El protocolo complementario que se debe considerar para aprobar el TPP

El protocolo que acompañe la aprobación del TPP podría ser la oportunidad histórica para impulsar un nuevo conjunto de políticas de desarrollo productivo sostenible (o políticas industriales verdes), articulado al desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación. Este es el único camino para que Chile aproveche este nuevo acuerdo comercial y la red de tratados de libre comercio que ha suscrito en las últimas dos décadas.


 

Por Álvaro Díaz

La aprobación en el Congreso del TPP es también un camino para crear una nueva institucionalidad que permita diversificar nuestra matriz exportadora y participar en las cadenas globales de valor; como también para impulsar nuevas industrias basadas en el conocimiento y la alta tecnología. En suma, sería el camino para salir de la trampa de país de ingreso medio en que se encuentra Chile.
El gobierno chileno ha suscrito el acuerdo Trans Pacific Partnership, mejor conocido como TPP, y el congreso iniciará un debate para su eventual rechazo o aprobación. Los parlamentarios no tendrán una tarea fácil al evaluar un complejo tratado que contiene 30 capítulos y varios anexos que suman casi mil páginas. En las actuales condiciones, si se llega a aprobar el TPP, deberán aprobarse también tres protocolos de acuerdo entre los cuales el más importante es realizar las reformas institucionales que doten al país de una sólida capacidad para impulsar políticas de desarrollo productivo y políticas de ciencia, tecnología e innovación.

Desde que conocimos -vía Internet- los textos iniciales de las negociaciones, bastante parece haber cambiado. No hay que olvidar que el canciller Heraldo Muñoz dijo hace seis meses atrás no estaba en condiciones de suscribir el TPP, pero que ahora sí porque el texto mejoró sustantivamente desde la perspectiva de Chile. Por ello se hace indispensable que el gobierno y los parlamentarios acuerden darse los tiempos y plazos adecuados para un debate democrático, informado y abierto a la sociedad.

Es indispensable que el gobierno y los parlamentarios acuerden darse los tiempos y plazos adecuados para un debate democrático, informado y abierto a la sociedad antes de darle forma legal al TPP

Ahora bien, debiera haber poco espacio para la apología porque a diferencia del pasado, los beneficios netos del TPP serán probablemente mucho más pequeños que los que se esperaban hace 10 años con el TLC con Estados Unidos y con el acuerdo de cooperación suscrito entre Chile y la Unión Europea. Y aun cuando habrá beneficios en materias agrícolas, no hay que olvidar que el Ministro de Agricultura dijo que la gran oportunidad estaba en China, país que no está incluido en el TPP. Tampoco cabe subvalorar los costos sociales, especialmente para los más pobres y los pequeños empresarios. ¿Podrán estos ser abordados adecuadamente cuando se apruebe las modificaciones legales que implementen el TPP?

Del mismo modo, hay que evitar el catastrofismo porque para Chile la mayor parte de las disposiciones del TPP no son algo nuevo y la verdad es que no establecen restricciones explícitas a las políticas públicas en materias macroeconómica, tributaria y fiscal, como tampoco en el plano regulatorio y en desarrollo productivo. Las limitaciones provienen mucho más de la herencia directa e indirecta del modelo neoliberal establecido en tiempos de la dictadura y sobre todo por la influencia del pensamiento conservador y el lobby empresarial en el Congreso.

En este contexto, mucho dependerá de cómo este gobierno y el Congreso aprueben el TPP. Si la discusión se limita a su mera aprobación, el debate se polarizará estérilmente. Es inevitable que unos se dediquen a defender el libre comercio y el libre mercado, mientras que los opositores cuestionarán ese tratado no tanto porque empeoraría el TLC con Estados Unidos, sino porque reproduce las falencias y deficiencias que ven en el modelo chileno de desarrollo. A los primeros se sumarán los “realistas” que dirán que “Chile no puede quedar aislado” y a los segundos se sumarán los críticos y los escépticos.

Existe otro camino

Si se confirma el diagnóstico de que el TPP no es la panacea ni tampoco genera grandes daños respecto al status quo logrado, la primera pregunta que cabe hacerse es cómo minimizar los daños. En efecto, los parlamentarios deben tener cabal conciencia de que la batalla no se libra sólo con aprobar el tratado, sino que se juega en su implementación legal, que puede tomar años en concretarse y que estará rodeada de intensas batallas políticas y de mucho lobby. En este sentido, todo tratado es un “contrato incompleto” lleno de vacíos y silencios. En consecuencia, el Ejecutivo y el Congreso debieran concordar una serie de criterios orientadores de la legislación que implementará el TPP en Chile.
La experiencia 2003-2007 con la legislación de propiedad intelectual pos-TLC con Estados Unidos, evidencia que existe un significativo espacio de interpretación que a veces puede gustar o no gustar a la contraparte (en este caso Estados Unidos).

La segunda pregunta es si el desarrollo sostenible e inclusivo se alcanzará sólo mediante el TPP, combinado con el libre mercado.La historia de nuestro país y de los países desarrollados dice taxativamente que no.
Desde que se aprobaron los TLC, la matriz exportadora de Chile no se diversificó y las tasas de crecimiento y productividad representan actualmente la mitad de las exhibidas en los años noventa. La verdad es que los TLC no impidieron que Chile se encuentre hoy en “trampa del ingreso medio” y es evidente que el TPP –con su escaso impacto- tampoco será una tabla de salvación. Por lo tanto, todo depende crucialmente del reforzamiento estructural de las políticas públicas para el desarrollo.

Más de lo mismo

Por ello es que aprobar el TPP sin concordar un paquete de políticas complementarias, es lo mismo que aprobar un camino de libre comercio y libre mercado, reproduciendo las falencias neoliberales que adolece nuestro modelo de desarrollo. Es como decir que seguiríamos haciendo más de lo mismo. Por este camino es inevitable que pasaremos de la trampa del ingreso medio a una nueva frustración del desarrollo, tal como la describió Aníbal Pinto hace 60 años.

Otro camino sería si el gobierno y el congreso negocian un protocolo de acuerdo complementario que establezca una agenda de desarrollo sostenible. Ya hubo antecedentes de ello en 2003, cuando el Congreso chileno aprobó el TLC con EE.UU., con un protocolo de acuerdo orientado a beneficiar pymes y a las regiones. Sin embargo, esta vez el acuerdo Ejecutivo-Congreso debiera ir mucho más allá que destinar algunos recursos para calmar los ánimos.

Oportunidad histórica

Por ello es que el protocolo que acompañe la aprobación del TPP podría ser la oportunidad histórica para impulsar un nuevo conjunto de políticas de desarrollo productivo sostenible (o políticas industriales verdes), articulado al desarrollo de la ciencia y la innovación. Este es el único camino para que el país aproveche el TPP y la red de tratados de libres comercio que ha suscrito en las dos últimas décadas. Es el único camino para diversificar nuestra matriz exportadora, para participar en las cadenas globales de valor y para impulsar nuevas industrias basadas en el conocimiento y la alta tecnología. En suma, es el camino para salir de la trampa del ingreso medio.

Por ello, si el Congreso decidiese aprobar el TPP, debería aprobar un paquete complementario con tres tipos de iniciativas clave.

Primero, un protocolo de acuerdo que oriente los cambios legislativos que introducirán las disposiciones del TPP en nuestro ordenamiento jurídico, de tal forma que no afecte e incluso mejore el acceso de la población a medicamentos con precios accesibles, al acceso de los pequeños agricultores a semillas y agroquímicos, así como la capacidad del país para impulsar con máxima autonomía políticas macroeconómicas, regulatorias y de desarrollo sostenible. Esto es, un protocolo de acuerdo que servirá de orientación para introducir certidumbre jurídica.

Segundo, un conjunto de iniciativas orientadas a potenciar la capacidad de Chile en materia de política públicas de desarrollo sostenible y en materia regulatoria. En particular, me refiero a promover la banca de desarrollo; a reducir el quórum necesario para constituir empresas públicas; a potenciar los roles del Banco Estado y de la Corfo, como instituciones de fomento transversal junto con la consolidación del nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología. Asimismo deberá potenciarse los roles de fomento y regulación de los ministerios de Economía, Energía, Minería y Agricultura, incluyendo otras iniciativas similares.

Y finalmente, alcanzar un compromiso histórico para incrementar –de manera progresiva y sustantiva- el presupuesto destinado a ciencia, tecnología, innovación y también políticas públicas orientadas al fomento de las regiones, a las pymes y el emprendimiento.
Chile debe seguir el camino de Australia, Canadá, Finlandia y Dinamarca que cuando tenían el mismo PIB per cápita que tiene Chile actualmente, invertían el doble en investigación y desarrollo como porcentaje del PIB.

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Sobre el Autor

Alvaro Diaz

Alvaro Diaz

Economista. PhD (c) en Economía de la Universidad de Campinas y también sociólogo. Experto en políticas de desarrollo productivo y tecnológico. Fue Subsecretario de Economía y Embajador de Chile en Brasil.