Trabajo y desarrollo con mayor igualdad

Es un dato de la realidad indesmentible que el origen de la distribución regresiva del ingreso se encuentra radicado, de manera importante, en la desigualdad originada en la estructura productiva y consecuentemente en los mercados laborales. De allí que le cabe al Estado una tarea importante y crucial en esta área, con el fin de redefinir los paradigmas de desarrollo en curso.


 Guillermo Campero

El crecimiento y la estabilidad de sus economías se encuentran desafiadas ante la alternativa de responder a las demandas de una mayor y mejor distribución de sus resultados, lo que exige principalmente actuar sobre el mercado de trabajo, espacio donde se configuran originalmente las fuentes primarias de la desigualdad

En el contexto mundial y muy especialmente en  América Latina y Chile, las cuestiones del trabajo adquieren una centralidad fundamental como base de la legitimidad del orden social y político. Esto deriva del hecho que el crecimiento y la estabilidad de sus economías se encuentran desafiadas ante la alternativa de responder a las demandas de una mayor y mejor distribución de sus resultados, lo que exige principalmente actuar sobre el mercado de trabajo, espacio donde se configuran originalmente las fuentes primarias de la desigualdad. Esto es de la más alta importancia para la sostenibilidad de los regímenes democráticos, así como para fortalecer la cohesión y la integración social.

La perspectiva del crecimiento económico mundial es a la baja en los próximos años. La causa de ello está determinada, en una parte muy  importante, por los efectos de la crisis financiera y económica mundial de 2009. Muchos países no han logrado todavía recuperar el ritmo de inversión, de creación de puestos de trabajo y de productividad promedio que habían tenido previamente.

Revertir esta situación es una de las prioridades fundamentales de las economías en todo el mundo.

Fortalecer el crecimiento y el empleo es un empeño que está vinculado estrechamente a la capacidad que tengamos de redefinir los paradigmas del desarrollo en curso, poniendo el énfasis en una orientación que otorgue prioridad a los objetivos de la economía real (y por tanto del trabajo productivo), limitando y regulando los efectos negativos de sistemas financieros desregulados que privilegian la especulación. Dar fuerza a la inversión productiva, a políticas  industriales activas, a la creación de puestos de trabajo de alta productividad, a la incorporación de tecnologías  avanzadas en el conjunto del sistema productivo y a una regulación estricta de la especulación financiera a nivel global  deben ser, sin duda, los instrumentos de política pública que tengan prioridad.

Esta opción estratégica supone al mismo tiempo fortalecer las economías nacionales, tanto como la economía global, en sus capacidades de protegerse de las crisis cíclicas que han sido  a menudo generadas por la lógica financiera especulativa a nivel mundial, con efectos  negativos fuertes en las economías reales. Los factores cíclicos, propios de economías de mercado excesivamente liberalizadas, se potencian cuando no existe, o existe de manera muy débil, una base productiva en los países que sea capaz de contener la fragilidad  y volatilidad de la actual  economía mundial. Es responsabilidad de los Estados, en primer lugar, orientar sus economías a disponer de estas bases estructurales que garantizan una inserción protegida en la economía y mercados  globales.

Informalidad y precariedad laboral

Especial atención debe ser otorgada a la situación de informalidad laboral que se ha extendido  en muchos países, especialmente en los en desarrollo y en los más pobres. Esta informalidad  no es sólo aquella que involucra a los sectores que se encuentran fuera de las regulaciones e instituciones laborales, así como también fuera de la protección social. Hoy la informalidad es transversal. Se encuentra también en segmentos de la economía formal, expresada en los sistemas de subcontratación  y externalización que a menudo evaden las regulaciones laborales y de seguridad social.

Las políticas sociales que se concentran en las transferencias de recursos públicos a los sectores más vulnerables debiesen tener particular cuidado de no estar creando una  economía paralela, de subsistencia mínima, asistida por el Estado. Su propósito debiese ser invertir en elevar el capital social de estos sectores de manera tal de potenciar sus competencias y capacidades para  ingresar al mercado de trabajo.

Las políticas sociales que se concentran en las transferencias de recursos públicos a los sectores más vulnerables debiesen tener particular cuidado de no estar creando una  economía paralela, de subsistencia mínima, asistida por el Estado. Su propósito debiese ser invertir en elevar el capital social de estos sectores de manera tal de potenciar sus competencias y capacidades para  ingresar al mercado de trabajo.

Lograr lo anterior requiere una coordinación de los organismos multilaterales  al nivel global, de las regiones y de los países. Se trata de  lograr una coherencia de políticas y de orientaciones, tanto al nivel de los  organismos que proveen de financiamiento para el desarrollo, como de los que apoyan la formulación y ejecución de políticas públicas, así como de los gobiernos y los actores sociales.

Impulsar productividad y salarios apropiados requiere de políticas  precisas que tengan esa finalidad. Entre ellas, la elevación de competencias profesionales que aseguren  condiciones ciertas de empleabilidad en mercados rotantes; fortalecimiento de las  cadenas productivas o clusters, que tengan la capacidad de vincular al pequeño y mediano emprendimiento con las empresas de mayor tamaño y capacidad de competencia e inserción internacional. Una economía global no puede funcionar  creando empleos y generando salarios si no se funda en redes productivas, tecnológicas, financieras y de información que  eviten los monopolios, el control de los poderes financieros fácticos  o de los grupos especulativos internacionales.

En muchos países para asociar crecimiento con mejor y mayor impacto distributivo se requiere con seguridad de los llamados “pactos fiscales”, esto es, de acuerdos macroeconómicos que identifiquen  las prioridades del gasto público y privado y definan los sistemas tributarios apropiados para estos fines. Las políticas fiscales y monetarias debiesen, en consecuencia, adoptarse conforme a fines claros, como la eliminación de las desigualdades excesivas, las barreras de acceso a la protección social y a las oportunidades de emprendimiento. Y en especial, la superación de la pobreza que se origina en las asimetrías de los mercados de trabajo.

Esto supone  políticas activas y no sólo reactivas. Políticas que combinen propósitos anticíclicos con aquellas de ajuste que puedan ser necesarias. Es importante  superar las opciones estrechas u ortodoxas que impiden seguir las dinámicas que efectivamente fortalezcan la demanda interna y externa, la inversión de mediano y largo plazo y permitan actuar a las regulaciones públicas que sean necesarias.

En este campo, las cuestiones vinculadas a las regulaciones de los mercados de trabajo son especialmente importantes. La excesiva desregulación genera asimetrías entre trabajadores y empresas, que son, a menudo, fuente de  inequidad y consecuentemente de conflicto.

América Latina, a la vanguardia en la desigualdad

América Latina y Chile han logrado enfrentar con mejor resultado la crisis económica de 2009.  Su estabilidad macroeconómica y la adopción de políticas contracíclicas y sociales explican buena parte de estos resultados. Entre ellos  su previsible crecimiento promedio superior a la media mundial esperada para los años venideros

Con todo, la región latinoamericana es aún una de las más desiguales del mundo en materia distributiva, y Chile está entre los más desiguales de esta región. En la mayoría de los  países, y especialmente en Chile, el crecimiento o la elevación del PIB per cápita no significan mejor distribución ni mayor acceso a los frutos del crecimiento.

En esta región, como en otras, el origen de la distribución regresiva del ingreso se encuentra radicado, de manera importante, en la desigualdad originada en la estructura productiva y consecuentemente en los mercados de trabajo. Diferencias fuertes de productividad, de acceso a tecnologías avanzadas, a la capacitación y formación profesional, a los mercados externos, entre unos y otros sectores del sistema productivo y económico se manifiestan en  fuertes asimetrías de salarios, de protección social y de expectativas  de progreso.

Grafico 1. Distribución del Ingreso Autónomo del Hogar según decil autónomo per cápita del Hogar.

1GC

En América Latina y en Chile es más necesario que nunca un nuevo acuerdo sobre el desarrollo  que reordene las asimetrías de la matriz productiva, redefina el sistema distributivo, y que asocie más armónicamente, conforme a objetivos nacionales, al sector público y al privado.  Reducir drásticamente la pobreza, promover las capas medias, generar una base productiva local que respalde la economía y a la gente en situaciones de crisis es fundamental. Aquí hay una tarea pública y estatal que es necesario recomponer.

La agenda futura de Chile y de América Latina requiere considerar los temas del crecimiento, el empleo y la protección social desde una perspectiva de  economía política, es decir integradora de los componentes no sólo económicos, sino también social y políticos que interactúan siempre de manera sinérgica.

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Sobre el Autor

Guillermo Campero

Guillermo Campero

Sociólogo de la Pontificia Universidad Católica. Experto en Políticas Públicas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y consultor del PNUD.