La desaceleración económica china golpea también a las transnacionales

La reducción de la tasa de crecimiento en China está afectando a gran parte de los países que comercian y/o invierten en el gigante asiático. De paso, está empujando a las multinacionales hacia el sector de servicios, fenómeno que sería “coherente con la estrategia de las autoridades chinas hacia la moderación del crecimiento, en provecho del consumo nacional”, sostiene en la siguiente entrevista el economista francés Jacques Adda. La versión original de esta entrevista fue publicada en el N° 354 de “Alternatives Economiques”, de febrero 2016, y fue traducida por Alexis Guardia, para los lectores de Política & Economía.


 

Por Jacques Adda

China ofrece un potencial fenomenal como mercado, sobre todo cuando los datos son considerados en valor absoluto. Apoyado en informes del Boston Consulting Group (BCG), Jacques Adda dice que si el crecimiento chino cayera a 5,5% en el curso de los próximos cinco años, el aumento proyectado del consumo de aquí al 2020 será equivalente a la creación de un mercado igual en su dimensión al del Japón de hoy. A esto se agrega que la ventaja competitiva de China en las industrias intensivas en mano de obra puede ser mantenida, si las autoridades logran el objetivo de la reconversión productiva en el interior del país, absorbiendo el empleo liberado por las labores agrícolas.

¿Cómo o cuánto incide la economía china en el resto del mundo?

Con dos billones (un millón de millones) de dólares de importaciones de mercancías, China es hoy el segundo importador mundial después de los Estados Unidos. La desaceleración de su economía, que es sin duda más marcada que lo que dicen las estadísticas oficiales, se tradujo en un crecimiento de 6,9% en 2015, el ritmo más débil mostrado desde hace un cuarto de siglo, lo cual explica una desaceleración neta de sus importaciones. De un ritmo anual de 14% a precios constantes en el período 1997-2013, su progresión ha bajado a 7% en 2014 y 2,5% en 2015.

¿Cuáles son los países más expuestos a la desaceleración China?

Esta estagnación de la demanda, dirigida al resto del mundo afecta a los socios por medio de tres principales canales. El primero concierne el mercado mundial de productos básicos, sobre el cual China explica (ella sola) la mitad de la demanda mundial de metales, como también un tercio de la demanda de algodón y arroz, un sexto de la de trigo, etc. Esto ha llevado al derrumbe de los precios de las materias primas industriales y de los productos agrícolas en 40%, medido en dólares, y de dos tercios para el petróleo. Ello medido desde la primavera de 2011 en adelante. Los principales afectados son los países especializados en la exportación de estos productos, de los cuales algunos son particularmente dependientes del mercado Chino para sus exportaciones: Australia (36%), Sudáfrica (32%), Irán (27%), Chile (25%) y Brasil (19%). Esto explica en gran medida la recesión que castiga a algunos países en América del Sur, Europa del Este, Polonia y el Medio Oriente.

¿Y mientras tanto, que ocurre con los bienes de capital?

La demanda de bienes de capital constituye un segundo punto de impacto de la desaceleración China. Motor de la actividad desde hace 20 años, la inversión china representa un tercio de la formación mundial de capital fijo. Con capacidades de producción hoy inutilizadas, del orden del 50% en la industria, este componente de la demanda mundial debería conocer una evolución más moderada en el futuro, del cual ya sufren las economías alemana, japonesa y surcoreana. Por último, el impacto de la moderación china no se limita a los países directamente afectados. La onda se propaga también vía demanda de importaciones al conjunto del comercio mundial, que ha cesado de crecer en el curso de los últimos cuatro trimestres.

Si el mercado chino viene en baja, ¿quién se puede aprovechar de ello?

Según la OCDE, creación de valor de China continuó subiendo en 2015 y solo a partir de este año debería comenzar a replegarse, aunque muy moderadamente. No obstante, los datos en valor son fuertemente influenciados por la variación de los precios relativos de los productos y por la fluctuación de los tipos de cambios. Así, el derrumbe de los precios de los commodities ha afectado a los países productores de éstos, pero elevando al mismo tiempo la competitividad de los países importadores, entre ellos China.
Este cambio de tendencia debería continuar en 2016 y 2017 y es indisociable del aumento de los precios de los productos chinos en valor internacional, debido al alza de los salarios y a la apreciación del yuan.
En términos efectivos reales, es decir con respecto a las monedas de los principales socios de China y teniendo en cuenta las brechas de inflación con los otros países, desde el 2005 la moneda China se ha apreciado en más de 50%. Según los cálculos del FMI, si el yuan estaba subvaluado en 2005, ahora ya no lo está, lo que significa que los precios de los productos de exportación chino están globalmente en paridad con aquellos observados en promedio sobre el mercado mundial.
Esta inflexión es claramente perceptible en las industrias con alto componente de mano de obra, tales como muebles, zapatos y juguetes. A su vez, este fenómeno lleva a un desplazamiento de la especialización china hacia las industrias con un mayor valor agregado. Una tendencia que beneficia a los países con bajos salarios de la región, como el Vietnam, Indonesia, Camboya y Bangladesh.

¿El aumento de salarios en China provocara una huida de las multinacionales?

Como primer destino mundial de las inversiones directas frente a los Estados Unidos en 2014, China no parece amenazada en esta etapa, en este caso por una desafección de las multinacionales. Sin embargo, el examen de la composición de los flujos revela que la industria manufacturera recibe solo un tercio de las inversiones, contra más de la mitad que recibía hasta el 2010. Ahora la mayoría de los flujos están concentrados en el sector de servicios, fundamentalmente en el comercio detallista, el transporte y las finanzas.
El desinterés relativo de las multinacionales por la industria china se explica por el aumento de los costos salariales unitarios (costo salarial relacionado con la productividad del trabajo). Según el Boston Consulting Group (BCG) hoy los salarios del sector industrial chino se sitúan en 60% respecto del nivel estadounidense, contra el 34% registrado en 2004. Esta es una ventaja insuficiente, habida cuenta del peso limitado (un décimo en China) de los costos salariales en los costos de producción totales, que han alcanzado prácticamente el nivel norteamericano en 2015. China se desmarca así de su condición de ser el “taller del mundo”, señala un estudio del CEPII (1).
El reacomodo de las multinacionales hacia el sector de servicios es coherente con la estrategia de las autoridades chinas hacia la moderación del crecimiento, en provecho del consumo nacional. China ofrece un potencial fenomenal como mercado, sobre todo cuando los datos son considerados en valor absoluto. Según el BCG, si el crecimiento chino cayera a 5,5% en el curso de los próximos cinco años, el aumento proyectado del consumo de aquí al 2020 será equivalente a la creación de un mercado igual en su dimensión al del Japón de hoy. A esto se agrega que la ventaja competitiva de China en las industrias intensivas en mano de obra puede ser mantenida, si las autoridades logran el objetivo de la reconversión productiva en el interior del país, absorbiendo el empleo liberadado por las labores agrícolas.

¿El endeudamiento Chino es una amenaza para el mundo?

La nueva sacudida que golpea la bolsa China (-20% después del 21 de diciembre) ha reactivado las especulaciones sobre la eventualidad de una crisis financiera mayor. De hecho, la trayectoria de la deuda de los agentes públicos y privados chinos, que ha subido sobre 100 puntos de PIB en ocho años, para alcanzar 260% del PIB, es inquietante. Es cierto que una gran parte de esta deuda corresponde a compromisos financieros de entidades públicas (tales como las empresas estatales y gobiernos locales), o hacia otras entidades públicas (los bancos). Puede pensarse que el problema podría ser resuelto como lo ha sido en el pasado, es decir, por la anulación de deudas, como por la transferencia de éstas en el presupuesto del Estado e incluso por la recompra por parte del Banco Central de los créditos riesgosos, acumulados por los bancos comerciales. Un programa de estímulo cuantitativo (similar a los aplicados en Occidente luego de la crisis internacional que estalló en 2008), tendría el efecto colateral de apaciguar las inquietudes del público y también de reactivar la bolsa.
En realidad, la fragilidad financiera china no tiene mucho que ver con la deuda misma, ni con los problemas que enfrentan las autoridades en el proceso de liberalización financiera y tampoco con la desconfianza que aquellos suscitan en los inversionistas y en el público. El punto de focalización de estas tensiones no es la bolsa, cuyas fluctuaciones no tiene más que una incidencia limitada sobre la economía real de China, pero el mercado cambiario sí tiene relevancia, sobre el cual la divisa China ha perdido 6% frente al dólar desde agosto pasado.
Para sostener el tipo de cambio el Banco Central chino interviene masivamente en el mercado, usando reservas internacionales, que han bajado de 4 billones (cuatro millones de millones) de dólares en su punto alto en 2014 a 3,3 billones en la actualidad. Dejar que el yuan se deprecie tiene como consecuencia el reforzamiento de las exportaciones y por consiguiente la actividad, pero también tiene un impacto fuertemente desestabilizador sobre las empresas cuya deuda en divisas se aproximaría a un billón de dólares. Esto genera incertidumbre, lo que en el contexto de una flexibilización del control de cambio incita a las empresas y a las personas a expatriar parte de sus ahorro.

¿La internacionalización del yuan está puesta en cuestión?

Recientemente el FMI decidió otorgar el estatus de moneda de reserva a la divisa China, a partir de octubre 2016. Así, ésta será la quinta moneda en entrar en la composición de los Derechos Especiales de Giro (DEG), lo que refleja el empoderamiento del yuan sobre la escena monetaria internacional. Esto valida también las medidas tomadas por las autoridades chinas desde el comienzo del decenio, para liberar los movimientos de capitales y hacer del yuan una moneda convertible de aquí al 2020.
Paradojalmente, esta decisión sobreviene en el momento cuando la especulación se desencadena contra la moneda china. Solo en diciembre pasado la reducción de las reservas internacionales se estimada en 1,2 billones de dólares. Esta ola de desconfianza que hizo abstracción de los excedentes en cuenta corriente de balanza de pagos que el país continua acumulando (3,5 billones de dólares en 2015), resulta en gran medida de la voluntad del Banco Central para sortear los obstáculos que existían hasta agosto de 2015, que implicaban un anclaje muy marcado del yuan frente al dólar.
Para contrarrestar la subida del dólar en los mercados mundiales, el Banco Central chino está confrontado un dilema: si deja al yuan depreciarse, debilita las empresas endeudadas en dólares, alienta la salida de capitales y da la impresión de perder el control de la situación. Inversamente, si el Banco Central decide bloquear la depreciación (lo que hizo en el primer semestre de 2015 y que de nuevo trató de hacer después de diciembre pasado), las intervenciones en el mercado cambiario han tenido como efecto reducir la liquidez de la economía, en un momento inapropiado, cuando justamente la desaceleración de la actividad y las presiones deflacionistas se acentúan.
Por lo tanto, la escapatoria posible de las autoridades monetarias chinas es el restablecimiento del control de cambio, lo cual crearía un conflicto mayor con el FMI. Mientras tanto, a menos que ello se mantenga por un tiempo limitado, el Banco Central no ha dado señales de la voluntad de retomar un control más férreo. Esto es, de limitar el impacto de las turbulencias locales sobre los mercados mundiales y preparar una transición ordenada hacia la plena convertibilidad de la moneda.

(1) Centro de Estudios Prospectivos e Información Internacional, Francia.

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Sobre el Autor

Jacques Adda

Jacques Adda

Profesor de Economía Política Internacional en la Universidad de Bar-Ilan (Israel). Fue economista de la OFCE (Observatorio Económico Francés) y académico en el Instituto de Estudios Políticos de París. Participa en la revista Alternatives Economiques.