Informe Bachelet fija como prioridad la vía humanitaria en Venezuela

El escalonamiento de crisis venezolana ya no exige identificar quién o quiénes son los principales responsables de procurar una urgente recuperación. La magnitud de la crisis obliga a que todos cooperen, incluyendo los países que en mayor o menor medida están involucrados en ésta, tanto los que apoyan a Juan Guaidó, como los que simpatizan con Nicolás Maduro: Cuba, Rusia, China, Bolivia, Turquía, Irán y algunos de Centroamérica y el Caribe. Esto porque la crisis ha puesto en riesgo lo más esencial que es la vida y el bienestar de millones de ciudadanos. En este plano no hay excusas para dejar de colaborar, porque los derechos humanos son de alcance universal.


 

Por Niccolo Moro

El lapidario informe sobre la situación venezolana, entregado por la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, junto con detallar los casos más graves de atropello a los derechos fundamentales de las personas y alertar sobre el deterioro institucional, es un importante paso para que esta organización internacional se haga cargo de generar una masa crítica de apoyo para Venezuela. A Venezuela entendida como un todo y más allá de los poderes que están confrontados; como nación compuesta por su pueblo, por sus instituciones y por su condición de país libre y soberano.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, tal como su nombre lo indica, tiene alcance universal y por tal motivo el gobierno de Nicolás Maduro no puede pretender que otros países y las instituciones internacionales se abstengan de pronunciarse y que no emitan informes, aun cuando no lo favorezcan.

En el caso particular del informe entregado por la oficina que encabeza Bachelet, Maduro no solo lo propició, sino también invitó a Bachelet a Venezuela, como también lo hicieron los opositores al régimen madurista. Sin embargo, una vez que salió el informe, fue duramente denostado por el primero, en tanto los opositores venezolanos lo encontraron tibio, descontextualizado y tardío.

Así ocurre en situaciones de extrema confrontación política e ideológica, en que prima el apasionamiento sesgado, en vez de la racionalidad.

Así y todo, la oposición venezolana rescató el documento, admitiendo que es un aporte para sumar voluntades desde la perspectiva humanitaria, a nivel internacional. En cambio, el mandatario caribeño sencillamente lo lanzó al papelero, alegando que es sesgado y que fue impuesto por Washington. A fardo cerrado, Maduro lo calificó de mentiroso, indicando que está “plagado de falsas afirmaciones y manipulaciones”.

Aún es tiempo de que Maduro y los dirigentes venezolanos asuman la responsabilidad de que son parte fundamental de la solución de la crisis.

En una carta respuesta dirigida a Michelle Bachelet, Maduro dice en parte:

-Lamentablemente, usted ha cedido a las presiones -que sé que existen- para torcer su misión y tristemente se ha puesto al lado de los verdaderos violadores de los derechos humanos del pueblo venezolano, abriendo así la puerta a quienes plantean una intervención.

A su vez, en medio de una masiva marcha de apoyo al gobierno, por el centro de Caracas (13 de julio), el primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, calificó de “hipócrita” a Bachelet, dado que, a su juicio, el informe habría sido redactado por el asesor especial del gobierno de Donald Trump sobre Venezuela, Elliott Abrams.

Diálogo en Barbados

Todo esto ocurría en medio de la tercera ronda del diálogo directo entre representantes del gobierno de Maduro y de la oposición venezolana, quienes se encontraban en Barbados, a instancias del gobierno de Noruega. Paralelamente, el ex secretario ejecutivo de la Cepal, el uruguayo Enrique Iglesias, seguía adelante con su misión mediadora bajo el auspicio de la Unión Europea, junto con el Grupo de Lima y el Grupo de Contacto sobre Venezuela, tratando a su vez de mediar directamente con los chinos y los rusos, que apoyan con medios económicos y logística al régimen venezolano.

Si estos esfuerzos internacionales no se pueden calificar al menos de “preocupación” por lo que ocurre en Venezuela, sencillamente se estaría contribuyendo a una ceguera que no hace más que agravar la crisis, que por estos días se expresa en la masiva ola de migración de familias de bajos recursos hacia países vecinos, en busca de refugio, alimentos y medicinas.

A la asistencia económica y humanitaria de millones de venezolanos ya emigrados están contribuyendo numerosos países de la vecindad, principalmente Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Chile. Este último país ha recibido a medio millón de venezolanos en los últimos años, poniendo a prueba al gobierno de Sebastián Piñera.

En febrero pasado Piñera viajó a Cúcuta, para apoyar el fracasado ingreso de ayuda humanitaria a Venezuela, pero por estos días pone obstáculos para que otras miles de modestas familias venezolanas pasen a territorio chileno por la frontera norte (con Perú y Bolivia), sin que tengan que humillarse esperando una autorización especial. Sí, humillación para gente que solo lleva lo puesto y que bajo el principio básico de protección de la vida que se reconoce en la carta de derechos humanos de la ONU, debiera recibir ayuda de manera urgente.

Apoyo al informe Bachelet en Chile

Mientras tanto, dirigentes políticos chilenos de todos los colores, de izquierda, centro y derecha, exceptuando al Partido Comunista, aplaudieron el informe de la Alta Comisionada de la ONU. Entre otros, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, diputado Jaime Naranjo (PS), quien dijo que en el documento “se establece que hoy día los derechos humanos están amenazados, están restringidos y claramente no se está respetando la dignidad de las personas”. Enseguida, llamó al gobierno de Maduro “a tomar todas las decisiones que sean necesarias para devolverle la dignidad a las personas que viven hoy en Venezuela”.

Así como ocurre con la propia Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, el diputado Naranjo sí sabe de derechos humanos, no sólo porque bajo la dictadura de Pinochet padeció en carne propia la vulneración de sus derechos ciudadanos básicos, sino también porque participó en organizaciones de apoyo a los perseguidos por el régimen militar, al igual que la ex Presidenta de Chile.

Sin embargo, estos antecedentes poco y nada son tomados en cuenta por Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros jerarcas del régimen venezolano. Al menos por ahora, porque aún están a tiempo de que ellos y todos los dirigentes políticos venezolanos asuman la responsabilidad de que son parte fundamental de la solución de la crisis. Esto, mediante el diálogo y la negociación de una salida racional que tenga presente la voluntad para defender lo más esencial que subyace en esta crisis: el respeto a la vida, a la dignidad y el bienestar de los ciudadanos, por encima incluso de las posiciones políticas, ideológicas, culturales o religiosas que cada cual sustente.

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Editor Política & Economía