Los riesgos globales en la era Trump

“Políticas pro crecimiento, combate a corrupción y redes ilícitas, cooperación en energía y ciberseguridad, esfuerzos por restaurar la democracia en Venezuela y alianza en pos de un Occidente más próspero, seguro y democrático”. Esa sería la agenda del diálogo entre los presidentes Donald Trump y Sebastián Piñera, previsto para el viernes 28 de septiembre, en la Casa Blanca.


Por Osvaldo Rosales

Los objetivos loables pueden esconder políticas muy variadas. Siendo francos, la imagen de Occidente que promueve Trump poco tiene que ver con la construcción liberal de posguerra donde Estados Unidos jugó un rol central. Trump se ha convertido en el principal adversario del multilateralismo, cuestionando la ONU, la OMC, la OTAN, la UE, sacando a Estados Unidos del TPP, del Acuerdo de París y forzando a Corea del Sur y a México a renegociaciones abusivas de sus respectivos tratados de libre comercio (TLC).

Hoy desata la guerra comercial contra China, apelando a un mercantilismo del siglo XVI y a un unilateralismo amenazante, con lo que introduce serias incertidumbres sobre las perspectivas de la economía mundial.

El riesgo de una próxima crisis financiera y recesión mundial a fines de 2019 o inicios de 2020 está muy asociado a las políticas de Trump. A una economía sobrecalentada, le agregó más gasto fiscal y rebajas tributarias para los más ricos que han llevado el déficit fiscal a 4,6% PIB y sobre 5% para próximos años. Bien discutible es el tipo de crecimiento al que se llega con: i) reformas tributarias plutocráticas, como las definió Martin Wolf (Financial Times); ii) con desregulación energética que reimpulsa el carbón y el petróleo; iii) con desregulación financiera que desmonta los mecanismos de prevención de crisis que se establecieron después de la crisis subprime; iv) con mecanismos proteccionistas que favorecen a los jerarcas del acero norteamericano y afectan a los consumidores y a la competitividad norteamericana.

Trump se entiende bien con autoritarios como Duterte (Filipinas), Salvini (Italia) y con Duda en Polonia.

Trump se entiende bien con autoritarios como Duterte (Filipinas), Salvini (Italia) y con Duda en Polonia, país al que desea enviar tropas. De corrupción y redes ilícitas justamente se acaban de declarar culpables el jefe de campaña de Trump (Manafont) y su principal abogado (Cohen) y es probable que Trump deba enfrentar la justicia por cargos varios.

El currículum democrático de Trump no es envidiable. Sus constantes ataques a la prensa, sus intentos para despedir al fiscal Mueller, quien investiga la conexión rusa de Trump, sus conflictos con el FBI y las agencias de seguridad, la permanente descalificación de sus adversarios, el desprecio hacia las mujeres, su racismo e inocultable simpatía por el Ku Klux Klan, su contravención a los derechos humanos más elementales de los migrantes, separando a los hijos de sus padres… la lista podría seguir. El traje de demócrata no le queda cómodo.

Ojalá que las conversaciones sobre Venezuela descarten la invasión norteamericana, tesis que se manejó en la Casa Blanca, según informó el The New York Times. Si de la región se habla, además de democracia en Venezuela, bueno sería considerar el peligro de Bolsonaro en Brasil (principal peligro en Brasil y en América Latina, según The Economist).

Para Chile, los principios claves de la política exterior deben seguir siendo: i) perseverar en el multilateralismo, renovando y actualizando dichas instancias; ii) no aceptar que nos metan en el conflicto comercial y tecnológico Estados Unidos-China; iii) desafiar el proteccionismo de Trump con renovación de la OMC y un liderazgo de la Alianza del Pacífico para encabezar estas iniciativas; iv) cooperación mundial sobre cambio climático; v) diálogo regional con la UE y con China; y vi) promover convergencia Alianza del Pacífico y Mercosur.

Una foto con Trump ayuda poco en estos objetivos.

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Editor Política & Economía