Manuel Marfán: “el problema del bajo crecimiento en Chile no es económico, sino político”

En el plano económico, la gran pregunta hoy en Chile es cómo salir del pantano que le impide a la economía crecer con más dinamismo. El último informe de política monetaria del Banco Central, publicado el 19 de diciembre, no hizo más que confirmar el estado de aletargamiento de la economía chilena. El ex ministro de Hacienda Manuel Marfán y actual director ejecutivo del Programa Cieplan-Universidad de Talca, tiene un diagnóstico sobre esta situación y sitúa el problema en el plano político, más que en el económico.


 

Por María Isabel Guzmán

Según Manuel Marfán (PS), la lentitud con que crece la economía chilena (menos de 2%) tiene raíces estructurales. “La caída del crecimiento del país, lamentablemente, no es un fenómeno coyuntural, sino que tiene características estructurales”. A esto suma “una falta de liderazgo político” para tomar alternativas correctas que permitan superar esta situación. A esto suma la situación internacional, que también se caracteriza por una disminución en las tasas de crecimiento

¿Qué le parecen las medidas o intenciones de buscar salida a esta situación?

Lo que observo es que todos quieren su solución ahora ya. Pero a diferencia de unos años atrás, no tienen un paradigma, un modelo compartido a seguir y yo creo que eso es parte relevante del problema. Yo llamo a esto el Chile balcánico, porque observo una especie de autismo en distintos segmentos de la sociedad, y que discuten entre ellos. Finalmente llegan a la conclusión de que la sociedad le debe a quienes plantean demandas, y no al revés.

¿Cómo qué cosa; qué se les debe?

Cuando uno empieza a sumar las demandas sociales, obviamente que no cuadran, porque ninguna dice de dónde salen los recursos. Creo que esta es una visión un poco miope en Chile, porque los procesos de crecimiento económico uno sabe que están ligados a la inversión, al ahorro, etc. Así, el grueso de la recaudación a partir del próximo año provendría básicamente de imponerle un impuesto muy gravoso al ahorro de las empresas.

Como economista digo que es una mala solución ponerle impuesto al ahorro. Es como cuando Argentina le puso un impuesto a las exportaciones. O sea, se dispararon a los pies.

Usted insiste mucho en que Chile necesita tener competitividad internacional.

No hay ninguna economía que haya logrado dar el salto al desarrollo sin tener como principal referente la competitividad internacional. Y entonces, cuando uno ve los últimos gobiernos que ha tenido Chile, se pregunta ¿qué se ha hecho en políticas públicas relevantes para mejorar la competitividad?

En los tres últimos gobiernos se ha hecho muy poco en esta materia. También nos preguntamos ¿qué se ha hecho en el plano del fomento de la investigación y el desarrollo; en la modernización tecnológica y en ciencia y tecnología aplicada? No recuerdo nada, salvo crear una comisión, pero donde aún no se resuelve, nada.

¿Estamos más acostumbrados a plantear demandas que soluciones?

Sí, mientras la clase política claramente va detrás de la historia y de los acontecimientos. Alejandro Foxley acuñó un término que me gusta mucho, que es la “segunda transición” y que consiste básicamente en dar este paso, de tal forma que los que están naciendo hoy día cuando lleguen a adultos, reciban en esta posta un país desarrollado. En esta segunda transición no basta el crecimiento económico, sino también una mejor distribución del ingreso, un mejor sistema educacional, mejores pensiones, más recursos para ciencia y tecnología, mejor salud, etc. O sea, crecimiento económico con desarrollo humano. Mientras tanto observamos impaciencia y acumulación de demandas sociales.

Hay muchos países que no dieron nunca el salto al desarrollo, por la impaciencia de los grupos corporativos. Argentina era mucho más rica que Suecia hace 100 años y nosotros somos cada día más como Argentina.

Justamente, usted ha dicho que la economía chilena se está argentinizando. ¿A qué se refiere con esto?

El problema de fondo que tienen nuestros vecinos es que el interés corporativo siempre es más importante que el interés del país. Por eso lo que no funciona allá son las instituciones, la política, y cada vez más nos estamos pareciendo a ellos, en este sentido. Al mismo tiempo ha habido un deterioro en la convivencia política y en la solidez de las instituciones, lo cual es preocupante.

Por lo tanto, creo que el problema no es económico sino político. Estas son las epopeyas históricas que requieren un fuerte liderazgo político que hoy día no se ve. Uno no ve a la clase política interesada en estos temas de fondo y de futuro.

¿Qué hay que hacer para reactivar la economía?

En un contexto de una economía internacional que crece poco, lo más importante es promover la competitividad internacional. Hacer los esfuerzos necesarios para tener un tipo de cambio un poco más competitivo. Para efectos prácticos, en un país que tiene flotación cambiaria un tipo de cambio más alto significa más ahorro. Esa es la fórmula.

Más que una desaceleración del PIB potencial que muchos identifican como el origen del problema, creo que estamos frente a un problema de baja competitividad internacional. Porque eso fue lo que se estancó y eso es lo que no se ve por dónde en el resto del mundo va a resurgir. Entonces, hoy se le ofrece una excelente oportunidad a Chile para ganar competitividad.

Hoy se le ofrece una excelente oportunidad a Chile para ganar competitividad.

Más allá de la baja del precio del cobre y la inversión minera, ¿cuáles son los problemas de fondo que nos tienen en esta situación?

Llevamos más de 10 años perdidos, donde no hemos hecho la tarea pendiente, que es preocuparnos de los elementos que nos permitan llegar a nuestro destino intermedio, de mediano plazo, que es ser un país desarrollado.

¿Debería el estado asumir un rol más activo para impulsar la inversión y el crecimiento, sin afectar el frágil equilibrio fiscal?

Yo tengo la impresión de que la Presidenta Bachelet ha sido muy firme en respaldar al ministro de Hacienda para el manejo de las finanzas públicas. Sin embargo, lo escuchó poco en el tema de las reformas emblemáticas, lo que creo fue un error. Lo que quiero decir con esto es que las finanzas públicas ordenadas es una condición necesaria pero no suficiente. Creo que los temas de dirección son importantes.

El tema de la inmigración y el de las pensiones no estaban en la agenda hace cuatro meses, entonces hay mucha improvisación de agenda. Tengo la impresión de que la construcción de un nuevo paradigma forma parte de la solución.

¿Dónde cree que están los cuellos de botella en nuestra economía?

Insisto que estamos frente a un problema de liderazgo político. Chile lo tiene todo para poder crecer a tasas más altas, pero –aparentemente- este no es un tema que le interese a la clase política en este momento.

¿Cree que es necesario hacer nuevos ajustes al sistema tributario?

Sí. Creo que la próxima reforma tributaria debiera ofrecer incentivos claros a la investigación y desarrollo, así como a todos los temas que tengan que ver con el fomento de la productividad. No tenemos que inventar estos incentivos, porque ya existen en los países desarrollados. Es cosa de ver el menú de posibilidades y adaptarlo a nuestra realidad. No hay que reinventar la rueda.

El último informe de la clasificadora Fitch Rating encendió una luz amarilla, sobre el peso de la deuda fiscal. ¿Qué opina?

Claramente hay un debilitamiento fiscal. No hay que ser una clasificadora de riesgo para darse cuenta de que la economía chilena está más complicada de lo que estaba hace poco tiempo atrás. Me pregunto lo siguiente: ¿alguien se preocupó por el largo plazo cuando hizo la reforma tributaria y la reforma laboral?; y ¿cuáles son los temas económicos de mediano y largo plazos que han sido relevantes para el gobierno en materia de reforma constitucional?

Ahora tenemos un outlook negativo de la clasificadora Fitch. No es que le haya bajado la nota a Chile, pero lo que está diciendo es que ve elementos preocupantes para mantener la nota que tiene. Entonces que nadie se extrañe si en una revisión posterior le bajan la nota de riesgo a Chile.

¿Cómo estima que se va a comportar la economía internacional en 2017?

No veo ninguna luz de esperanza para que la economía internacional salga de su estado actual de bajo crecimiento.

¿Cuánto afectará la elección de Donald Trump en Estados Unidos?

Creo que Trump tiene más incógnitas que certezas, porque nadie sabe muy bien lo que va a hacer. En sus discursos de campaña capturó mucho del malestar que existía, pero cosechar del malestar no sirve de mucho.

En Estados Unidos son muy dados a los checks and balances. O sea, que nadie tenga el poder total para hacer lo que se le antoje. Ojalá esto funcione para evitar disparates. El único derecho que tiene el Presidente sin preguntarle a nadie, sino sólo a su conciencia, es un ataque nuclear. En todo lo demás tiene checks and balances, tiene que convencer a otros.

La Cepal proyectó que el crecimiento para Chile será de 1,6% en 2016 y de 2,0% en 2017. ¿Comparte esta proyección?

Lo que a mi me hace ser más modesto como economista es que llevamos ocho años consecutivos, sin excepción, donde hemos crecido menos que la proyección. Y no estamos solos en eso. Le está pasando lo mismo a demasiadas economías en el mundo. Le pasa a Brasil, a Perú, China. Yo prefiero decir que la economía chilena tiene un diagnóstico reservado.

¿Hay una fórmula para salir de esta situación de estancamiento?

Bueno, cada país tiene muchos elementos que le son propios, pero en general hay elementos que son comunes a todos. El premio Nobel de Economía, Arthur Lewis, se dio cuenta que en Japón, a fines del siglo XIX, hubo un periodo de rápida reducción de la pobreza y de la miseria. Y eso fue una fuente de inspiración para hacer una teoría del desarrollo económico a partir de allí. De manera muy sintética, esta señala que cuando el capitalismo parte, en cualquier economía, lo hace con un fuerte dinamismo y con un foco de modernidad, pero al mismo tiempo crea notorias bolsas de miseria.

El caso de Corea del Sur fue muy claro. Ellos siguieron paso a paso las sugerencias y recomendaciones para contrarrestar los bolsones de miseria. China también lo está haciendo. Incluso, el plan quinquenal chino que está concluyendo este año, habla de los “Arthur Lewis turning points”, o sea, los puntos de quiebre. Los chinos tienen un polo de modernización fuerte en el sector centro sur del país, pero en zonas interiores todavía hay mucho atraso y allí el gobierno está poniendo los mayores esfuerzos. La etapa que tienen ahora es en la que la modernización tiene que expandirse hacia el resto del territorio.

Lo otro que dice la teoría de Lewis es que el factor más relevante para el crecimiento es aumentar la productividad. Si los factores productivos se hacen escasos y caros, hay que procurar que esos mismos factores se ocupen de manera más eficiente y sean más productivos.

¿Usted cree que considerar los puntos de quiebre de Lewis permitirían que Chile dé el salto decisivo para el desarrollo?

Sí. La gracia que tiene esta teoría es que los países que han dado ese salto, cuentan con una clara orientación de políticas públicas hacia progreso social. Ha sido así en Europa. Todo el período después de la Segunda Guerra Mundial fue un momento de muy alto crecimiento, pero también de construcción del estado de bienestar, con buenos sistemas de protección social, educación y de salud, solo que le han costado muy caro a esos países. Pero el punto está en que como son caros, la única manera de financiarlos es siendo países ricos.

En el caso de Chile, llama la atención que hay quienes aspiran a tener similares servicios de bienestar, como si se tratase de un país rico, pero no quieren hacer los sacrificios que significa dar ese salto para ser un país rico. Cuando son cosas que deberían ir de la mano. Entonces, uno no puede financiar educación gratuita sobre la base de poner impuesto al ahorro, porque sabemos que eso va a desacelerar el crecimiento económico. Entonces, nos estamos pisando la cola.

¿Hay que avanzar en forma gradual?

Sí, porque atender las demandas sociales toman su tiempo y sabemos que no es posible satisfacerlas todas al mismo tiempo. Por ejemplo, si uno quiere gastarse toda la plata en gratuidad para la educación superior, no vamos a tener los recursos que se necesitan para atender otros requerimientos.

Segundo, los aumentos de productividad siempre van asociados a factores de progreso técnicos, de desarrollo, de investigación, de adaptación de tecnologías de otros países. Y Chile no tiene la infraestructura para poder desarrollar eso. Si uno revisa el rol de las universidades en los países que hoy son desarrollados, hay un propósito explícito del estado, de las políticas públicas, para que exista una conexión entre lo que hacen las universidades y lo que necesita el sector privado, de manera que la mayor parte del progreso técnico tenga base en las universidades.

Por otra parte, sabemos que la cooperación en materia de innovación, de tecnología, es un elemento esencial para hacerla mucho más productiva. La capacitación, lo mismo.

¿Alguno de los actuales pre candidatos presidenciales está planteando estos temas?

Sí, uno de ellos es Ricardo Lagos, quien es de los pocos que siempre habla del futuro. Y ese es un requisito indispensable para poder pensar siquiera en resolver estos problemas de fondo, que van más allá de las demandas cortoplacistas. A ningún otro se lo he escuchado con tanta claridad. Mi buen amigo José Miguel Insulza creo que también tiene potencial para ofrecer una visión de largo plazo.

¿Los partidos tienen claridad sobre estos temas de futuro, que por lo general no entusiasman mucho a los potenciales votantes?

No. Creo que este es un problema de todos los partidos. El punto es que hoy la política es incapaz de encantar a una mayoría ciudadana con temas de largo plazo. Es parecido al movimiento estudiantil. Los estudiantes forman otra tribu que se habla así misma. No puede ser que la clase política, que tiene la responsabilidad de los liderazgos, no sea capaz de construir una nueva propuesta que responda a una demanda de futuro. En los países donde se dio un salto al futuro también tuvieron una discusión política enorme por los temas de corto plazo, pero lo que no se ponía en cuestión era el destino del país.

En ese contexto, ¿qué le parece la renuncia del senador Carlos Montes a la jefatura de la bancada PS y a la Comisión de Hacienda de la cámara alta?

Si hay molestia en alguien de la envergadura de Carlos Montes, entonces existe un problema de coordinación grave entre los partidos de Nueva Mayoría y el gobierno. Eso es algo que se debería solucionarse. Yo no conozco los detalles, pero normalmente cuando ocurren estas cosas es porque hay una falla en la coordinación entre el gobierno y el Congreso. Y creo que ese debería ser un foco de preocupación. Se advirtió mucho antes del último cambio de gabinete que era la oportunidad para solucionar este tipo de cosas.

Recomienda este artículo
  • gplus
  • pinterest

Sobre el Autor

Editor Política & Economía