Experiencias comparadas de “justicia tributaria”

En una democracia, las desigualdades pueden ser contrarrestadas por un acuerdo de los ciudadanos representados en el Congreso. Pero puede ocurrir lo contrario, de prosperar la actual reforma tributaria en curso en Chile, puesto que la reintegración significa que el Estado devuelve ingresos tributarios a los perceptores de las utilidades distribuidas por las empresas.


 

Por Alexis Guardia Basso

El filósofo estadounidense, de inspiración liberal, John Rawls (1921-2002), plantea que la búsqueda de la justicia ánima a cada miembro de una sociedad democrática, lo cual se aleja del intento de reducir al individuo a un átomo ávido de maximizar su interés egoísta y al Estado a una máquina burocrática destinada a aumentar el bienestar global. La igualdad no puede ser absoluta pero su realización es deseable, sobre todo porque la concentración de la propiedad del capital y de la riqueza amenaza la democracia.

Actualmente, para una buena parte del individualismo liberal, éste solo es legítimo si el mismo se inscribe en una norma distributiva. Sin embargo, la evolución del capitalismo contemporáneo se da en un contexto de un crecimiento de las desigualdades y destrucción del “bien común”, volviendo así a la contradicción entre las exigencias de libertad individual y la aspiración a la igualdad.

Para el economista Friedrich von Hayek (1899-1992), padre del liberalismo conservador, el impuesto progresivo al ingreso “es arbitrario, inmoral y confiscatorio. Solo el impuesto proporcional (una tasa de impuesto igual para todos) tiene el gran mérito de proporcionar una regla que pueden aceptar aquellos que pagan más en términos absolutos y aquellos que pagarán menos en términos absolutos y que una vez aceptada no permite ninguna forma de tratamiento discriminatorio de una minoría” (1).

Olvidó el economista austríaco acotar que los impuestos en una democracia son fijados por una mayoría en el Congreso. El segundo argumento de Hayek es que el impuesto progresivo castiga la creación de ahorro. Después de Keynes y hoy para toda la economía post keynesiana, son los gastos de inversión los que determinan en una economía el nivel de ahorro, por la vía de cambiar el nivel del ingreso nacional.

No es extraño que Rawls, nacido y educado en los Estados Unidos, haya llevado su reflexión por los caminos indicados, pues su país aplicó el impuesto progresivo a los ingresos en 1913 y mantuvo desde la segunda guerra mundial   hasta el año 1963 una tasa marginal de 91% de impuestos sobre los más elevados ingresos, los que fueron reducidos posteriormente por los presidentes Reagan y Bush y hace poco por el Presidente Trump.

Proteger la democracia

Cabe recordar que los impuestos más elevados a los ingresos más altos en este país no fueron en su origen acordado esencialmente para el financiamiento del déficit púbico. Su objetivo esencial fue regular las desigualdades y la economía de mercado, así como el poder económico y político de los más acomodados; o dicho recientemente por un economista en The New York Times, para “proteger la democracia contra la oligarquía.”

En los países desarrollados y particularmente en los europeos, la distribución del ingreso se analiza en general después de los impuestos directos y habida consideración de las cotizaciones y transferencias, pues una parte de estas van dirigidas a corregir parcialmente la desigualdad de ingresos. A título de ejemplo, en los Estados Unidos la parte del ingreso nacional capturada por el 50% de los ingresos de los ciudadanos más modestos, después de las reducciones aplicadas por Reagan y Bush, salta del 12% al 18% el año 2014. No obstante que este grupo de contribuyentes en 1980 después de impuesto capturaba solo el 26% de la torta de ingresos (2).

Últimamente, la representante demócrata Alexandria Ocasio-Cortez (la misma que el Presidente Trump en un discurso reciente dijo que si no le gustaba EE.UU. “podía irse”), propuso que la tasa máxima de impuestos sobre los ingresos sea llevado a 70% (contra 37% actualmente). Esta tasa fue propuesta para los que tienen niveles de ingresos mayores de 10 millones de dólares anuales. Es decir, aquellos que tienen un nivel de ingresos extremadamente elevados y pertenecen a una minoría de “ultra ricos”.

Podríamos preguntarnos cuál es la utilidad de un impuesto que afecta a pocos y rinde una modesta suma de ingresos tributarios. La respuesta es que este tipo de impuesto marginal muy elevado tiene el mérito de tener un efecto disuasivo sobre los ingresos muy altos, limitando la acumulación sin límites de la riqueza.

No es extraño que en los Estados Unidos se vuelva a discutir sobre subir los impuestos directos a los ingresos más elevados, cuando se sabe además que los máximos directivos de las grandes empresas ganan en promedio 347 veces más que el salario medio de las empresas, lo cual significaría a un asalariado trabajar 199 años para tener una semana del salario de los altos directivos de las grandes empresas.

Estructura fiscal

Contrariamente a lo que dice la teoría convencional, la estructura impositiva afecta a los ingresos de mercado. Es decir, lo que se gana finalmente por la participación en una economía de mercado. No existen primero los ingresos de mercado y enseguida los impuestos o subsidios que generarían los ingresos secundarios y finales de un individuo. Por el contrario, una estructura fiscal dada afecta la formación de los ingresos de mercado y por tanto produce una sociedad menos o más desigual y cuando se corrige esta última se habla de “justicia tributaria”.

Contrariamente a lo que dice la teoría convencional, la estructura impositiva afecta a los ingresos de mercado. Es decir, lo que se gana finalmente por la participación en una economía de mercado.

En este sentido, en una democracia, las desigualdades pueden ser limitadas por un acuerdo de los ciudadanos representados en el Congreso. Por cierto, puede ocurrir lo contrario, como en el caso del proyecto de reforma tributaria en curso en Chile, puesto que la reintegración significa que el Estado devuelve ingresos tributarios a los perceptores de utilidades distribuidas por las empresas. En una economía con una reconocida elevada desigualdad no se ve dónde está el incentivo a la inversión y donde está la justicia tributaria, en el sentido liberal del término.

La crítica del mundo empresarial a una elevada tasa marginal de impuestos directos a los ingresos es muy conocida. La principal es el daño que esta produciría sobre al crecimiento. En el caso de Estados Unidos, su economía tuvo un fuerte crecimiento entre 1946 y 1980, con elevadas tasas de impuestos sobre los ingresos y un mejoramiento en la distribución de ingresos. Sin embargo, históricamente, en el caso de los Estados Unidos y en el resto de los países desarrollados, esto no siempre ha sido así, puesto que en el curso de los últimos decenios las desigualdades han aumentado, en particular en los países anglosajones, después de haber tenido una tendencia a declinar en el medio siglo anterior.

Thomas Piketty y Emmanuel Saez (2003) han demostrado que la parte del ingreso nacional captado por los más ricos en Estados Unidos habían seguido una evolución en forma de U, a lo largo del siglo XX, con las desigualdades disminuyendo hasta los años ‘60, antes de iniciar su subida en los decenios siguientes.

Los otros países desarrollados han conocido una tendencia parecida a la de EE.UU., aunque de manera menos marcada. El último trabajo respecto a la distribución de ingresos de los EE.UU. de Piketty, Saez, Zucman (2019) -que captura el 100% del ingreso nacional, según la información de cuentas nacionales de ese país-, concluye que la parte del ingreso nacional del 50% de las más modestas remuneraciones pasaron del 20% al 12% (antes de impuestos) entre 1980 y 2014. Por otra parte, el ingreso medio (antes de impuesto) del 1% mejor remunerado, su parte en el ingreso nacional pasó de 12% al 20% para el periodo indicado.

Según Piketty, “el monto global de los ingresos de transferencias ha aumentado en Estados Unidos, pero estas se focalizan principalmente en los jubilados y las clase medias, es decir, aquellos que ganan un ingreso comprendido entre la mediana y el resto”. Esto hace dudar a Piketty sobre la eficacia del actual sistema redistributivo estadounidense.

Es cierto que no es fácil medir la eficiencia de los sistemas redistributivos vía impuestos y transferencias. Sin embargo, siempre están abiertos los mecanismos no impositivos que permitan aumentar el poder de negociación de los asalariados, las políticas de escolarización y financiamiento de la educación, así como facilitar el acceso al mercado de capitales a la mediana y pequeña empresa; o el aumento del salario mínimo dentro de rangos que no creen desempleo, como también la vigilancia sobre los mercados monopólicos u oligopólico que obviamente también inciden en la distribución del ingreso.

 

Citas:
(1) F. von Hayek, “La Constitución de la libertad”.
(2) Véase “Comment les inegalites de revenus ont évolué depuis un siècle aux Etats Unis”, de T. Piketty, E.Saez y G. Zucman. 2016.
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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.