La controvertida reforma laboral que intenta impulsar la creación de empleos en Francia

La reforma laboral enviada por el Presidente François Hollande al parlamento lleva cuatro meses de discusión, tiempo en que ha creado turbulencias políticas y sociales mucho más grandes de lo que el propio ejecutivo habría esperado.


Por Alexis Guardia Basso

El gobierno socialista de Hollande comenzó su gestión en mayo de 2012 con una mayoría parlamentaria, pero hoy debido al proyecto de reforma laboral la ha perdido, lo que lo obliga a usar una disposición constitucional que le permite aprobar su proyecto sin tener en cuenta la discusión parlamentaria, salvo que exista un voto de censura contra el primer ministro, para lo cual no hay mayoría.
En Francia existen cinco organizaciones sindicales donde cada una recoge más del 8% de los sufragios exigidos para ser representativos y así estar en capacidad de firmar acuerdos colectivos. Los más grandes conglomerados sindicales, CGT y FO, están en contra del proyecto y exigen del gobierno que sea retirado del parlamento, a fin de iniciar una discusión con las bases sindicales. Otro tercer gran conglomerado, la CFDT, está de acuerdo con el proyecto, de modo que el debate se ha tornado más complejo, incluso dentro de las propias organizaciones de trabajadores.
La idea central del proyecto y donde se ha concentrado la discusión tiene que ver con la primacía que se otorga al acuerdo que logren sindicatos y empleadores, al interior de la empresa, en materia de duración de trabajo, por sobre el acuerdo logrado al nivel de la rama de actividad. Tradicionalmente un acuerdo entre sindicatos y empleadores al nivel de la empresa no puede derogar un acuerdo de la rama, salvo que ello sea más favorable para los asalariados.
Según el artículo 2 del proyecto, se privilegian los acuerdos mayoritarios, es decir, firmados por el 50% o más de los votos de los trabajadores sindicalizados, sobre la jorndada de trabajo. Esto abarca la duración máxima de horas de trabajo diaria y semanal; los tiempos de descanso; el periodo de vacaciones pagadas; y la fijación de una tasa mejorada de salario para las horas suplementarias.

Temor al “dumping social”

El temor que han manifestado las organizaciones sindicales es que estos acuerdos al nivel de la empresa puedan traducirse por condiciones menos favorables de lo que prevé un acuerdo al nivel de rama o en la propia ley, con lo cual se abrirían las puertas para el “dumping social” o la adaptación de la empresa a una situación de mercado restrictiva, castigando a los trabajadores en sus derechos sociales.
Los que apoyan el proyecto sostienen que se trata de un temor injustificado, puesto que se trata de un asunto que ocurre siempre en la negociación colectiva.
Con todo, la reforma a la negociación colectiva propuesta por el gobierno de Hollande tiene por objetivo poner al día el modelo, pues de las 700 ramas negociadoras donde se supone se genera la protección de los asalariados, más del 25% de ellas no han negociado acuerdos desde hace 15 años y un tercio desde hace 10 años.
A nivel europeo, en las últimas tres décadas se observa una tendencia a la descentralización de la negociación colectiva, para radicarla en la empresa en algunos temas. A excepción de los países de Europa del Este y del Reino Unido, donde las negociaciones que ocurren más allá de la empresa prácticamente han desaparecido, en el resto de Europa ha predominado una negociación por ramas. Sin embargo, el modelo ha ido sufriendo cambios, sobre todo después de la creación de la zona euro y de la crisis financiera mundial del 2008.
Así y todo, la negociación por ramas en Alemania sigue siendo fuerte, pero desde hace 20 años los empleadores han obtenido la facultad de firmar con los sindicatos cláusulas derogatorias de los acuerdos por ramas, en caso de dificultades económicas de las empresas.
Por otra parte, la OCDE ha recomendado negociar al nivel de la empresa, iniciativa que posteriormente fue adoptada por la por la Comisión Europea y por el Banco Central Europeo.

La OCDE ha recomendado negociar al nivel de la empresa, iniciativa que posteriormente fue adoptada por la por la Comisión Europea y por el Banco Central Europeo.

Una de las ventajas de la negociación por ramas es que cuando concluye un acuerdo entre sindicatos y empleadores, ello compromete solo a las empresas adherentes de las organizaciones patronales firmantes. Pero en los países escandinavos, como en Francia, Bélgica, Holanda y Alemania el acuerdo por rama puede ser ampliado por el gobierno y aplicable obligatoriamente a todas las empresas del sector de actividad, habida cuenta naturalmente de las especificidades y de la evolución de la productividad en ellas.
Así, por ejemplo, la extensión de los acuerdos colectivos por rama permitió que en 2013 en Suecia el 89% de los asalariados quedaran cubiertos por una convención colectiva; en Alemania el 58%; en Reino Unido el 30% y en Polonia el 15%. Además, la extensión de los acuerdos por ramas ha permitido contrarrestar la tendencia a la reducción de la tasa de sindicalización en Europa.
El proyecto de reforma laboral en Francia tiene mucho que ver con las dificultades que este país encuentra para generar empleo y no es tarea fácil arbitrar entre la protección de los que tienen un empleo y aquellos que no lo tienen.

Estancamiento económico

Después de la contracción sufrida en 2009, en los años posteriores la economía francesa apenas ha logrado crecer al 1%, cifra que está en el umbral del nivel óptimo para generar un crecimiento del empleo. Su tasa de empleo asalariado es de 64%, inferior a la del Reino Unido (72%), o de Alemania (77%).
La flexibilidad que pretende introducir la reforma de Hollande apunta a la organización del trabajo al interior de la empresa, como una vía para eliminar algunos cerrojos que impiden la creación de puestos de trabajos. A esto se agrega una variedad de cambios en los ámbitos de formación y capacitación, favorables para el mundo del trabajo.
Pero ello no será suficiente si no se abordan los temas de competitividad desde el ángulo macroeconómico, en medio de las políticas de austeridad y su visión monetarista de que el dinero barato mecánicamente estimula la inversión y la innovación y con ello el empleo.
Se corre el riesgo que -después de todo- lo único que va quedar de la reforma es un abandono innecesario de derechos sociales de los asalariados.

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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.