El mini keynesianismo del gobierno de Bachelet para contener el desempleo

En medio del pobre crecimiento económico (apenas 0,1% en periodo enero-abril de 2017), el empleo en la economía chilena muestra una resiliencia que está haciendo menos traumático el ciclo de baja en que se encuentra el país, desde 2015 en adelante. La clave del comportamiento inelástico del empleo parece estar en el rol contracíclico asumido por el gobierno de la Presidenta Bachelet, impulsando la creación de empleos con el financiamiento de obras de mediana envergadura, en las distintas regiones del país.


Por Hugo Traslaviña

Sin mucha estridencia política, el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet ha estado aplicando una suerte de política keynesiana para contener el desempleo, en un ambiente en que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) avanza sostenidamente hacia el estancamiento. Este bajón afecta con mayor intensidad al sector privado, con perjuicios más visibles en la construcción, la minería, los servicios, la agricultura y la pesca.

Mientras la tasa de crecimiento del PIB tiende a cero, el empleo se resiste a subir al ritmo inversamente proporcional, creciendo solo algunas décimas, a diferencia del PIB que lo hace en puntos porcentuales. Así, entre 2015 y 2017, la tasa desempleo a nivel nacional ha subido sólo cinco décimas, de 6,2 a 6,7%, esta última cifra a abril pasado. En cambio, la tasa de crecimiento del PIB ha descendido a mayor velocidad, pasando de 2,3% en 2015, a 0,1%, en el cuatrimestre enero-abril de 2017.

La nueva proyección del Banco Central, entregada a comienzos de junio, es que la economía chilena crezca, en el mejor de los casos, en 1,7% en 2017. Pero tomando en cuenta el frenazo observado en los últimos meses, lo más probable es que el año termine más cerca del 1%, cifra que corresponde al piso de la estimación de crecimiento entregada por el propio instituto emisor. Es probable que recién en 2018 el país retome una tasa de crecimiento más alta, entre otras cosas, como resultado de una política monetaria más expansiva, derivada de la reducción en la tasa de interés base, a 2,5% anual. Esta tasa significa que el costo del dinero en Chile es negativo, es decir, se ubica por debajo de la tasa anual de inflación, cercana al 3%. Es más, la tasa de interés real vigente en Chile es la más baja de América Latina.

En medio de este panorama, el gobierno ha estado desplegando toda su batería de programas de gasto fiscal, primero para cumplir con su propio plan de inversiones y segundo, para ayudar al empleo.

El empleo creado por los planes de inversión pública ha crecido 28%, en los últimos tres años.

Un informe reciente entregado por la Subsecretaría de Desarrollo Regional (Subdere), reveló que en el empleo creado por los planes de inversión pública ha crecido 28%, en los últimos tres años, aportando 304.718 nuevos puestos de trabajo. La mayor parte de estos empleos son temporales o rotativos, pero en los hechos se han transformado en casi permanentes, al menos hasta que el sector privado comience a demandar más trabajadores y esté en condiciones de ofrecer mejores salarios.

La mayor parte de los nuevos empleos se concentra en planes administrados por los gobiernos regionales y comunales, para el mejoramiento de barrios y ciudades. Los proyectos son canalizados por los ministerios de Obras Públicas, de Vivienda y Urbanismo, de Salud y del Interior. De este último depende precisamente la Subere, entidad que administra los recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), el más importante de todos los de su tipo, para apoyar el desarrollo de las 15 regiones del país.
Los datos aportados por la Subdere señalan que para 2017 el gobierno dispone de un presupuesto de cerca de un billón de pesos (un millón de millones, equivalentes a US$ 1.493 millones) para sostener estos programas, en las 15 regiones. De este monto, al 30 de abril pasado se había ejecutado el 30% ($ 262.000 millones), de modo que hacia diciembre el gobierno cuenta con un gran colchón de recursos para seguir amortiguando el desempleo que proviene de la menor actividad en el sector privado.

Autoempleo

Otro factor que ha contribuido a la contención del desempleo es el aumento del llamado empleo por cuenta propia (autoempleo), que en los últimos meses han aumentado de manera sostenida. Así, en la última medición del desempleo, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó que esta categoría de gente empleada subió en 5%, contrarrestando con ello la pérdida de puestos de trabajo en los sectores productivos que aportan empleo formal, asalariado.

“El crecimiento del trabajo por cuenta propia estuvo influido, según lugar de trabajo, por aquellos que realizaron sus actividades en su propio hogar, seguidos por quienes lo hicieron en instalaciones u oficinas del cliente”, señaló el INE en el informe sobre empleo y desempleo, al 30 mayo pasado.

Por rama de actividad económica, según el INE, el crecimiento en 12 meses de los trabajadores por cuenta propia se explica por los aumentos en los sectores industria manufacturera (17,2%), agricultura y pesca (8,5%) y otras actividades de servicios (12%), lo cual revela que se trata en gran medida de trabajadores externalizados por las empresas, como una forma de reducir el costo laboral directo.
Mientras el sector privado no dé señales de reactivación productiva y siga lanzando trabajadores a la calle, el Estado tiene el deber de hacerse cargo del problema, destinando una proporción del gasto fiscal a la inversión pública y, con ello, a la creación de empleos.

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Sobre el Autor

Hugo Traslaviña

Hugo Traslaviña

Periodista especializado en economía y finanzas. Se tituló en la U. Católica del Norte y cuenta con el grado de MBA de la U. Técnica Federico Santa María. Es profesor de la Facultad de Comunicaciones de la U. Central.