Raúl Castro inicia la cuenta regresiva para entregar el poder en Cuba

El inicio del proceso del retiro de Raúl Castro del poder en Cuba será lento y podría durar hasta abril de 2021, cuando se realice el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Simultáneamente, ese año podría culminar el relevo generacional de la dirigencia que ha sostenido la llamada revolución cubana por más de medio siglo. El otro hombre clave que iniciará su retiro del poder es José Ramón Machado Ventura, quien también debe ser sustituido de los máximos cargos del PCC, en tres años más.


Por Niccolo Moro

Las elecciones generales del 11 de marzo de este año en Cuba son un paso intermedio de relevo del poder, en un proceso que comenzó en abril de 2011, cuando se realizó el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). En esa oportunidad se acordó limitar los principales cargos del gobierno y del Estado a un máximo de dos períodos consecutivos (diez años). Sin embargo, está previsto que el relevo definitivo el actual Presidente Raúl Castro, se producirá recién en 2021, oportunidad en que se realizará el VIII Congreso del PCC. En ese momento, el hermano de Fidel, estará cerca de cumplir 90 años y debiera deponer el cargo de secretario general del PPC, a partir del cual se proyecta el tutelaje sobre el resto de los poderes en la isla.

Desde que su fallecido hermano Fidel le transfirió los máximos poderes del país, el 24 de febrero de 2008, Raúl Castro concentra cuatro cargos: jefe de Estado (Presidente), jefe de Gobierno, primer secretario (general) del PCC y comandante en jefe de las fuerzas armadas.

Mientras tanto, la pregunta que se hacen los cubanos es quién sucederá a Raúl Castro (1), a partir del próximo 19 de abril, cuando los diputados electos en las elecciones generales del PCC, realizadas el domingo 11 de marzo, tomen esta decisión en la primera sesión de la renovada Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento).
En las elecciones del 11 de marzo se eligieron los delegados para las Asambleas Provinciales y a los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular que ejercerán su cargo por cinco años. En los hechos, los votantes ejecutaron una ratificación de nombres, porque los postulantes fueron previamente visados por las comisiones electorales municipales, las cuales finalmente propusieron los candidatos para el mismo número de bancas a llenar para los delegados provinciales y diputados: 1.265 y 605, respectivamente.

Son los diputados elegidos (ratificados) los que el próximo mes elegirán a su vez los principales cargos del gobierno, partiendo por el Consejo de Estado y al presidente de éste, probablemente el ingeniero eléctrico Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente del PCC, de 57 años.

Control del PCC

Bajo el sistema de partido único, las elecciones en Cuba tienen la peculiaridad de que se presentan personas y no partidos y por lo tanto, está vedada la competencia de propuestas políticas distintas a las del PCC, con otras posiciones de izquierda, de derecha o de centro. Es más, la mayoría de los candidatos pertenecen al PCC.
Los candidatos son propuestos por las comisiones de candidaturas que están compuestas por organizaciones controladas por el PCC: Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Comités de Defensa de la Revolución (CDR), Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y Federación de Estudiantes de Enseñanza Media (FEEM). Las comisiones de candidatura son presididas por un representante de la CTC.

La Constitución de Cuba en su artículo 5 dice:
“El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.
No se permiten las campañas de los candidatos, sea por parte de ellos mismos o de organizaciones que los respalden. Las comisiones electorales son las únicas autorizadas para informar y promover las candidaturas de todos los postulantes, en forma simultánea. Con este fin las comisiones publican las nóminas de los candidatos con sus fotos y biografías en lugares públicos.

En las elecciones del 11 de marzo estaban habilitados para votar alrededor de ocho millones de cubanos, mayores de 16 años. Se excluyen los discapacitados mentales, los presos y quienes hayan sido sometidos a alguna condena y se encuentran en libertad condicional. La base de votantes consta en los registros que lleva cada municipio y la inscripción en éstos es voluntaria.

Adiós a la generación histórica

La elección que se realice en la primera sesión de la renovada Asamblea Nacional del Poder Popular tendrá la particularidad de que por primera vez desde 1959, el jefe del Gobierno y del Estado -así como la mayoría de sus principales miembros- no pertenecerán a la llamada generación histórica. Una pista para este retiro definitivo se produjo el pasado 24 de febrero, cuando Raúl Castro entregó condecoraciones a los sobrevivientes de esta generación, con ocasión de la reinauguración del Capitolio de La Habana, que pasó a ser sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Los condecorados como “Héroes del Trabajo de la República de Cuba” fueron: José Ramón Machado Ventura, vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros, además de Segundo Secretario del PCC; y los comandantes de la revolución Ramiro Valdés Menéndez, también vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros y miembro del Buró Político del PCC; y Guillermo García Frías, miembro del Consejo de Estado y del Comité Central del PCC.

Al programado recambio de caras viejas por caras nuevas en la alta dirigencia cubana ha contribuido el clima del “proceso de actualización”, caracterizado por una fuerte crítica a los errores del pasado y la introducción de importantes cambios en todas las esferas, especialmente en el plano económico. Por lo tanto, no tendría demasiado sentido que se mantuvieran los nombres de los dirigentes que han tenido responsabilidad en el estancamiento del país. Las decisiones que pretenda adoptar el nuevo gobierno, debieran tomar un rumbo de cambios más dinámicos, acorde con lo que propuso el mismo Raúl Castro, en el VI Congreso del PCC, en 2011.

El crecimiento económico de Cuba en 2017 fue de 1,6%, según datos preliminares.

“Estamos convencidos de que el principal enemigo que enfrentamos y enfrentaremos serán nuestras propias deficiencias y que por tanto, una tarea de tamaña dimensión para el futuro de la nación, no podrá admitir improvisaciones ni apresuramientos”, expresó Raúl Castro en aquella oportunidad. Más adelante sentenció: “Lo primero que debemos hacer es cumplir lo que acabamos de aprobar en este evento y por ello no es fortuita la decisión de que el Comité Central analice en sus plenos, al menos dos veces al año, cómo se cumplen los acuerdos del Congreso, en particular la marcha de la actualización del modelo económico y la ejecución del plan de la economía” (2).

Desempeño económico

Informaciones preliminares dan cuenta de un crecimiento económico de 1,6% en 2017, cifra insuficiente para compensar la caída registrada el año anterior. Luego del largo “periodo especial” de los años 90 del siglo pasado (desatado por la desaparición de la Unión Soviética), las principales limitaciones de la economía cubana siguen siendo la falta de divisas para cubrir las importaciones de petróleo y sus derivados, así como de alimentos y bienes de capital. La crisis en Venezuela agravó estas restricciones, a lo que se sumó el efecto devastador del ciclón Irma, en septiembre pasado, el más potente generado en el océano Atlántico desde que se tienen registros.

El nuevo gobierno que no será presidido por un Castro, en casi 60 años de historia cubana, tendrá que hacerse cargo de numerosas tareas económicas pendientes, entre las cuales se cuentan:
• Reanudación del otorgamiento de licencias y/o ampliación de actividades para ejercer el trabajo por cuenta propia, paralizado desde el verano de 2017, debido a un proceso de reordenación y perfeccionamiento del programa.
• Unificación monetaria y cambiaria, para resolver problemas prácticos con los cuales se enfrentan a diario los consumidores (sobre todo los que no reciben remesas de sus familiares en el exterior), los turistas y los nuevos emprendedores.
• Puesta en marcha de una Ley de Empresas, que se haga cargo de declarar los derechos y deberes de las nuevas formas de propiedad y resuelva, al mismo tiempo, contradicciones como las Pymes privadas con trabajadores asalariados. Las Pymes han debido seguir operando bajo la figura de “trabajo por cuenta propia”.
• Simplificación de los trámites para la aprobación de las inversiones extranjeras directas.
• Nueva política de vivienda para enfrentar el enorme déficit en este sector.
• Implementación de un plan de obras públicas, asociada a los nuevos proyectos productivos mixtos y recuperación de la infraestructura obsoleta (sobre todo electrificación, agua potable, tratamiento de aguas servidas y regadío de predios agrícolas).

Estas son medidas que dependen del propio gobierno cubano y poco y nada tienen que ver con el bloqueo económico de Estados Unidos, de modo que su implementación no debiera verse afectada por el giro negativo que ha dado el Presidente Donald Trump en relación con Cuba. Este giro ha puesto en un congelador la política de normalización de las relaciones diplomáticas iniciada en 2014 por su antecesor Barack Obama.
El retroceso en esta relación fue refrendado por Trump el 16 de junio de 2017, cuando firmó el protocolo del National Security Presidential Memorandum on Cuba, en un acto en Miami, ante una audiencia de exiliados cubanos, que aglutinó a los más conspicuosl anticastristas afincados en Estados Unidos.

La lógica de guerra

Así y todo, Cuba mantiene una sólida alianza con China y en el último tiempo ha fortalecido las relaciones con Rusia y la Unión Europea. Luego de la fuerte presión ejercida por esta última en la década pasada contra el régimen cubano, por la situación de los derechos humanos en la isla, recientemente suscribió el acuerdo de cooperación Cuba-Unión Europea, como sutil respuesta a la actitud confrontacional desatada por el gobierno de Trump. A juicio de los expertos, a mayor presión económica y política de Estados Unidos contra Cuba, mayor es la resistencia en la isla, lo que de paso aviva la retórica de guerra que ha usado el régimen de partido único para obtener apoyo ciudadano.

Quizás, de no haber sido por aquella lógica de guerra, cuya expresión más rudimentaria es el bloqueo económico de Estados Unidos, no habrían existido dos hermanos gobernando Cuba por casi 60 años, ambos vistiendo el uniforme verde olivo y utilizando la misma retórica de la rebeldía antiimperialista para mantenerse en el poder. Al fin y al cabo, si en algo han sido exitosos los hermanos Castro, en medio de las gigantescas carencias económicas y democráticas, es haberse valido de su principal enemigo para elaborar un discurso político que ha resultado más eficaz que cualquier intento democratizador, aun en estos tiempos en que éste discurso resulta completamente extemporáneo.

(1) Hasta ahora todos los pronósticos apuntan al actual Primer Vicepresidente, Miguel Díaz Canel.
(2) Documentos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, págs. 44 y 45.
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Editor Política & Economía