La nueva agenda económica que alienta el líder británico Jeremy Corbyn

La economista italo-estadounidense Mariana Mazzucato plantea en este artículo que el Partido Laborista británico, junto con otros partidos progresistas del mundo, tienen la responsabilidad de cambiar el eje del debate sobre la política económica. Dice que al hacerlo tienen la oportunidad de reformular el futuro de los países, para sacarlos del sesgo financierista actual y conducirlos hacia el desarrollo sostenible e inclusivo, con una fuerte inversión de los sectores público y privado en innovación y estímulos a la productividad.


 

Por Mariana Mazzucato

BRIGHTON.- Siete economistas (incluidos Joseph Stiglitz, Thomas Piketty y yo) nos hemos puesto de acuerdo para convertirnos en asesores económicos de Jeremy Corbyn, el nuevo líder del Partido Laborista británico. Yo espero que tengamos un objetivo compartido para ayudar a generar una política económica que promueva un crecimiento inclusivo y sostenible. Estos son mis pensamientos sobre el tipo de agenda progresista que el Reino Unido – y el resto del mundo – necesitan ahora.

Cuando el Partido Laborista perdió las elecciones en mayo pasado, recibió muchas críticas – incluso de sus propios partidarios, por no apoyar suficientemente a la comunidad empresarial los “creadores de riqueza”. Pero así como las empresas crean riqueza, también lo hacen los trabajadores, las instituciones públicas y organizaciones sociales, las que a través de asociaciones dinámicas, impulsan a largo plazo el crecimiento y la productividad. De hecho, una agenda económica progresiva debe comenzar con el reconocimiento de que la creación de riqueza es un proceso colectivo y que los resultados del mercado son el producto de la forma en que estos diversos “creadores de riqueza” interactúan.

Debemos abandonar la falsa dicotomía entre gobierno y mercado y comenzar a pensar con más claridad acerca de los resultados del mercado que queremos.

Debemos abandonar la falsa dicotomía entre gobierno y mercado y comenzar a pensar con más claridad acerca de los resultados del mercado que queremos. Hay mucho que aprender de la inversión pública que fue orientada por una misión, en lugar de aquella centrada en “facilitar” o “incentivar” las ganancias. La política debiera orientarse a la creación de mercados, y no sólo a solucionar sus fallas. De hecho, las políticas que tradicionalmente han beneficiado los “negocios”, tales como el crédito fiscal y las tasas de impuestos subsidiadas, pueden ser negativas en el largo plazo, si limitan la futura capacidad de los gobiernos para invertir en áreas que aumentan el crecimiento impulsado por la innovación.

Asimismo, es el momento de pasar del debate sobre la austeridad a una nueva conversación acerca de cómo construir alianzas público-privadas inteligentes, de beneficio mutuo para alimentar el crecimiento. Por empezar, se debe invertir en educación, en capital humano, tecnología e investigación. Los avances tecnológicos y organizacionales masivos han elevado la productividad en muchos sectores. Muchos (si no la mayoría) de estos avances tienen su origen en la investigación financiada con fondos públicos. Asegurar futuros avances en este ámbito requerirá intervenciones directas de la política y de las inversiones en innovación en toda la cadena: investigación básica, investigación aplicada y financiamiento de las empresas en su fase inicial.

Nuevo eje financiero

Por otra parte, necesitamos financiamiento a largo plazo. En la actualidad éste suele ser demasiado especulativo y centrado en los resultados a corto plazo. El capital de riesgo no genera revoluciones tecnológicas, éstas han sido históricamente apoyadas por un comprometido financiamiento público. En algunos países, como Alemania y China, los bancos públicos asumen este rol. En otros, el esfuerzo lo realizan organismos públicos estratégicos.

Esto también significa centrar la política en incentivar la reinversión de los beneficios en la producción, la investigación y el desarrollo, desmotivando la mera acumulación de riqueza, o el gasto en la recompra de acciones. Durante la última década, las compañías Fortune 500 en áreas como tecnología de la información, productos farmacéuticos, y energía han gastado más de US$ 3 billones en recompra de acciones, con el fin de impulsar su precio, el de las opciones y los salarios de los ejecutivos. Mientras tanto, en Estados Unidos y Europa las empresas han acumulado casi US$ 4 billones. En lugar de ello, las empresas debieran haber sido recompensados por la reinversión de sus ganancias en la producción, la innovación y la formación del capital humano.

Seguidamente se deben incrementar los salarios y los niveles de vida. Hasta la década de 1980, los aumentos de productividad fueron acompañados por aumentos salariales y de los niveles de vida. Esta relación fue rota por una caída en el poder de negociación de los trabajadores y una mayor orientación financiera de las empresas. Los sindicatos son la clave para una gestión empresarial eficaz y por lo tanto deben participar más en la política de innovación, presionando para que las inversiones en educación y formación sean los conductores de largo plazo de los salarios.

Las instituciones públicas también deben ser fortalecidas. Decisiones políticas audaces requieren organismos públicos e instituciones que sean capaces de asumir riesgos y aprender de ello. La externalización de servicios gubernamentales que se encuentran dentro de la propia competencia del gobierno dificulta este proceso, ya que reduce la “capacidad de absorción” del sector público. La creación de una red de organismos descentralizados e instituciones bien financiadas, que trabajan en colaboración con las empresas, aumentaría la eficacia de un gobierno estratégicamente centrado.

El sistema tributario debe ser más progresivo, con el crédito fiscal orientado a empresas escogidas por sus resultados inclusivos, poniendo fin a la práctica actual de la reducción de impuestos a ciegas, creando lagunas que permiten la evasión fiscal legal, y ofreciendo créditos fiscales que tienen poco efecto sobre la inversión y la creación de empleo. Cuando el sector público asume riesgos en la cadena de innovación, concediendo préstamos garantizados, como ha ocurrido como ejemplo con empresas como Tesla, debemos pensar más creativamente sobre los tipos de contratos que permiten al público compartir no sólo los riesgos, sino también algunas de las recompensas.

 
Deuda pública

También hay que dar forma a una nueva narrativa sobre la deuda. En lugar de centrarse en los déficits presupuestarios, debemos concentrarnos en el denominador de los coeficientes deuda/PIB. Mientras aumenta la inversión pública y la productividad a largo plazo, la relación se mantendrá bajo control. En la OCDE, muchos de los países con mayores ratios de deuda/PIB – como Italia, Portugal y España –tuvieron déficits relativamente modestos, pero no lograron invertir eficazmente en educación, investigación, formación, o en programas de asistencia social bien diseñados que facilitar el ajuste económico.

La política fiscal y monetaria será importante sólo si se combina con la creación de oportunidades en la economía real. La creación de dinero, a través de la flexibilización monetaria, no va a alimentar la economía real si el nuevo dinero termina en los bancos que no prestan. Y cuando las empresas no ven oportunidades, las tasas de interés dejan de incidir sobre la inversión.

Por último, no hay que avergonzarse por guiar la dirección del desarrollo hacia una economía verde. Más allá de los proyectos de infraestructura, el estímulo fiscal debería apoyar proyectos de transformación, tales como las que llevaron a los avances en tecnología de la información y comunicación, la biotecnología y la nanotecnología que fueron “elegidos” por la política pública trabajando junto a las empresas. Desarrollo verde puede ser mucho más que la energía renovable; puede convertirse en una nueva dirección para toda la economía.

El Partido Laborista británico, junto con otros partidos progresistas de todo el mundo, tiene la responsabilidad de cambiar el debate sobre la política económica. Al hacerlo, tiene la oportunidad de dar forma al futuro.

Marianna Mazzucato es Profesora de Economía de la Innovación en la Unidad de Política de Investigación Científica de la Universidad de Sussex.

Fuente:https://www.project-syndicate.org/commentary/corbyn-labour-progressive-economic-agenda-by-mariana-mazzucato-2015-09#eJZDLYYybdiY0wvR.99

Traducción: Graciela Moguillansky, P&E.

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Sobre el Autor

Editor Política & Economía