Las reformas de Bachelet no lograron paralizar la economía chilena

Con las nuevas cifras de coyuntura entregadas por el Banco Central surgen dos preguntas que tienden a despejar por qué en un abrir y cerrar de ojos la economía chilena pasó el pesimismo al optimismo, de la desazón a la euforia: una, ¿qué milagro pudo hacer ocurrido para que de pronto la economía volviera a tomar vuelo? Y dos, ¿tienen asidero las acusaciones de la derecha de que las reformas hechas en el segundo gobierno de Michelle Bachelet eran las responsables del bajo ritmo de crecimiento observado hasta marzo pasado?


 

Por Niccolo Moro

El último Informe de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central, correspondiente a junio de 2018, confirmó que el camino para la economía chilena está despejado. La duda es quién removió las barreras que supuestamente la mantenían semi paralizada. Si bien el triunfo de Sebastián Piñera en la elección presidencial de diciembre pasado, provocó un vuelco dramático en las expectativas del empresariado local, pasando abruptamente del pesimismo a la euforia, la razón estructural que explica en gran medida este cambio una vez más es el alza del precio del cobre.

El precio del metal rojo viene subiendo sistemáticamente desde el año pasado, sumando un alza promedio del 26,8%, respecto de 2016, en la Bolsa de Metales de Londres. Aunque hacia mediados de junio de este año mostraba una leve tendencia a la baja, durante 2018 se ha mantenido por sobre los US$ 3 la libra, manteniendo de paso las expectativas de que al menos hacia 2021 se mantenga en este nivel. El resultado de esta tendencia es la puesta en marcha del principal carro de arrastre de la economía chilena, que son las inversiones mineras. Aunque éstas aún no muestran un gran repunte, debido a las holguras de capacidad instalada, se espera que comiencen a repuntar en los próximos meses, en respuesta al ciclo de recuperación del cobre.

Sobre el IPoM de junio, el presidente del Banco Central, Mario Marcel, dijo que la economía chilena ha ido afianzando su mayor dinamismo en la primera parte del año, con cifras que dan cuenta de un crecimiento “algo por sobre lo previsto”, en los primeros cuatro meses del ejercicio. No está de más recordar que –en rigor- de estos cuatro meses, solo 19 días corresponden al gobierno de Piñera (asumido el 11 de marzo), y el resto a la última fase de la administración Bachelet. Por lo tanto, el repunte comenzó en los últimos meses del gobierno de Bachelet y no tendrían nada que ver las tres reformas que hizo éste: tributaria, laboral, educacional (en su primera fase).

Se diseñó un raro mecanismo para empujar a los empresarios a que paguen impuestos, al menos por una parte de sus ingresos personales.

La reforma tributaria es la que más ha golpeado a los empresarios, particularmente a los grandes, porque por primera vez notaron que les “metieron la mano al bolsillo”, con la incorporación de medidas más efectivas contra la elusión. Con este fin se diseñó un raro mecanismo para empujarlos a que paguen impuestos, al menos por una parte de sus ingresos personales: el sistema semi integrado, que consiste en que aquellos contribuyentes que perciben rentas como personas naturales y a la vez son dueños y/o accionistas de empresas, ya no las pueden descontar completamente cuando éstas consolidan sus tributos. Ahora se los obliga a desembolsar al menos un tercio de lo que reciben como personas naturales. Esto explica por qué en 2017, un año de pobre crecimiento económico (1,5%), la recaudación por impuesto a la renta subió 13,9%.

Corrección al alza

En el IPoM de junio el Banco Central corrigió al alza la proyección del crecimiento, pasando de 3,0 a 3,25% el piso, con un techo del 4%, con lo cual se garantiza una recaudación aún mayor que de la 2017, aliviando de paso el déficit fiscal efectivo que –en su momento- llevó al actual gobierno a justificar un ajuste en el gasto. Esto, basado en un diagnóstico de bajo crecimiento del PIB, explicado en gran medida por un precio del cobre inferior al actual. Es evidente que el equipo económico liderado por el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, exageró la nota, con el fin de justificar un recorte fiscal que más tendría que ver con una óptica ideológica de contención del tamaño del Estado (estrategia), más que con un control del déficit, que obedece a razones tácticas.

En tanto, para 2019 y 2020 el Banco Central mantuvo su estimación de expansión del PIB, entre 3,25% y 4,25%, y entre 3% y 4%, respectivamente.
El IPoM de junio anunció también una fuerte mejoría en la estimación de la inversión para 2018, pasando de un aumento de 3,6% en el informe de marzo a 4,5% ahora. Esta misma cifra la proyecta para 2019, mientras que para 2020 estima que el incremento en la tasa de inversión podría ser de 3,9%.

“Algunos antecedentes sugieren que es temprano para asegurar un dinamismo relevante de la inversión, en particular porque aún no se observa un cambio importante en la ejecución de proyectos de gran envergadura”, comentó el presidente del Banco Central, Mario Marcel, marcando una diferencia con el tono más exitista del gobierno, que sigue empeñado en lograr un “shock” de la inversión para acelerar el crecimiento.
Marcel ha sido cauto y enfático en aclarar que si el país quiere alcanzar mayores tasas de crecimiento, de manera consistente en el largo plazo, debe acometer una serie de reformas estructurales, puntualizando que por ahora “se avanza en la recuperación del crecimiento”. En opinión de Marcel, “es importante que la recuperación de la inversión se profundice; que se fortalezca el mercado del trabajo y que se aprovechen ventajas competitivas para que esta recuperación sea más auto sostenida y compartida”.

Cuenta corriente

Mientras tanto, en el periodo enero-mayo de 2018, se registró un notorio incremento de las importaciones, de 16% respecto de igual período del año anterior (casi US$ 28.000 millones). La buena noticia es que buena parte de las compras en el exterior constituyen bienes de capital e intermedios: equipos utilizados en la elaboración de nuevos productos y/o aparatos para la construcción y la minería, transformadores, equipos médicos y otros bienes de rubros industriales, con un alza de 12,5%, en relación con igual periodo de 2017.

El ítem de maquinaria y equipos representó entre 35% y 40% de las importaciones totales, y en el rubro de bienes intermedios, lejos sobresalen las compras de petróleo y combustibles. Esta es otra señal reactivadora, dado que Chile es un importador neto de hidrocarburos. En lo que va corrido del año, estas compras registran un alza de 27,9%, en parte debido a los mayores volúmenes de consumo y en otra al incremento del precio del petróleo y sus derivados en los últimos meses.

El IPoM de junio revisó al alza el precio del petróleo WTI (de referencia para Chile), pasando a US$ 66 para este año, respecto de los US$ 51 por barril, del año pasado. Y para 2019 prevé un precio promedio de US$ 63 por barril de crudo. De continuar esta tendencia, se presenta un serio talón de Aquiles para el crecimiento, porque indudablemente presiona al alza los precios internos y puede afectar la meta de inflación, cuyo techo de facto es 3% anual.

Precisamente, hacia diciembre de 2018 la proyección inflacionaria aumenta por el factor petróleo: pasando de 2,3% al 2,8% anual, según el mismo Banco Central.

De paso, el IPoM de junio también elevó la proyección para el déficit de cuenta corriente (de la balanza de pagos): de -1,4% a -2,1% para este año y de -1,7% a -2,5% para el próximo. Si bien un nivel en torno al 2% es sostenible y no provoca un mayor riesgo en las cuentas externas, de continuar subiendo podría llevar a encender una luz amarilla, de advertencia, que se agrega a los focos de volatilidad en los mercados financieros externos.

Sin embargo, dada la promisoria proyección del precio del cobre, la economía chilena podría continuar acelerándose este y el próximo año, al margen de lo que en un momento pronosticaron los actuales gobernantes y los grandes empresarios, como reacción frente a las reformas impulsadas por la ex Presidenta Bachelet.

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Editor Política & Economía