Estados Unidos acelera el atrincheramiento de Maduro

Con la incautación de los flujos de la compañía venezolana Citgo en territorio estadounidense comenzó la fase más severa de las sanciones económicas de Estados Unidos hacia el gobierno de Nicolás Maduro. Lejos de la guerra ideológica que en otro tiempo motivó el bloqueo de Cuba, esta medida revela que el mayor interés de Estados Unidos en Venezuela es o era el petróleo. Citgo es la mayor compañía de Venezuela en el extranjero y también la principal fuente de ingresos para la anémica economía del país de Bolívar.


Por Niccolo Moro

Una semana después de que el presidente de la Asamblea Nacional (de mayoría opositora) Juan Guaidó, se autoproclamó “presidente encargado” de Venezuela, Estados Unidos anunció la retención y desvío de los flujos que genera en territorio estadounidense la compañía Citgo, la mayor filial de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa). El anunció lo hizo el 28 de enero pasado el secretario del Tesoro Steven Mnuchin, en una rueda de prensa ofrecida en la Casa Blanca. Explicó que esta medida “ayudará a evitar futuros desvíos de activos de Venezuela por Maduro y mantener esos activos para el pueblo venezolano”.

Mnuchin dijo que el camino para suspender estas sanciones a Pdvsa “es a través de la rápida transferencia del control al presidente interino (Guaidó), o un gobierno posterior, elegido democráticamente”.

A su vez, el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, John Bolton, precisó que las sanciones afectan a US$ 7.000 millones en activos de Pdvsa y adelantó que las medidas provocarán US$ 11.000 millones en pérdidas para la petrolera, en el lapso de un año. Esto implica un corte grave de los flujos financieros a Venezuela, cuya economía depende hoy en alrededor del 70% de las ventas de petróleo crudo y derivados. Con ello se profundiza la crisis de abastecimiento de alimentos, medicinas, insumos y otros bienes básicos.

A modo de resarcimiento, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, dijo que las sanciones “no van dirigidas contra el pueblo inocente de Venezuela” y que el gobierno de Donald Trump “no prohibirá la asistencia humanitaria, incluido el envío de medicinas y aparatos médicos”.

Basada en Houston, Citgo es una compañía ampliamente conocida en Estados Unidos. Cuenta con tres refinerías de petróleo y una red de 6.000 estaciones de combustible en las principales ciudades y autopistas de ese país. Además de gasolina y diesel, comercializa lubricantes y petroquímicos y ha ganado prestigio como patrocinador de grandes eventos deportivos, principalmente de béisbol y carreras de autos.

Con el control de Citgo, Estados Unidos pretende ahogar financieramente al gobierno de Nicolás Maduro, pese a que la economía venezolana ya se encuentra en el suelo.

Con el control de Citgo Estados Unidos pretende ahogar financieramente al gobierno de Nicolás Maduro, pese a que la economía venezolana ya se encuentra en el suelo y sus habitantes padecen una hiper inflación nunca vista en la historia contemporánea. Sin embargo, en su afán por aferrarse al poder, surge la sospecha de que esta arremetida de Estados Unidos terminará atrincherando aún más a Maduro.

A las puertas del modelo cubano

Tomando como ejemplo lo ocurrido con Cuba, en los años 60 del siglo pasado y considerando que el principal aliado de Maduro es precisamente el régimen castrista que sobrevive en isla caribeña, es probable que la respuesta de Maduro sea el tránsito hacia un régimen autoritario, de facto.
Aunque ambos casos no son directamente comparables, porque cuando partió el bloqueo estadounidense a Cuba, a comienzo de la década de 1960, la isla tenía (y tiene) menos importancia económica que Venezuela. Pero al igual que en Cuba, el régimen instaurado por el extinto Hugo Chávez ha fundado su poder en el control simultáneo de todas las instituciones del Estado: el Ejecutivo, el legislativo (Asamblea Constituyente), el judicial y el militar. Además, tal como en Cuba, las fuerzas armadas controlan las principales empresas, la economía estatizada y la distribución.

El factor principal que en los años ’60 empujó a Estados Unidos para tratar de derribar el régimen de Fidel Castro (sin éxito) fue la lucha ideológica contra el comunismo. Ahora, sin guerra fría de por medio, lo que motiva a la potencia norteamericana a tratar de derribar a Maduro tiene una explicación más económica que ideológica, similar a las razones que ha tenido Estados Unidos para intervenir en Medio Oriente (Irak, Libia, Siria): el petróleo. Por eso, hasta el 28 de enero pasado, Estados Unidos seguía tolerando a Citgo, en su territorio. Además, ésta seguía recibiendo el crudo producido en Venezuela, bajo el régimen político que repudia.

De haber prevalecido el deber ético de defender la democracia, los derechos humanos, la libertad de expresión y las instituciones, la medida de incautar los flujos de ingresos de Citgo la habría adoptado Estados Unidos hace tiempo, cuando -por ejemplo- Nicolás Maduro sustituyó a la Asamblea Nacional por la Asamblea Constituyente (2017), para tener un legislativo a su entera disposición. O incluso un año antes, cuando el chavismo reemplazó a la mayoría de los integrantes de la Suprema Corte de Justicia por otros magistrados que juegan a su favor.

Por lo tanto, pese al repudio internacional que se ha ganado Maduro por llevar a su país a la quiebra, el último y más firme argumento que le queda para tratar de validarse en medio de esta crisis es la amenaza de intervención directa de Estados Unidos. Esta tabla de salvación puede significar un reforzamiento político para Maduro, tanto al interior de las fuerzas armadas, cuyos altos mandos son de su confianza, como en las organizaciones civiles, aglutinadas por el madurismo, bajo el pretexto de garantizar a éstas ciertos beneficios del Estado y la distribución de alimentos. A nivel externo y aparte de Cuba, los principales aliados de Maduro siguen siendo Rusia y China, pese a que estos países ya comienzan a mostrarse incómodos, porque Venezuela no les ha respondido con los compromisos financieros adquiridos.

Desde 2006, Rusia le ha prestado a Venezuela unos US$ 17.000 millones; y en la última década China le ha facilitado US$ 62.000 millones, de los cuales el país caribeño adeuda un tercio. En ambos casos se trata de préstamos directos y créditos comerciales en bienes de capital y especies.

Ahora que Estados Unidos anunció el corte de los flujos de Citgo, Maduro no tiene mucho que perder si deja de enviar parte de su petróleo a las refinerías de esta filial de Pdvsa en territorio estadounidense. ¿Por qué habría de hacerlo, si Citgo ya no le entrega excedentes?

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Editor Política & Economía