José Miguel Insulza: “hay que iniciar un diálogo con las fuerzas afines y reconstituir las confianzas”

Aunque no se ve como líder natural de la “izquierda que perdió el centro”-como le gusta subrayar, a manera de autocrítica- el senador electo por la Región de Arica y Parinacota, José Miguel Insulza dice que está disponible para participar en la una búsqueda de un nuevo entendimiento entre los partidos que pasarán a la oposición, el 11 de marzo próximo. Pero tiene claro que eso ocurrirá en un tiempo largo, con más humildad por parte de los dirigentes y sembrando nuevas confianzas. En esta entrevista el ex ministro y ex secretario general de la OEA habla de la situación política en Chile y también responde sobre algunos asuntos personales.


 

Por María Isabel Guzmán

Desde el mismo día de la derrota del candidato Alejandro Guillier, el 17 de diciembre pasado, el ex ministro de las carteras del Interior y de Relaciones Exteriores y ex secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, ha estado tratando de identificar con precisión los errores que llevaron al peor derrumbe electoral de la centroizquierda chilena, desde el retorno a la democracia, en 1990. Uno de los principales errores que identifica es no haber hecho primarias, lo que sumado al no haber sabido leer las sensibilidades de un gran sector de la ciudadanía, terminó por sepultar las aspiraciones de su sector político que había sido protagonista del poder en los últimos 27 años en Chile, con un paréntesis de cuatro años (2010-2013), durante el primer gobierno de Sebastián Piñera.

Usted ha señalado que Nueva Mayoría ya no existe, aunque no la da por muerta. ¿Qué alternativas se ofrecen entonces para la centroizquierda?

Cuando fue elegido Sebastián Piñera la primera vez, en 2009, la centroizquierda veía esto como una derrota coyuntural, básicamente motivada por diversos errores y las divisiones. Iba otro candidato del sector (Marco Enríquez-Ominami) y, finalmente, la derecha nos ganó. En esta segunda derrota creo que nosotros como izquierda perdimos el centro, el que mayoritariamente se fue con la derecha. No en una alianza, pero sí en una votación, o en una abstención si se quiere. Entonces, eso requiere de una reflexión bastante más larga que simplemente decir cómo rehacemos la alianza.

¿Cuál sería el camino para, al menos, retomar confianzas?

Creo que para poder rearmarse la centroizquierda debe restituir las confianzas. Ahora, cada vez que puede pelearse, se pelea, como los matrimonios mal avenidos, que por muchos esfuerzos que hagan, y muchas conversaciones que tengan, cuando tienen posibilidad de pelearse, lo hacen.

Por lo tanto, estamos en una fase distinta. El proyecto nacional de centroizquierda que teníamos se ha desmoronado. Ahora tenemos que empezar por lo más básico, que es discutir al interior de los partidos. Y que cada partido, en mi caso en el Partido Socialista tenemos que ser capaces de analizar a fondo cuál es el país que queremos. A partir de esto podemos definir el tipo de alianza, o si otros quieren seguir solos. Primero hay que iniciar un diálogo con las fuerzas más afines y luego reconstituir las confianzas.

Para el PS, querámoslo o no, las fuerzas afines son el PPD y el Partido Radical. Son los tres partidos de la socialdemocracia chilena. Con el PPD hasta hace muy poco ni siquiera llevábamos candidatos. Éramos unos contra los otros. Esto no significa no mantener un diálogo con la Democracia Cristiana y con otras fuerzas de centro. Pero primero hay que resolver un problema de diseño: qué es lo que queremos hacer con el país. Una vez que lleguemos a eso, tenemos que darnos el tiempo también para forjar nuevas amistades cívicas entre nosotros.

Al parecer, no jugó a favor del diálogo con la DC el rechazo de algunos parlamentarios de izquierda para que Andrés Zaldívar fuera nombrado integrante del Consejo de Asignaciones Parlamentarias del Congreso.

Si. Hay muchos argumentos. Que era un ex ministro de Hacienda de los años 60; que Zaldívar estaba muy visto y que debieron haber postulado a personas nuevas para ese cargo. Todo eso es válido, pero el rechazo a Zaldívar fue visto como una ofensa por la DC. Si el perjudicado hubiera sido un socialista como Ricardo Núñez, Camilo Escalona o Jaime Gazmuri, nosotros nos habríamos sentido absolutamente ofendidos con el voto en contra de otros sectores.

Retomando el tema de cómo se rearma la centroizquierda, ¿Cuál es la autocrítica que se hace al interior del PS?

En el PS hay bastante coincidencia en la idea de que lo que nos derrotó fue un centro político que habíamos dado por descontado hasta entonces, que había sido aliado en la elección, y sin embargo, cometimos el error en la segunda vuelta de no seguirlo siquiera.

Pero esto venía de antes, eso ya venía pasando. Uno hablaba con votantes DC y no querían votar por la Nueva Mayoría. Esa es la verdad, eso ocurría. No eran la mayoría, la dirección se jugó muy lealmente, pero el daño estaba hecho desde antes de la elección. Y hoy existe mucha conciencia de eso, que el daño estaba hecho antes de la elección; porque perdimos el centro.

Podemos hacer declaraciones muy generales, como la que hizo el PS después de la derrota, diciendo que tenemos que tratar de poner de acuerdo desde el Frente Amplio hasta la DC. Otros podrán decir que quieren reconstruir esto o lo otro, pero nadie dice cómo se hace. Esto no se hace en 15 días. Podemos llegar a acuerdos sobre la conformación del Congreso, etc., y eso es bueno, pero esto no va a resolver el tema de fondo.

¿Qué responsabilidad le cabe al gobierno?

Creo que es un hecho que este gobierno deja un legado importante, que son las reformas que empezó a realizar. No puede haber nadie de centroizquierda que no creyera que era necesaria una reforma tributaria, una reforma laboral, una reforma educacional e incluso la reforma constitucional. El problema es que los mecanismos que se usaron para llevarlas adelante muchas veces no fueron eficientes, o no fue eficiente la ejecución del Gobierno. Además, los países viven mucho más que esas reformas y, por lo tanto, cuando se juzga a un gobierno se hace en su conjunto.

Entonces no es compatible decir que esto es culpa del gobierno de la Presidenta Bachelet. Aunque hubo muchas deficiencias de éste, no fuimos capaces de corregir otras a tiempo. Una de esas deficiencias fue la pérdida de sensibilidad hacia la ciudadanía, cuya condición de vida ha mejorado mucho en las últimas décadas. No supimos leer que ya no es solo el problema de la pobreza, que sin duda todavía existe, y que han surgido otras aspiraciones gracias al propio esfuerzo de la gente que quiere que el gobierno esté en condiciones de defender ese esfuerzo y mejorar cada vez más los servicios públicos y todas esas cosas, y al mismo tiempo corregir la desigualdad que existe.

Creo que las ideas generales estaban bien, pero la ejecución, la implementación de las cosas, la verdad es que creo que dejó mucho que desear.

Sin Michelle Bachelet, sin Ricardo Lagos, ¿quién sería el líder natural de la oposición de izquierda hoy? ¿Usted?

Yo no creo en los líderes naturales o providenciales. Los líderes son lo que son cuando las fuerzas van en ascenso, pero cuando van en descenso y escogen líderes providenciales, generalmente no son para resolver el problema, eso no es cosa de una sola persona. Nadie va a ordenar la coalición, tenemos que ordenarla entre todos, si no va a seguir siendo un desorden, porque no hay fuerza.

La líder natural era Bachelet, no sólo por ella misma, sino porque una mayoría estaba convencida de que había que apoyar a Bachelet. Hoy no tenemos lo mismo. Y además creo que no es bueno. Lo que nace de esto, lo que mejora, son los núcleos básicos de dirección. O sea, grupos de numerosas personas. Y de ahí salen los líderes naturales después. Pero proclamar un líder ahora sería un error.

Pero le guste o no, usted es visto como un líder en su sector. Se le observa y considera como una persona que articula, que llega acuerdos.

Yo siempre soy materia disponible, pero para que haya articulador, los articulados tienen que estar disponibles. La condición básica para conseguir un acuerdo es que la gente que va a ser puesta de acuerdo, quiera ser puesta de acuerdo, que tenga un anhelo por construir algo.

Yo creo, por ejemplo, que en la izquierda hay mucha gente que le falta aceptar de corazón que sí quiere conquistar el centro político y que va a tener que hacer concesiones. De lo contrario las alianzas no va a funcionar.

Yo tengo mucha fe en nuestra bancada de senadores. Creo que ahí los siete senadores socialistas más el senador del Frente de Amplio, podemos buscar a través de un diálogo tranquilo, pausado, ideas que sirvan para el conjunto de su fuerza. Lo mismo debe ocurrir con la bancada del PPD. Cuando digo que tenemos que empezar por conversar con el PPD, por Dios, si vamos a tener dos bancadas, por separado y que juntas suman 16 senadores, cómo vamos a ser capaces de plantear cosas para el país.

¿Qué tan complejo es para los partidos de la izquierda tradicional que las figuras nuevas o emergentes estén en el Frente Amplio?

No complica mucho. Han tenido buena publicidad también. Creo que dentro del PS existen jóvenes de buena calidad, pero no se les ha permitido ser figuras visibles. Yo tengo gran admiración por el presidente de la Juventud Socialista, Francisco Melo, pero él tiene un auditorio dentro de los jóvenes socialistas y no sale a la luz pública, probablemente porque el partido no se lo permite mucho, como si se lo permiten (en sus partidos) a gente como Giorgio Jackson y Gabriel Boric.

No creo que los nuestros tengan nada que envidiarle a Jackson y a Boric, salvo que no tienen exposición pública. Es muy común en Chile, por lo demás, que por equis razones aparecen en la prensa algunos diputados o senadores, y de pronto aparece un diputado diciendo cosas muy inteligentes y la gente dice que no lo conocía, no sabía ni que existía. Tenemos que preocuparnos de darles cabida a los jóvenes. No significa hacerles cursos de capacitación, sino sacarlos a la luz pública.

Es interesante este fenómeno. Hay varios dirigentes del Frente Amplio que se han exhibido, que se muestran. Algunos son autoridad, como el alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp. Pero de pronto ellos mismos van cambiando, a medida que van viendo como son las cosas con guitarra, como es el poder en la vida real.

¿Cómo ve a la DC hoy?

La veo con los naturales titubeos que tiene un partido de centro cuando ve que la alianza en la cual se basaba está a la deriva. La DC tiene que buscar un camino por su cuenta. Pero naturalmente no puede ser un camino propio porque es evidente que este partido no tiene peso para elegir solo a un Presidente de la República. Por lo demás, los tres tercios en el país ha sido un desastre.

Por lo tanto, hay muchos titubeos en la DC pero yo soy partidario de dialogar con ellos, aunque creo que no es fácil en las actuales circunstancias, para ellos ni para nosotros.

¿Cómo ve usted la situación en su propio partido?

Yo pienso que el PS nunca ha hecho a fondo la autocrítica que le cabe, pero a fondo, sobre, por ejemplo, no haya habido primarias. Podemos decir que Lagos se retiró, y que la DC siguió un camino propio, pero esto saltó porque no hubo candidato socialista.

Yo fui pre candidato socialista, no estoy respirando por la herida, pero al final incluso dije mire, un candidato socialista, aunque no sea para ganar, si no sólo para tener primarias. No hay que hacer conjeturas acerca de lo que no fue, pero en este caso me permito decir que uno imagina lo que habría sido esa primaria, en que estaban Piñera, Ossandón, Kast por un lado, Beatriz Sánchez y Alberto Mayol. Y al medio Ricardo Lagos, yo mismo, Alejandro Guillier y Carolina Goic. Habría sido una súper primaria y todo el mundo habría hablado de eso. En cambio, estaban hablando de los otros, y la Nueva Mayoría estuvo ausente durante un mes y medio, dos meses. Eso es un regalo que casi nadie hace en materia electoral y que, sin embargo, muchos trataban de justificar.

Vino luego el empeño por no hacer una consulta ciudadana, repito, más que fuera para tener candidato. Decir vamos a programar al Comité Central, y en una reunión estrecha, en que los tiempos para argumentar eran mínimos, había que hacerlo rápido, en dos horas, elegir un candidato presidencial. Creo que eso ciertamente fue un error gravísimo.

Nadie en la centroizquierda estuvo dispuesto a dar los pasos necesarios para tener primarias. Creo que esto fue un grave error, se ha demostrado. Porque, además, éramos los que más se habían esforzado por tener primarias, éramos la corriente de las primarias, pero no la hicimos, no llegamos. Cómo no va a ser un drama. A lo mejor habría salido el mismo candidato, pero en un entorno totalmente distinto, legitimado de una manera completamente distinta.

¿Le duele hecho de que su partido lo haya sacado de competencia sin primarias?

Le confieso que realmente cuando dije hagamos primarias de todas maneras, yo partía de la base que mi candidatura no había prendido. Pero qué distinto habría sido que hubiésemos tenido primarias, aunque haya salido cuarto.

Si se hubiera permitido que yo o Fernando Atria estuviera en la primaria, a su vez habría existido una primaria de la Nueva Mayoría, y habrían cambiado sustantivamente las cosas. En ese momento la coalición le demostró a la gente que no era capaz siquiera de hacer una elección primaria.

¿Le gusta este nuevo rol de senador?

Sí me gusta. No había sido parlamentario y me gusta. Cuando era ministro me lo pasaba en el Parlamento, incluso más de lo que un ministro de Interior lo debería hacer. Pero iba mucho y de buenas ganas. Nunca me dio lata ir al Parlamento, al contrario. Así que creo que me va a ir bien, no estoy apurado. Hay que andar sin pausa, pero sin prisa también.

Usted ha reconocido que le dolió que Lagos apoyara a otro candidato en la senatorial de la Región de Arica y Parinacota.

Ese gesto no tuvo ninguna significación en la realidad, pero lo que pasa es que cuando uno ha trabajado mucho tiempo con una persona, en este caso fui ministro del Interior de Ricardo Lagos durante 5 años, dos meses, 12 días y 2 horas, y creo haber defendido su gobierno con más coherencia que la mayor parte y jamás he criticado nunca nada de lo que hizo Ricardo Lagos, nada…

¿Por eso le dolió?

Me dolió, claro, me dolió. Pero es cierto también que no le pedí su apoyo, por una razón muy simple, porque yo no estuve con él. Entonces, no me parecía legítimo decir yo no estuve contigo, pero ahora apóyame. Pero sí hubiese esperado que se hubiera abstenido, que se hubiera mantenido al margen.

En lo personal, ¿qué tan complejo ha sido la situación con el alcalde de San Ramón y el presunto vínculo narco? ¿Qué tan difícil es enfrentar este tipo de cuestiones?

Mire, yo lo enfrenté diciendo la verdad. Y voy a decir dos cosas sobre este tema. Primero, que el alcalde de San Ramón, Miguel Ángel Aguilera, era una persona bastante importante en la dirección del PS, y tras quien todos corrían porque tenía muchos votos. La corriente que él dirigía en la última elección de Comité Central (según mis cálculos, sacó 14 miembros, que no es poco) también pesaba. Esto empezó cuando Aguilera fue candidato, allá por 1993. Había sido presidente del partido socialista en la Región Metropolitana, en una lista que yo encabezaba. Y, por lo tanto, tuve un trabajo sistemático con Aguilera durante esos dos años, porque ocupamos la dirección del partido.

Y eso terminó cuando pasé a ser subsecretario de Relaciones Exteriores y después ministro (de esa cartera). Entonces dejé de ser miembro de la dirección del regional centro. Y la verdad es que, si bien nos apoyábamos en elecciones y cosas por estilo, yo no trabajé con Miguel Ángel Aguilera.

¿No trabajó con usted en el ministerio del Interior?

En todo el tiempo que estuve en el gobierno, que fueron diez años, él no trabajó conmigo. No sé por qué razón dicen que trabajó conmigo en Interior, porque en el registro del ministerio no aparece trabajando ahí. No sé por qué figura eso en el currículo que circula en la Municipalidad de San Ramón. Pero sin duda yo tuve una relación con él, por cierto, lo cual no quita que si se le acusa de las cosas que se le acusó, tiene que defenderse, y mejor que lo haga fuera que dentro del partido.

¿Qué tan cercana fue esa relación con Aguilera?

Hay una cantidad de cosas que se dicen, como que soy padrino de sus hijos, que fui su padrino de matrimonio, etc. Le cuento la historia. Efectivamente me llamó Miguel Ángel en la mañana de su matrimonio, yo estaba invitado pero me había excusado porque tenía otro matrimonio con vínculo familiar, y me dijo si le podía ayudar porque le había fallado el auto que iba a llevar a la novia a la iglesia. Yo saqué mis cuentas y dije, de acuerdo, yo te llevo a la novia a la iglesia. Yo manejé mi auto y esperé afuera de la iglesia, salieron y les di las vueltas correspondientes para llegar a la fiesta, y después estuve en el brindis y me fui. Al otro matrimonio llegué justo a tiempo.

Es una anécdota, porque no pude ni siquiera entrar a la ceremonia del matrimonio, porque estaba en el auto. No soy padrino de ninguno de sus hijos ni de su matrimonio tampoco. Juan Aguilera, gran líder del PS de la zona sur de Santiago, no habría dejado que el padrino de matrimonio de su hijo fuera otro que no fuera él, y estaba ahí. Así que el resto son cuentos.

¿Cómo cree o espera que sea el segundo gobierno de Piñera?

Yo creo que el próximo gobierno de Piñera tiene un gran dilema. Sus partidos son de derecha. Salvo algunos como Ossandón o Felipe Kast, los demás son de derecha, son neoliberales, son partidarios del sistema que existe ahora, creen que el país tiene que seguir creciendo tal cual, etc. Pero yo creo que Piñera en la elección hizo algunos gestos hacia el centro que son importantes, pero el centro en serio. Mientras nosotros los denostábamos, la gente decía mira vamos a mantener gratuidad, va a reformar el sistema de pensiones.

Entonces, él va tener una dificultad si quiere sinceramente convencer al resto de su coalición de la necesidad de seguir una línea de cambio, de seguir una cierta agenda de transformación de la sociedad, que sea prudente pero al mismo tiempo significativa. Creo que va a tener muchas dificultades.

Puede que él y algunos de los suyos entiendan mejor las necesidades políticas de hacer gestos hacia el centro, de mantener ese apoyo que el centro político del país le dio, pero no estoy muy seguro que puedan conseguirlo. Sin embargo, la economía está empezando a crecer de nuevo y eso permite que las cosas sean más fáciles. Eso no se lo van a reconocer a Bachelet, pero es cierto, ahí está.

-¿Piñera le tendría que dar continuidad a las reformas iniciadas por el gobierno de Bachelet?

Mejor dicho, debiera mantener lo que hizo Bachelet. Por ejemplo, mantener la gratuidad en 60 o 70% ojalá, en educación superior y en los institutos o centros de formación técnica, que son para la gente más necesitada.

En el plano de las pensiones, yo estoy convencido de que aunque la consigna “No más AFP” es lo que más se escucha, lo que quiere la gente es que les paguen mejores pensiones. Lo cual en Chile no es fácil, porque el problema de raíz son los bajos sueldos. O sea, cuando la mitad de los trabajadores chilenos gana menos de 350 mil pesos mensuales, nadie espera que tengan jubilaciones de 500 mil pesos.

Mientras tanto, la mala distribución del ingreso es el gran problema en Chile. Y eso se resuelve con el mejoramiento sustantivo en el ingreso de las personas.

A esto se suma el tema de la inmigración.

Sí. Los latinoamericanos migran al doble de la velocidad que se migra en el mundo. Muchos estaban yendo a Estados Unidos y hoy sus puertas están cerradas. Entonces ven como opción a Chile y querámoslo o no, van a seguir llegando. Entonces para qué nos contamos historias entre nosotros. Cómo no somos capaces de decir, si esa es la realidad, legislemos nosotros.

Ahora cambió considerablemente la composición del parlamento. Las ideas, hay más espacios para nuevas corrientes, distintas posturas. ¿Cómo cree que se comportará este nuevo Poder Legislativo?

Ciertamente van a llegar como 90 diputados nuevos, eso sí que va a ser difícil de manejar. Usted me preguntaba por la presidencia del Senado y esas cosas, yo le digo que la presidencia de la Cámara de Diputados va a ser una cosa más complicada. Pero tenemos que hacer esfuerzos. Si finalmente nos van a medir por nuestras realizaciones. Un parlamento fracasado sería un desastre para el país.

En el plano internacional, hay una institución que usted conoce muy bien, la OEA que ha sido cuestionada por no hacer el mejor trabajo, sobre todo respecto de Venezuela. ¿Qué opina al respecto?

Cuando llevaba como nueve años en la OEA, me faltaba uno o dos para terminar, me encontraba a cada rato con mi antecesor César Gaviria. Una vez tuve la oportunidad de darle mis más profundas gracias por el hecho de que no hubiera hablado de la OEA durante esos diez años, cosa que parecía difícil. Yo quiero hacer lo mismo, no quiero hablar ni bien ni mal de la OEA porque no me debo meter.

Respecto a las críticas concretas, que generalmente tienen que ver con Venezuela, que si uno actuó y el otro no, no me parece justo comparar porque son situaciones distintas. Yo estuve con Sebastián Piñera y todos, todos los presidentes de América Latina estuvieron en el funeral de Hugo Chávez e hicieron guardia junto a su féretro. Entonces, si alguien pensaba que en ese clima Insulza iba a hacer algo respecto de Venezuela, ciertamente habría sido una locura.

Hoy día la situación de Venezuela es totalmente distinta. No voy a juzgar lo que dijo Luis Almagro, pero por favor, entendamos que hay cosas que uno puede hacer y otras no.

A usted le tocó la difícil misión de gestionar el regreso de Pinochet a Chile, cuando estuvo detenido en Londres. ¿Qué lecciones saca hoy de esa experiencia?

Yo creo que lo enfrentamos bien como país, porque como dijo alguna vez el Presidente Eduardo Frei, en una conversación entre nosotros, el 80% de gente creía que Pinochet tenía que volver y otro 80% que creía que tenía que ser juzgado. Y nosotros estábamos convenciendo de que podíamos hacer las dos cosas al mismo tiempo. Esa fue nuestra línea.

Yo creo que las investigaciones contra Pinochet en Chile tomaron mucho vuelo y, en general, las cuestiones de derechos humanos. Por lo tanto, tampoco creo que haya sido una mala cosa para el país lo que ocurrió con Pinochet. Fue un obstáculo importante, lo enfrentamos bien, y gracias a eso ha habido bastante más justicia en Chile de lo que había antes.

Si Pinochet no hubiera ido a Londres, habría terminado viviendo en algún lado sin ser juzgado. Conozco un sólo caso en que un militar argentino que se entregó y se declaró culpable, pero no estuvo ni un día preso. Y eso habría sido todo. Chile se habría olvidado de Pinochet y se nos habría borrado ese tema.

Por eso, mi mayor reivindicación fue ese día en que desaforaron a Pinochet y vi a los familiares de las víctimas festejando en el centro de Santiago. Ese fue un gran momento, que no habría pasado si no se hubiese hecho nada para traerlo.

En el caso Pinochet, nunca he tenido la menor duda que hice exactamente lo que tenía que hacer, y que fue lo mejor para el país.

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Editor Política & Economía