Política de desarrollo productivo y el nuevo paradigma tecnológico

A propósito de la columna “Los desafíos de Chile para retomar el desarrollo dinámico, inclusivo y sustentable”, vale la pena contrastar lo que allí se señala con las necesidades que hoy día impone el nuevo paradigma tecnológico, conocido como industrialización 4.0, cuarta revolución industrial, o ciber industria del futuro.

Por Graciela Moguillansky

Aunque pudiera parecer una película futurista, el dominio en la producción de “fábricas inteligentes”, denominadas así por su capacidad generada para el manejo de la enorme cantidad de información, es una transformación ya en marcha. Y como lo reconocen los expertos, ello permitirá una nueva revolución tecnológica, para dar paso a la optimización de los procesos productivos, logrando la minimización y/o ausencia de inventarios, interconexión de servicios de postventa y mantenimiento, innovando a su vez en modelos de negocios.

Se visualiza que esta transformación generará procesos de producción de alta productividad, capaces de una mayor adaptabilidad a las necesidades y una asignación más eficaz de los recursos los que se impondrán en los sistemas de transporte, automóviles, productos, hospitales, ciudades, que pasan a ser dotados de “inteligencia”, configurando una generación de elementos interconectados.

Industrialización 4.0

grafico

Fuente: VI Jornadas Económicas Chile-Alemania – Presentación Franhoufer IPT

Como bien lo señala el diagrama adjunto, son los sensores, unidos al “big data”, esto es conjuntos de datos que superan la capacidad del software habitual para ser capturados y las redes inteligentes, lo que constituyen la base de la nueva industria, los que a su vez dan origen a nuevos sistemas inteligentes en mercados energéticos, productivos y de los objetos (internet en las cosas).

¿Está Chile encaminándose con sus políticas hacia el mundo de la cuarta revolución industrial?

Tareas irremplazables

Para asegurar que no nos deje atrás el tren de la cuarta revolución industrial, existen algunas tareas irremplazables, que he resumido en una columna reciente en El Mostrador y que van más allá de una agenda de gobierno de 4 años, lo que obliga a generar un consenso entre las distintas fuerzas políticas del país, sin el cual será imposible insertarnos a los requerimientos de esta nueva realidad. Para ello se requiere:

En primer lugar una reforma en la educación, que en el país está en debate abierto, el que no parece avanzar en aspectos sustantivos de forma y contenido, esto es en el cómo se enseña y el qué se enseña. Adecuando las experiencias a la idiosincrasia propia del país, debiera estudiarse con detención los casos de Suecia, Finlandia, los países del sudeste asiático y China.

En segundo lugar, “la ciencia interdisciplinaria debe romper las barreras entre los campos para construir un terreno común”. Este mensaje es difundido por un número especial de la reconocida revista científica Nature de septiembre del presente año y que nos señala la magnitud de la adaptación que el acercamiento a la economía del conocimiento le depara al sistema científico chileno. En el corazón del sistema, más que nunca antes, debe primar la interdisciplinariedad, el vínculo entre investigadores de distintas disciplinas y el surgimiento a partir de ese vínculo, de nuevo conocimiento. Como se ha constatado recientemente, en un estudio sobre el sistema de conocimiento científico en Chile¹ se está muy lejos de esto, evidenciándose una gran debilidad de vínculos entre disciplinas, incluso en el núcleo del sistema e incentivos perversos en la institucionalidad vigente.

En tercer lugar, así como el nuevo paradigma a nivel científico requiere de la interdisciplinariedad, el aprovechamiento de la inmensidad de información- definida como la materia prima del siglo XXI- requiere de la vinculación y la colaboración entre empresas y actores diversos. La colaboración en Chile escasea, porque hasta ahora no se ha podido romper con la generalizada concepción neoliberal de la inteligencia, capacidad y emprendimiento individual ni estimular una masa crítica de empresarios e investigadores a favor de la innovación colaborativa, la formación de redes y clusters, donde se privilegie el vínculo entre universidad y empresa y en donde la educación inclusiva y de calidad aliente la diversidad y las diferentes formas de pensar.

En cuarto lugar, el impulso al desarrollo de actividades emergentes, en biotecnología, nuevos materiales o en procesos que van más allá de objetos, programas y sistemas individuales, en los que conocimientos y talentos de chilenos no son ajenos, se ve frenado en la actualidad por la carencia de un estado y de una institucionalidad capaz de compartir los riesgos con aquellos que aportan ideas y que están dispuestos a innovar. Esta alianza para remontar el riesgo inicial de lo nuevo, es común a los países que están en el rumbo de la cuarta revolución industrial.

Finalmente se torna fundamental el fortalecimiento de la competencia, así como la necesidad de llegar permanentemente a nuevos mercados con nuevos productos. Mientras la ciudadanía no se rebele y los gobiernos no posean el suficiente poder para incorporar una estricta regulación, incluyendo topes a la participación en los mercados, dividiendo la propiedad de los oligopolios, y cambiando los incentivos hacia la innovación en sustituto a la colusión, difícilmente se abrirán las condiciones para avanzar hacia la participación en la industrialización inteligente.

Estas condiciones van más allá del esfuerzo de un gobierno, requieren del largo plazo, de unos 10 a 15 años de persistencia en la política, donde reforma educacional, fortalecimiento de la competencia, límites a la participación del mercado, cultura de colaboración y participación de estado en los riesgos de la innovación, no sean revertidos en cada ciclo político.

¹ Cárdenas, Cabrera, Moguillansky y Olivares (2015): “Cartografía del conocimiento en Chile”, CNID.

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Sobre el Autor

Graciela Moguillansky

Graciela Moguillansky

Economista de la Universidad de Chile. Consultora internacional en desarrollo, comercio internacional y política industrial, con larga trayectoria en CEPAL (Comisión Económica para América Latina)