La comunidad científica tiene razón: “Nuestros gobiernos han elegido la ignorancia”

La escasa importancia asignada por parte del estado y la sociedad a la ciencia en Chile no es una sorpresa. Sin embargo, el desencadenamiento de una crisis en la institucionalidad del fomento a la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+), en el contexto de un gobierno que pretende hacer una reforma sustantiva a la educación y avanzar hacia el desarrollo, sí es una sorpresa.


 

Por Graciela Moguillansky

Son varios los factores desencadenantes de esta situación: la renuncia del presidente de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), después de haber ejercido más de un año en su cargo y sin recibir remuneración en los últimos 6 meses; la falta de respuesta del gobierno a la Comisión Presidencial “Ciencia para el Desarrollo de Chile”, integrada por 35 expertos y que trabajó durante seis meses para presentar su propuesta; y el estancamiento por segundo año consecutivo del presupuesto para la investigación científica y tecnológica y la disminución del número de becas para posgrados.

Todo ello llevó a una conclusión de la comunidad científica: los gobiernos de Chile estratégicamente apuestan por la ignorancia.

Y esto es efectivamente así. Se apuesta por la ignorancia y el subdesarrollo, cuando los gobernantes ignoran o soslayan la inteligencia de los científicos e investigadores para resolver problemas fundamentales para el desarrollo del país. Es verdad que con los escasos recursos otorgados, con una participación del gasto en investigación y desarrollo sobre el PIB decreciente (0,7% en 2005 cae a 0,4% en 2014); con instrumentos de política pública dispersos y atomizados; con falta de masa crítica de investigadores en temas vitales para la diversificación productiva y el crecimiento; con fórmulas de política pública que en cada ciclo de gobierno avanzan y retroceden; con el refugio en la colusión en lugar de la innovación por parte de la gran empresa; con absoluta falta de visión de futuro tanto en los gobiernos como en el sector empresarial, difícilmente los aportes de la comunidad científica han podido prosperar.

También se apuesta por la ignorancia y el subdesarrollo cuando luego de gastar grandes sumas en el financiamiento de estudios de posgrado, no se aplican políticas de estado -persistentes en el largo plazo- para la reinserción laboral de estos profesionales cuando retornan del extranjero con su cartón en las manos, asegurando que éstos a su vez devuelvan el beneficio para el país, no solo con sus conocimientos, sino también aportando nuevas redes con instancias de investigación internacionales, lo que potencia al sistema científico nacional.

Los gobiernos mejorarían su contribución al conocimiento y al desarrollo si estimularan la investigación científica y tecnológica local, con recursos sustantivos para avanzar en soluciones a problemas de vital importancia para el país.

Pensemos en la crisis energética y en la potencialidad de las energías renovables. El impulso al desarrollo de estas nuevas industrias requiere el conocimiento de los recursos en todas sus dimensiones, no solo la instalación de nuevas plantas, sino que de la fabricación de sus equipos e insumos y el dominio de su utilización. Ello significa el desafío de generar nuevas capacidades técnicas, científicas y de conocimiento. La alternativa más cómoda y miope –que por lo demás ha sido la permanentemente escogida en este país- es recurrir a la importación, con tecnología a veces obsoleta, inadecuadas o poco eficaces, pero al fin y al cabo baratas, en comparación con el costo alternativo de asumir este desafío con respuestas propias o locales que requerirían de mayores recursos de las empresas para I+D .

La alternativa más cómoda y miope escogida en este país, es recurrir a la importación de tecnología a veces obsoleta o inadecuada.

Recursos naturales

La minería sigue siendo la principal actividad de exportación en el país. La caída en las leyes del mineral significa que por cada tonelada de cobre producido, se incrementará en 50% el material estéril. Sabemos que el norte del país está tapizado de relaves y pasivos ambientales mineros que representan un peligro significativo para la salud de la población. Se corre el riesgo de reproducir este panorama desolador en el centro del país, donde radica gran parte de la población y donde serán explotados los futuros yacimientos. El tratamiento de residuos y la recuperación de minerales de valor de los mismos, está en los primeros lugares de las agendas de los países productores desarrollados. El creciente empoderamiento de la ciudadanía en el ámbito medioambiental, convierten este problema en un tema de vital importancia para el país mediano plazo, siendo obvio que la comunidad científica y la capacidad de innovación tienen mucho que aportar.

Lo mismo puede señalarse en cuanto a la necesidad de mejorar la eficiencia en los procesos que utilizan intensivamente el agua, como son los casos de la minería, agricultura, sector forestal y acuicultura, donde estamos desperdiciando recursos cada vez más escasos, o contaminando los que tenemos en abundancia, con procesos productivos que están lejos de alcanzar la frontera del conocimiento en esta materia.

La autoridad política apoyaría con mayor eficacia la generación de conocimiento y el desarrollo tecnológico, si reconoce que mientras mayor sea la capacidad científica en el país, mejor dotado estará para insertarse en la economía y el comercio internacional. También para ofrecer productos diversos y con mayor valor agregado, porque el conocimiento y la innovación son la clave para el predominio en los mercados.

El fin del ciclo de bonanza en los commodities, vuelve a mostrar la vulnerabilidad del país, que hasta ahora basa su crecimiento en los recursos naturales. Por lo tanto, es el momento de reconocer la experiencia de los países exitosos, que en circunstancias de crisis fueron capaces de sortearlas rápidamente, apoyados en sus propios sistemas de conocimiento científico y tecnológico.

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Sobre el Autor

Graciela Moguillansky

Graciela Moguillansky

Economista de la Universidad de Chile. Consultora internacional en desarrollo, comercio internacional y política industrial, con larga trayectoria en CEPAL (Comisión Económica para América Latina)