La batalla tecnológica que subyace en la  guerra comercial EE.UU-China

El diferendo comercial entre Estados Unidos y China tiene particularidades que lo hacen un tanto distinto a las escaramuzas que predominan entre Estados Unidos y la Unión Europea, no obstante que en ambos casos el motivo central está focalizado en un excedente comercial importante desfavorable para Estados Unidos.


 

Por Alexis Guardia Basso

Al examinar el debate abierto por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, parece que el conflicto no está centrado exclusivamente sobre el comercio de bienes, sino también en la amenaza que muestra China sobre la dominación tecnológica estadounidense. Ello quedó muy claro en una declaración del representante del Comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, cuando dijo: “Nosotros debemos tomar acciones defensivas fuertes para proteger el liderazgo americano en materias de tecnologías e innovación, frente a la amenaza sin precedente que representa el robo por China de nuestra propiedad intelectual, la transferencia forzada” (1).

Es cierto que la transmisión de la tecnología se hace a través de la inversión directa extranjera, la que ubicada en China exporta hacia Estados Unidos. Pero no es menos cierto que China impone normas fuerte al capital extranjero para implantarse en su territorio (joint venture), entre otras la transmisión de tecnologías, donde está involucrada la propiedad intelectual.

Por otra parte, en 2015 el gobierno Chino decidió aumentar el nivel tecnológico de su economía, reduciendo su dependencia de la tecnología extranjera para lo cual fijó metas de aumento de la inversión en investigación y desarrollo; mejorar la automatización de las empresas Chinas; desarrollar sectores estratégicos como la robótica y la producción de chips o microchips  electrónicos  (2).

El objetivo a 2020 es llegar a un producto realizado con 70% de componentes y materiales chinos” (3).

En el último Congreso del Partido Comunista Chino se aprobó el “plan de política industrial” llamado “Made in China 2025”, en el sentido recién expuesto. Es decir, asegurar la autonomía tecnológica de China.

Todo este movimiento de aranceles va terminar castigando a las empresas estadounidenses que utilizan componentes importados de China.

Para muchos analistas, la guerra de tarifas iniciada a partir del acero y el aluminio por Estados Unidos aparece como un conflicto comercial tradicional, tendiente a proteger industrias declinantes en ese país. Pero más allá de ello, el trasfondo es una guerra muy seria por la hegemonía tecnológica entre las dos mayores potencias económicas del planeta. Paradójicamente, todo este movimiento de aranceles va terminar castigando a las empresas estadounidenses que utilizan componentes importados de China para productos fabricados en Estados Unidos.

 Cohesión política

Desde el punto de vista político, es necesario tener en cuenta que las decisiones que se toman en China pasan por un sistema de partido único, en que el Partido Comunista Chino (PCC) tiene  el monopolio del poder, desde 1949. Este sistema ha pasado períodos de turbulencias, como fue el caso de la revolución cultural del Presidente Mao. Este año, Xi Jiping fue elegido jefe del PCC sin fecha de término de su mandato y es además Presidente de la República de China desde 2014. Las encuestas de opinión, que es difícil saber lo que valen, muestra que una gran mayoría de chinos valora lo realizado por el gobierno pues ha mejorado considerablemente sus condiciones de vida, apreciando con ello más la estabilidad económica que la libertad política. Por cierto, sabemos que la concepción de Partido-Estado sufrió un desplome en el caso Soviético, hoy no sabemos cómo puede terminar en el caso Chino.

Desde el ángulo económico, la administración Trump ha dado claras muestras para bloquear la inversión  de las empresas chinas, en particular en las empresas de su país relacionadas con  sectores tecnológicos de la robótica o la inteligencia artificial, aduciendo incluso razones de seguridad propias de la guerra fría. Es cierto también las empresas chinas ponen serios obstáculos a la inversión de empresas de alta tecnología estadounidenses.

El gobierno de Trump ha dado pruebas de que solo cree en las relaciones de fuerzas bilaterales con concesiones unilaterales para sus socios. Cuestión difícil de hacerlo con China, con el cual Estados Unidos compite fuertemente en el  campo de las nuevas tecnologías.

Según el Presidente Chino, “los países desarrollados deben terminar de imponer restricciones sobre el comercio de productos de alta tecnología”, ubicándose como defensor del libre comercio. Para la Unión Europea y Estados Unidos, “a pesar de sus discursos China ha continuado con imponer muy importantes barreras a la importación e inversión extranjeras y a los movimientos de capitales, sin una medida equivalente con el acceso que pueden tener los grupos y productos chinos en los mercados norteamericanos”.

Esto último no conlleva a que China pueda abrir a futuro una nueva fase de apertura comercial, bajando aranceles en muchos productos, entre ellos los automóviles, en la medida que afirme su producción de autos eléctricos.

De toda esta discusión parece claro que para China la búsqueda de obtener saldos comerciales positivos no es lo central toda vez que su objetivo declarado es cerrar la brecha tecnológica con Estados Unidos.

 

Citas:
(1)  Le Monde, 6 de abril de 2018.
(2) Actualmente la mayor parte de los teléfonos celulares chinos están equipados con chips de procedencia  norteamericana.
3) Ibidem.
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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.