Piketty y su contribución a la justicia tributaria

De acuerdo a este análisis del exitoso libro la “Teoría del capital del siglo XXI”, los impuestos recuperan su valor como instrumentos redistributivos y queda en evidencia que la desigualdad y los mecanismos que permiten su aumento progresivo, constituyen el mayor riesgo de la cohesión social y de la estabilidad política. 


Alexis Guardia B.

Hace mucho tiempo que no se veía que un libro de investigación económica provocara un revuelo y debate tan grande como el que estamos presenciando con “Teoría del capital del siglo XXI” del economista francés Thomas Piketty. El tema central de este estudio es analizar la dinámica de la distribución del ingreso y la riqueza en conjunto con la evolución del crecimiento, especialmente en economías desarrolladas para un período de más de 200 años. Para ello Piketty, junto a otros investigadores, ha logrado reunir una enorme base empírica sobre el tema distributivo que llega hasta nuestros días.  Todo ello es considerado como la etapa previa antes de concluir una interpretación para el siglo que vivimos. El economista profesor en Harvard, Xavier-i-Martin crítico de las conclusiones de Piketty acotaba recientemente que este autor “debe ser felicitado por hacer accesible todos esos datos, en total, hay 75 base de datos (repito, 75 bases de datos) a la comunidad universitaria de todo el mundo.”

Una de las conclusiones que Piketty expone en su libro, a partir de la base empírica señalada, es que hace más de dos décadas que la desigualdad de ingresos viene creciendo rápidamente en Estados Unidos y Reino Unido, acompañados de otros países desarrollados, aunque en estos últimos, dicha concentración es más lenta. Todo ello con el agravante de que también se registra una mayor concentración de la riqueza, la que se va heredando. El autor estima que entre los millonarios, el 60% de ellos heredó su fortuna.

 Una de las conclusiones que Piketty, es que hace más de dos décadas que la desigualdad de ingresos viene creciendo rápidamente en Estados Unidos y Reino Unido. Todo ello con el agravante de que también se registra una mayor concentración de la riqueza, la que se va heredando. 

Naturalmente una afirmación de este tipo constituye en el terreno de las ideas económicas una crítica no menor a las concepciones Hayekeanas, que señalan que el ingreso o el patrimonio que se reparte en una economía de mercado corresponde al esfuerzo individual o al mérito. Pero ¿qué sucede si aquellos que poseen grandes patrimonios los deben no a sus méritos o esfuerzo individual sino a la propia acumulación de patrimonio y a su transmisión por la herencia? Por otra parte según Piketty “los que ganan super salarios buscan justificarse en base al mérito. Pero cuando comparamos las empresas que pagan $US10 millones a sus ejecutivos en lugar $US 1 millón e intentamos ver el desempeño de esas empresas no hay nada excepcional. Por encima de cierto nivel de salarios se trata simplemente de captación de renta, el mérito poco tiene que ver.”

Es cierto que la tendencia distributiva según Piketty no siempre ha sido como la que estamos viviendo actualmente. Sus propios datos señalan que varios países, entre ellos Francia, registraron un ciclo redistributivo después de la segunda guerra mundial. Por ejemplo al inicio de la primera guerra mundial  en Francia el 10% de los más afortunados detentaba el 90% del total del patrimonio del país; después de la Segunda Guerra mundial, dado el período de reconstrucción  con un crecimiento económico rápido  más la incorporación de un impuesto progresivo sobre los ingresos y la sucesión de patrimonios por herencia, dicha concentración cambió hacia una cifra del 60%, en parte debido también a la emergencia de una clase media patrimonial y al desarrollo de un “Estado de bienestar”.

Ahora bien la principal hipótesis interpretativa que Piketty deduce a partir de la importante base empírica que logró construir, es una relación particular entre la tasa de retorno del capital (r) y la tasa de crecimiento de la economía (g). Es decir el crecimiento de la desigualdad de ingresos y riqueza (patrimonio) sería inherente al desarrollo capitalista porque r>g. A propósito de ello Piketty afirmaba en el The New York Times: “Si uno analiza el período desde 1700 hasta 2012 (para 30 países)se ve que la producción anual creció a un promedio de un 1,6%. En cambio el rendimiento del capital ha sido del 4% al 5%”. Sabemos por otra parte que empíricamente las economías que se ubican en la frontera tecnológica (economías capitalistas maduras) tienen tasas de crecimiento más débiles.

Cualquier economista puede hacer un ejercicio macro-económico simple con estos guarismos y concluirá que el stock de capital (riqueza hereditaria) crece más rápidamente que el PIB y los salarios, y que estos últimos crecen menos que las utilidades. En nuestra opinión, esta formulación hay que considerarla como una tendencia de largo plazo, pero no como una ley general del capitalismo que invalide los ciclos como fenómenos, lo que sin duda, es la conclusión más relevante en el estudio del desarrollo capitalista.

Durante muchos años los economistas discutieron la tendencia a la baja de la tasa de ganancia enunciada por Marx, lo cual haría colapsar el capitalismo, pero al igual que los aviones, que debido a la fuerza de gravedad tienden a caerse,pero habitualmenteno lo hacen, en economía existen otras fuerzas que contrarrestan esta tendenciaque es importante identificar. Piketty deja abierta esta posibilidad al señalar que las tendencias a la desigualdad pueden contrarrestarse en la medida en que se utilicen los impuestos como instrumentos redistributivos, y que además, el acceso a la educación y el conocimiento permitirán acceder a mejores puestos de trabajo con mayores remuneraciones. Asimismo, como señala el autor, cada país tiene una historia de combate a las desigualdades que terminan en distintos arreglos institucionales, y por lo tanto, no hay en este aspecto de la historia social determinismos economicistas de ninguna clase.

Las propuestas de Piketty en el ámbito estrictamente distributivo apuntan a establecer impuestos más elevados sobre las rentas personales más altas e impuestos progresivos sobre la riqueza o patrimonio, permitiendo con ello una participación a las capas medias. El impuesto patrimonial debería ser establecido al nivel global, es decir, vía acuerdo internacional de tributación. Todos estos impuestos existen en los países desarrollados(salvo el último), pero su importancia y tasas  impositivas han ido disminuyendo en las últimos 25 años debido al proceso de desregulación de los mercados y una política fiscal donde predomina la reducción de impuestos, aprovechando el crecimiento económico para reducir el gasto público. Es la época en que el teorema de Laffer “demasiado impuesto, mata el impuesto” fue transformado en un dogma. Los ejemplos clásicos son las políticas implementadas durante los gobiernos de Thatcher en Inglaterra y Reagan-Bush en Estados Unidos. Naturalmente las propuestas de Piketty constituyen un giro sustantivo de dichas políticas.

 La experiencia mostró que en el período 1990-2009 Chile creció, redujo la pobreza de manera significativa, pero no cambió la mala distribución del ingreso. La OCDE se encargó de mostrar – tanto antes de impuestos y transferencia, como después de considerar ambas variables- que se experimentaba una variación mínima, al revés de lo que ocurría en el resto de los otros países miembros.

Parece pertinente recordar brevemente la experiencia tributaria chilena. En efecto, desde los años 2000, y mucho antes de conocer los trabajos de Piketty, se viene discutiendo entre los economistas de los gobiernos de la coalición de partidos que gobernó Chile entre 1990 y 2009- la Concertación de Partidos por la Democracia-, si los impuestos son o no instrumentos que pueden corregir la distribución de ingresos. La opinión más liberal aducía que ello no era necesario, pues son las políticas sociales focalizadas más el crecimiento económico las que podían corregir la distribución y eventualmente posibilitaba la utilización del impuesto al valor agregado para aumentar el financiamiento de tales políticas. La experiencia mostró que en ese período Chile creció, redujo la pobreza de manera significativa, pero no cambió la mala distribución del ingreso. La OCDE se encargó de mostrar – tanto antes de impuestos y transferencia, como después de considerar ambas variables- se experimentaba una variación mínima, al revés de lo que ocurría en el resto de los países miembros de esa institución.

Naturalmente hoy el escenario es distinto. Actualmente está en curso una Reforma Tributaria, sin duda la más profunda desde que se restableció la democracia. Esta Reforma se propone recaudar 3% del PIB para utilizar una parte importante de esos recursos para mejorar sustancialmente la educación a fin de disminuir la desigualdad de oportunidades y aumentar la calidad de la enseñanza.  Todo ello, respetando el principio de que gastos permanentes adicionales deben estar financiados con ingresos tributarios permanentes. Pero lo que es más significativo, y en este sentido se puede decir que esta reforma tiene un lado “Pikettiano”, es que la carga tributaria recaerá principalmente en el décil de ingresos más rico. El lemade esta Reforma es “que los que ganan más pagan más”, que no es otra cosa que reivindicar la equidad vertical que debe tener todo sistema tributario. En efecto, si antes de la reforma este décil contribuía con un 10,2% de la recaudación impositiva, con lareforma lo haría con 23,8%.

 El análisis minucioso de los mecanismos socio-económicos que producen la desigualdad permite a Piketty resituar el tema redistributivo dentro del ámbito de los impuestos y la eficiencia en su uso.

Sin duda Piketty ha hecho una gran contribución al acercarse a los temas de la desigualdad de ingreso y riqueza por la vía de la observación de los hechos en las economías desarrolladas. El análisis minucioso de los mecanismos socio-económicos que producen la desigualdad permite a este autor resituar el tema redistributivo dentro del ámbito de los impuestos y la eficiencia en su uso. Rompe así con la visión ideológica que predominó durante muchos años en la que se afirmaba que sólo las fuerzas libres del mercado y la iniciativa individual podían generar en el largo plazo crecimiento con equidad. Los impuestos recuperan sus “cartas de nobleza” como instrumentos redistributivos sin poner en peligro los incentivos necesarios para crear riqueza en una economía capitalista.

Es el regreso de la antigua visión socialdemócrata, arrinconada hasta hace poco por el neoliberalismo. Las imperfecciones del mercado y la mitología respecto al mérito y el riesgo especulativo quedan así desprovistos no sólo de toda justificación moral, sino también de la fuerza argumentativa en el sentido de que la barreras que se erigen contra la desigualdad pueden terminar amenazando la cohesión social y el buen funcionamiento del sistema capitalista. La realidad es exactamente la contraria. La desigualdad y los mecanismos que permiten su aumento progresivo constituyen el mayor riesgo de la cohesión social y de la estabilidad política a nivel global. La obra de Piketty permite fundamentar esta conclusión.

Fotografía: Claudio Doñas

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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.