Robert Funk: “De alguna manera EE.UU. está en una Guerra Fría 2.0 con Rusia”

Cuando los ojos del mundo estaban puestos sobre el ataque aéreo, del tipo “quirúrgico”, hecho por Estados Unidos contra Siria, las miradas pasaron de golpe a Asia, en la frontera que separa a Corea en Norte y Sur. La opinión pública internacional observó atónita cómo después de casi 70 años de guerra fría -a veces fundente-, los líderes de ambos países hacían las paces y daban los primeros pasos para la reunificación. ¿Pero cómo se interpretan estas situaciones? ¿Se pueden esperar cambios profundos de rumbo, en línea con lo que espera la comunidad internacional?


 

Por María Isabel Guzmán

Cautela y tiempo son dos conceptos que, al menos para los analistas internacionales, deben predominar al momento de hacer las interpretaciones de los acontecimientos. Robert Funk, doctor en Ciencia Política del London of Economics and Political Science, y académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, plantea que “sin duda es una buena noticia” la reunión sostenida el último viernes de abril entre el líder norcoreano Kim Jong-un y el Presidente surcoreano Moon Jae-in, considerando que “hace no mucho tiempo Corea del Norte amenazaba con lanzar misiles hacia el sur”, dice.

“Las imágenes de los dos líderes son dramáticas. Sin embargo, hay que ser cautelosos. El objetivo de Kim es sobrevivir. Sigue liderando un régimen brutal, por lo que los reconocimientos diplomáticos, los aplausos, etc., solo sirven para fortalecer el régimen”, plantea Funk. Agrega que en el pasado Kim nunca demostró la intención de detener su programa nuclear, y han usado las negociaciones y momentos de contacto con Occidente para ganar tiempo y luego continuar. No obstante -añade- la noticia de una reducción de tensiones en la península es positiva”.

-Y qué opina de la estrategia del Presidente Donald Trump, de reunirse con Kim Jong-un después de tanta beligerancia verbal?

Esto es en parte de demostrar que él puede hacer algo que nadie más pudo hacer. Que para él la ideología no significa nada, y ve una oportunidad. Él cree que con su discurso beligerante, lo que hizo fue asustar a Corea del Norte y que eso los trajo a la mesa de negociaciones, porque además su discurso agresivo también fue hacia Corea del Sur, y eso ayudó a un acercamiento entre ambas Coreas.

Trump tiene muy poca experiencia en política internacional, cero diría yo. En este contexto, ¿qué hará Corea del Norte? Seguramente, lo que ha hecho siempre: permitir un acercamiento para lograr ciertas concesiones de Estados Unidos y Occidente, y después seguir adelante con el régimen de los Kim. Eso ocurrió con Clinton, con Bush. Llevan 30 años en ese camino.

En la reunión con el líder de Corea del Norte, prevista para fines de Mayo, Trump se va a presentar como gran líder que logró dar este paso, como ninguno de sus antecesores. Pero a larga lo más probable es que los efectos sean mínimos.

-Respecto de Siria, ¿qué opinión tiene usted de la última incursión bélica liderada por Estados Unidos?

Me parece que el último bombardeo debe ser visto en dos contextos. Uno, en el de la guerra civil que lleva siete años, en que todos se están matando. Desde ese punto de vista, me llama mucho la atención la reacción que hubo y que de alguna forma va a iniciar una escalada de desorden mundial, que Estados Unidos se va a enfrentar con Rusia.

El conflicto empieza como una protesta, como parte de la Primavera Árabe, se transforma en una guerra civil en que terminan participando muchos y diversos grupos, con muchas lealtades distintas, apoyados por distintos grupos desde afuera, por Irán, Arabia Saudita, Rusia, Estados Unidos.

Ahora, ¿por qué reacciona Estados Unidos? Porque ha tenido muy pocas buenas opciones, o ninguna buena opción frente a esta guerra civil. Desde que empezó el conflicto el gobierno norteamericano ha buscado formas de minimizar y parar el conflicto. Ha tratado de organizar reuniones internacionales, el gobierno de Obama a través de las Naciones Unidas llegó a acuerdos con Rusia y, sin embargo, en 2016 hubo un bombardeo, ruso o sirio, a una caravana de camiones de Naciones Unidas que llevaba comida y ahí se cayeron las negociaciones.

En esta guerra hay casi puros malos. Es tan complejo, las lealtades y los intereses son tan complejos que las opciones para Estados Unidos son muy limitadas. Y, por lo tanto, lo poco que ha hecho allí Estados Unidos fue por iniciativa de Obama. Siria es de los pocos lugares donde Trump ha continuado la política de Obama.

-¿Cuál es el foco de esa política de Obama que ahora está siguiendo Trump?

Esa política es básicamente terminar con esta tragedia humana, pero no meterse más de lo necesario, porque saben que, por ejemplo, participar con soldados sería entrar en un conflicto parecido al de Irak, que no tuvo una buena salida; y dos, tampoco hay actores en los cuales se puedan apoyar, porque al final el grupo más importante que surgió como oposición a Bashar al-Assad, que es un dictador brutal, fue el Estado Islámico, que son tanto o más brutales. Entonces, en quién se apoya.

A falta de tener un aliado confiable y relativamente afín, la opción que tuvo Obama y que ha tenido Trump, es básicamente reaccionar cuando Assad o Rusia cruzan cierta línea como, por ejemplo, usar armas químicas. Sienten que hay que mandar una señal. La última reacción fue puntual, quirúrgica, centrada o en el lugar donde se lanzan misiles o en el lugar donde se manufacturan las armas químicas y luego se van.

También hubo un ataque a una base de drones que está construyendo Irán, que es otro de los poderes importantes ahí y para los cuales Siria es muy importante como acceso a El Líbano, donde tienen sus aliados de Hizbulá, para atacar a Israel.

-El foco de la controversia posterior al bombardeo de Estados Unidos está en que no se han entregado pruebas del presunto ataque con armas químicas sobre población civil siria. Rusia es uno de los principales cuestionadores. ¿Apunta esto a una escalada mayor de violencia?

El rechazo y el argumento que esto fue falso viene de Rusia. Y si uno ve el récord que ha tenido Rusia en los últimos dos, tres años o más, con su comportamiento internacional tras la invasión a Ucrania, el caso del envenenamiento del doble espía ruso Sergei Skripal, en Gran Bretaña; la interferencia en el Brexit y en elecciones de Estados Unidos y, en fin. El hecho es que tiene un interés en defender a Bashar al- Assad, creo que queda evidente que el peso de tener que comprobar si algo pasó o no pasa por Siria y no por Estados Unidos.

Segundo, el hecho de que Francia e Inglaterra hayan participado y confirmado que ocurrió este ataque, es algo. Ninguno es particularmente fan de Trump y no creo que estarían dispuestos a arriesgar vidas, armamento, en fin, para permitir a Trump que lance un ataque para desviar sus problemas domésticos, que sin duda están. Pero Trump también sabe que distinto sería declarar la guerra a Siria, eso sería más sospechoso. Un ataque de un día no va a cambiar la narrativa de la prensa respecto a sus problemas.

Esto claramente apunta a un problema más profundo, de la capacidad que tiene Rusia y otros de distorsionar realidades, eso es un problema.

-Se habla de retrocesos, fracasos de la política exterior norteamericana en Medio Oriente. Se dice que Estados Unidos está preso de sus aliados en la zona, como son Israel y Arabia Saudita. ¿Es así desde el punto de vista del análisis internacional?

No creo que Estados Unidos esté preso, todo lo contrario. Es el poder más grande y el conflicto actual en el Medio Oriente es un conflicto ideológico, político, religioso, entre Irán y Arabia Saudita. Ese es el conflicto. Entonces es una lucha por el control de una región en esos términos.

Irán desde su revolución ha declarado que Estados Unidos es el enemigo, que hay que destruir a Israel y, por lo tanto, se posicionó a un lado y Estados Unidos va por el otro lado, con Arabia Saudita, que no son ángeles tampoco.

Por otro lado, están los países del Golfo, Arabia Saudita, Israel, Egipto, Jordania, algunos grupos de El Líbano, que miran más hacia Occidente, que tienen acuerdos militares, comerciales, etc., con Occidente. Y después Irán, Irak o algunos grupos en Irak, Siria, y tal vez algunos grupos en Pakistán, más aliados con Rusia. Y ese es el conflicto.

-Geopolíticamente se entiende el interés de Rusia en Siria. ¿Cuál es el interés real de Estados Unidos en la zona?

Tal como Estados Unidos ha tenido históricamente una especie de alianza con Israel, Rusia la ha tenido con Siria y anteriormente con Irak. Ve a Siria como su esfera de influencia, así como hacia los países bálticos, Ucrania, etc.

Cuando el Presidente Obama vio que no había buenas opciones para Estados Unidos el conflicto en Siria, tácitamente dijo (a Rusia) ustedes tómense este conflicto, yo voy a mirar. Aunque igual tiene 2.000 militares en la zona. Pero en el fondo le reconoce a Rusia esa influencia. Y eso para Rusia es importante, porque le da cierto estatus como referente en la esfera internacional.

Tal como EE.UU. ha tenido históricamente una especie de alianza con Israel, Rusia la ha tenido con Siria y anteriormente con Irak.

Pero, sin duda, hay intereses más concretos y parte de esto tiene que ver con el petróleo, con mantener el acceso a petróleo barato. Sin embargo, hace unos cinco años Estados Unidos ha comenzado a producir tanto petróleo dentro de su país, por cambios en la tecnología de explotación, de modo que hoy la importancia estratégica del Medio Oriente en este recurso es mucho menor que hace 10 años.

Pero sí le interesa el flujo de petróleo, que los conflictos y los distintos poderes no lo detengan, porque de esto depende el buen funcionamiento de la economía global.

-¿Estamos ad-portas de una Guerra Fría 2.0?

Creo que de alguna manera Estados Unidos está en una Guerra Fría 2.0 con Rusia, que es muy distinta a la anterior, la que tenía un tinte ideológico mucho más obvio. Hoy día Rusia es un país capitalista, pero la lucha hoy no es ideológica, sino por influencia y espacios de poder. Y alguien dijo hace poco, creo que fue el ex viceconsejero de Seguridad Nacional de Obama, que para entender a Rusia no hay que pensar en cuales son los intereses nacionales de Rusia. Rusia no está actuando en su interés nacional, está actuando en el interés personal de Putin.

No sé si eso causa una Guerra Fría como tal, pero claramente al desear crear esta incertidumbre, desestabilizar, la contraparte reacciona. Esto empezó con Obama y había evidencia de que ese era el caso. Él, que tuvo una política de reconocer los límites del poder norteamericano, reconocer que la opinión pública norteamericana ya no estaba dispuesta a ir a la guerra, planteó la opción de actuar como observador. Rusia vio esto como una oportunidad porque la interpretó como una debilidad.

Entonces, en la medida que se mantengan el interés personal de Putin y la inhabilidad de Occidente de reaccionar en forma organizada, seguimos en esa situación.

-¿Esto puede escalar a mayor violencia en medio oriente?

Todo es posible. Yo creo que los poderes están conscientes de los límites, pueden jugar hasta cierto punto. Los poderes nucleares en general. Las grandes decisiones militares en Estados Unidos las toma el Presidente, y la gran pregunta, y hay muchos observadores que lo han mencionado, es que Trump, en la medida que se le vaya complicando su situación política doméstica se puede tentar en hacer algo y cancelar elecciones, por ejemplo. Con Trump es imposible descartar eso. Y ahí habría que preocuparse. Pero respecto de la conducta a nivel internacional, hay una especie de freno.

-Hay otros hechos, como es el caso del espía ruso envenenado con químicos en Gran Bretaña, que sindican que tiene la firma de Putin. ¿Cuál es el interés de Rusia de atacar a personas específicas en territorio extranjero?

En la historia de Putin hay una historia de ataques a opositores. Ya pasó antes en el Reino Unido, y en Rusia, y el interés de mandar señales a gente que se le cruza y que no lo va a tolerar.

-Presuntamente, Putin interfiere en elecciones de otros países, envenena a quien se le cruza en sus planes, manipula la situación internacional. Pareciera que Putin es casi como el hombre más poderoso del mundo.

Pasa una cosa bien curiosa. Rusia no es un país particularmente poderoso. Es un país con serios problemas económicos, demográficos, de alcoholismo; con una economía absolutamente dependiente del petróleo y del gas. Pero tiene un poder militar muy grande (desde tiempos de la ex Unión Soviética), que se expresa en la capacidad de lanzar misiles, ir al espacio e intervenir con fuerza militar más allá de sus fronteras. Tal vez gran parte de su poder industrial está destinado hoy a la producción de armas. Pero en el largo plazo no tiene buen futuro, y en el mediano plazo no es un país que le pueda hacer competencia a China o a Estados Unidos.

Guerra comercial con China

-El proteccionismo es parte de las promesas de campaña del Presidente Donald Trump. China es uno de sus focos. ¿Hacia dónde se puede encaminar esta situación?

Efectivamente, si uno mira el récord de Trump desde que llegó al poder, poco a poco ha empezado a implementar las cosas que prometió. Se retiró del Acuerdo de París sobre cambio climático, desahució el acuerdo Trans Pacífico ( TPP), está revisando el Nafta y congeló el acercamiento con Cuba.

Desde hace mucho tiempo, 20 años atrás, Trump ha tenido el discurso de que Estados Unidos está perdiendo en la relación con China. Trump tiene una visión de suma cero con los países, y no ve los matices. Entonces mira el déficit comercial y dice estamos perdiendo. Con Chile afortunadamente manifestó que hay un superávit comercial.

Pero esa no es la forma adecuada de medir las relaciones comerciales, porque es mucho más complejo. Y hay otros espacios donde China también tiene mucho poder. Por ejemplo, China tiene en sus manos como el 20 o 30 % de la deuda externa de Estados Unidos.

-¿Cómo se entienden entones las decisiones de Trump, en ese sentido?

Respecto de Trump hay dos aspectos a considerar, sus creencias personales y su oportunismo político. En parte, él calcula que tiene que entregar lo prometido a quienes votaron por él. Pero esos votantes no son sectores que se ven castigado por el comercio con China o con México, al contrario, son personas que diariamente van a los grandes supermercados y compran cosas baratas producidas en China.

Entonces, por un lado, dice que vamos a proteger el empleo al producir más acá, pero, por otro lado, si esto continúa van a subir los precios de las cosas que la clase media norteamericana compra todos los días. Tarde o temprano la gente se va a dar cuenta de eso y lo que ocurre en estos periodos proteccionistas es que hay una fase en la cual la gente siente que le está yendo bien porque hay más empleo, pero empieza a aumentar la inflación, empieza a haber menos productos y se empiezan a frustrar.

-Entonces, lo lógico sería que en algún minuto esta guerra comercial tendrá que frenarse desde Estados Unidos.

La pregunta es cuánto dura Trump en el poder, cuánto le aguanta el sector privado. Ya hay algunas señales. Por ejemplo, el TPP. En los últimos días Trump ha hecho flotar un poco la idea de que renegociando algunas cosas podría entrar. En la renegociación del Nafta también hay señales de que Estados Unidos quiere cerrar eso rápido y los cambios van a ser mínimos, pero no es que vaya a eliminar el libre comercio con México y Canadá.

Creo que eso responde a grandes sectores del sector privado. Los que están pagando los costos de las políticas proteccionistas son amplios sectores de empresas y de consumidores.

-¿Qué opina de la reacción que ha tenido China hasta ahora en esta guerra comercial?

La reacción de China ha sido muy especial, porque cuando Trump le puso impuestos al aluminio y al acero, China respondió subiendo impuestos aduaneros a productos agrícolas, exportaciones de soja y cerdo por ejemplo, y otros provenientes de Estados Unidos. Los chinos tomaron estas medidas con tantoo cuidado y cálculo político, porque apuntaron a estados y regiones de Estados Unidos donde Trump obtuvo más apoyo en la elección. Por lo tanto, el costo económico lo están pagando directamente los votantes de Trump.

Una guerra comercial entre Estados Unidos y China afecta la cadena de producción de muchos productos. Uno mira un IPhone, dónde está hecho. Un chip puede ser diseñado en Israel, otras cosas hechas en China, otras en USA. Hoy los productos son así, los autos, los computadores. Entonces, una guerra comercial, en ese sentido tiene una posibilidad de impactar en muchos países, es una complicación más grande para muchos productos que nosotros usamos, y que no necesariamente son chinos, norteamericanos, ni franceses.

-Tras esta conversación, uno puede quedar con la sensación de que el mundo está un poco a los designios de las mentes de dos personas. En concreto, de Putin y Trump. Y que ambos buscan objetivos personales antes que por los intereses de sus propios países.

Lo que tienen en común ambos casos es la forma en que han logrado dominar la institucionalidad dentro de sus países. Por qué antes no se veía así la situación, tan personal. Porque antes un presidente, incluso como George W. Bush, estaba mucho más restringido institucionalmente por el Congreso, por los militares, por el sistema de inteligencia, por los tribunales.

En Estados Unidos, tal vez hoy día de las pocas instituciones que están dispuestas a pararle el carro a Trump son los tribunales, y la prensa. Pero el Congreso no hace nada, su partido no hace nada, los demócratas están divididos, y eso es lo que da una imagen de un Trump que tiene la capacidad de hacer y deshacer. Y además con ideas que están muy alejadas de lo que ha sido el orden liberal internacional, el multilateralismo, el libre comercio, los derechos humanos, etc.

Y por el lado de Putin eso nunca lo tuvo. Entonces estamos frente a dos líderes que no están restringidos institucionalmente, que no tienen interés en mantener el orden liberal internacional, y que no temen, sino que se nutren del conflicto.

-Da para tener una mirada pesimista del futuro en materia internacional. Pero, en nuestra región, América Latina, ¿cómo afectan estos hechos que desde nuestra posición hoy vemos lejanos, pero que complican sobre todo las relaciones comerciales?

Dentro de todo eso, una de las cosas que me llaman mucho la atención, y lo he sostenido desde las elecciones, es en general lo bien parado que se ve América Latina frente a esta incertidumbre internacional. Hay problemas, habrá elecciones en varios países este año. Pero entre tanto desorden en Europa, Estados Unidos, Medio Oriente, Rusia, entonces Latinoamérica sigue siendo una región comprometida con el orden liberal, la democracia, libre comercio, el multilateralismo, con organismos internacionales, en fin.

Mi temor ha sido que Estados Unidos muchas veces fija la pauta en cómo nos comportamos nosotros en América Latina, y espero que en el mediano y largo plazo no empecemos a imitar las peores cosas que están ocurriendo en otros países, a dos años de Trump, veremos si llega al fin de su mandato.

Llama la atención lo fuerte que ha seguido siendo el compromiso de América Latina a esas cosas que otras regiones han dejado de lado.

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Editor Política & Economía