Los pro y los contra para la cuarta reelección de Evo Morales

En las elecciones a realizarse en octubre próximo en Bolivia, a las que concurren nueve candidatos, está en juego el proyecto bolivariano del denominado “socialismo del siglo XXI”, liderado por el Presidente Evo Morales, quien aspira a ser reelecto para un cuarto periodo presidencial. Si los bolivianos lo eligen nuevamente, Morales gobernará hasta 2025, marcando un record histórico de 19 años a la cabeza del gobierno boliviano. Sin embargo, aunque lidera las encuestas de intención de voto, esta vez Morales no tiene asegurado el triunfo.


Por Hugo Machín Fajardo

La última encuesta sobre expectativa de votos para la elección presidencial del 20 de octubre en Bolivia ubica al Presidente Evo Morales, aspirante a un cuarto período consecutivo, con el apoyo del 45% del electorado; seguido por Carlos Mesa (Comunidad Ciudadana), con 35%. En tercer lugar, se ubica Óscar Ortiz (Bolivia dice No), con 9%. Todo ello según el sondeo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

El estudio de Celag abarca todo el país y demuestra que seis de cada diez personas reconocen mejoramiento en “bienestar, empleo y salarios”; y que el 53% de los encuestados “tiene una imagen positiva” del presidente Morales.

La posibilidad de que Morales llegue a gobernar el país hasta 2025 dependerá de la evaluación ciudadana sobre aspectos, algunos de ellos polémicos, que tienen un peso evidente.

Tres años atrás, el 51,31% de la ciudadanía boliviana le dijo “No” a la aspiración de Morales de entronizarse en el poder; mientras que un 48,69 % le dio su apoyo. Pese a ese revés, sus aliados en los tribunales cambiaron las reglas de los mandatos argumentando que eran injustas y que la reelección indefinida constituye un “derecho humano”. Ahora Evo Morales tiene abierto el camino para postular a un nuevo periodo presidencial.

Entre 2001 y 2005 Bolivia tuvo cinco presidentes, una inestabilidad institucional proverbial en un país que en el siglo XX se caracterizó por la ocurrencia de permanentes golpes de Estado. Morales puso fin a ello.

El Movimiento Al Socialismo (MAS), liderado por Evo Morales, incluyó a centrales sindicales e indígenas a su organización.

Crecimiento económico

Cuando Morales llegó a la Presidencia en 2006, las reservas internacionales de Bolivia alcanzaban los US$ 3.000 millones, cifra que llegó a US$ 15.000 millones, diez años después. Fue clave en ello la decisión del Presidente de nacionalizar los hidrocarburos y de la aplicación de un nuevo modelo económico en el país. Luego, en 2017 esas reservas bajaron a US$ 10.000; a US$ 9.174 en 2018; y en marzo pasado se ubicaron en US$ 8.946,3 millones; pero siguen siendo de las mejores de Latinoamérica, según cifras del Banco Central del país y rondan el 23% respecto del Producto Interno Bruto (PIB).

En la última década, junto con Panamá, Bolivia ha tenido la tasa de crecimiento más alta del continente, con una media de expansión anual de 4,3%.

Pero eso no es todo, en sus tres periodos de gobierno Evo ha logrado una de las tasas de crecimiento más altas del continente, lo que le ha permitido sacar al país de la endémica categoría de pobreza históricamente que cargaba Bolivia, además con una baja tasa de inflación.

En la última década, junto con Panamá, Bolivia ha tenido la tasa de crecimiento más alta del continente, con una media de expansión anual de 4,3%. Según el Banco Mundial, a partir de 2010 Bolivia dejó pertenecer al grupo de países de ingresos bajos, y subió a la categoría de países de ingresos medios.

Un logro visible de esta administración es la red de teleféricos de La Paz, que no solamente tiene fines turísticos, sino que mediante una inversión multimillonaria es parte del servicio de transporte público de la ciudad y conecta a la periferia pobre de la ciudad con las zonas donde se concentran los empleos.

La inversión pública para toda Bolivia en 2005 era de US$600 millones, mientras que la cifra alcanzó los US$7.200 millones en 2015 y está programada para llegar a los US$ 6.510 millones en 2019, según el Presupuesto General del Estado (PGE).

La inmensa mayoría de los beneficiarios de los programas de educación y salud implementados por la administración Morales han sido los sectores campesinos, indígenas y de escaso poder adquisitivo en las ciudades. Con la ayuda de médicos cubanos se realizaron 650.000 curaciones gratuitas y operaciones de la vista.

Como en otros países bolivarianos, Morales recuperó el control sobre el sector extractivista de la economía, lo que le permitió redistribuir la riqueza desde arriba. Los proyectos mineros e hidrocarburíferos han generado resultados importantes y en forma sostenida. Pero también objeciones desde analistas de izquierda, cuestionadores de esa apelación al “neoextractivismo”. El Centro de Documentación e Información Bolivia consigna que se ampliaron las áreas petroleras constantemente y en tan sólo siete años, de 2005 a 2012, se incrementaron de 11 a 98 las áreas reservadas a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, llegando esto a representar aproximadamente un tercio de la superficie total de aquel país.

Lo anterior se vio acompañado por el debilitamiento de los controles fiscalizadores del poder legislativo y esa discrecionalidad privativa del poder ejecutivo derivó, por ejemplo, en el caso del Fondo Indígena que generó en 2015 la detención de una exministra y de dirigentes y legisladores del MAS.

Un año después, se conoció que Gabriela Zapata, ex novia de Morales, se había beneficiado por un supuesto caso de tráfico de influencias favorable a la empresa china en la que trabajaba. Habría obtenido contratos por cientos de millones de dólares.

Los críticos de Morales afirman que nunca antes se habían originado casos de corrupción desde la presidencia que involucren esa magnitud de dinero.

Nueva constitución

En 2008 se votó una nueva Constitución en Bolivia, que permitió tres años después elegir por voto popular a las máximas autoridades judiciales, algo inédito en Latinoamérica. Resultó un fracaso según reveló en 2016 el Vicepresidente Álvaro García Linera. El funcionario dijo que la justicia boliviana estaba “podrida” y que con dinero se arreglaba todo.

Paralelamente, el Gobierno llegó a controlar a la mayoría de los medios de comunicación locales, mediante compras de empresas por parte de empresarios amigos, o utilizando la publicidad estatal como vía para cooptarlos, lo que permitió a Morales afirmar en 2016 que casi el 90% de los medios le eran favorables. Antes había calificado a los periodistas como su “principal oposición”.

Siguiendo modelo cubano y el ejemplo de Maduro, Morales delegó a las fuerzas armadas las empresas públicas. En su opinión “las empresas públicas que tenemos y las nuevas empresas públicas deben estar a cargo de nuestras Fuerzas Armadas”.

Críticas

“Es inevitable preguntarnos cómo semejante concentración del poder político en el ejecutivo puede ser conciliable con el fortalecimiento de la democracia”, es la pregunta hecha por el sociólogo alemán Klaus Meschkat, un estudioso del socialismo real.

Otra analista de izquierda, la argentina Maristella Svampa, investigadora principal del Conicet, Universidad de La Plata, si bien reconoce la reducción de la pobreza, el aumento del consumo, el reparto de tierras, bajo la administración Morales, admite que “hace tiempo que el populismo plebeyo boliviano perdió el ‘aura’, pues esa tensión insoslayable entre la faz democrática y la autoritaria fue mostrando su costado más amenazador por la vía de la concentración del poder, la intolerancia a la disidencia y los hechos de corrupción”.

Naturalmente que desde la oposición boliviana surgen otras críticas. En la región cocalera del Chapare, donde Morales empezó su carrera política, la empresa surcoreana Samsung instaló en 2016 su planta procesadora de amoniaco y urea, después de adjudicarse el proyecto por US$ 800 millones. El columnista Humberto Vacaflor sostiene que “los funcionarios masistas, que pagaron 953 millones de dólares por la planta de urea de Bulo Bulo, olvidaron un pequeño detalle: faltaba una parte que solo cuesta US$ 36 millones para que la planta funcione bien”.

El Gobierno debió contratar empresas para que completaran el procesamiento de la urea mediante contratos “llave en mano” -apunta el crítico- que solucionaran “los descuidos de los camaradas masistas”.

Otro caso de imprevisión lo constituye el ingenio “Lucianita de Huanuni”, que costó US$ 50 millones y no ha podido funcionar, desde hace siete años. Es que quienes compraron el ingenio olvidaron que en Huanuni no existe una provisión segura de agua, que el ingenio necesita para funcionar.

También desde la oposición se evidencia que las remesas de los bolivianos establecidos en el exterior alcanzaron, desde el 2006, alrededor de US$ 1.000 millones anuales (inédito en la historia del país), equivalente a entre el 14 y el 20 % del valor total de las exportaciones anuales del país (gas, zinc, estaño, soya). Según los opositores a Morales, dichas remesas “significaron el 51% del total de los depósitos públicos en las finanzas nacionales y más de 16 veces el total de las reservas internacionales, hasta 2018”.

En la balanza juegan a favor de Morales el crecimiento económico y las políticas asistencialistas, con un claro sentido populista. Y en contra están los casos de corrupción denunciados por la oposición y por algunos sonados fracasos en la gestión de proyectos estatales. El resultado dependerá de cuán efectiva será la campaña de Evo para contrarrestar la ofensiva de los ocho competidores que tiene al frente.

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Sobre el Autor

Editor Política & Economía