El rápido y eficiente avance en energías renovables de los países nórdicos

El PIB de de los países nórdicos (Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia) ha aumentado en 45% desde 1995, mientras que las emisiones de CO2 han disminuido en 17%. Así, estos países le llevan la delantera a la Unión Europea en la transición del uso de combustibles fósiles a las fuentes renovables para producir energía. “Nosotros somos ricos porque pensamos en verde”, resume T. Gleesborg, jefe del Departamento Medioambiental de la ciudad de Copenhague.


 

Por Marie Charrel

Los países nórdicos de Europa presentan un gran desarrollo en la transición de las energías convencionales a las renovables y sustentables. En promedio, 67% de la electricidad nórdica proviene de fuentes renovables, contra 30% en el resto de la Unión Europea. Así, Islandia que estaba calefaccionada únicamente con carbón hace 50 años, es hoy la campeona mundial de la geotermia, mientras que Dinamarca, con sus 5.000 turbinas aerogeneradoras es pionera de la energía eólica off shore (en el mar). En tanto, El Noruega saca el 50% de su electricidad de centrales hidroeléctricas y Suecia ha reducido a la mitad su consumo de petróleo en menos de 40 años. Por último, Finlandia produce el 16% de su electricidad gracias a la biomasa.
En consecuencia, no es sorprendente que estos países se muestren más ambiciosos que sus vecinos para los años que vienen. Cuando la Unión Europea se propone llegar al 20% de energía proveniente de fuentes renovables, en 2020, Suecia que ya ha alcanzado el umbral del 50%, espera eliminar totalmente la energía fósil utilizada en el transporte caminero, de aquí al 2030. Noruega proyecta ser frugal en carbono en 2050, mientras que Dinamarca promete utilizar 100% de energía renovables de hoy a dicho año.
Para alcanzar estos objetivos los países nórdicos esperan combinar crecimiento fuerte y transición energética. “El uno no va sin el otro, nuestra experiencia de los últimos 20 años lo prueba”, explica O. Leskela, coordinadora del grupo de trabajo nórdico de las negociaciones climáticas. De hecho el PIB de la región en promedio ha aumentado en 45% después de 1995, mientras que las emisiones de CO2 han disminuido en 17%.”. “Nosotros somos ricos porque pensamos verde”, resume T.Gleesborg, jefe del Departamento Medioambiental de la ciudad de Copenhague.
Y con razón. Después de shock petrolero de 1973, estos países han construido toda su estrategia económica alrededor de la eficiencia energética.

Después de shock petrolero de 1973, estos países han construido toda su estrategia económica alrededor de la eficiencia energética.

Las obras de construcción e infraestructura han sido planificadas y ejecutadas en paralelo, así como el mejoramiento de los procedimientos industriales, la renovación de las viviendas, nuevas normas productivas, desarrollo de fuentes alternativas de energía, etc. “Nuestras empresas comprendieron rápidamente que incorporándose a este proceso podrían exportar su habilidad al extranjero”, señala D. Hoybraten, secretario general del consejo de ministros nórdicos.
Hoy el sector de las tecnologías medioambientales está valorizado en € 4.200 millones en las exportaciones de Suecia y € 9.600 millones en las de Dinamarca.
Consenso a la escandinava
Este éxito verde descansa en gran parte en los ingredientes del famoso modelo escandinavo: un cóctel de pragmatismo, consenso político y apoyo a la innovación, combinado a una conducción inteligente del Estado de Bienestar. A pesar de las crisis económicas de los años 1970 y la de comienzos de los años ’90 que algunos países nórdicos tuvieron que atravesar, los sucesivos gobiernos nunca han abandonado su rumbo.
El impuesto a la emisión de CO2 (hoy € 120 por tonelada) fue instaurado en 1991 en Suecia y estimuló el desplazamiento de la calefacción a petróleo hacia la utilización de la biomasa. “Para que ello funcione, la estabilidad política es esencial: si los objetivos y las políticas públicas cambian a cada elección, e imposible planificar las inversiones de largo plazo, que son indispensables para la transición energética”, explica J. Abildgaard, jefe del proyecto climático para Copenhague.
El consenso a la escandinava también se práctica a nivel local. A cada nuevo proyecto, todos los actores implicados se instalan alrededor de la mesa para trabajar el tema. Después de las terribles inundaciones del verano de 2011, Copenhague reunió empresas, seguros, población y arquitectos, a fin de acordar un plan de adaptación al cambio climático económicamente viable. Enseguida fueron lanzados proyectos pilotos en toda la ciudad. El parque de Taasinge de la capital danesa fue reconvertido en un espacio autosustentable, capaz de acumular y después redirigir las lluvias excesivas hacia el mar por un sistema de canales.
Para Copenhague, Oslo y Estocolmo, la transición ecológica es también sinónimo de desconcentración. “Después del shock petrolero de los años ‘70 nosotros hemos dado un paso crucial: acercar la producción de energía al consumidor”, explica A. Hasselager, de la Agencia danesa de la energía. Las 15 centrales con que contaba Noruega para abastecer a todo el país han sido reemplazadas por 650 centrales locales, produciendo a la vez calefacción y electricidad.
En paralelo, Dinamarca ha desarrollado centrales eólicas off shore, de modo que cuando la producción producida sobrepasa las necesidades, la electricidad es revendida a Noruega o a Suecia, gracias a la interconexión eléctrica existente en estos países del norte europeo. Y cuando ella es insuficiente, Dinamarca le compra a sus vecinos. “Las energías renovables son por definición intermitentes, lo cual exige flexibilidad e interconexión entre nuestros países”, explica A. Persson de la Agencia Sueca de Energía.
Estos avances tienen un mayor precio en el corto plazo, pero en el largo plazo producen ahorros y dan empleo. En el corto plazo, son entre 5% a 23% más caras que las que utilizan petróleo. Esto exige que la sociedad y los ciudadanos estén dispuestos a aceptar este gasto suplementario que es transitorio. También es cierto los escandinavos soportan una alta carga a los impuestos, pero a su vez creen que están haciendo lo correcto en materia energética. Los noruegos lo ha comprendido muy bien y para fomentar el uso del vehículo eléctrico desde 1990 han creado un conjunto de incentivos generosos, tales como la exención de la IVA (que tiene una tasa del 25%) y del impuesto de registro por la compra de un vehículo eléctrico y estacionamiento gratuito en Oslo. También se les da preferencia para ocupar las vías exclusivas para buses de locomoción colectiva y se les redujo el pago de peaje. En Oslo ya existen 700 puestos de recarga para los autos eléctricos. Resultado: Noruega es hoy el país campeón de los autos eléctricos en el mundo, los cuales representan el 17,5% de las ventas en el país y 63% en la capital.
En los países vecinos donde los incentivos han sido menos generosos, las ventas de autos eléctricos no han despegado. El gobierno danés piensa incluso suprimir algunas ayudas existentes.
Sin embargo en los años que vienen el panorama nórdico se presenta delicado. Penalizada por los problemas de su industria electrónica, Finlandia en plena crisis decidió optar por la construcción de un sexto reactor nuclear, a pesar de su apoyo a las tecnologías verdes. A su vez Noruega, para hacer frente a las caídas del precio del petróleo y a la disminución programada de sus reservas, está obligada a diversificar su economía, hoy muy dependiente de las exportaciones de petróleo (20% del PIB).
Pero sabemos que ninguna transición se hace sin dolor, pero Lo esencial es mantener el rumbo. “Pensar en verde” pase lo que pase.

 

Nota del editor: Este artículo fue publicado en Le Monde, en su edición del 5 de octubre de 2015. Traducción de Alexis Guardia Basso.

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Sobre el Autor

Editor Política & Economía