Emmanuel Macron, ¿el ave Fénix del hollandismo?

Tal como lo predijeron las encuestas, Emmanuel Macron triunfó holgadamente en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, realizadas el 7 de mayo pasado. Según los cómputos del día siguiente, Macron obtuvo el 66,1% de los votos válidamente emitidos, muy por encima de su rival ultranacionalista, Marine Le Pen, que alcanzó el 33,9% de los sufragios. Si bien obtuvo poco más de 11 millones de votos (el volumen más alto en la historia del Partido Nacional, al que representa), Le Pen salió tercera, porque los votos nulos y blancos más la abstención sumaron 36,9%.


 

A continuación, Política y Economía reproduce un artículo de la periodista María D. Valderrama, publicado por el diario El Mundo, la víspera del triunfo de Emmanuel Macron, el pasado 7 de mayo.

POR MARÍA D. VALDERRAMA.- Hasta hace dos años y medio, nadie sabía quién era Emmanuel Macron. Quizás sea esta la única certeza de un personaje que apasiona y aburre a partes iguales, en una meritoria y sorprendente carrera ascendente hacia el Elíseo que, venida de la nada, ha conseguido plantarse como la más plausible.
Macron no ha cumplido los 40. Será el presidente más joven de la historia de la República y ya se reclama como heredero de los dos grandes personajes que han marcado el curso del país desde que los revolucionarios le cortaran la cabeza a Luis XVI: Napoleón y Charles De Gaulle. Dicho así puede parecer arrogante, pero Macron ha debido recurrir a esta imagen de líder carismático -o de gurú y hombre providencial, como dicen sus enemigos- para agrupar entorno a sí a los fanáticos de su movimiento ¡En Marcha! Para sus simpatizantes, el ex ministro es prácticamente una estrella de rock.
“Él nunca ha pronunciado estas palabras, pero en su discurso, convencido de que esta figura surge en tiempos complicados, él asume un rol de barquero, del hombre que ayudará a Francia a pasar de 40 años de crisis continua a una que asuma la modernidad”, analiza François-Xavier Bourmaud, autor de Macron, l’invité surprise (Macron, el invitado sorpresa).

“Manu”, el milagro

Estaba ya todo escrito el 21 de diciembre de 1977, cuando Emmanuel Macron llegó al mundo en el seno de una familia de clase media -sus padres eran médicos-, con la ardua tarea de borrar el dolor que dejó el fallecimiento del primer bebé del matrimonio, que casi acaba también con la vida de la madre. “Manu”, como le llaman los suyos, fue un milagro. En un libro personal recientemente publicado, su propio padre reconoce que, a pesar de ser agnósticos, le llamaron Emmanuel, en hebreo “Dios con nosotros”. Una infancia perfecta, un paso por la escuela del que aún se acuerdan sus profesores… en definitiva, una vida en busca de la perfección.
El único traspié vino a ser un romance con una profesora 24 años mayor que él que se convertiría en su esposa 15 años después. Así, lo que comenzó siendo un dolor de cabeza para sus padres, que debieron soportar rumores y comentarios en la burguesa ciudad de Amiens, ha terminado siendo uno de los emblemas de la fuerza de carácter de Macron. Si nada le impidió rendirse en el intento de alcanzar el verdadero amor -marido y tres hijos de por medio-, nada ni nadie le impediría llegar a la presidencia.
Desde que en abril de 2016, siendo ministro de Economía del Gobierno de Hollande, presentara su movimiento político “ni de izquierdas ni de derechas”, Macron ha conseguido mostrarse como un soplo de aire nuevo. Tiene gracia viniendo de un personaje que ha seguido todas las escuelas por las que Francia obliga a pasar a sus élites. Desde Amiens, su brillante expediente le valió la entrada en el Lycée Henri IV de París, el mejor del país, mayoritariamente frecuentado por los niños bien de los distritos ricos de la capital.
Fracasó en dos ocasiones en sus intentos de acceder a la École Normale Supérieure, así que se centró en los estudios de Filosofía en la Universidad de Paris-Nanterre antes de diplomarse en el Instituto de Estudios Políticos de París y entrar en ENA, la Escuela Nacional de Administración, por donde pasaron Jacques Chirac, François Hollande, Valéry Giscard d’Estaing, Ségolène Royal, Michel Rocard, Alain Juppé, y un largo etcétera.
Los “enarcas”, como los llaman con cierto desprecio Jean-Marie Le Pen y los suyos, tienen un futuro asegurado en la administración, aunque con cada vez mayor frecuencia se pasan al sector privado. Fue el caso de Macron, que fichó por Rothschild tras trabajar un par de años como inspector de finanzas e incluso participar en la “Comisión Attali”, que asesoraba a Sarkozy como presidente en su intento de relanzar la Economía. Son estos quizás los primeros signos de ese eje transversal que ¡En Marcha! (por sus siglas EM, como su líder) reivindica porque, si bien es cierto que Macron no milita en el Partido Socialista, se adhirió temporalmente en 2006, durante el liderazgo de Royal, aprovechando una oferta especial que no llegó a renovar.

Su paso por el sector privado

En un país en el que la mayoría de líderes políticos trabaja en ello desde hace 30 años (Fillon o Mélenchon, son algunos ejemplos), a Macron le gusta reivindicar su paso por lo privado como un gesto de apertura a otros mundos. Su trabajo en Rothschild, al que entró 10 días antes de la caída de Lehman Brothers, consistía puramente en especular. “Eres una especie de prostituta: tu trabajo es seducir”, dijo en una entrevista al ‘The Wall Street Journal’. Seduciendo, consiguió uno de los acuerdos más sonados en 2011, al comprar por US$ 11,8 billones (US$ 1.118 millones) la rama de alimentación infantil de Pfizer para Nestlé, lo que le hizo ganar 2,8 millones de euros.
Lo dejó por la política. Hollande lo contrató como consejero económico, responsable de gestionar las conversaciones internacionales en los peores momentos de crisis de la Eurozona. Pero para Macron, las reformas de Hollande no eran suficientes. Dejó el puesto frustrado, dispuesto a crear su propia start-up y ser profesor en la London School of Economics. En esos momentos, el quinquenato del socialista vivía uno de sus momentos más duros: sus ministros de Economía y Educación, Arnaud Montebourg y Benoît Hamon, se revoltaban contra el inicio de las políticas de austeridad. Valls les invitó a irse, el partido comenzaba a dividirse más que nunca, y Hollande llamó a su delfín para ofrecerle la cartera Economía. Tenía 36 años.
Su medida estrella, la llamada ley Macron, que promulgaba una liberalización de ciertos sectores, permitía la apertura de tiendas los domingos y abría el comercio de líneas de autobuses de largo recorrido -en Francia, estas distancias solo se cubren con trenes-, levantó ampollas y después de 200 horas de debate parlamentario, Valls decidió hacerlo pasar a golpe de decretazo. Sus más cercanos dicen que fue ahí cuando Macron, decepcionado por la falta de diálogo, comenzó a pensar en crear su propio movimiento, que llegó finalmente en 2016, acaba de celebrar su primer año de vida.
Por aquel entonces, el entorno de Hollande ya le avisaba de la traición que se avecinaba, pero el presidente, cegado de orgullo ante la que consideraba su mayor obra, no quiso verlo. Hasta el pasado mes de agosto, siguió siendo ministro.
Cuando anunció su candidatura a la Presidencia, nadie veía cómo podría ganar. Ahora, con el apoyo del ‘hollandismo’ (Valls, uno de sus peores enemigos en el Gobierno, incluido), del centro y de parte de la derecha moderada, ocupará el Elíseo.

En lo social, el programa de Macron es socialista, pero en lo económico es liberal empedernido.

Su programa social es socialista, pero en lo económico es un liberal empedernido, algo menos que Fillon pero mucho más de lo que Hollande se haya atrevido a hacer estos últimos cinco años, con los izquierdistas de su partido continuamente en rebelión. Le reprochan su falta de claridad y sus múltiples contradicciones.
A Macron se le puede escuchar pidiendo un aumento de los impuestos sobre el diésel después de decir que tampoco hay que tomarla con el gasoil. Un día dice que las 35 horas no bastan y después promete no tocarlas. De ahí que haya dejado la presentación de su programa para el mes y medio anterior a la elección y que sus mítines tan solo sea una sucesión de gritos místicos y promesas del paraíso. “Estilo Steve Jobs”, señala Bourmaud.

(El Mundo, 7 de mayo de 2017).

Principales propuestas del programa

La creación de un derecho universal al subsidio del paro, su fuerte defensa de la Unión Europea, la reducción del número de funcionarios estatales, la baja del impuesto de las empresas y la creación del sistema de “vivienda” joven son algunas de las propuestas que contempla el programa de gobierno de ahora Presidente electo Emmanuel Macron.
Desempleo
Una de las medidas estrella del programa de Macron es el derecho universal al subsidio de desempleo; es decir, tendrían derecho a esta prestación no sólo los asalariados; también los empresarios, agricultores y autónomos. La medida va acompañada de un fuerte control: aquellos que estén en paro tendrán la obligación de hacer, de inmediato, cursos de formación y deberán “aceptar las ofertas de trabajo correspondientes”.
Por otro lado, Macron, propone a reducir el tamaño de la administración pública. Quiere suprimir hasta 120.000 puestos de funcionarios.

Educación

Macron quiere dar más importancia a la educación primaria, donde pretende limitar a 12 alumnos las clases de los 6 a los 8 años. Propone dar más autonomía a los centros educativos y cambiar la concepción del Bac (el equivalente a la Selectividad) para que los alumnos sólo se examinen de cuatro materias. También quiere prohibir el uso de teléfonos móviles en primaria y secundaria y que el 50% de los productos de los comedores escolares -y en los restaurantes de empresa- sean ecológicos para 2022.
Además, el candidato ‘centrista’ propone crear un ‘Pase cultural’ para que los jóvenes puedan gastarse hasta 500 euros en cultura. También se compromete a construir más vivienda joven.

Inmigrantes

El líder de En Marcha! quiere reducir el tiempo en que se tarda en examinar una solicitud de asilo a ocho semanas, reforzar la policía en la frontera (con hasta 5.000 guardias fronterizos que pertenezcan a un cuerpo europeo) y que todos los extranjeros que lleguen a Francia aprendan bien el idioma. Macron incluye la formación en laicismo como una prioridad del colegio, pero no quiere extender la prohibición de llevar el velo o hiyab en las universidades. Propone, además, crear una federación nacional del Islam de Francia y formar a los imanes en Francia.

Defensa del europeísmo
Macron defiende el acuerdo comercial CETA entre Canadá y la UE. Sus medidas para Europa consisten, primero, en la creación de un presupuesto específico para la zona euro, para acometer inversiones pero también para prestar asistencia financiera al país miembro que lo necesite; segundo, la creación de un ministerio de la Zona Euro, y tercero, reforzar el programa Erasmus.

Terrorismo

Respecto al terrorismo, sus propuestas no son muy novedosas, salvo una medida para forzar a los gigantes de internet a colaborar en la lucha contra el terrorismo (gracias al acceso a las comunicaciones cifradas de terroristas en servicios de mensajería). Macron, sin embargo, no ha concretado cómo obligará a Google o Apple a aplicar esta medida ni cómo las sancionará si se niegan a colaborar.

Menos impuestos a las empresas

Macron propone bajar el impuesto de empresas del 33% al 25%; medida muy similar a la promesa de Valls como primer ministro del ejecutivo de Hollande, que ha empezado a hacerse efectiva ahora.
Por otro lado, quiere promover un “nuevo modelo de crecimiento” -que se concreta en 50.000 millones de euros a lo largo de cinco años- pero parece que la inversión estará muy centrada en sectores públicos y Macron no detalla cómo se va a potenciar la competitividad, en declive, de Francia; ni su tejido industrial, ni su innovación.

Agricultura

El Presidente Macron se propone ayudar a los agricultores, uno de los sectores con más fuerza en el país, pero también más abandonado por los políticos. Para ello promete un plan de inversión de 5.000 millones de euros, en 5 años.

Probidad parlamentaria

Macron ofreció en su campaña prohibir a los diputados contratar a miembros de su familia como asistentes parlamentarios y poner fin a la acumulación de mandatos y a las jubilaciones especiales de los diputados.

Voto electrónico

Hacia 2022 el nuevo Presidente francés quiere generalizar el voto electrónico, antigua propuesta ya defendida por Nicolas Sarkozy cuando era ministro de Interior en 2003. La práctica del voto electrónico ha sido criticada porque se presenta como una medida para hacer más transparente la democracia, pero a menudo comporta inconvenientes no sólo en el plano económico por su elevado costo sino porque en numerosas ocasiones tiene fallos, es más opaca que la votación en papel, y no garantiza una participación mayor de la ciudadanía.

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Editor Política & Economía