La triple crisis que amenaza el proceso constituyente chileno

Por segunda vez en menos de un año, los chilenos han debido postergar las fechas para seguir adelante con el proceso constituyente. Debido a la crisis sanitaria del Covid-19, el año pasado el plebiscito para decidir sobre el inicio de este proceso se pospuso para el 25 de octubre y este año debido a la misma pandemia la elección de la Convención Constitucional debió trasladarse del 10 y 11 de abril, al 15 y 16 de mayo. Por lo tanto, la triple crisis que afecta al país, sanitaria, social y económica, tiende un manto de incertidumbre sobre el desarrollo de este proceso.


 

Por Niccolo Moro

En medio del alza de contagios, con cifras superiores a las del año pasado, la pandemia del Covid-19 ha puesto en jaque el largo proceso previsto para reemplazar -de una vez por todas- la deslegitimada Constitución de 1980, impuesta durante la dictadura que encabezó el general Augusto Pinochet. El aumento de contagios a más de 8.000 diarios, con un récord de 45.000 casos activos y más de un millón de infectados, hacia los primeros días de abril de 2021, se suma a la crítica situación que enfrentan las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), mientras el número de fallecidos se eleva por sobre 23.000, desde que se declaró la pandemia, en marzo de 2020.

Con estas cifras, el temprano pero efímero exitismo exhibido por el gobierno de Sebastián Piñera, luego del masivo proceso de vacunación iniciado a comienzos de 2021 y que en los primeros días de abril superaba los siete millones de personas (37% de la población), súbitamente fue reemplazado por la desazón, el temor y el recrudecimiento de las medidas de confinamiento. Junto con ello, sentó la incertidumbre sobre el normal desarrollo del proceso constituyente, al punto que surge la duda de si las condiciones sanitarias hacia mediados de mayo permitirán realizar la más grande de las jornadas eleccionarias de que tengan memoria los chilenos.

En estas circunstancias, a comienzos de abril la autoridad sanitaria reforzó las medidas de confinamiento, obligando a más de 16 millones de chilenos a mantener una estricta cuarentena.

La moción para postergar las fechas para votar fue acordada por el gobierno y el parlamento, mediante una tramitación que demoró poco más de una semana. De este modo, se decidió realizar las elecciones el 15 y 16 de mayo. Junto con la elección de los 155 miembros de la Convención Constitucional, en esos dos días los chilenos concurrirán a las urnas para participar en otras tres elecciones de manera simultánea: de alcaldes, de concejales (gobiernos comunales) y por primera vez, de gobernadores regionales. A esto se suma la segunda vuelta para estos últimos, con un quinto proceso eleccionario, programado para el 13 de junio. Por si esto fuera poco, también se aplazaron las primarias presidencial y parlamentarias, del 4 al 18 de julio. Mientras tanto, se mantuvo la fecha de la elección presidencial, para el 21 de noviembre, día en que también se deben elegir a todos los diputados y la mitad de los senadores, además de los miembros de los gobiernos regionales (Cores). Por último, si en la primera vuelta presidencial alguno de los postulantes no logra mayoría absoluta, de deberá disputar una segunda vuelta, el 19 de diciembre.
De este modo, Chile está en vías de tener el año -2021- con más elecciones formales y legales en toda su historia: 11 en total. En resumen:

1) Elección de 155 miembros de la Convención Constitucional
2) Elección de 16 gobernadores regionales
3) Elección de 345 alcaldes
4) Elección de 2.252 concejales
5) Segunda vuelta para gobernadores
6) Primaria presidencial
7) Primaria de parlamentarios
8) Elección presidencial
9) Elección de parlamentarios, 43 senadores y 155 diputados
10) Elección de 294 consejeros regionales; y
11) Segunda vuelta presidencial.

En medio de las esquirlas que aún se sienten del estallido social de octubre de 2019, cuyas heridas están lejos de cicatrizar y los efectos de la mayor crisis económica que afecta a los chilenos desde 1982 (debido a la pandemia), la débil institucionalidad democrática chilena no estaba en condiciones de garantizar que este verdadero torrente electoral pudiera desembocar en un terreno plano y yermo, para sortear el riesgo de un desborde social.

Con razón, tanto el gobierno como la oposición y la llamada clase política se mostraban altamente preocupados por lo que pudiera ocurrir con la tormenta perfecta de la triple crisis: sanitaria, social y económica. De no ser bien manejadas y de manera simultánea, principalmente por el gobierno y los partidos de oposición, el país corre el riesgo de hipotecar su futuro, quedando como precedente los agitados meses electorales previstos para 2021.

Números rojos

Hacia el primer trimestre de 2021 la economía seguía con números rojos, profundizando la caída de 5,8% que registró el PIB en 2020, con un desempleo sobre 10%, según la cifra oficial. A su modo, con cuentagotas, el gobierno trataba de contener el costo humano de la crisis y los efectos de la parálisis productiva generada por la pandemia. Tal como lo hizo en 2020, su estrategia ha sido la entrega focalizada de bonos y subsidios; préstamos blandos para las pymes y la clase media y ayudas transitorias para las familias más golpeadas por la crisis. De este modo Piñera se resistía a entregar un ingreso universal a la mayoría de las familias, aunque fuese por unos meses, tal como lo estaban pidiendo algunos parlamentarios oficialistas y desde luego la oposición.

Por otro lado, a comienzos de abril de 2021 los parlamentarios tramitaban un tercer retiro del 10% de los ahorros de los trabajadores en las AFP, a riesgo incluso de que el gobierno de Piñera recurriera al Tribunal Constitucional para impedirlo.

Con tres crisis simultáneas y un clima de confrontación política en un nivel crítico, entre un gobierno débil y encajonado y una oposición envalentonada con una mayoría relativa en el Congreso, nada hacía prever que el país se encaminara a una suerte de conciliación nacional para enfrentar la emergencia. Esto, sin duda, debido a la debilidad del gobierno y a la falta de un liderazgo fuerte en la oposición. Si a esto se suma la contienda electoral, que en esta ocasión se presenta recargada, con 11 elecciones y miles de candidatos en competencia, era difícil prever que la institucionalidad democrática pudiese resistir los embates, de lado y lado.

Si por algún milagro civilizatorio se impone la racionalidad y predomina la visión de Estado, de conjunto y de largo plazo, el país logrará sortear la triple crisis y la democracia saldrá fortalecida, demostrando con hechos que los problemas de la democracia se solucionan con más democracia.

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Editor Política & Economía