Resultados de la encuesta Casen: el aporte de las políticas sociales en la reducción de la pobreza

Aunque parezca un contrasentido y más allá de que algunos piensen que una economía con baja tasa de crecimiento y cercana al piso de expansión potencial, no debiera ser capaz de reducir la pobreza, los resultados de la última encuesta Casen (Caracterización Socioeconómica Nacional) abren un horizonte promisorio sobre la efectividad de la políticas distributivas aplicadas por la sucesión de últimos gobiernos en Chile. Estas políticas no solo abarcan el esfuerzo básico de focalización de ayudas a las familias pobres, mediante el otorgamiento de subsidios, bonos, atención primaria de salud, pensiones solidarias y alimentación básica para lactantes y escolares, sino también la identificación y reforzamiento del entorno social y material que contribuye al combate de la pobreza.


Por Hugo Traslaviña

Aun con una economía desacelerada como la chilena, los resultados de la última encuesta Casen revelan que la pobreza medida por ingresos en el país se redujo del 14,4%, observado en 2013, a 11,7% el año pasado. Al mismo tiempo, esta encuesta dio cuenta de un leve mejoramiento en el nivel de distribución de ingresos, medido por el coeficiente de Gini, que bajó de 0,504 en 2013 a 0,495 en 2015, en el caso de la medición de los ingresos autónomos de los hogares; y de 0,491 a 0,482 en el mismo lapso, para el caso de los ingresos monetarios totales, los cuales incluyen subsidios entregados por el Estado.
El informe entregado el 22 de septiembre por el gobierno de Michelle Bachelet, destacó que esta vez se incorporó la llamada dimensión “redes y cohesión social” en la medición de la pobreza multidimensional. Este ejercicio incorpora factores del entorno en que se dan en los hogares que están por debajo de la línea tolerable de ingresos para abandonar aquella condición. Así, la Casen 2015 dio cuenta que el 20,9% de la población del país está en situación de pobreza multidimensional, de acuerdo con la nueva medición que incorporó cinco variables: 1) Educación; 2) Salud; 3) Trabajo y seguridad social; 34) Vivienda y entorno; y 5) Redes y cohesión social.
Usando los parámetros anteriores, que no consideran la quinta dimensión (redes y cohesión social), la pobreza multidimensional baja de 20,4% en 2013 a 19,1% en 2015.
Las cuatro primeras dimensiones tienen el mismo peso en la medición (22,5%) y la última una ponderación de 10%.
A su vez, cada una de éstas dimensiones contiene otros factores específicos, tales como asistencia a clases, rezago escolar y nivel de escolaridad, en el caso de la dimensión Educación; y malnutrición en niños y niñas, adscripción al sistema de salud y nivel de atención en los centros de salud, en el caso de la dimensión Salud. Estos y otros indicadores considerados en cada dimensión (15 en total) tienen una ponderación de 7,5%; salvo aquellas de la dimensión de Redes y cohesión social, que tienen una ponderación de 3,33%: apoyo y participación social, trato igualitario y seguridad.
“Un hogar se considera en situación de pobreza multidimensional si presenta un 25% o más de carencias en los indicadores que componen la medida, lo que es equivalente a una dimensión completa”, explicó el informe preparado por el Ministerio de Desarrollo Social.
La pobreza no extrema llega ahora a 8,1% y la pobreza extrema a 3,5%, sobre el total de habitantes en Chile, que según estimaciones oficiales es de 17,9 millones. Esto es, 1.449.900 personas pobres y 626.500 personas indigentes (pobreza extrema).
Para definir la línea base que se toma en cuenta en la calificación de pobreza y de pobreza extrema, la Casen 2015 tuvo en cuenta una nueva tabla de ingresos por hogar, según el número de personas que lo componen. Así, para el caso de un hogar con una sola persona el ingreso que fija la calidad de pobreza no extrema es de $ 151.669 (alrededor de 230 dólares); y de $ 101.113 (153 dólares) si es de pobreza extrema. En el caso de un hogar con seis personas, la línea de pobreza no extrema fue establecida en $ 531,621 (805 dólares); y en $ 354.414 (537 dólares) de ingreso mensual, en el caso de las familias en extrema pobreza.

Entidades expertas

Participaron en la preparación y realización de la encuesta el Ministerio de Desarrollo Social, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). A su vez, el instituto Iniciativa para la Pobreza y el Desarrollo Humano de la Universidad de Oxford (OPHI), asesoró al gobierno en la programación de indicadores y medición de la pobreza multidimensional.
La muestra fue diseñada para lograr una vasta representatividad, a nivel regional y local, por zona de residencia (urbana y rural) y comunal, de modo que, sumadas, concentran el 80% ó más de las viviendas de cada región (según el marco el muestral del INE).

Falta una mayor profundización sobre los factores que permitieron este resultado, distintos del mero crecimiento económico.

La encuesta se aplicó entre noviembre de 2015 y enero de 2016, abarcando a 83.887 hogares de 324 comunas, en las 15 regiones del país. De este modo se recolectó información referida a 266.968 personas. Estas cifras son superiores a las que abarcó la Casen de 2013, cuando se accedió a 66.725 hogares, con 218.491 integrantes.

Nuevas preguntas

En la Casen 2015 se incorporaron nuevas preguntas, tendientes a profundizar en la situación social de las familias. Entre otras, se indagó sobre el entorno cercano a la vivienda: disponibilidad de equipamiento, seguridad, medio ambiente y tiempos de traslado al trabajo; si las familias cuentan con redes de apoyo externas y si sus integrantes participan en organizaciones sociales, o están afiliados a sindicatos, gremios y ONG).
También se consultó sobre situaciones y/o experiencias de discriminación o trato injusto que habrían afectado a los integrantes de la familia y sobre identidad de género y orientación sexual de las personas adultas; estado de salud de los integrantes del núcleo familiar, grados de dependencia y discapacidad; situación de escolaridad y tipo de combustible y fuentes de energía utilizados en la vivienda.

Políticas públicas permanentes

La noticia de la nueva reducción de la pobreza provocó opiniones favorables en los distintos ámbitos políticos, de derecha a izquierda. Falta ahora una mayor profundización sobre los factores que permitieron este resultado, distintos del mero crecimiento económico.
Como bien se sabe, este factor no ha contribuido como se esperaba al combate de la pobreza, debido a las modestas tasas de expansión del PIB observadas en los últimos dos años. Por lo tanto, falta determinar con mayor precisión los efectos que están teniendo las reformas y las nuevas políticas sociales aplicadas por el actual gobierno y sus antecesores, desde el retorno a la democracia en 1990, cuando la pobreza superaba el 30%.
Esto porque el combate a la pobreza forma parte de políticas públicas permanentes y de largo plazo, cuyos resultados no se ven de un año para el otro.
Si bien en los ciclos de baja del crecimiento y/o de crisis económicas el aumento del desempleo y la baja de ingresos empuja automáticamente a las personas y las familias a estados de pobreza; y al revés, los periodos de bonanza les permiten salir de esta condición, el factor crecimiento no es exclusivo ni excluyente de otros para combatir la pobreza de manera permanente y estructural, sobre todo en economías de mercado como la chilena, cuyo sello distintivo es la concentración de la riqueza.
Frente a tal realidad, también estructural, el Estado y las políticas sociales juegan un papel indispensable para contrarrestar el sesgo concentrador del modelo de mercado, que actúa como un lastre para avanzar en el desarrollo con equidad.

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Sobre el Autor

Hugo Traslaviña

Hugo Traslaviña

Periodista especializado en economía y finanzas. Se tituló en la U. Católica del Norte y cuenta con el grado de MBA de la U. Técnica Federico Santa María. Es profesor de la Facultad de Comunicaciones de la U. Central.