El golpe tributario de Trump que remece la economía de Estados Unidos

En palabras del propio Presidente Donald Trump, de aprobarse su propuesta de rebaja de impuestos, se trataría de “la mayor reforma fiscal en la historia de Estados Unidos”. Esto porque bajaría el tributo sobre las ganancias de las empresas de 35% a 15% y agregaría un suculento recorte de impuestos para las personas, sobre todo para las que obtienen rentas más altas. A pesar de que esta propuesta estaba en el programa presidencial de Trump, el anuncio hecho el 26 de abril pasado provocó una ola de preocupación a nivel internacional, por los efectos inevitables que eso puede generar en la economía mundial.


La propuesta del Presidente Donald Trump de reducción de impuestos debe ser sometida al veredicto del Congreso de Estados Unidos en el corto plazo y de aprobarse provocaría los siguientes efectos colaterales, casi de manera inmediata: aumento del gasto corriente en la economía estadounidense, sobre todo en consumo; severo recorte en el gasto social para contrarrestar el abultamiento del déficit y la deuda federal; alza en las tasas de interés, para contener la amenaza inflacionaria implícita; y un estímulo adicional para la inversión, tanto nacional como extranjera.
Por lo tanto, provocaría un resultado de dulce y agraz, porque en lo inmediato impulsaría el crecimiento de la mayor economía mundial, basado en un shock de demanda, mejorando de paso el empleo, pero internamente aumentaría las presiones sobre el déficit del sector público y la inflación.
El año pasado el déficit federal creció por primera vez desde 2009, anotando un total de US$ 589.000 millones, equivalente al 3,2% del PIB de Estados Unidos. Si los ingresos fiscales no aumentan, podrían verse amenazados los planes de gastos de Trump, entre los cuales destacan el reforzamiento de algunos programas armamentistas y el proyecto para construir un muro fronterizo con México.

La aprobación de la reforma tributaria requiere de 60 votos a favor en el Senado, donde los republicanos cuentan con 52 escaños. Si la iniciativa fracasa, una mayoría simple bastaría para aprobar una ley de este tipo, siempre que ésta no aumente las proyecciones de déficit fiscal a diez años.

Con el recorte tributario propuesto por Trump, regresa en gloria y majestad a la Casa Blanca una idea del economista ortodoxo Arthur Laffer (Ohio, 1947), quien asegura que esto no se traduce en más déficit, porque la rebaja tributaria genera un círculo virtuoso que eleva la actividad económica y, a su vez, aumenta los ingresos tributarios.
Laffer sostiene que existe un punto óptimo de presión fiscal y que, superado ese nivel, un incremento tributario no genera más ingresos, sino que reduce la actividad productiva y la recaudación. Y, en sentido contrario, sostiene que es posible elevar la recaudación. Esto es lo que se conoce como la curva de Laffer.
Laffer tuvo el acierto de plasmar esta idea en la famosa curva que lleva su nombre y convertirse en el gurú económico de Ronald Reagan. Desde entonces, Laffer es recurrentemente citado por los partidarios de reducir el papel del Estado, quienes suelen dar por hecho que cualquier rebaja fiscal es intrínsecamente positiva y capaz de generar mayor actividad.

Preocupación externa

A nivel internacional, los principales socios comerciales de Estados Unidos temen un efecto colateral en sus propias economías. Esto porque de concretarse la rebaja tributaria de Trump, tendrían que ajustar sus tasas internas y sus niveles impositivos, para frenar el trasvasije de capitales hacia Norteamérica.
Junto con la exultación belicista que ya exhibe a nivel internacional, el proteccionismo es el principal temor que ha generado Trump en el ámbito económico en sus primeros 100 días de gobierno. Ahora, su plan fiscal, unido a su intención de incrementar el gasto militar y la inversión pública en infraestructura, amenaza con incrementar el déficit y la deuda pública, lo cual genera inquietud tanto en las filas demócratas como en las republicanas.

El proteccionismo es el principal temor intermacional que ha generado Trump en el ámbito económico, en sus primeros 100 días de gobierno.

Sin embargo, la principal motivación de Trump con esta propuesta tributaria es elevar la tasa de crecimiento, para –según él- recuperar el liderazgo internacional de su país en este plano, amenazado seriamente por China. El secretario del Tesoro de Trump, Steven Mnuchin, aseguró que esta con medida se puede alcanzar “una tasa de crecimiento económico anual del 3 % o superior”.
Al día siguiente de conocido este anuncio, la Comisión Mixta de Impuestos de la Cámara de Representantes, envió una carta al líder de la mayoría republicana en esta corporación, Paul Ryan, donde le señala que un recorte de 15 puntos en el impuesto a las empresas generaría un déficit de largo plazo, incluso si dura sólo tres años. El líder opositor Chuck Schumer adelantó una negativa demócrata a la hora de votar en el Congreso. “No necesitamos un plan tributario que permita a los ricos usar empresas intermediarias para reducir sus tasas a 15%, mientras los estadounidenses promedio pagan mucho más”, sentenció.

Salto en el ranking OCDE

Hoy las empresas en Estados Unidos, si se suman los impuestos locales y estatales, soportan una carga cercana al 40%. Con el recorte, Estado Unidos quedaría en mejor posición tributaria que la mayoría de los países de la OCDE y millones de empresas verían aumentar de golpe su rentabilidad en ese país. En el ranking de carga tributaria de los países miembros de la OCDE, sólo Irlanda quedaría por encima de Estados Unidos, donde las empresas pagan 12,5% por las ganancias que obtienen.
La propuesta va acompañada de una batería de ajustes que darían un giro a la actual trama impositiva estadounidense a las personas. Entre ellas, la eliminación del impuesto a las sucesiones, la reducción de siete a tres los tramos para realizar las declaraciones fiscales anuales (10 %, 25 % y 35 %), y la duplicación de las deducciones y/o rebajas.
Mnuchin insistió en que el plan no implicaría más deuda federal, puesto que según él los menores flujos tributarios se compensarían, “gracias al impulso de crecimiento económico que generará esta medida”.
Es probable que la implementación de la reforma fiscal tome varios meses. Aunque las dos cámaras del Congreso y la Casa Blanca están lideradas por los republicanos, los intereses en algunos campos importantes son diferentes.
Mientras tanto, según la oposición parapetada en el partido Demócrata, dice que una reforma fiscal que incluya reducciones masivas de impuestos sería una carga adicional para el presupuesto de Estados Unidos, que ya exhibe una sobrecarga.
La semana pasada, el presidente de Estados Unidos había ordenado por decreto una revisión de las leyes fiscales puestas en marcha en 2016, para determinar si suman una carga financiera injustificada para los contribuyentes, o si son demasiado complejas o innecesarias. Mientras tanto, uno de los programas federales que pretende desmontar Donald Trump es el “Obamacare”, dirigido a garantizar la atención de salud de los grupos sociales más vulnerables.

Empresas en el extranjero

Además del recorte de impuestos corporativos, Trump busca imponer un cobro único de 10% a las utilidades de las empresas de Estados Unidos en el extranjero, que según la agencia Bloomberg sumaría unos US$ 2,6 billones (millones de millones). Una vez aplicado este gravamen, los beneficios de las empresas fuera del país quedarán exentos.
El proyecto extiende el tributo de 15% a las empresas intermediarias, actualmente no afectas, pues sus dueños tributan en el sistema personal, con tasas máximas de 39,6%. Entre ellas hay compañías pequeñas, hedge funds, sociedades y entidades de responsabilidad limitada, como varias empresas ligadas al propio Trump. Tras el cambio, sus dueños tendrían incentivos para tributar en el sistema corporativo.
En cuanto a los impuestos personales, Trump busca pasar de los siete tramos tributarios actuales a sólo tres, con tasas de 10% para los contribuyentes de menores ingresos, 25% para los de ingreso medio y 35% para los más ricos.

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Editor Política & Economía