La incertidumbre de las leyes de Sardar y las sucesivas bajas de la tasa de política monetaria

Desde hace cinco años que el Banco Central de Chile viene bajando la tasa de política monetaria (TPM), con el propósito de lograr que se produzca un incremento en el crecimiento económico del país. Y los resultados están a la vista. Desde el 2012 el PIB ha venido bajando su ritmo de crecimiento. Esto es: 5,6% en 2012; 4,1% en 2013; 1,9% en 2014; 2,1% en 2015; y 1,6% en 2016.


Por Omar Villanueva Olmedo

La economía chilena ha continuado a la baja en 2017, porque el Banco Centra confirmó que en el primer trimestre el indicador mensual de actividad económica (Imacec) alcanzó apenas al 0,1%. O sea, un valor cercano a cero y lo notable es que este número no estaba, ni cerca, entre lo que anticipó la autoridad económica. Es más, en el informe trimestral entregado el 5 de junio pasado, el instituto emisor redujo nuevamente la previsión de crecimiento para este año, a entre 1% y 1,75%, desde el anterior pronóstico cuyo rango era de entre 1% y 2%.

¿Por qué ocurren estas diferencias?
No es por las cualidades de las personas o los profesionales que anticipan valores, sino que es porque el valor futuro de estas variables no lo tiene comprado ni el más experto de los anticipadores. Aún si se reuniera a 2, a 10 o a 100 expertos igual no va a acertar con seguridad. Y por eso, creer que se puede entregar una anticipación certera es imposible, y las que se entreguen, por sus futuras diferencias, no pueden sino dar luces insuficientes para los procesos decisionales de las personas.
La penúltima decisión del Banco Central sobre la TPM, con su tradicional visión sesgada y limitada del futuro, dice que “las expectativas de inflación a fines del horizonte de proyección se ubican en torno a la meta”, lo que según el último IPOM sería de 2,9% a diciembre de este año y de 3,0% a fines del 2018 y que “acordó reducir la tasa de interés de política monetaria en 25 puntos base, hasta 2,75%”. Y sentencia que: “evaluará la necesidad de algún incremento adicional del impulso monetario. Su concreción dependerá de las perspectivas de inflación de mediano plazo”. Y en la última decisión de mayo se decidió bajar la TPM a 2,5%, sin entregar ninguna razón específica para esa baja salvo que: “Cambios futuros en la TPM dependerán de las implicancias de las condiciones macroeconómicas internas y externas sobre las perspectivas inflacionarias”.
En varias de las frases anteriores se está mencionando algo que debiera ocurrir en el futuro, ese mismo futuro incierto en el cual -con cierta ligereza- se dice que la inflación tendrá un valor determinado. Suponemos que es probable que un modelo que se use para proyectar, y que se base en series de tiempo, se pueda manejar para entregue valores más allá del valor más cercano al presente; es decir, señalar valores presuntamente futuros, lo que en la lógica de los “estudios de futuros” no sería nada más que un valor actual, del cual, con respecto a su valor predictivo, se puede tener todas las dudas que sean imaginable.
Algún día se podrá entender que hablar con certeza sobre el futuro en estas materias es un juego muy peligroso y que ni por más complejo que sean los modelos empleados, o por la mayor cantidad de variables que se combinen o por los mayores conocimientos de sus operadores no se podrá acertar con seguridad.

¿Van tras batir una meta?

El instituto emisor quiere batir la meta de llevar la TPM a un valor menor que la inflación anual en un lapso de más de 5 años de baja y sin que en dicho plazo haya tenido visos de conseguir el tan mentado, anhelado, esperado, y no sabemos que más, de crecimiento de la economía nacional; sin olvidar la repetida frase de que “los efectos de reactividad se verían en unos seis meses más”. ¡Han pasado varios seis meses y aun no se produce el “milagro”! ¿Hasta cuándo habrá que esperar para que se cambie este modelo de anticipación y de comunicación sobre el futuro? Aunque es más importante establecer lo que hay que cambiar o las decisiones que hay que tomar para que las bajas de TPM conduzcan efectivamente al crecimiento económico nacional que es la base para llegar a ser un país desarrollado… para todos.

Los actuales modelos que se emplean para anticipar el futuro han tenido una inclinación recurrente hacia el error.

No queda nada de claro que una tasa de interés negativa vaya a impulsar el crecimiento y desarrollo económico, cuando ésta se está bajando desde hace más de 5 años y en todo ese tiempo la economía ha reducido su tasa de crecimiento, que era lo que justamente se trataba de evitar. Queda claro que el o los actuales modelos que se emplean para anticipar el futuro han tenido una inclinación recurrente hacia el error, dejando con ello un tremendo sesgo para las decisiones arbitrarias de los agentes económicos, salvo aquellos que se ven beneficiados por estas “diferencias” y las brechas entre tasas mayoristas -incluso negativas- y las minoristas del crédito que llega al cliente final: empresas o personas; así como las diferenciales que se observa entre las tasas captación y colocación no explicadas por el mercado en competencia ni por la eficiencia ni productividad de los actores.

Leyes de Sardar

A modo de explicación adicional, vale la pena recordar algo de lo que menciona el reconocido experto británico Ziauddin Sardar, quien ha desarrollado algunos conceptos sobre el futuro que parece interesante presentar al momento de comentar las decisiones de la autoridad económica a las que llamaremos Leyes Sardar. Hay ciertos principios por ejemplo: 1) “Las predicciones, pronósticos, no proveen conocimientos del futuro sino que sugieren ciertas y limitadas posibilidades; 2) No se puede predecir el futuro, pero se pueden anticipar alternativas futuras” y presenta cuatro leyes que debieran ser consideradas cuando se trata de “estudios de futuros”.

En la primera ley Sardar explica que los estudios de futuros obligan a enfrentar, en general, problemas que son complejos, interconectados, contradictorios, localizados en un entorno incierto y encajado en un entorno que cambia rápidamente. Por ende, los esfuerzos que tratan de resolver un problema o un conjunto de problemas dada la complejidad, la incertidumbre y la interdependencia, crea una plétora de nuevos problemas.

Según la tercera ley de Sardar, los estudios de futuros son escépticos. Tal como señala esta ley, “el hombre sabio duda de todo porque la realidad de las cosas es inaccesible al espíritu humano y es imposible tener certeza”, lo cual obliga a tener un poco más de humildad en nuestras “certezas” sobre el futuro y las posibles economías que se anticipen para el país.

Una conclusión inconclusa

Lo importante es que toda actividad futura o sobre el pronóstico o anticipación del futuro tiene directo impacto en el presente: puede cambiar las percepciones de las personas, hacernos más conscientes de los peligros y de las oportunidades por delante, motivar a actuar de determinada manera, obligar a innovar y emprender o desinvertir, o dar fuerza para cambiar conductas.
Por eso, no es menor observar a algunas instituciones financieras de la plaza (una industria amenazada por los cambios) cuando anuncian: “tasa de interés negativas” a pagar por depósitos a plazo por 30 días y, al mismo tiempo, anuncian “tasas de interés positivas” y enormes a cobrar por un crédito otorgado por los mismos 30 días. ¿En cuánto se ha incrementado ese diferencial como resultado de la actual TPM negativa decidida arbitrariamente por la autoridad? y la responsabilidad no es de la banca.
Creemos que la dinámica del mercado, y en condiciones de una libre y verdadera competencia monetaria y por mayor eficiencia e información de la oferta y demanda de dinero con la incorporación de la “big data”, la inteligencia artificial y otros nuevas tecnologías avanzadas e interdisciplinarias, llevará a que la tasa de interés se determine no en forma arbitraria -como en la actualidad- y de este modo favorecer al país con menores costos para invertir y con ganancia reales para los ahorrantes; y con más seguridad para los concurrentes de elegirla esto: según sus propias propensiones al riesgo y la rentabilidad, como por ejemplo ocurre con otras mercancías o el dólar.
Finalmente, como enuncia Sardar en una de sus leyes: “Los estudios de futuro involucran la participación de todos los que serán actores en el futuro… y que tendrán que vivir con las consecuencias de esos resultados futuros”; como es el caso la economía nacional producto de las decisiones de la autoridad que ha fijado la TPM del último quinquenio transcurrido, con enormes y arbitrarias transferencias de riqueza entre sus actores: no determinadas por el mercado, la eficiencia ni la libre competencia y con un exiguo crecimiento económico.

Nota del editor:
El autor de este artículo es ingeniero egresado de la Universidad de Chile y director de OLIBAR Consultores, entidad fundada en 1972 y dedicada a estudios prospectivos, estrategia e innovación. La preside Carlos Olavarría Aranguren, master of Science MIT. (ovillanueva.comunica@gmail.com)
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Sobre el Autor

Editor Política & Economía