Resolver el problema de la deuda griega: un compromiso atractivo

La deuda contraída se podría convertir en bonos ligados al crecimiento del PIB. Esto permitiría vincular el pago de intereses al crecimiento de su economía sin tener que reducir el valor total de la deuda, lo que cumpliría con el requisito principal de los acreedores de la Eurozona. Al mismo tiempo, otorgaría a Grecia la oportunidad de recuperar su crecimiento, fortaleciendo su capacidad para hacer frente a las obligaciones en el futuro.


Inge Kaula y Stephany Griffith-Jones

Hay una necesidad urgente de encontrar una solución al problema de la deuda griega que sea efectiva y beneficiosa tanto para Grecia como para sus acreedores de la Eurozona y para la economía europea en general.

Afortunadamente, esa solución existe y está ganando adeptos. Nos referimos a convertir la deuda contraída por Grecia con los gobiernos de la zona euro en bonos ligados al crecimiento del PIB. Este tipo de bonos permitiría vincular el pago de intereses al crecimiento de la economía griega sin tener que reducir el valor total de la deuda, lo que cumpliría el requisito principal de los acreedores: descartar las quitas. Sin embargo, los bonos ligados al PIB reducirían el servicio de la deuda a corto plazo, mientras la economía Griega se recupera y alcanza unas tasas suficientes crecimiento.

La solución existe y está ganando adeptos. Nos referimos a convertir la deuda contraída por Grecia con los gobiernos de la zona euro en bonos ligados al crecimiento del PIB.

Dar un respiro a Grecia es conveniente tanto para su economía como para sus acreedores. Darle a Grecia la oportunidad de recuperar su crecimiento fortalecería su capacidad para hacer frente a las obligaciones de su deuda en el futuro, además de reducir —e incluso eliminar— el riesgo de que los contribuyentes de los países de la eurozona sean quienes acaben pagando la carga de la deuda griega.

Indudablemente, Grecia tendría que discutir los detalles de un acuerdo de estas características con sus acreedores. Una opción podría ser que Grecia no pagara los intereses de la deuda en los próximos cinco años, a no ser que recuperase al menos la mitad del Producto Interno Bruto perdido desde el comienzo de la crisis financiera; en el caso, si su tasa de crecimiento fuese superior al 3%, podría destinar una pequeña parte de dicho crecimiento al pago de intereses.

Este periodo de gracia daría a Grecia el espacio fiscal suficiente para restituir los gastos en sectores clave como son la salud y la educación, impulsar reformas gubernamentales, aumentar la inversión pública productiva y crear un entorno normativo propicio para la inversión privada que incluya también a las pymes. A su vez, el aumento de la inversión podría ser financiado por instituciones como el Banco Europeo de Inversiones o por inversores extranjeros privados tanto de Europa como de EE.UU., China y otros países.

Este periodo de gracia daría a Grecia el espacio fiscal suficiente para restituir los gastos en sectores clave como son la salud y la educación.

Pasados esos cinco años, siempre que el crecimiento se hubiera recuperado, la economía griega podría asumir los intereses de la deuda en proporción a su crecimiento. De este modo, el país podría adoptar una política fiscal anti cíclica para suavizar las posibles fluctuaciones en el crecimiento y favorecer el pago de intereses.

Sin embargo, esto no quiere decir que Grecia deba rechazar de pleno las recomendaciones en materia de ajustes que ha recibido en los últimos años, como aumentar los ingresos fiscales (principalmente a través de impuestos a los ciudadanos más ricos y de las grandes empresas, donde se registra evasión fiscal y cuya carga tributaria resulta insuficiente). Si se trata de una medida favorable para la economía griega, debería adoptarse, independientemente de si proviene o no de los acreedores.

De esta forma Grecia podría adoptar una política fiscal anti cíclica para suavizar las posibles fluctuaciones en el crecimiento y favorecer el pago de intereses.

Pero también los acreedores de Grecia deben estar abiertos a soluciones más prometedoras, como los bonos ligados al PIB, dejando de lado la ideología en aras del pragmatismo. No tiene sentido ignorar esta propuesta por el simple hecho de que ha sido presentada por el gobierno griego (en la persona de Yanis Varufakis, su Ministro de Hacienda).

La propuesta cuenta con un fuerte respaldo, incluyendo el del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW) de Berlín, que ha publicado un análisis sistemático que determina la existencia de motivos fundados para apoyar este enfoque, así como por otros informes generales a favor de los bonos ligados al PIB publicados por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco de Inglaterra. Es más, se puede decir incluso que muchos de los economistas más reconocidos —como los ganadores del premio Nobel Joseph Stiglitz, Robert Shiller y Chris Pissarides entre otros— han instado a los gobiernos europeos interesados a considerar seriamente las medidas a aplicar con relación a este asunto.

Se podría extraer una importante lección de la crisis de la deuda griega para el futuro: los gobiernos deberían contemplar una emisión de deuda en épocas de bonanza que permitiera vincular el pago de intereses al crecimiento de sus economías mediante bonos ligados al PIB.

¿Qué impide entonces a los ministros de Hacienda de la Eurozona pronunciarse sobre esta propuesta en sus próximas reuniones?

Se podría extraer una importante lección de la crisis de la deuda griega para el futuro: los gobiernos deberían contemplar una emisión de deuda en épocas de bonanza que permitiera vincular el pago de intereses al crecimiento de sus economías mediante bonos ligados al PIB. De este modo, la probabilidad de sufrir una grave crisis de costes incalculables se reduciría considerablemente.

* Inge Kaul es profesora adjunta en la Escuela de Gobernanza Hertie de Berlín.

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Sobre el Autor

Stephany Griffith-Jones

Stephany Griffith-Jones

Directora de Mercados Financieros, Iniciativa para el Diálogo Político (IPD) Universidad de Columbia.