Paraísos fiscales: vía complementaria para la elusión y la evasión de impuestos

El texto que sigue a continuación corresponde a un extracto del informe emitido en enero de 2016 -en la antesala del Foro Económico Mundial, realizado en Davos (Suiza)- por Oxfam, entidad no gubernamental cuyo objetivo primordial es combatir la desigualdad en el mundo. En este artículo se describen los parámetros fundamentales que estimulan a las grandes compañías y a la gente adinerada a complementar sus esfuerzos dirigidos a multiplicar su riqueza, en este caso eludiendo y/o evadiendo su responsabilidad de pagar impuestos, perjudicando de paso a los países donde generan sus fortunas.


 

El entramado mundial de paraísos fiscales y la floreciente industria de la evasión y la elusión fiscal constituyen el mejor ejemplo de cómo el sistema económico se ha contaminado para favorecer los intereses de los poderosos. El fundamentalismo de mercado, que es la cosmovisión predominante en la actualidad, ha legitimado intelectualmente la idea de que para estimular el crecimiento económico es necesario que las empresas y las personas más ricas estén sujetas a unos tipos impositivos bajos que, de algún modo, benefician al conjunto de la población. Este sistema florece gracias a un enjambre de profesionales muy bien remunerados de la banca privada y de inversión, que trabajan en bufetes de abogados y auditores.

Solo las personas con más recursos y las grandes empresas (aquellos que deberían estar pagando más impuestos) pueden permitirse económicamente utilizar estos servicios y toda esta arquitectura mundial, para evitar tributar lo que en realidad les corresponde. En cierta medida, esto ha empujado a los gobiernos de los países que no son paraísos fiscales a competir en una incesante carrera a la baja por reducir los tipos impositivos que gravan a las empresas y a las grandes fortunas, castigando las arcas públicas.
Los impuestos no recaudados por la evasión y elusión fiscal generalizadas compromete los presupuestos de los gobiernos, lo cual se traduce a su vez en recortes de servicios públicos esenciales como la sanidad o la educación, e implica también que los gobiernos dependan en mayor medida de impuestos indirectos como el IVA, tributo que afecta con mayor fuerza a los sectores más pobres de la población. El problema de la evasión y la elusión fiscal se está agravando con rapidez.

Oxfam ha analizado 200 empresas, entre ellas las más grandes del mundo y las socias estratégicas del Foro Económico Mundial de Davos, revelando que 9 de cada 10 tienen presencia en paraísos fiscales.
En 2014, la inversión dirigida a paraísos fiscales fue casi cuatro veces mayor que en 2001.

Este sistema mundial de evasión y elusión fiscal está absorbiendo recursos esenciales para garantizar el estado del bienestar de los países ricos, además de privar a los países pobres de los recursos imprescindibles para luchar contra la pobreza, asegurar la escolarización infantil y evitar que sus habitantes mueran a consecuencia de enfermedades que pueden curarse con facilidad.

Fortunas africanas

Casi un tercio (30%) de la fortuna de los africanos más ricos, un total de US$ 500.000 millones, se encuentra en paraísos fiscales. Se estima que esto supone para los países africanos una pérdida de US$ 14.000 millones anuales en concepto de ingresos fiscales, una cantidad que permitiría financiar la atención sanitaria que podría salvar la vida de cuatro millones de niños y niñas, y contratar a profesores suficientes para escolarizar a todos los niños y niñas africanos.
La International Bar Association (IBA) o Colegio de Abogados Internacional, que agrupa a los profesionales del sector de todo el mundo, no se equivoca al calificar la elusión fiscal como una vulneración de los derechos humanos (1). A su vez, el presidente del Banco Mundial la considera “un tipo de corrupción que perjudica a los pobres”.
Esta crisis de desigualdad no acabará hasta que los líderes mundiales no pongan fin a los paraísos fiscales, de una vez por todas.
Muchas empresas de las industrias extractivas (gas, petróleo y minería) utilizan distintos mecanismos para aprovecharse de su poder económico, con el objetivo de proteger su posición dominante. Ello tiene un altísimo coste para los países en los que operan, pues les garantiza unos beneficios muy superiores al valor que aportan a la economía. Estas empresas llevan a cabo actividades de lobby con el objetivo de obtener privilegios fiscales así como frenar el avance de alternativas energéticas más limpias y sostenibles.
En Brasil y México, los pueblos indígenas son los mayores perjudicados por la destrucción de sus tierras ancestrales, a consecuencia de la erosión de los bosques, provocada por las actividades mineras o por la agricultura intensiva a gran escala. La privatización de la tierra (como ocurrió en Rusia tras la desaparición de la Unión Soviética, por ejemplo) favorece el surgimiento repentino de enormes fortunas en manos de unos pocos muy poderosos.

Sector financiero

El sector financiero es el que más rápido ha crecido durante las últimas décadas y en la actualidad concentra uno de cada cinco mil millonarios (2) en el mundo. En este sector, la diferencia entre las retribuciones y el valor real que se aporta a la economía es mayor que en ningún otro. Un reciente estudio de la OCDE (3) ha revelado que los países con sectores financieros sobredimensionados sufren una mayor inestabilidad económica y una desigualdad más elevada. No cabe duda de que la crisis de deuda pública provocada por la crisis financiera, los rescates a los bancos y las posteriores políticas de austeridad han perjudicado en mayor medida a las personas pobres. El sector bancario sigue estando en el corazón del funcionamiento de los paraísos fiscales: la mayor parte de la riqueza offshore está gestionada por tan sólo 50 grandes bancos.

Sector textil

Las empresas del sector textil aprovechan invariablemente su posición de fuerza para seguir pagando salarios de miseria. Entre 2001 y 2011, los salarios de los trabajadores del sector textil disminuyeron en términos reales en la mayoría de los 15 principales países exportadores de productos textiles. El hecho de que se considere aceptable pagar salarios más bajos a las mujeres se ha señalado como un factor clave en el aumento de la rentabilidad del sector. En abril de 2013, fecha en que 1.134 trabajadores murieron en el derrumbe de la fábrica Rana Plaza (Bangladesh), el mundo empezó al fin a prestar atención a la precaria situación laboral en las fábricas textiles.
Hay personas que están perdiendo la vida debido a que las empresas tratan de maximizar sus beneficios, evitando aplicar las medidas de seguridad necesarias. A pesar de los discursos y de la atención mediática, las actividades de este sector siguen estando dominadas por los intereses económicos cortoplacistas de los compradores, y los informes ponen de manifiesto que las normas de seguridad y contra incendios siguen siendo muy deficientes.
Asimismo, la desigualdad se ve agravada por la capacidad de algunas empresas para utilizar el control monopolístico y la propiedad intelectual, manipulando el mercado para expulsar a sus competidores y disparar los precios que pagan los consumidores finales.

Empresas farmacéuticas

En 2014 las empresas farmacéuticas destinaron más de US$ 228 millones para llevar a cabo actividades de lobby en Washington. Cuando Tailandia decidió establecer una licencia obligatoria sobre varios medicamentos esenciales (una disposición que otorga a los Gobiernos la flexibilidad de producir medicamentos localmente a un precio mucho más bajo sin necesidad de contar con el permiso del titular de la patente internacional) la industria farmacéutica ejerció presión sobre el gobierno estadounidense y consiguió que incluyera a Tailandia en la lista de países que pueden ser objeto de sanciones comerciales.
Todos estos son ejemplos que explican cómo y por qué el actual sistema económico pone la economía al servicio del 1%.
Este sistema no beneficia a la mayoría de la población, y además destruye el planeta. No cabe duda de que en la actualidad estamos atravesando una crisis de desigualdad, algo en lo que coinciden el FMI, la OCDE, el Papa Francisco y muchos otros actores. Pero la desigualdad no es inevitable.
El sistema actual no es fruto de la casualidad, sino el resultado de decisiones políticas deliberadas, de que nuestros líderes presten oídos a ese 1% y a quienes les apoyan, en lugar de actuar en defensa de los intereses de la mayoría y de las necesidades de los más pobres. Ha llegado la hora de rechazar este modelo económico que solo funciona para una minoría.
El problema no es la falta de riqueza en el mundo. Sencillamente, no es razonable ni desde el punto de vista económico, ni, desde luego el ético, que haya tanto en manos de tan pocos. Oxfam considera que la humanidad puede hacerlo mejor: tenemos el talento, la tecnología y la imaginación necesarios para construir un mundo mucho mejor. Tenemos la oportunidad de construir una economía más humana que anteponga los intereses de la mayoría. Un mundo en el que haya trabajos dignos para todas las personas, en el que hombres y mujeres vivan en condiciones de igualdad, en el que los paraísos fiscales sean algo que aparece en los libros de historia, y en el que quienes más tienen tributen lo que les corresponde para sustentar una sociedad que beneficie al conjunto de la ciudadanía.
Oxfam insta a los líderes mundiales a tomar medidas que pongan fin a la actual crisis de desigualdad, defendiendo los intereses de la mayoría. Está en manos de los responsables políticos poner soluciones para acabar con una economía al servicio del 1% y empezar a construir una economía humana que beneficie a todas las personas, desde establecer unos salarios dignos a una mayor regulación de las actividades del sector financiero.:

Oxfam insta a los líderes mundiales a que pongan fin a la era de los paraísos fiscales y a sus efectos dañinos para la humanidad.

Los líderes mundiales deben comprometerse a desarrollar una estrategia más eficaz para acabar tanto con los paraísos fiscales como con otros regímenes preferenciales dañinos. Ha llegado la hora de poner fin a la carrera a la baja en la fiscalidad sobre los beneficios empresariales y de llegar a un consenso internacional para evitar la competencia desleal entre países.
En última instancia, todos los gobiernos, deben sentar las bases para crear un organismo fiscal mundial en el que participen todos los países en igualdad de condiciones.

Notas:

(1) M. Cohn (2013) “Tax Avoidance Seen as a Human Rights Violation”, Accounting Today. http://www.accountingtoday.com/news/Tax-Avoidance-Human-Rights-Violation-68312-1.html
(2) En este informe, optamos por utilizar el término “milmillonario‟ (en inglés „billionaire‟) para referirnos a las personas que tienen más de 1.000 millones de dólares. Es decir, son personas que tienen más riqueza que los “multimillonarios‟ (que tienen más de un millón de dólares). En otras palabras, hay muchos más multimillonarios que milmillonarios.
(3) OECD (2012) “Informe de la OCDE sobre el panorama del empleo en 2012”, OCDE. Capítulo 3, “Labour losing to capital: what explains the declining labour share?”. http://www.oecd.org/els/employmentoutlook-previouseditions.htm
(Los subtítulos del texto resumido fueron puestos por el editor de Política & Economía).

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Editor Política & Economía