Más Allá del Péndulo

El político guatemalteco Arnoldo Noriega realiza una revisión del proceso que vivieron las economías latinoamericanas durante las últimas dos décadas, destacando que después de años de ortodoxia neoliberal, los hechos revalorizaron el papel del Estado en la administración de ciertas áreas de la economía, desplazando el equilibrio hacia el otro costado. Indica además que después de la crisis de 2009, América Latina surgió como un espacio que ayudó a mantener a flote la economía global. Pone en la mesa de debate la pregunta de si debe pretenderse construir un solo modelo alternativo al modelo único que el neoliberalismo ha pretendido implantar a nivel global y si lograrlo es sólo un asunto de voluntad política o de disponer de los suficientes recursos de poder para lograrlo.

Arnoldo Noriega

A fines de la década del 80, en un contexto de crisis económica, el neoliberalismo se impuso en gran parte de Latinoamérica a través de reformas que pretendían sustituir el modelo de Estado de Bienestar por uno en el cual el laissez-faire estuviera en el centro de la gestión de las decisiones políticas y económicas.

No obstante, desde de la década de 1990 hasta ahora ha habido un movimiento pendular, en el cual se registran ya claros matices.

La década de 1990 fue la del Consenso de Washington, la del Fin de la Historia, como atrevidamente aseveró Francis Fukuyama. El saldo es de sobra conocido: Estados reducidos en su tamaño, atribuciones y recursos; ámbitos de regulación trasladados hacia el mercado; privatizaciones de empresas públicas; transformación de ciudadanos(as) a consumidores; mutación de países a mercados; desregulaciones a granel.

La década de 1990 fue la del Consenso de Washington, la del Fin de la Historia, como atrevidamente aseveró Francis Fukuyama. El saldo es de sobra conocido: Estados reducidos en su tamaño, atribuciones y recursos; ámbitos de regulación trasladados hacia el mercado; privatizaciones de empresas públicas; transformación de ciudadanos(as) a consumidores; mutación de países a mercados; desregulaciones a granel.

El resultado final no satisfizo ni a sus propios promotores, a lo cual se sumaron otra serie de factores de diferente naturaleza en oposición o quiebre de esa ortodoxia neoliberal. El factor decisivo fue la crisis financiera global de 2008 -2009, la que provocó que casi la totalidad del mundo entrara en una recesión económica sin precedentes, entre cuyas causas destacó el desborde de los efectos de las desregulaciones (o la falta de regulaciones). Paradójicamente, los Estados entraron en la ayuda de los mercados, obviamente, con los recursos de los contribuyentes. El Plan de Rescate del Gobierno de los Estados Unidos, por varios millardos de dólares, fue el elemento más destacado, aunque no el único al ser de alguna manera emulado, años más tarde, por los países de la Eurozona.

Y se movió el péndulo a la inversa.

Tuvimos en 2008 a Francis Fukuyama como invitado a una reunión del Gabinete de Gobierno en Guatemala y la disertación no parecía suya, pues ya para entonces abogaba por las regulaciones de los Estados, por fortalecerlos, por controlar a los mercados, toda la materia de sus nuevas publicaciones. Parafraseándolo, la historia no se había acabado.

El cambio radical del mapa político latinoamericano, los resultados no logrados por los propulsores de este modelo, sumado a la crisis global, cuyas secuelas aún no terminan, provocaron un panorama completamente distinto al de los 90. Los Estados ya no fueron demonizados y, aun a regañadientes, comenzó a hablarse y aceptarse (porque en la realidad se dista mucho aún de ello) la necesidad de regulaciones que impidieran la repetición de situaciones tales como las burbujas inmobiliarias.

El cambio radical del mapa político latinoamericano, los resultados no logrados por los propulsores de este modelo, sumado a la crisis global, cuyas secuelas aún no terminan, provocaron un panorama completamente distinto al de los 90. Los Estados ya no fueron demonizados y, aun a regañadientes, comenzó a hablarse y aceptarse (porque en la realidad se dista mucho aún de ello) la necesidad de regulaciones que impidieran la repetición de situaciones tales como las burbujas inmobiliarias.

A diferencia de décadas atrás, donde los países latinoamericanos constituían los “patitos feos” del panorama económico internacional, en esta ocasión fueron las naciones llamadas desarrolladas el escenario donde la crisis afectó con mayor crudeza. América Latina apareció como un espacio con mayores fortalezas y, junto con China Popular, fueron parte de las locomotoras que mantuvieron a flote la economía global. Un dato curioso en este período fue que Brasil en esta oportunidad ofreció financiamiento a Europa para su recuperación, hecho radicalmente inverso a lo históricamente conocido.

No obstante, una parte importante de la fortaleza económica latinoamericana descansaba en la bonanza de los precios de los commodities y no en un despegue del sector manufacturero. En la medida en que dichos precios han venido siendo afectados a la baja, también se ha producido un proceso de ralentización económica en la región que tampoco puede pasar desapercibido.

Mucho puede decirse, de manera crítica, de lo que sucede al interior de los países latinoamericanos. Sin embargo, no podemos perder la dimensión global y el papel de contrapeso que la región ha ejercido en este nuevo contexto, precisamente por su independencia, por su revalorización del papel del Estado sin negar el del mercado, y por sus políticas redistributivas expresadas a través de programas de protección social, entre otras razones.

En otras palabras, el reciente “enfriamiento” de la economía tampoco debe interpretarse como una vuelta al neoliberalismo, luego del periodo de entronizamiento neoliberal.

No obstante – y esta es la primera contribución que modestamente pretendo aportar al debate –, la búsqueda de los sectores progresistas latinoamericanos y mundiales que pretenden un desarrollo incluyente no debe pretender sustituir este modelo de desarrollo por otro igualmente único, pues se caería en lo mismo que se critica.

Ni la globalización y sus profundos efectos han sido capaces de homogeneizar y uniformizar a los países y las culturas, sino precisamente han hecho brotar con fuerza elementos identitarios culturales, políticos, sociales, de género y de una cantidad de aspectos importantes.

La pregunta válida entonces debe ser si se deben buscar alternativas -en plural- y no la una única opción que, indefectiblemente, corre el riesgo de caer en la tentación de construir “un modelo”, que por ser unívoco, muy probablemente no será suficientemente abarcador, incluyente y diverso como para reflejar las distintas realidades de las sociedades.

Ni la globalización y sus profundos efectos han sido capaces de homogeneizar y uniformizar a los países y las culturas, sino precisamente han hecho brotar con fuerza elementos identitarios culturales, políticos, sociales, de género y de una cantidad de aspectos importantes.

Por último – y esta es mi segunda contribución al debate -, numerosas experiencias nos dan cuenta que no basta con querer promover un cambio, sino que se necesita poder hacerlo. Poder como verbo, y poder como realidad de capacidad de recursos capaces de imprimir una dirección determinada al rumbo de la sociedad y del Estado. Hablo de los alcances y límites de la voluntad política; hablo de lo que pueden y no realizar los gobiernos centrales; hablo de las correlaciones de fuerzas tanto parlamentarias como sociales, mediáticas y económicas, entre otras. Hablo de la diferencia entre el “deber ser” y el “poder hacer”.

Hablo, en suma, de la dialéctica entre la utopía y el realismo.

Fotografía: Luis Pérez

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Sobre el Autor

Arnoldo Noriega

Arnoldo Noriega

Estratega Político guatemalteco. Negociador de los Acuerdos de Paz de Guatemala como parte del staff del ex Presidente, Álvaro Colom Caballeros, en el período 2008-2012. Experiencia en negociaciones y gestión de conflictividad social, amplio conocimiento de la realidad de los pueblos indígenas, administración pública y de la realidad internacional.