El sesgo financiero de una eventual reducción de impuestos

El segundo gobierno de Sebastián Piñera se ha propuesto abordar simultáneamente disminuir el déficit fiscal (o reducir la deuda pública respecto al PIB actualmente en torno del 24%), bajar los impuestos a las empresas y hacer crecer la economía y el empleo. Aún cuando no se conocen los proyectos específicos de cómo se abordaran estos objetivos, como por ejemplo la reforma tributaria, parece del todo razonable que con los antecedentes exhibidos en el programa de gobierno que propuso al país el candidato de derecha, es posible analizar la coherencia de dichos objetivos.


 

Por Alexis Guardia Basso

La propuesta tributaria del gobierno del Presidente Sebastián Piñera es reducir los impuestos a las utilidades de las grandes empresas a partir de 2019, del 27% actual al 25%, alineándose con la tasa promedio de la OCDE.

La reforma tributaria aprobada el 2014 implicó un cambio importante en las modalidades tributarias de las empresas aplicadas en las tres décadas precedentes. En efecto, se pasó de un sistema integrado a otro semi integrado y se agregó el de renta atribuida para las pequeñas empresas. En el sistema integrado los impuestos pagados por las empresas se consideraba un crédito tributario para el pago del impuesto personal de los dividendos que los accionistas o dueños de las empresas pagaban. Así, las personas tributaban solo una vez que retiraban las utilidades.
Esta modalidad tributaria tenía por objetivo evitar la doble tributación de las renta del capital, por tanto los ingresos que ya habían pagado a nivel de la empresa no pagaran de nuevo al nivel de las personas, es decir accionistas. Con la reforma de 2014 se estableció que el crédito tributario a utilizar por los accionistas para pagar sus impuestos fuera solo de 65% y no de 100% aduciendo que la reforma se proponía aumentar la recaudación de los impuestos al equivalente al 3% del PIB, para financiar la reforma educacional y otros proyectos sociales, en consideración a que las grandes empresas son también importantes usuarios de las inversiones públicas en infraestructura (puertos, caminos etc).

Baja de impuestos

A mayo 2018 no sabíamos si la reforma tributaria del actual gobierno iba a plantear una vuelta a un sistema tributario integrado, con un crédito tributario de 100%. Si tal cosa ocurriera la tasa de impuesto efectiva de las grandes empresas no disminuiría del 27% actual al 25% sino al 21%, y se estima que por este concepto los ingresos fiscales anuales se reducirían entre US$ 1.500 y US$ 2.000 millones. (Claudio Agostini, Universidad Adolfo Ibáñez). Habrá que esperar hasta septiembre próximo para saber el detalle de esta propuesta, según lo anunció el ministro de Hacienda Felipe Larraín, cuando supuestaente se anuncie el proyecto de reforma tributaria.

La reducción de impuestos a las grandes empresas siempre se ha hecho pensando en que ello estimularía el ahorro y la inversión y, por tanto, el crecimiento. Es una manera simple y dogmática de ver las decisiones de inversión en el mundo de hoy, pues ello no da cuenta de la influencia que puede tener la evolución del entorno político y económico sobre la aversión al riesgo en los mercados de activos, como tampoco de la influencia y peso del sector financiero en la economía, las que pueden ser decisivas. A título de ejemplo, la reciente reforma tributaria del Presidente Trump en Estados Unidos, que algunos la consideran como una sobredosis financiera, no ha provocado un boom de la inversión con una economía que ya se encuentra en el pleno empleo dejado por el Presidente Obama.

Según el banco JP Morgan, citado por The Financial Times (abril) “lo esencial de la rebaja de impuestos es que va a permitir a las empresas estadounidenses recomprar acciones de su propia empresa (o de otras), subiendo el precio de las acciones, generando ganancias adicionales y alimentando la burbuja financiera. Una manera de devolver el dinero de los accionistas, alternativa al reparto de dividendos”.

Para 2018-2019 las multinacionales de Estados Unidos deberían aumentar la inversión y el gasto en investigación en alrededor del 11% y la remuneración de los accionistas en 22% (Goldman Sachs).

Economía chilena

En el caso de la economía de Chile, situada en lo que podríamos llamar una recuperación cíclica, creció el primer trimestre del presente año en 4,2% y la inversión lo hizo en 3,6%, dejando atrás cuatro años seguidos de contracción cíclica, debido en gran medida de las dificultades de la actividad de la minería, por reducción del precio del cobre.
¿Cómo continuar el crecimiento y sostener el aumento de la inversión si el ministro de Hacienda acaba de anunciar un período de austeridad fiscal, vía recorte del gasto de US$1.150 millones en 2018 y de US$4.600 millones para el período 2018-2021?

La austeridad fiscal por cierto es necesaria, en particular cuando el exceso de gasto compromete el equilibrio externo o la estabilidad de precios. En el caso de la Union Europea, ello sucede cuando la deuda pública se acerca al 60% del PIB, y el entorno internacional es completamente desfavorable. Pero en condiciones de mayor normalidad la sobre austeridad fiscal aleja las decisiones de inversión del sector privado, salvo para algunas actividades de exportación dinámica, pues el lento crecimiento que genera en la demanda interna exaspera la aversión al riesgo de invertir.

Entonces ¿cuál es la lógica de la austeridad fiscal propuesta por el gobierno de Piñera junto una reforma tributaria favorable para transferir recursos al sector privado para que inviertan?
La única lógica, pareciera ser la de lograr que las calificadoras de riesgo aumenten la nota de Chile, a fin de agilizar y abaratar las transacciones financieras, donde siempre hay un porcentaje de ellas que es estrictamente especulativo. Sin embargo, las cosas se han ido complicando, pues según el último Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central, el fin del dinero barato y probable aumento de las tasas de interés en las economías desarrolladas (particularmente EE.UU.) podrían elevar las tasas de interés de largo plazo en Chile.

Puesto que una parte de la deuda (emitida por el Banco Central) está en manos de inversionistas no residentes y otra en el sector financiero local, el movimiento de tasas podría inducir un retiro masivo de flujos hacia dichos instrumentos. De ser así, una eventual baja de impuestos a las empresas produciría un efecto contrario a lo declarado por el gobierno de Piñera.

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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.