La deuda de los grupos empresariales con la productividad en Chile

La productividad total de factores en el país, esto es la eficiencia con que la economía convierte el capital y el trabajo en producto, desde hace al menos una década y media viene creciendo a una tasa promedio inferior al 1% en Chile. De acuerdo con todas las estimaciones, ello es insuficiente para generar un alto crecimiento del PIB. Peor aún si se pretende sostener el crecimiento en el largo plazo y además crear empleos de calidad, otorgándole mejores oportunidades de vida a los chilenos.


Por Graciela Moguillansky

Se sostiene que la inseguridad, desconfianza e incertidumbre política es lo que explica la baja tasa de inversión en Chile y la caída en las iniciativas empresariales. Cabe sin embargo que hagamos las siguientes consideraciones.

La productividad total de factores en el país, esto es la eficiencia con que la economía convierte el capital y el trabajo en producto, desde hace al menos una década y media viene creciendo a una tasa promedio inferior al 1%. De acuerdo con todas las estimaciones, ello es insuficiente para generar un alto crecimiento del PIB. Peor aún si se pretende sostener el crecimiento en el largo plazo y además crear empleos de calidad, otorgándole mejores oportunidades de vida a los chilenos.

¿Por qué si en ese período prevaleció la estabilidad política y económica y las condiciones en el mercado internacional y en particular los precios de las materias primas -sobre todo del cobre- se beneficiaron por un largo ciclo de bonanza, el país no pudo aprovecharlo? ¿Por qué se perdió una gran oportunidad para incrementar la capacidad y eficiencia en la utilización de los factores productivos e insumos y de paso acercarnos a la productividad de los países más avanzados del mundo?

Las respuestas en general apuntan a que no se ha invertido lo suficiente en infraestructura y sobre todo en energía, en desarrollo tecnológico, en innovación de procesos productivos; no se ha capacitado suficientemente la fuerza de trabajo, ni mejorado la calidad de la educación. Se trata de un conjunto de factores con que la inversión de recursos suele dar resultados en el largo plazo.

Pero entonces, la pregunta vuelve a ser ¿por qué no se ha invertido suficientemente en 15 años en esos factores?

Chile no ha sido ajeno a saltos en productividad, los que fueron registrados por organismos destacados, como el Banco Central, Corfo y la Universidad Adolfo Ibáñez, dando pie a un crecimiento excepcional en la década de los ‘90. Como bien lo señala Joseph Ramos, en una columna publicada en este mismo sitio, ello fue respuesta “al mejor manejo macroeconómico, a la maduración de reformas liberalizadores de años anteriores, a la profundización de la apertura comercial y al mayor empuje empresarial, entre otros”. Yo agregaría también el gran regalo que la dictadura hizo a los principales grupos económicos de la época, los cuales procedieron en forma perfectamente racional, a rentabilizar sus nuevos activos y en especial, el capital que les entregó casi gratuitamente en los ‘80 el Estado. Por lo demás los empresarios de los ‘90 se beneficiaron también de una versión moderada del “Consenso de Washington”.

Este proceso, que venía tan acelerado en los ‘90, perdió fuerza posteriormente. De aquí la importancia de identificar las razones por las cuales no se invirtió aceleradamente en factores de largo plazo a los que suele hacerse mención.

Alta concentración

Quiero referirme a un factor poco mencionado por los economistas, que considero especialmente relevante: el vínculo entre el grado de concentración en las distintas ramas o actividades productivas y de servicios, con la baja tasa de incremento en la productividad.

Según una investigación de Andrés Solimano (1), en 2008 las cuatro familias chilenas destacadas por la revista Forbes, por acumular más de US$ 1.000 millones de activos, sumaban el 12,5% del PIB, mientras que en Estados Unidos este mismo porcentaje (en términos comparativos) era compartido por 406 familias. Esto sería consistente con el estudio de investigadores de la Universidad de Chile que verifica que el 0,01% más rico de la población se apropia de casi seis veces de lo captado por ese mismo estrato en otros seis países desarrollados de la muestra (Estados Unidos, Canadá, Alemania, Japón, España y Suecia).

Si extendemos este análisis a los 33 grupos participantes en el ranking de grupos económicos (RGE), elaborado por la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad del Desarrollo, cuyos autores no calculan la participación de todos sus activos en el PIB (2) , es posible deducir al menos un múltiplo por 3 ó 4 a la cifra anterior. Como todos sabemos, estos grupos invierten principalmente en los sectores financiero, recursos naturales, retail y servicios públicos regulados. Es decir, en las actividades más rentables en Chile, aunque no de alto crecimiento en la productividad, como es verificado por diversos estudios (3).

Dado que los grupos económicos tienen en su propiedad las grandes empresas de Chile, donde unas pocas cubren un alto porcentaje de los mercados, sería de esperar que la inversión que de ellas se derive, contribuyese significativamente y por sobre las Pymes, al crecimiento de la productividad. Sin embargo, un estudio reciente del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo, de carácter sectorial y por tamaño de empresas, muestra que no son las grandes, sino que las medianas las que dan cuenta del mayor crecimiento en productividad, que en este caso el cálculo se limita a productividad del trabajo, mientras que las primeras han ido perdiendo competitividad en el tiempo (entre 2005 y 2012). Las grandes empresas generan mucha renta, pero aparentemente y por lo que los escándalos en la prensa indican, no nacen normalmente del crecimiento de la productividad.

¿Por qué las empresas de los grupos económicos chilenos no buscan permanentemente incrementar la eficiencia, la innovación y la productividad?

¿Por qué las empresas de los grupos económicos chilenos no buscan permanentemente incrementar la eficiencia, la innovación y la productividad? Una hipótesis en la que no faltan evidencias es que la estrategia de crecimiento de los grupos económicos chilenos no fue crecer en eficiencia y productividad, sino en la expansión y participación de mercado en sectores de alta rentabilidad o de cuasi rentas a nivel nacional y una vez logrado la mayor participación posible en el mercado local, volcarse al extranjero, principalmente a otros países de América Latina.

Esta expansión ha llevado a la alta concentración en los principales sectores de actividad económica y de servicios y por la vía de incidir en precios, o estrechando el vínculo entre el retail y el crédito, en un contexto de muy débil regulación de mercados, incrementar sus beneficios. Esta forma de obtener rentas ha sido mucho más fácil y beneficiosa que la de arriesgar recursos en nuevos procesos y nuevas actividades. Por otra parte, en el caso de los commodities, en que los grupos económicos participan en el mercado mundial pero no lo dominan, la rentabilidad obtenida por la ola benéfica de los términos de intercambio del período, tampoco los incentivó a incrementar la productividad.

¿Porqué los grupos económicos, siguen comprando minas, bancos, supermercados y no invierten un porcentaje importante de sus beneficios en significativas mejoras de procesos –temas de ahorro de agua, energía y residuos, por ejemplo- o en la diversificación de actividades y en innovación? La respuesta es sencilla: no tienen incentivos para ello.

¿Qué puede recomendar la recién nombrada Comisión Nacional de Productividad, frente a este diagnóstico?
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1. Solimano, A. (2009), “Three Decades of Neoliberal Economics in Chile.Achievements, Failures and Dilemmas”, United Nations University–WorldInstitute for Development Economic Research Paper No. 2009/X, June.
2. Se recoge solo la información de los valores bursátiles y de los activos de empresas declaradas en FECU de la Superintendencia de Valores y Seguros, pero estimaciones de los mismos autores estiman una participación de 30% del PIB.
3. Véase entre los más actuales:
Fuentes y García (2014) Una Mirada Desagregada al Deterioro de la Productividad en Chile: ¿Existe un Cambio Estructural? Economía Chilena abril, vol 17 N1, Banco Central de Chile;
CORFO-UAI (2014) Boletín trimestral Evolución de la PTF en Chile, Boletín N7 $ trimestre 2014 y finalmente

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Sobre el Autor

Graciela Moguillansky

Graciela Moguillansky

Economista de la Universidad de Chile. Consultora internacional en desarrollo, comercio internacional y política industrial, con larga trayectoria en CEPAL (Comisión Económica para América Latina)