Richard Thaler: “La economía no tiene nada parecido a la ley de la gravedad, no hay verdades absolutas”

“No invertimos como el capitán Spock (de la serie Star Trek), sino como Homero Simpson”, ha dicho el profesor Richard H. Thaler, flamante Premio Nobel de Economía 2017, quien es considerado como el padre de la psicología económica (behavioral economics). “No actuamos tan racionalmente como dice la teoría económica clásica”, agrega. ¿Por qué? La respuesta a esta pregunta fue ensayada por el propio Thaler en una entrevista con Manuel G. Pascual, quien hace un año la publicó el diario de negocios español Cinco Días y que también fue publicada por El País, en su edición del 12 de septiembre de 2016. Dada la importancia para lo que vendría después, a continuación reproducimos aquella entrevista.


La teoría económica clásica se sustenta en una idea fundamental: el ser humano toma sus decisiones de forma racional dentro de un mercado que funciona de forma eficiente. La teoría de la elección racional (rational choice), presente en la disciplina desde Adam Smith hasta Milton Friedman, concibe al individuo como alguien cuyas acciones van dirigidas a maximizar la utilidad y beneficio que pueda sacar de cada situación. Esta visión de las personas ha sido severamente contestada en las últimas décadas por varios economistas, que han demostrado que los mecanismos de toma de decisiones no son tan fríos como la ortodoxia neoclásica describe.

Richard H. Thaler, considerado el padre de la psicología económica (behavioral economics), fue de los primeros. “Los modelos económicos se basan en una descripción idealizada y poco realista del comportamiento humano. Yo llamo a estas criaturas ficticias econs, un diminutivo de homo economicus”, explica a Cinco Días. “Los econs son tan listos como el más brillante de los economistas, hacen tan buenas predicciones como el mejor econometrista y no sufren ningún problema de autocontrol, dado que siempre escogen lo que es óptimo. Estas criaturas son como el capitán Spock, de Star Trek. La gente real, la que yo estudio, se parece más a Homero Simpson, por lo que yo les llamo Homer economicus”, espeta.
Su tono bromista e irónico le han valido una merecida popularidad en su país, especialmente a raíz de su cameo en la oscarizada (película) La gran apuesta, donde, sentado en una mesa de Black Jack, explica en dos minutos, junto a Selena Gómez, la crisis de las hipotecas subprime.

La gente real, la que yo estudio, se parece más a Homero Simpson, por lo que yo les llamo Homer economicus”.

Entre los economistas, en cambio, hace décadas que este profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago es bien conocido, por ser pionero en la economía conductual.
En su nuevo libro, “Todo lo que he aprendido con la psicología económica” (Deusto), Thaler hace un repaso de cómo ha evolucionado su disciplina en los últimos 46 años. En resumen, ha pasado de ser considerada una sandez a tomarse muy en serio. “Las primeras reacciones de la comunidad científica a mi trabajo eran o bien ignorarlo, o bien buscar todo tipo de excusas para justificar los casos en los que la teoría económica no funcionaba”, recuerda.
Todo cambió con la crisis de octubre de 1987. “La Bolsa cayó 20% o más en todo el mundo en un solo día en el que, por cierto, no hubo ninguna noticia sobresaliente. No empezó una guerra y no murió líder político alguno: lo único que pasó fue que se derrumbaron los precios. Muchos economistas empezaron a cuestionar sus modelos a partir de ese momento”, apunta.
Por supuesto, el estallido de la burbuja tecnológica y la gran recesión de 2008 acabaron de evidenciar que algo no funcionaba en la sala de máquinas de la teoría económica.
“Yo no digo que la gente sea irracional”, aclara Thaler, “sino que se comporta de forma muy diferente a las predicciones de los modelos económicos. La gente es simplemente humana”, insiste.
“La economía no tiene nada parecido a la ley de la gravedad, no hay verdades absolutas”, ilustra el profesor. “La estructura básica de la oferta y la demanda funciona: si hay escasez de un bien y libertad de precios, lo normal es que estos suban. Los problemas llegan cuando se hacen predicciones más precisas, por ejemplo, que la gente ahorrará exactamente lo que necesite para la jubilación. Esa tarea es difícil tanto a nivel conceptual (¿cuánto necesito?) como motivacional (sé que debo ahorrar, pero quiero un televisor nuevo)”.
Como Homer economicus que somos, nuestros valores, deseos, miedos, prejuicios y hasta el estado de ánimo condicionan nuestras acciones. Y eso, por supuesto, complica la tarea de los economistas para tratar de explicarlas.
Pareto dejó escrito en 1906: “Llegará un día en que podamos deducir las leyes de las ciencias sociales a partir de la psicología”. La política económica, decía, no sería una excepción. Tras más de 40 años de trabajo, el profesor Thaler ha contribuido a demostrar que Pareto no estaba tan equivocado.

El Brexit, un ejemplo de libro

El 24 de junio (de 2016), el mundo amaneció con una noticia que pocos esperaban: el brexit se había impuesto al bremain.
“Creo que la votación fue un ejemplo de lo que yo llamo una arquitectura de elección pobre, en referencia a la manera en que las decisiones se han diseñado”, explica el profesor Thaler. “La primera mala elección fue de la UE, al no dejar claro cuáles son las normas a seguir si un país abandona la Unión. El ahora famoso artículo 50 solo describe un proceso, no los términos”, subraya.
“El segundo error”, sigue, “fue pedirle a los votantes que decidiesen sobre un tema extremadamente complejo sin tener una idea de cuáles serían los términos del nuevo escenario, si es que llegaba”.
Los partidarios del brexitprometieron que Reino Unido seguiría formando parte del mercado común pero no debería seguir sus normas. “Eso está claro que no va a pasar”, zanja Thaler.

Nota del Editor:
Para conocer otros aspectos del trabajo de Thaler, se sugiere el siguiente link:

https://retina.elpais.com/retina/2017/10/10/tendencias/1507614115_739730.html?rel=cx_articulo#cxrecs_s

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Editor Política & Economía