Quizás sin proponérselo, el Estado genera iniquidad en el sistema de educación preescolar

Pese a que existen numerosas evidencias científicas de que la formación de los futuros ciudadanos se juega en la fase temprana, que va desde los 84 días después del nacimiento hasta el inicio de la etapa escolar, en Chile la formación inicial o temprana adolece de graves defectos. Así concluyeron los especialistas que participaron en el seminario “Desafíos para una educación inicial de calidad”, realizado en Santiago, en septiembre pasado. Ellos hablaron por el millón y medio de párvulos que potencialmente debieran estar incorporados a algún programa de formación inicial, pero que no tienen voz y que dependen exclusivamente de lo que hagan los adultos para su futuro.


 

“La educación parvularia en Chile adolece de problemas de calidad y equidad en su interior, asociados a factores como el aseguramiento de la calidad del sistema, el financiamiento y la formación de las educadoras de párvulos”, concluyeron los investigadores del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile (CIAE) y del Departamento de Salud Pública de la Universidad Católica, que participaron en seminario “Desafíos para una educación inicial de calidad”, realizado en Santiago, en septiembre pasado.

Para estos especialistas, la evidencia demuestra que las oportunidades para el futuro se siembran en la fase preescolar de formación. En este sentido dicen que, “la inversión en la primera infancia es la política pública más rentable desde una perspectiva del desarrollo presente y futuro de los niños, posibilitando el desarrollo de todo su potencial, como también de enormes beneficios para la sociedad”.

“Como académicos tenemos la responsabilidad de poner como primera prioridad a los niños más pequeños del país y que eso se enmarque en políticas públicas de buena calidad que alcancen a todos los niños, en especial a los más vulnerables”, puntualizó en el seminario el investigador del CIAE, Juan Pablo Valenzuela. Según datos del Ministerio de Educación, en 2014 la población de párvulos en el país era de 1.502.707 menores, de los cuales 738.656 asistían a algún establecimiento de educación preescolar, incluyendo salas cunas. La gran mayoría lo hacía a centros de educación particular subvencionados y en menor medida a establecimientos dependientes de las municipalidades, la Junji (Junta Nacional de Jardines Infantiles), Fundación Íntegra y particulares pagados.

En el encuentro también participaron Alejandra Falabella, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Alberto Hurtado; Ernesto Treviño, director del Centro para la Transformación Educativa (Centre) de la Universidad Católica; y Marcela Pardo, investigadora encargada del área de educación inicial del CIAE. Ellos coincidieron en que el enfoque de calidad, la formación inicial y continua y el financiamiento y estructura de la oferta debieran ser temas prioritarios en la agenda de las políticas públicas dirigidas a los infantes.

Nos ha faltado discutir como país hacia dónde queremos ir con nuestra educación inicial.

Alejandra Falabella dijo que en Chile hay un enfoque de calidad basado en estándares y evaluaciones, lo que ha tenido efectos en los colegios y jardines infantiles. Por ejemplo, explicó que el Simce de segundo básico ha adelantado el proceso de enseñanza de la lectura y escritura a kínder, lo que ha intensificado el problema de identidad de ese nivel educativo y ha tensionado el rol de los educadores. “Lo que nos ha faltado discutir como país es hacia dónde queremos ir con nuestra educación inicial”, precisó la investigadora.

Financiamiento

El director del Centre UC, Ernesto Treviño, señaló que una de las prioridades de la política de educación inicial es resolver el grave problema de la iniquidad y las desigualdades estructurales que el mismo Estado ha generado. “La legislación aplicada a distintos tipos de oferta genera desigualdades en costos de funcionamiento y en los ingresos, en recursos humanos (coeficiente técnico), en infraestructura, en subvención por alumno y en cobros a los padres”, dijo Treviño.

En concreto, se refirió a los esquemas de estructura y financiamiento que tienen los distintos tipos de jardines infantiles, según su administración (Integra, Junji o vía de ransferencia de fondos). “Nuestros niños reciben financiamiento según la suerte de la olla y del jardín que les tocó cerca y tenía vacantes”, precisó.
Explicó que la estructura de financiamiento, basada en la asistencia, genera una enorme fragilidad financiera porque, por ejemplo, en meses de invierno la asistencia cae a menos del 70% en distintos tipos de oferta.
“Hay que equiparar la oferta al menos. Tenemos un problema de bajo financiamiento y necesitamos avanzar hacia un financiamiento basal mayor, con un componente variable, realista, que no represente un castigo e incluir criterios socioeconómicos y de necesidades educativas especiales”, concluyó Ernesto Treviño.

Calidad de la enseñanza

La investigadora del CIAE, Marcela Pardo, precisó que a nivel internacional hay preocupación por la falta de coherencia y alineación de la oferta de formación continua. Añadió que éste es un tema central, considerando que el rol de los y las educadoras ha cambiado: “Son agentes educativos y se espera que manejen conocimientos pedagógicos y disciplinares, así como temas de la transición. ¿La educación continua permite a las educadoras hacerse cargo de estos desafíos?”, preguntó.
“Una educadora de párvulos no surge espontáneamente, es necesario que el sistema promueva su desarrollo”, concluyó Marcela Pardo.

Enseguida dijo que en Chile hay escasez de programas específicos de formación continua y que no se sabe cuántos educadores se han formado en estos programas y cuál es la modalidad de dichos programas y su impacto. Por eso, añadió que otro de los desafíos para las políticas públicas es darle prioridad a la formación continua de la educación parvularia y sistematizar los datos existentes sobre ésta.

Propuestas urgentes

Los especialistas llamaron a las autoridades y a los dirigentes políticos a asumir con más rigor la reformulación de las políticas públicas dirigidas a la formación inicial, para lo cual propusieron dos medidas urgentes para intervenir en el plano de la calidad:

1) Establecer estándares que identifiquen lo propio de la educación inicial, mediante estándares de calidad holísticos y enriquecidos, que incluyan el bienestar de los niños, el juego como algo central de la infancia, interacciones entre niños y adultos y entre niños, raíces con la familia, vida saludable, ciudadanía, inclusión y profesionalismo.
2) Conformar un equipo de evaluadores con alta preparación en educación parvularia, con un foco en la formación profesional y las condiciones laborales, mediante un sistema de acompañamiento y retroalimentación permanente.
En el plano sistémico y estructural y con el objetivo específico de terminar con desigualdad estructural que afecta la calidad de la educación parvularia en Chile, basada en diferentes modos de financiamiento, propusieron:

1) Homologar el mecanismo de financiamiento entre instituciones oferentes de educación parvularia, mediante un sistema de mixto que comprenda un financiamiento basal mayor, con un componente variable que sea un incentivo a la asistencia.
2) Determinar y asegurar un monto de transferencia mensual por niño que sea suficiente para permitir una calidad estructural de la educación parvularia con estándares que tomen en cuenta espacios, coeficientes técnicos adecuados, mobiliario y materiales y la calidad de los procesos de enseñanza.

Por último, en el plano de la formación de las educadoras y los educadores de párvulos, los especialistas de las universidades de Chile y Católica, propusieron alinear la oferta de los programas de formación continua con el resto del sistema de educación inicial; fortalecer la regulación de la oferta educativa, promoviendo su coherencia con la formación inicial y con los énfasis de las políticas públicas, favoreciendo un desarrollo sistémico de este nivel educativo.

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Editor Política & Economía