La carta de la innovación en la economía chilena

La inversión innovadora es una fuente, aunque no la única, para desencadenar un proceso de crecimiento económico de largo plazo. El estudio económico de la innovación es indisociable a los trabajos del economista Joseph Schumpeter (1883-1950) quien fue –además- el primero en poner en evidencia el papel central de la innovación en la dinámica del capitalismo, dejando atrás las bellezas del equilibrio Walrasiano.


 

Por Alexis Guardia Basso

Joseph Schumpeter distinguía cinco tipos de innovaciones: innovación de productos o antiguos productos significativamente mejorados (teléfono fijo versus teléfono móvil), innovación en los métodos de producción o de distribución, innovación en la comercialización es decir, con cambios significativos en la concepción, la presentación, la tarificación de un producto; y por ultimo innovación de la organización, que corresponden a cambios relevantes del sistema de producción o de la estructura de la empresa.

Actualmente, la OCDE y su Manual de Oslo definen el concepto de innovación recogiendo buena parte de lo que planteara Schumpeter. Además, hoy los países llevan estadísticas sobre los gastos en investigación y desarrollo (I+D) respecto al producto, lo que permite medir la importancia que la innovación significa en cada país.

Las innovaciones producen efectos que Schumpeter asociaba a una “destrucción creadora”, es decir, un conjunto de mutaciones que revolucionan permanentemente el interior la estructura económica de un país. Ello ocurre porque el capital y los empleos de las empresas rutinarias son destruidos, pero la innovación engendra nuevas actividades que exigen otros bienes de producción y crean nuevos empleos. Por último, la mayor ganancia realizada por la innovación, permite al empresario innovador que toma los riesgos, de pagar los créditos.

Por cierto, los bancos o los mercados financieros juegan un papel importante, financiando la dinámica del desarrollo innovativo, donde lo hay.

Tasa de ganancia

Desde el punto de vista del análisis económico, la innovación forma parte importante del pensamiento del economista polaco Michal Kalecki (1899-1970), quien destacó que la innovación es mucho más que la ampliación temporal del stock de capital, pues en ausencia de innovaciones productivas este stock puede crecer y generar actividad, pero sin impulsar un ciclo de crecimiento relevante, debido a un efecto depresivo que el crecimiento del capital tiene y que empuja a la inversión hacia atrás, debido al comportamiento de la tasa de ganancia.

La innovación es lo que hace posible quebrar esta tendencia y volver sobre el crecimiento del stock de capital y el crecimiento del producto en el largo plazo (1).

Por otra parte es importante destacar brevemente, las razones del pesimismo de Schumpeter, cuando este se planteaba la interrogante (en su libro “Capitalismo, Socialismo y Democracia”) sobre si el capitalismo podría sobrevivir. Se trata de un pesimismo que descansaba en su convicción que la concentración de la riqueza implicaría la burocratización de las grandes empresas, con lo cual desaparecería el empresario innovador, pues el capitalismo para sobrevivir, tiene necesidad de empresarios que tomen riesgo y destruyan las rentas adquiridas.

Galbraith describió la organización de la gran empresa norteamericana del siglo XX como un “capitalismo de gerentes”

No menos notable es destacar la opinión del economista, estadounidense John K. Galbraith, quien en su libro “El nuevo Estado Industrial” (1967) describió la organización de la gran empresa norteamericana del siglo XX como un “capitalismo de gerentes”, los cuales no poseen ninguna participación importante en la propiedad de la empresa. Ellos no son elegidos directamente por los accionistas, sino por un consejo de administración diseñado por los gerentes y solo una parte mínima de las acciones es efectivamente representada en las asambleas generales.

En cuanto a la participación mayoritaria del capital, se le hace votar por procuración por las administraciones elegida por la dirección. Galbraith concluye: “Nosotros hemos entrado en un sistema económico que cualquiera sea su cobertura ideológica formal consiste en gran medida en una economía planificada. El sistema planificador es el rasgo dominante del Nuevo Estado Industrial”. Esta conclusión no está tan lejana de Schumpeter, cuando habla de la burocratización de la gran empresa y su decadencia.

La venganza de los accionistas

Con todo, la historia económica registra la aparición de nuevos caminos para el desarrollo capitalista. La llamada venganza de los accionistas y su recuperación en la decisiones de inversión y tratamiento de los asalariados en la empresa. Esto, cuando además ocurre un importante desarrollo de las finanzas (y de la especulación financiera), así como la limitación del capitalismo gerencial y la reconstitución del concepto de empresa (Teorías de Coase, Willianson). La globalización (particularmente la libre entrada y salida de capitales en el mundo) crean lo que algunos economistas llaman el capitalismo patrimonial, dentro de lo cual se realiza hoy la innovación.

Sin embargo, las grandes empresas y los países más desarrollados han sabido entender el proceso de innovación y preservar sus ventajas competitivas. En la economía globalizada, caracterizada por una fuerte competencia de precios y de la calidad, la innovación es más que nunca necesaria para sobrevivir en el mundo actual.

Para una economía como la chilena donde las decisiones de inversión innovadoras se han hecho a trastabillones, tanto por la vía de la empresa pública como la de la empresa privada, pero sin continuidad alguna.

La primera experiencia de relevancia fue la creación, en 1920, de la empresa privada fabricante de papeles y cartones en Chile (CMPC), seguida de la empresa pública productora de acero de Huachipato, a fines de los años 50 del siglo pasado. Ello, contra la opinión de todo el conservadurismo oligárquico de la época.

La historia es conocida, existe una capacidad innovadora que se ha desarrollado tanto por el sector privado como público, la creación de la Corfo, en 1939, ha sido clave para esta experiencia.

No todo el sector privado es rentista ni todas las iniciativas públicas son burocráticas.

 

Cita:
(1)Vease M. Kalecki, Teoría de la dinámica económica. FCE, 1956.
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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.