Lecciones éticas y científicas del debate europeo sobre la legalización del aborto

Se encuentra aprobado por la sala de la Cámara, con una importante mayoría de diputados, después de casi un año de discusión, el proyecto de ley que establece el derecho a optar por interrumpir o continuar el embarazo por tres causales, es decir, cuando está en peligro la vida de la madre, cuando dos médicos han establecido la inviabilidad del feto y cuando el embarazo es el resultado de una violación. También es necesario recordar que la interrupción del embarazo en el proyecto en discusión solo se puede ejercer hasta el tercer mes de gestación. El trámite de discusión deberá continuar en el Senado.


 

Por Alexis Guardia Basso

La discusión sobre el aborto en las tres circunstancias especiales identificadas en el proyecto de ley, ha sido sorprendentemente dura en el Congreso, no obstante el alcance limitado de la reforma.
En las encuestas de opinión se registró desde temprano una mayoría a favor del proyecto. Sin embargo, en los medios de comunicación ha quedado la idea de que quienes están por el proyecto son “genocidas o partidarios de la muerte”, y otra suerte de ideas integristas del derecho a la vida.
Este tema abordado en otros países ha sido fuertemente impugnado por el conservadurismo. En Francia, cuando en 1974 se discutió una propuesta similar en el Parlamento -presentado por la entonces ministra de Salud Simone Weil, quien durante la Segunda Guerra Mundial había sufrido los horrores en el campo de concentración nazi de Auschwitz- no faltó el diputado de extrema derecha e integrista católico que le preguntara, cómo ella que había vivido la experiencia de Auschwitz “podía estar a favor del genocidio”.
En el caso de Chile ha sido doblemente sorprendente pues el aborto terapéutico existió desde 1931 y atravesó todos los gobiernos de distintos signos ideológicos. Existió además casi durante los 17 años del gobierno de Pinochet y la derecha cívico-militar que lo apoyó nunca planteó su derogación. Esa disposición solo fue derogada cuando quedaban días para que Pinochet abandonara el poder.

Cien mil abortos al año

Con todo, es bueno ahora tener en cuenta el escenario pertinente que rodea esta discusión. Primero, se estima que en Chile se realizan 100 mil abortos anuales y las tres causales del proyecto representan un número limitado de casos potenciales de este total que no estamos en condiciones de medir. Sabemos que las condiciones en que se realizan los abortos clandestinos, son malas y peligrosas para la salud de la mujer (particularmente para aquellas de menores ingresos), pero no conocemos su importancia. Tampoco sabemos cuánto de los embarazos productos de la violación ocurre dentro de los hogares según el nivel social.
Una pregunta de fondo, no menor, a considerar en esta discusión es ¿cuándo comienza la vida humana? Y ello significa transitar por el territorio de la ciencia, de la religión y la filosofía política.
Es útil recordar que después de que tuvo lugar la primera fertilización de embriones en laboratorio, en 1978, se desató una intensa discusión científica y ética en Europa sobre la condición que debía otorgarse a dichos embriones, a fin de evitar cualquier manipulación de la especie humana en el futuro. En Inglaterra se creó -en 1982- una Comisión Gubernamental de Investigación sobre Fecundación y Embriología Humana y se debatió una ley de Embriología en el Parlamento del Reino Unido, en 1989 y 1990. En el debate surgió la pregunta ya citada: ¿cuándo comienza la vida humana?
Para el mundo científico no hay un momento sino un proceso de transformación del embrión que permite hablar de la conformación de un ser humano.

Para el mundo científico no hay un momento sino un proceso de transformación del embrión que permite hablar de la conformación de un ser humano.

Según Mary Warnock, presidenta de la citada comisión inglesa, “es perfectamente coherente sostener que aunque en el desarrollo de un individuo los factores genéticos vienen dados desde la fase en que ya existe el cigoto (el estadio en que se ha creado un organismo unicelular, inmediatamente posterior a la fecundación del óvulo por el esperma), el individuo aún no existe como tal (1).
Ya Aristóteles y Tomas de Aquino tenían una concepción del desarrollo del embrión, pues según Mary Warnock ambos pensaban que “cuando el embrión se forma, solo tiene vida vegetativa, luego adopta un modo de vida animal capaz de tener sensaciones y finalmente, 40 días después de la concepción, en el caso de los hombre y 90, si se trata de mujeres, el feto adquiere plena vida racional o mental”. Concluye Warnock: “sería, pues, mucho más claro y menos equívoco si se preguntase en qué estadio un embrión adquiere un significado moral; o en qué estadio deberíamos empezar a tratar un embrión humano igual que tratamos al resto de los seres humanos, ya que entonces estaría claro que ningún conocimiento científico posterior zanjaría el asunto” (2).

La visión de Umberto Eco

Por otra parte, el filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco, quien buscó siempre espacios de discusión entre laicos y católicos, explicitó su posición cuando afirmó: “en efecto, yo encuentro que el nacimiento de un niño es una cosa maravillosa, un milagro natural que nosotros debemos aceptar. Sin embargo yo no me siento con el derecho de imponer mi posición ética (mi disposición pasional, mi convicción intelectual) a cualquiera que sea. Hay, yo creo, momentos terribles de los cuales nosotros no sabemos casi nada (es por ello que yo no haré ni tipología ni casuística) donde una mujer está en derecho de tomar una decisión autónoma, concerniente a su cuerpo, sus sentimientos y su futuro”. (3).
Por lo tanto, ¿cuándo comienza la vida humana?, es la pregunta clave.
Umberto Eco dice que “todo el mundo considera como un ser humano el recién nacido, aun unido a un cordón umbilical” y se pregunta “¿hasta dónde se puede remontar hacia atrás?”
Una respuesta nos volvería a la discusión precedente sobre la evolución del embrión. Por otra parte, para la Iglesia Católica la vida comienza “desde la concepción, en efecto, nace un ser nuevo. Nuevo significa diferente de los dos elementos que, uniéndose, lo han formado” (4).
Sabemos que la historia de las relaciones entre la ciencia y la religión, desde Galileo hacia adelante, ha conmocionado numerosos contenidos de las creencias religiosas, pero ello no ha eliminado la espiritualidad de su mensaje y el respeto que ello nos merece. El problema es si una confesión religiosa tiende a imponer a los no creyentes o a los creyentes de otra fe un comportamiento regido por sus normas propias (ejemplo prohibición del divorcio o del aborto).
Según Eco, “el punto de vista religioso consiste siempre en proponer un modo de vida considerado optimo, mientras que desde el punto de vista laico se considera como óptimo todo modo de vida, teniendo el efecto de la libre elección, a condición que esta elección no excluya el del otro” (5).
A modo de conclusión, la convivencia en sociedad supone que yo no puedo imponer mis convicciones privadas o religiosas a otros que piensan distinto. Por cierto, uno espero la reciprocidad de quienes tienen una convicción distinta, toda vez que los otros pueden vivir de acuerdo con sus propias convicciones: sin divorcio, sin aborto o matrimonio homosexual. Es el principio básico de lo que podríamos llamar un Estado Laico tolerante.
Nos parece que este es el verdadero trasfondo de la discusión del actual proyecto de aborto en Chile.

Citas:
(1) Mary Warnock, “Guía ética para personas inteligentes”, pág. 65. Fondo de Cultura Económica 2002.
(2) Ob.cit, pág 67.
(3) Intercambio epistolar entre Umberto Eco y Carlo Maria Martin. “Croire en quoi?, pág. 31. Editorial Payot. París 2015.
(4) Carlo Maria Martin, obispo de Milán. Ibid, pág 44.
(5) Ob.cit, pág 51.

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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.