Reconceptualizando el desarrollo en la era de la información

Castells y Himanen introducen el concepto de informacionalismo para identificar el presente del capitalismo, caracterizado por el uso extendido de la microelectrónica basada en la información digital y en las tecnologías de la información. Luego sostienen que es necesario definir el desarrollo social a través de medidas objetivas en un Índice de la Dignidad, avanzando desde las libertades a la justicia social. Este es un reto notable y este libro es un esfuerzo importante y un paso inicial en el camino a seguir.


Sonia Fleury

El libro “Reconceptualizando el desarrollo en la era de la información” de Manuel Castells y Pekka Himanen presenta una nueva definición del desarrollo como dignidad humana, profundizando en la perspectiva de desarrollo de Amartya Sen donde este concepto es entendido como la libertad del reino de la necesidad y la capacidad, concepción clave concebida como la oportunidad de acceso a los recursos. En este libro, el desarrollo se entiende como el proceso social mediante el cual los seres humanos mejoran su dignidad mientras crean las condiciones estructurales para un desarrollo sustentable (pag.7). Con este marco, los autores tratan de escapar de la tradicional comprensión de la noción de crecimiento relacionada al PIB y la igualdad, evadiendo la opacidad del concepto de desarrollo humano, que depende absolutamente de estándares normativos.

 Portada_Development_in_the_Information_AgePortada edición en inglés.

El desarrollo debe ser considerado como un doble proceso representado en el incremento de la riqueza material y el uso de los recursos generados en la producción del bienestar humano. El bienestar presumiblemente está relacionado con la mejora en la calidad de vida, de acuerdo a los valores culturales y preferencias personales establecidas por una organización social determinada (p.9). El núcleo del desarrollo reside en el entrelazado y en las relaciones sinérgicas, cubriendo aspectos de la producción material, del bienestar humano e institucional, y de las organizaciones socio culturales.

Informacionalismo es el concepto introducido para identificar el presente del capitalismo –el informacional-capitalismo financiero- caracterizado por el uso extendido de la microelectrónica basada en la información digital y en las tecnologías de la información.

Informacionalismo es el concepto introducido para identificar el presente del capitalismo –el informacional-capitalismo financiero- caracterizado por el uso extendido de la microelectrónica basada en la información digital y en las tecnologías de la información, lo que permite la difusión de formas de organización de redes en todos los ámbitos económicos y sociales (11). Aunque eludir el determinismo tecnológico, sabiendo que la tecnología tiene un rol incrustado en la organización social y cultural, ellos apuntan a las redes como la estructura social dominante en la sociedad global.

Los autores son enfáticos en señalar que la pregunta central en las políticas de desarrollo actuales es la relación entre desarrollo informacional y bienestar humano. Considerando las consecuencias de las crisis recientes producidas por la dinámica del capitalismo informacional como un detrimento del bienestar, que ellos reclamaron, pidiendo mejorar el rol regulador de los gobiernos, para evitar el incremento de las inequidades y para promover el actual desarrollo informacional y de bienestar.

Kestävän kasvun malli -tutkimushankkeen loppuraportin julkistustilaisuus Los autores Manuel Castells y Peka Himenen.

Igualmente, la mayoría de los casos estudio presentados en el libro revelaron que en muchos países el informacionalismo no está produciendo y esparciendo los beneficios, y que en realidad está profundizando las desigualdades. Esto está dado por el hecho que los beneficios del informacionalismo son básicamente restringidos a grupos relacionados con producir conocimiento en el sector de la tecnología avanzada. Sin embargo, ellos consideran que las evidencias del crecimiento de la inequidad a nivel global, la polarización y la marginalización no son capaces de negar el potencial del informacionalismo para producir bienvivir, sea esparcido la innovación tecnológica o cerrado el acceso mundial a la información y a la educación.

 Los autores son enfáticos en señalar que la pregunta central en las políticas de desarrollo actuales es la relación entre desarrollo informacional y bienestar humano.

Para adecuar el Estado Industrial de Bienestar a la nueva situación del post industrialismo y de la crisis europea en este sector, los autores diseñaron el llamado Estado de Bienestar 2.0, haciendo hincapié en los beneficios de la aplicación del informacionalismo para mejorar la eficiencia, productividad y creatividad en las políticas sociales. Sin embargo, para que esta interesante propuesta sea viable requerirá de una nueva coalición política que le proporcione un marco de apoyo para reformar las actuales instituciones. A pesar de que esta condición política es uno de los casos más estudiados en la literatura del Estado de Bienestar, no se encuentra en el libro. La falta de análisis político en relación con las instituciones de protección social y con las políticas en esta materia, transforman las recomendaciones relativas a la reforma del Estado del Bienestar en un conjunto formal de consejos, independientemente de la sólida base política para que sea alcanzable. Sus observaciones sobre la dependencia de una reforma cultural e histórica son inútiles.

La ausencia de un profundo análisis de las contradicciones con relación al informacional-capitalismo financiero y a los altos niveles de bienestar son notables. Tal vez se debe en parte a la falta de un gran análisis con relación a las diferentes situaciones espaciales dentro de la red global. La principal contribución de América Latina a la teoría del desarrollo vino de la CEPAL en los años 50s, afirmando que la asignación de recursos a nivel mundial a través del intercambio comercial es siempre desigual e injusto, debido a la disparidad de poder entre el centro y la periferia. Este razonamiento se debe tener en cuenta en la situación actual de la sociedad global en red, para identificar los límites y posibilidades de cada célula y clúster. De esta manera, será posible hacer un examen profundo sobre las contradicciones entre el desarrollo como bienestar y el informacional-capitalismo financiero en una sociedad global, identificando cómo afecta la diferencia de los países participantes. Asimismo, será imposible prever cómo los países en desarrollo podrían superar su inserción en la economía global, limitados a la producción de materias primas con algunos programas redistributivos.

 Para adecuar el Estado Industrial de Bienestar a la nueva situación del post industrialismo y de la crisis europea en este sector, los autores diseñaron el llamado Estado de Bienestar 2.0, haciendo hincapié en los beneficios de la aplicación del informacionalismo para mejorar la eficiencia, productividad y creatividad en las políticas sociales.

En los dos últimos capítulos, Calderón y Himanen teorizan sobre el concepto de desarrollo, haciendo hincapié en la noción de dignidad -que abarca la autonomía y la libertad- como el núcleo de su nuevo enfoque del desarrollo. Para Calderón, el centro del desarrollo está ocupado por las subjetividades de las personas, en referencia a las capacidades personales y sus sociedades para decidir las orientaciones de sus vidas, de acuerdo con sus valores y deseos (pág.254). Exclusión e inclusión desfavorable son señalados como los riesgos de las economías globales, redefiniendo los conflictos sociales. La recomendación del autor es hacer frente a estos problemas a través de una agencia ciudadana que podría generar, a través de condiciones estructurales y políticas, una mayor inclusión y equidad social (pg.279). El tipo de solución institucional presentada para enfrentar los efectos de la reproducción del capitalismo global parece valer la pena, aunque sólo limite las consecuencias.

Opiniones_Development_in_the_Information_AgeLas opiniones de Fernando Cardoso y Alain Touraine.

Buscando el objetivo final de un modelo de desarrollo sostenible, Pekka Himanen estresa el argumento desde un punto de vista ético, indicando que la dignidad es la base principal del desarrollo. A fin de exponer su idea, recupera las contribuciones de Rawls y Sen en este debate. Mientras que la teoría de la justicia formulada por Rawls es tomada como crucial para los fundamentos de los derechos humanos, el trabajo de Sen dio lugar al Índice de Desarrollo Humano, IDH, que abarca la esperanza de vida, la educación y la distribución del ingreso.

Aunque reconoce la valiosa contribución de ambos enfoques teóricos que dieron un fundamento moral al desarrollo, Pekka argumenta que igualmente requieren una base para sus conceptos centrales, ya sea la justicia o la capacidad.

La dignidad es la base para el desarrollo, ya que comprende los valores y derechos en cuanto a la justicia, la libertad y la vida.

En ese sentido destaca que la dignidad es la base para el desarrollo, ya que comprende los valores y derechos en cuanto a la justicia, la libertad y la vida. De esa forma vincula estos valores al desarrollo de sociedades de bienestar sustentable, económicamente sostenible y medioambientalmente viable. De esta manera, el autor afirma que esto permite superar las antiguas contribuciones, añadiendo el componente ambiental, relacionando el desarrollo con la sostenibilidad.

El principio ético que subyace a la dignidad es el cuidado. En ese sentido, afirma que el cuidado es la cara operativa de la dignidad. Por otro lado, sostiene que el cuidado requiere de la aceptación del otro, lo que significa reciprocidad y fomenta una cultura de la creatividad. También da apoyo a una unidad global en un mundo multicultural.

Sus intenciones con este marco teórico no son despreciables ya que sostiene que el concepto de dignidad ofrece un objetivo radical a nivel mundial: una base global para una “revolución de la dignidad de los valores”, después de la revolución Ilustración occidental de valores (pg 297).

La dignidad es entendida como la libertad individual que conduce a una cultura de la creatividad y responsabilidad por una economía sustentable; la dignidad representa justicia comunitaria, traducida como una cultura del cuidado, necesaria para garantizar el bienestar sostenible; dignidad que en términos de la humanidad representa la vida, asegurando una cultura de la vida y el medio ambiente sostenible (Pág. 300).

La dignidad es entendida como la libertad individual que conduce a una cultura de la creatividad y responsabilidad por una economía sustentable.

Este modelo reflexivo se destaca como una forma de estimular el desarrollo, ya que puede reconciliar los valores liberales de autonomía y libertad con los principios sociales de la justicia, reconocimiento y solidaridad. Para Himanen la diferencia crucial es que la libertad y la justicia social son valores éticos, mientras que el bienestar no es un concepto ético, sino una filosofía de

Su propuesta de dividir el concepto de vida digna en tres dimensiones -ética, cultural y filosófica- termina en un callejón sin salida cuando se considera la fragilidad de la vida, ya que la vida puede ser significativa, aunque sea caracterizada por la felicidad o la prosperidad (pg. 304).

Desde lo más profundo, la filosofía como meta en la vida no es el bienestar, sino el sentido -una vida que tiene un propósito, es una vida digna- ¿cómo podría un Índice de Dignidad medir el sentido de la vida, por ejemplo, entre unos presos políticos y los torturadores, más allá de su sentimiento subjetivo de felicidad? La respuesta de Himanen a esta pregunta es que con el fin de evitar los elementos subjetivos, es necesario definir el desarrollo social a través de medidas objetivas en el Índice de la Dignidad, avanzando desde las libertades a la justicia social. Este es un reto notable y este libro es un esfuerzo importante y un paso inicial en el camino a seguir.

Traducción: Felipe Veas

Recomienda este artículo
  • gplus
  • pinterest

Sobre el Autor

Sonia Fleury

Sonia Fleury

Doctora en Ciencias Políticas, Master en Sociología y Licenciada en Psicología. Es Miembro del Consejo de Desarrollo Económico y Social. Coordinadora del Programa de Estudios sobre la Esfera Pública (PEEP).