Fernando Atria: “hoy día las encuestas se usan como sucedáneo de ideas y posicionamiento político”

Desde que empezó a tomar forma su opción de pasar de la academia a la acción política, primero como precandidato presidencial del Partido Socialista (PS) y ahora como candidato a diputado por el Distrito 11, el abogado constitucionalista Fernando Atria, ha sido crítico de la forma en que los partidos del bloque gobernante de Nueva Mayoría, se han manejado frente a los muchos flancos de disputas que se han ido abriendo en distintos ámbitos. Entre otros, los grados de efectividad y transparencia del trabajo legislativo y la relación entre dinero y política, como principales motores de la desconfianza de los ciudadanos hacia los partidos y la clase política.


Por María Isabel Guzmán

El abogado PS Fernando Atria es un entusiasta defensor de las reformas iniciadas por el segundo gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. Con esta óptica, sobre la campaña del candidato presidencial Alejandro Guillier, al que apoya su partido, señala que echa de menos una articulación programática en que se muestre en qué sentido su candidatura es continuidad de las reformas y en qué sentido las corrige. “Es evidente que en algunas de esas cosas no se ha avanzado como se debería, o en algunos casos las cosas no se hicieron del mejor modo posible”, comenta Atria. Entonces, arguye que lo que se debiera hacer hoy la candidatura de Guillier es identificar lo que debe ser corregido y al mismo tiempo, lo que es necesario mantener.
Para Atria la situación es clara: “esa idea de transformación responsable, por así decirlo, no la veo enfatizada en el programa de Alejandro Guillier y tengo la impresión de que esta candidatura está demasiado preocupada de cómo se va a ver desde El Mercurio”.
Dice, enfático, que “la política a la que estamos acostumbrados es alérgica a las ideas” y que hace cualquier cosa, se utiliza cualquier criterio, con tal de ahorrarse el trabajo de tener que discutir ideas. Entonces, “si las ideas pueden ser reemplazadas con los números de las encuestas, entonces serán las encuestas las que se ocupen de los resultados”. Da lo mismo, no importa. Al contrario entonces, lo que Fernando Atria busca es promover con su candidatura una disputa política en el terreno de las ideas.
También es crítico con lo que ocurre en su propio partido:
-Me llama la atención que el PS está políticamente ausente. Está muy presente cuando se trata de conversar y negociar cupos y cosas así, pero cuando se trata de pronunciarse sobre temas de fondo o cosas que preocupan a la opinión pública, el PS brilla por su ausencia. Por ejemplo, ¿es razonable o no que el ministro de Hacienda se crea autorizado para opinar respecto de sus otros colegas del gabinete?; ¿es esta una manera leal de actuar como ministro, o es una manera desleal? En fin, hubiera esperado que los partidos y, en especial el mío, asumieran posiciones respecto de temas de conducción política.
En este mismo sentido, le preocupa una mayor discusión sobre el contenido programático de la candidatura de Guillier. “Son cuestiones que uno esperaría que el PS tuviera una posición política, no solamente un cálculo electoral”, añade.

-¿Cuál es su opinión sobre el último cambio de gabinete de la Presidenta Bachelet, en particular la salida de Rodrigo Valdés y la reposición de Nicolás Eyzaguirre en el Ministerio de Hacienda?

Yo creo que Valdés contaba con que el gobierno no podía cambiar al ministro de Hacienda, siete meses antes del fin de esta administración. Bajo este supuesto, él creía que podía asumir las responsabilidades de la Presidenta y que entonces podía empezar a dirigir el Gobierno. Creo que lo que hizo Valdés, tanto en lo del proyecto minero Dominga, como días antes, acerca de los supuestos 400.000 empleos que se iban a perder, como consecuencia del proyecto de reforma al sistema de AFP, demostraban un ánimo del ministro de Hacienda de desempeñar la función de la Presidenta. Fue un demostración de una notoria deslealtad. Deslealtad bastante parecida a la del ex ministro del Interior (Jorge Burgos), cuando creyó adecuado poner un podio a Ricardo Lagos en La Moneda, mientras la Presidenta estaba fuera del país, para que nos ilustrara a todos los ciudadanos.

-Después de haber sido precandidato presidencial, ¿se conforma hoy con ser candidato a diputado?

Bueno, no es que me conforme con ser candidato a diputado, es que uno tiene que entender que la política es una cuestión que no se juega nunca en una ocasión, de una vez por todas. Esto son procesos. El intento de posicionar una precandidatura presidencial y de contribuir a provocar una consulta ciudadana dentro del PS habría permitido que nosotros hubiéramos llevado una visión del país y del Partido Socialista a todo Chile. Además, eso habría contribuido a producir la discusión que nosotros queremos. Creo que el próximo periodo parlamentario va a ser especialmente importante y –entonces- esa va a ser una posibilidad desde la cual contribuir con el mismo diagnóstico y propuestas que es la que nos llevó a levantar una precandidatura presidencial.

-¿Siente apoyo a su candidatura de parte del PS y de lo que queda de la Nueva Mayoría?

Mi candidatura no la estoy pensando como una candidatura que le habla al interior de la Nueva Mayoría. Lo que nosotros tenemos es una visión de las transformaciones que Chile necesita, las que se dirigen a enfrentar y solucionar los problemas que hoy día tenemos, en medio de un ambiente en que la ciudadanía cada vez más desprecia cordialmente a los políticos. Esto demuestra que hay un problema con el modelo político y económico chileno, con la Constitución y la forma de actuar en política.
Nuestra posición pretende llegar no sólo a los habituales miembros o partidarios de la Nueva Mayoría, sino que apela mucho más allá. Por supuesto, soy el candidato del PS, entiendo eso, y cuento con el apoyo del PS, y lo aprecio, lo agradezco, lo celebro, etc. Pero no son los partidos políticos los que van a hacer que uno gane las elecciones en el momento actual, en el que están bastante desprestigiados, como parte del desprestigio general de la política que es la consecuencia de vivir bajo la Constitución de Pinochet durante todos estos años.

-¿Qué lo movió a usted a pasar de la academia a la arena política, con una candidatura, buscando votos?

Creo que la política a la que estamos acostumbrados es alérgica a las ideas, que hace cualquier cosa, utiliza cualquier criterio, con tal de ahorrarse el trabajo de tener que discutir ideas. Entonces si las ideas pueden ser reemplazadas con los números de las encuestas, entonces serán las encuestas las que se ocupen de los resultados. Da lo mismo, no importa. Lo que nosotros ofrecemos es una interpretación de una situación política en términos de ideas. Qué y cómo corresponde hoy día hacer a un partido que se llama Socialista, que tiene la responsabilidad de ser fiel a una historia de construcción del Socialismo; que ha tenido momentos heroicos y momentos oscuros, pero que tiene que mantener una continuidad.
La campaña la hemos planteado no como una especie de campaña para concejal glorificado, sino que para tener una posición respecto de las cuestiones nacionales. Un diputado no tiene la función de solucionar los problemas de los habitantes del distrito por el cual fue elegido, tiene que llevar al Congreso una determinada visión e interpretación de la situación política del país y de lo que el país necesita para el futuro. Y eso es lo que vamos a tratar de exponer de la manera más clara posible.

-¿Cuando dice nosotros, se refiere a la corriente Izquierda Socialista?

En algún sentido es gente de esta tendencia. Pero en la precampaña presidencial, con vistas a esas primarias que no fueron, tuve que recorrer Chile entero hablando con núcleos regionales, con comunales del PS, y pude advertir que esta visión del partido, de la NM y del país, va mucho más allá de una corriente de opinión. Por lo tanto, se trata de dar articulación política a algo que muchos socialistas creemos que es necesario.
Es necesario un PS que se reconecte con su tradición de izquierda. Es necesario un contenido programático más transformador del que yo veo que asume la candidatura de Guillier. Todas esas cosas son necesarias desde el punto de vista, no de Izquierda Socialista, sino de muchos, muchos socialistas. Incluso, para muchos de los cuales se han salido partido, por lo que ha pasado en los últimos 25 años. Entonces, por así decirlo, hay un gran pueblo socialista a los que pretendemos llegar. Incluso, hay muchos chilenos que ven necesario que haya una transformación y a ellos queremos tratar de articular políticamente.

- ¿Cuánto les cree a las encuestas que, por ejemplo, dan como seguro ganador a Sebastián Piñera en las presidenciables?

Creo que hoy día las encuestas se usan como sucedáneo para ideas y posicionamiento político. La mejor demostración es la elección de los candidatos presidenciales que se eligen de acuerdo a como les va en encuestas. No veo que quienes hacen las encuestas van a ser distintos a todos los seres humanos, y si tienen la posibilidad de avanzar en sus agendas políticas, no veo por qué no lo van a hacer.
Entonces, usar las encuestas como si fueran el termómetro adecuado de lo que opina el pueblo de Chile, lo encuentro completamente absurdo. Por ejemplo, hay gente que dice que a las propuestas del gobierno -que dicho sea de paso ganaron las elecciones- no les va bien en las encuestas, entonces debiera ser abandonadas para escuchar a la gente. Lo encuentro absurdo, para eso tenemos formas institucionales. Darles ese poder a las encuestas es absurdo, sobre todo en un contexto donde todas las encuestas son de derecha.

-A su juicio, ¿qué le falta a la candidatura de Alejandro Guillier para ganar adherentes?

Yo creo que hoy día lo que hay es una sensación ciudadana de que la política es completamente indiferente a lo que los ciudadanos desean, quieren o necesitan. Y ese es el problema al que una candidatura como la de Guillier debiera apuntar, que es necesaria una transformación, porque es necesaria una política que se conecte. Pero no en el sentido de que los políticos vayan a los programas de televisión a bailar, o a contar que ello también son seres humanos, que quieren a sus hijos, etc., sino conectarse en el sentido de ser capaces de ofrecer articulaciones y contenidos programáticos, que se vinculen a las necesidades que surgen desde la ciudadanía. Y eso veo que hoy no se da.

-Y respecto de Carolina Goic, ¿qué cree que le falta a su candidatura para generar mayor adhesión?

Creo que también el déficit es programático. Y el problema ahí es que ellos quieren decir que están con las transformaciones, porque son parte de este gobierno, pero no están con las transformaciones. Y para explicar esto tienen que recurrir a otra forma de evitar las ideas, o sea, un sucedáneo. Una son las encuestas, otra son las caricaturas. Entonces empiezan a decir que no se trata de refundar, pero tampoco de echar por la borda todo lo que se ha avanzado. Luego se recurre a la imagen de la retroexcavadora y cada una de esas palabras cumple la función precisa de evitar un argumento.

-¿Usted cree en la tesis de que a Guillier se le ha tendido un cerco comunicacional?

No somos ingenuos respecto de los medios. Entiendo que en Chile no hay prensa escrita de izquierda y que es totalmente unilateral. Habría que ser bien ingenuo para pensar que eso no tiene efectos en la manera en que los medios presentan la realidad. Creo que parte importante de este clima de supuesto debacle nacional, es totalmente inventado.
A pesar de que se anuncia, se anuncia y se anuncia, no se ha disparado el desempleo, no hay un problema grave de desempleo. Los indicadores económicos y los ranking, que les encanta a Economía y Negocios, son ranking en que Chile está bien o normal. Entonces, creo que se ha construido una idea de que Chile está en crisis, lo que es algo totalmente inventado y en buena parte por la prensa. Creo que algo de eso, por supuesto, le cae a la candidatura de Guillier.
Pero creo que el problema de la candidatura de Guillier, más que un cerco mediático, que algo de eso debe haber, está en el hecho de que él no ha asumido; o que en términos programáticos le falta comprometerse con una determinada manera de entender su continuidad y discontinuidad con el gobierno de la Nueva Mayoría.

-¿Cómo se proyecta, cree usted, la correlación de fuerzas políticas de izquierda, frente a una eventual segunda vuelta presidencial?

No sé. Creo que esa pregunta no tiene mucho sentido responderla hoy y habrá que esperar hasta diciembre. Lo que sí, veo difícil la posibilidad de convergencia para una segunda vuelta entre las dos izquierdas, el Frente Amplio y Nueva Mayoría. Lo veo difícil por mil razones y lo encuentro lamentable, ojalá que eso no pase y que llegado el momento ambos movimientos tengan la sabiduría para evitar que la división le facilite el camino a la derecha. Pero lo veo difícil.

-¿Por qué no se avanzó en la reforma constitucional como era esperable en este gobierno?

Porque el gobierno de la Nueva Mayoría estaba dividido, tenía a la derecha adentro. Es evidente. El principal opositor al proceso constituyente era el ex ministro del Interior. Ellos son de derecha, no en el sentido de que sean pinochetistas, sino que derecha al interior de la Nueva Mayoría. La que estaba en el Ministerio del Interior en esa época es una derecha democrática, que votó por el No y no apoyó a Pinochet; que no negó que hubiesen habido detenidos-desaparecidos. En ese sentido, tienen su hoja de vida, por así decirlo, limpia. Y está bien. Pero es una derecha que cree en la humanización del modelo neoliberal; que en un sistema previsional todo el pilar contributivo de la seguridad social es de ahorro individual; que promueve un sistema de salud para ricos y otro para pobres; que defienda la idea de que en el sistema de educación el 70% debe ser educación particular. Esta gente cree que todo eso es adecuado para Chile y por eso no creo que sea un abuso decir que eso es una postura de derecha.
Entonces, esa derecha democrática estima que esta Constitución tiene que mantenerse, pero con algunas reformas. Dentro del gobierno había quienes estaban por una reforma de la Constitución y quienes creían que no era necesaria una nueva Constitución. Así, el proceso constituyente terminó siendo un fracaso. En el mejor de los casos, una negociación en que cada uno obtuvo algo.

-¿Sigue vigente la alternativa del proceso constituyente entonces?

El proceso constituyente es la parte que ganaron quienes queremos una nueva Constitución. En cambio, los que no querían nueva Constitución se quedan conformes con un proyecto de reforma que se vería en el Congreso. Lo va a recibir (Andrés) Zaldívar con su gorro de chef. Y por esa vía no va a pasar nada interesante. Lo que va a haber es una reforma constitucional parecida a la de 2005. Se van a poner de acuerdo, van a cambiar algunas cosas no muy significativas. Van a salir de la cocina, van a levantar las manos y van a decir ahora sí que sí, tenemos nueva Constitución. Pero esta vez no nos vamos a dar cuenta en dos o tres años, sino en dos o tres días, o en horas. Y se va a producir más deslegitimación del sistema político, hasta que haya una nueva Constitución.

-¿La alternativa de una Asamblea Constituyente está cerrada?

Digamos que es una alternativa para la cual la situación de Venezuela no ayuda mucho. Así que creo que es importante desvincular la Asamblea Constituyente que Chile necesita, de algo como lo que está pasando en Venezuela. La Asamblea Constituyente es un órgano colectivo elegido con el único encargo de darnos una nueva Constitución. No he conversado con nadie que esté pensando en una asamblea constituyente que pueda andar removiendo fiscales o iniciando juicios históricos.
La solución que yo defendí durante este gobierno y, de hecho, colaboré en la presentación de un proyecto de ley que hizo un grupo de diputados y senadores por la Asamblea Constituyente, es una carta que devuelva el poder de decidir esto al pueblo, que pueda haber un plebiscito constitucional en que se pueda preguntar al pueblo si es necesario o no una nueva Constitución, a través de una asamblea constituyente. Eso produciría una intensificación de la discusión constitucional y permitiría algo que fuera distinto a todas las reformas constitucionales que se han hecho desde 1989.

-¿Cuál es el cambio que –a su juicio- se requiere hoy de parte de quienes están en política?

Es que no creo que el problema sea de los políticos, sino de la forma política. La Constitución de 1980 fue diseñada con la finalidad explícita y declarada de neutralizar la política, de hacer que la política no pudiera trasformar. Se creó un sistema institucional que hacía que la política no pudiera transformar. Entonces, 25 años después, de vida bajo esa forma institucional que pretendía neutralizar la política, lo que tenemos ya no es un conjunto de instituciones neutralizadoras, que es lo que había al principio, sino una cultura que ha crecido bajo esas instituciones y que entiende que la neutralización no es neutralización, sino que es virtud.

-¿Usted cree que se engañan a sí mismos?

Exactamente. Por ejemplo, el hecho de que para poder hacer una reforma al sistema previsional es necesario que estén todos de acuerdo. Claro, si es necesario, no va a haber ninguna transformación del sistema de pensiones. Podrá haber una corrección por aquí, por allá, pero transformación, la posibilidad real de tener un sistema distinto, está fuera de la discusión porque eso no va a concitar el acuerdo de todos.
Entonces, lo que había al origen era una política neutralizada por instituciones neutralizadoras, por las trampas constitucionales. Pero esas trampas lo que crearon fue una cultura política neutralizada y ese es nuestro problema hoy día. Por eso la pregunta es cómo cambiamos la cultura política. Y la respuesta es: no podemos porque la cultura binominal no puede transformar. Y lo único que está a la altura del problema como solución es una nueva Constitución, a través de una Asamblea Constituyente. Entonces claro, los políticos hoy día tratan de buscar, a manotazos, formas de conectar. Y les sale mal, no les resulta.

- ¿Cuáles debieran ser las prioridades políticas y sociales del próximo gobierno?

Lo hemos dicho bien claramente, desde el momento de la época de la pre candidatura presidencial. Creo que lo que Chile necesita va en tres ejes de transformación. Uno, que Chile necesita una nueva política y eso es una nueva Constitución. Segundo, derechos sociales, gratuidad de la educación, un sistema solidario de pensiones, moverse hacia un sistema universal de salud, etc., esos son el tipo de discusiones que creo es fundamental.
Y tercero, es bastante claro que el modelo de desarrollo que ha seguido Chile en los últimos 27 años, por mucho que haya rendido frutos en el pasado, y no voy a negarlo, yo creo que tocó techo. Es decir, no hay mucho más que avanzar con este modelo de desarrollo y hay que pensar en uno nuevo, uno que le dé al Estado un rol más activo, de producir, de fomentar o de empujar. Que ocurra lo que el mercado y la iniciativa privada por sí sola no puede hacer, que es diversificación productiva. Tenemos que pasar de una economía extractivista a una de mayor valor agregado. Todo eso no ha pasado en 30 años de economía neoliberal.

-¿Un ejemplo?

El caso más obvio es que es poco inteligente seguir exportando el litio en polvo, cuando todos saben que el litio es la riqueza del futuro, que las baterías, que los autos eléctricos, etc. ¿Por qué Chile no puede convertirse en el punto de referencia mundial para la investigación y el desarrollo de tecnologías asociadas al litio?
Está claro que la empresa privada no lo va a hacer, después los economistas nos dirán por qué, pero está claro que no lo van a hacer. Pero, ¿por qué el Estado chileno no puede decir que esto es de una importancia estratégica para Chile y que en alianza con las universidades del Estado vamos a hacer un polo de desarrollo en relación o en función de este recurso?
Tener la flexibilidad suficiente para poder enfrentar ese tipo de cuestiones es lo que yo llamaría una nueva estrategia de desarrollo, en vez de la estrategia dogmática, que por dogma dice que el Estado no puede hacer nada y entonces todo lo tiene que hacer la empresa privada, mientras tanto esas oportunidades se pierden.

- ¿Por qué no se aplica esa lógica?

Por puro dogmatismo neoliberal.

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Editor Política & Economía