permite este modelo económico. También creemos que el gobierno tiene herramientas para acelerar el crecimiento y no las está usando.

¿Algún ejemplo?

Sí, un ejemplo: el país podría haber avanzado mucho más en energía solar y en el desarrollo de otras fuentes de energías no convencionales. Debimos haber tenido un Estado dispuesto a tomar la iniciativa, a invertir y a desarrollar estudios sectoriales para hacer una planificación de largo aliento para este sector. Este es un simple ejemplo de la autolimitación del Estado, a la espera de que el mercado dicte la pauta. Está muy bien que los privados hagan sus inversiones, pero en ciertos momentos, el Estado debe tomar la iniciativa, generar incentivos y abrir paso a la inversión. Cuando ello ocurre se produce un efecto multiplicador, con el cual el sector privado se beneficia.

O sea, que el Estado genere oferta en función de una demanda esperada. Todo lo contrario a cómo actúan los privados, que crean la oferta cuando la demanda ya existe.

Hay toda una discusión al respecto. El litio es un caso de pasividad del Estado para tomar la iniciativa y, como vemos, las empresas privadas que han invertido en este recurso se han quedado en la explotación primaria. Otro ámbito donde vemos que el Estado actúa en función de la demanda –o sea por reacción- es el de capacitación laboral, donde se gasta en la medida que los empresarios de manera aislada van demandando cursos de capacitación y se pierden de vistan los enfoques sectoriales, por industria. Debido a esta falta de preocupación por el conjunto, vemos situaciones insólitas como, por ejemplo, la escasez de choferes para manejar las nuevas máquinas del Transantiago.

¿Propone una vuelta al estado productor?

En Chile necesitamos reivindicar el rol del Estado como sujeto activo del crecimiento económico, sin que ello signifique una vuelta al estatismo. No tenemos por qué temerle al keynesianismo o neokeynesianismo, si hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha dicho ahora que “la austeridad (fiscal) puede provocar daño”. Creemos que la mejor manera para enfrentar los déficits estructurales es creciendo. Creemos que el Estado tiene que ser un director de orquesta mucho más activo.

En Chile necesitamos reivindicar el rol del Estado como sujeto activo del crecimiento económico, sin que ello signifique una vuelta al estatismo.

Pero hoy el Estado en Chile se maneja con un enfoque de política fiscal contracíclica.

Aun así, hemos sido críticos de la manera cómo el Estado ha actuado en los momentos complejos, como fue el caso de la recesión internacional de 2008, en que el gobierno de la época, respondiendo al enfoque contracíclico, echó mano a los fondos soberanos. En ese tiempo tuvimos una discusión con el entonces ministro de Hacienda, Andrés Velasco, por la forma como se gastaron US$ 9.000 millones. Los resultados nos dieron la razón: ¿cuánto de esos recursos sirvieron para reforzar el crecimiento potencial del país? Cero, porque en los años siguientes el crecimiento potencial de Chile siguió cayendo.
El Estado debe tomar la iniciativa del crecimiento e, incluso, tiene derecho a equivocarse. Pero, como bien dice la economista Mariana Mazzucato, los privados se equivocan mucho más y a cada rato.

¿Qué riesgos corre la coalición de gobierno si no logra la reactivación económica en el año y medio que le queda en el poder?

Es claro que no estamos en recesión, pero es prioritario que retomemos un mayor ritmo de crecimiento, porque el riesgo es que caigamos en una suerte de estancamiento. Puede resultar paradojico, pero en las actuales condiciones la contención del gasto lo único que puede provocar es frenar el crecimiento.

¿Este enfoque es la antesala de cómo viene el presupuesto 2017?

Sin duda, este es un tema que tendremos en cuenta en la próxima discusión presupuestaria. Hay que tener especial cuidado en que no sigamos con la política de contención del gasto, porque en el mejor de los casos podríamos seguir pegados en una tasa de crecimiento de alrededor del 2%.
Otro asunto en que tenemos que poner especial atención es en la capacidad de gestión del gasto, para que no nos ocurra lo del año pasado, en que se dejaron de gastar alrededor de US$ 1.000 millones, por distintas razones. Lo preocupante es que este año corremos el riesgo de repetir esta misma cifra, de subejecución presupuestaria.

¿Cuáles son las áreas o ministerios con mayor propensión a la subejecución presupuestaria?

Los ministerios que presentan los mayores problemas en este ámbito son Salud y Educación. En el primer caso, por la demora en la construcción de hospitales y el segundo por las trabas surgidas en la reforma de la educación media, particularmente con la desmunicipalización de los colegios. Para resolver eso último nosotros hemos dicho que estamos dispuestos a legislar para que el Ministerio de Educación invierta directamente en los colegios, sin siquiera pasar por los municipios.
También se observan problemas de subejecución presupuestaria en los gobiernos regionales. Si bien la Subdere (Subsecretaría de Desarrollo Regional) aparece transfiriendo los recursos, vemos que hay demora en el desarrollo de los proyectos en las regiones beneficiarias de estos fondos.

O sea, hay fondos pero no se están ocupando.

Así es. Con la plata presupuestada existe un potencial de crecimiento enorme y no lo estamos aprovechando.
En otro plano, ¿cuándo estará despachada la ley que crea el Fondo de Infraestructura?
En el mejor de los casos, esta ley podría ser despachada a fin de este año y se pondría en marcha blanca en 2017, con lo cual tendría un reducido impacto en la inversión del próximo año. Por eso estamos planteando una alternativa de corto plazo: renegociar los contratos de concesiones para iniciar nuevas obras, ligadas a los servicios ya maduros de las actuales concesionarias.

¿Por qué cree que se han estancado los flujos de inversión extranjera también?

Este es otro cuello de botella, porque no hemos avanzado con la rapidez que se requiere en el ámbito institucional. Con la reforma tributaria de 2014 se eliminó el DL 600 (Estatuto del Inversionista Extranjero) y se creó una agencia para estimular las inversiones. Pero, en verdad, llevamos un buen tiempo en esto y no vemos resultados.

Los peruanos fueron capaces de entusiasmar a los chinos para que inviertan en el vecino país US$ 50.000 millones en el desarrollo de la minería del cobre.

Aun reconociendo los problemas que se observan a nivel internacional para el flujo de las inversiones y sin ánimo de comparar, uno se pregunta por qué los peruanos fueron capaces de entusiasmar a los chinos para que inviertan en el vecino país US$ 50.000 millones en el desarrollo de la minería del cobre. Sí, en el cobre, mientras en Chile nos estamos lamentando porque la caída del precio detuvo las inversiones en este sector.

¿Por qué los socialistas no han propuesto la creación de nuevas empresas del Estado o mixtas, por ejemplo, para el desarrollo del litio, o para resolver el problema del Transantiago?

Ya aprobamos una ley en que se autoriza al Metro para operar en el transporte de pasajeros de superficie, de modo que en cualquier momento esta empresa puede crear una filial con este fin. Esto podría ocurrir, por ejemplo, si alguna de las empresas de Transantiago que hoy enfrentan problemas financieros quebraran y dejaran de prestar el servicio.

¿Y respecto del litio?

Creo que en este caso estamos frente a un caso de inhibición absurda del Estado para participar en el desarrollo productivo de este recurso. Es más, creo que estamos perdiendo una valiosa oportunidad para encadenar la explotación del litio con el desarrollo de la energía solar que, como bien sabemos, requiere de grandes centros de acumulación a base de baterías de litio.
Además de regulador y articulador, creemos que el Estado debe ser un actor relevante en el desarrollo de nuevas actividades productivas. Si el Estado inicia actividades en un sector, no quiere decir que con ello le está diciendo a los privados que no pueden entrar. No, muy por el contrario, la presencia del Estado actúa como un catalizador y abre paso para que participen los privados.

¿Son inhibiciones ideológicas las que impiden el mayor protagonismo productivo del Estado?

Creo que estamos en un momento en que es necesario hacer un quiebre del marco ideológico en que se desenvuelve la economía chilena, de modo que revaloricemos el rol del Estado, a la luz del neokeynesianismo que nos proponen economistas como Mazzucato. Con este enfoque el Estado colabora con los privados, pero que también toma la iniciativa, cuando es necesario impulsar el crecimiento con inclusión social y el desarrollo sostenible.
El modelo subsidiario que hemos aplicado en Chile en las últimas décadas no es suficiente. Mientras tanto, al Estado le ha salido mucho más caro recurrir a la intermediación de los privados para proveer bienes y servicios a la ciudadanía, especialmente a los sectores más vulnerables. Es el caso de la vivienda social, en que el Estado optó por delegar esta responsabilidad a los privados, transfiriendo recursos y renunciando a su rol de formador de equipos técnicos con visión de largo plazo.
La socialdemocracia tenía muy claro el concepto Estado benefactor, pero por distintos motivos éste hoy está muy cuestionado.
Estoy convencido de que una de las mayores debilidades de la izquierda chilena, hoy día, es que no maneja un concepto moderno de Estado. Me cuento entre los que no queremos ese concepto de Estado, grande y omnipresente, que garantiza el bienestar pero que lo controla todo. En cambio, queremos un Estado moderno, dinámico y flexible, capaz de responder a los intereses de la ciudadanía, pero también del sector productivo. Queremos un Estado visionario y proactivo, que sea capaz de avanzar al ritmo de la modernidad y de los intereses de la sociedad civil.

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Editor Política & Economía