El enigma del crecimiento económico y la baja de la pobreza en Perú

Si bien la pobreza en Perú se ha reducido gracias al crecimiento económico, en momentos de desaceleración el Estado cumple un papel importante en la reducción de ésta. Pero no todo se ve favorable para el país andino, porque a pesar del crecimiento y del alto flujo de inversión extranjera directa, sobre todo en minería, exhibe un déficit crónico en la cuenta corriente, debido a las “fugas” de capital por remesas al exterior.


 

Por Nicolás Oliva

Perú aprovechó de forma notable el boom de materias primas para reducir la pobreza. Esta pasó de 57% en 2004 a tan solo 20% en 2016, lo que significó una reducción de 65% en la pobreza en poco más de una década. Sin embargo, otros países de América Latina también han reducido notablemente la pobreza siguiendo una estrategia diferente (apoyados en el Estado) y, a su vez, países que han seguido políticas similares a Perú no han logrado vencerla (ver por ejemplo el caso de Paraguay, México y otros). Si a esto sumamos que Perú mantiene un Estado famélico y una democracia de baja intensidad, el país andino se convierte en un enigma del crecimiento económico latinoamericano.

¿Qué condiciones existen en Perú que hacen que la pobreza se reduzca de forma considerable? ¿Qué papel ha desempeñado el Estado? ¿Qué papel desempeñó el crecimiento económico? ¿Qué arreglo económico macro-micro se ha tejido en Perú para la reducción de la pobreza? Este informe ahonda en los indicios que están explicando la reducción de pobreza. De ningún modo agota la discusión, pues se abren nuevas aristas en este enigma que, como siempre, es complejo y multidimensional.

¿Qué fuerzas han causado la reducción de la pobreza?

Esta pregunta viene siendo abordada desde la literatura de “pro-poor growth”, la cual explica si el crecimiento ha sido bueno o malo para los pobres y a qué factores se puede atribuir la reducción de la pobreza. La metodología descompone la reducción de la pobreza en dos componentes: (1) a consecuencia del crecimiento económico, aquella pobreza que se redujo gracias a una expansión del ingreso de la economía. (2) A consecuencia de un efecto redistributivo, el cual corresponde a un reordenamiento de los ingresos entre la sociedad que hace que las rentas lleguen proporcionalmente en mayor medida a las capas pobres de la población.

El componente redistributivo incluye los programas sociales (ej. Juntos, Pensión 65, Beca 18, etc.) así como el efecto discrecional sobre sectores específicos de la economía. Herrera, 2017 (1) ha desarrollado una descomposición de este tipo para el período 2004-2015 en la economía peruana, cuyos resultados se muestran en la tabla 1, a continuación.

Entre 2004-2015 la pobreza se redujo 36,9 puntos porcentuales, de los cuales 9,5 puntos en el período 2004-06; 21,3 puntos durante 2006-2011; y 6,1 en el período 2011-2015. En el primer período, entre 2004 y 2006, de los 9,5 puntos, 6.3 se explican por crecimiento económico y 3.2 por efecto redistributivo. Lo mismo ocurre para los siguientes dos períodos en donde el crecimiento económico explica, en mayor medida, la reducción de la pobreza. En total se observa que de los 36,9 puntos de reducción de pobreza, 25 son atribuidos al crecimiento y solo 11 a la redistribución (incluye políticas estatales). En términos relativos, podemos decir que el 70% del efecto fue de crecimiento y solo 30% se debe al efecto redistributivo (el Estado y otros factores).

Surge la pregunta: de ese 30% atribuido a políticas de redistribución, ¿qué papel jugaron las políticas del Estado? Para aproximarse a esa respuesta es necesario ver qué peso tienen las transferencias públicas, los subsidios y las pensiones de la seguridad social dentro del nivel de ingreso de los hogares. En la medida que las fuentes de ingreso asociadas a funciones de redistribución pública (transferencias públicas, pensiones, subsidios, etc.) tengan más importancia que los ingresos laborales, asociados al mercado, se puede atribuir un papel central del Estado dentro de la reducción de la pobreza. Herrera (2017) utiliza el método de descomposición Shapley y encuentra el efecto de las diferentes fuentes de ingreso en la variación de la pobreza.

En el momento de mayor crecimiento económico (2004-2010) las rentas laborales lideraron la reducción de la pobreza: explican el 70% de la variación en la pobreza, mientras que las transferencias públicas tan solo el 9%. Por el contrario, cuando el crecimiento económico se desacelera (2010-2015) el papel del Estado juega un rol más importante: las transferencias públicas explican el 33% de la reducción de la pobreza y las rentas laborales solo el 52%. Si consideramos todo el lapso de tiempo (2004-2015) se ve que el papel de las rentas laborales es extremadamente importante.

Estos resultados arrojan conclusiones interesantes, pues si bien la pobreza en Perú se ha reducido gracias a la generación de ingresos en el mercado, se nota que en momentos de desaceleración económica el Estado cumple un papel importante en la reducción de pobreza, inclusive en países en donde el Estado es débil y pequeño como en Perú.

Modelo económico

El modelo de crecimiento ha favorecido a los pobres con un reducido papel del Estado. ¿Es posible que dure para siempre? Esto nos lleva a mirar con mayor detenimiento el crecimiento económico de Perú: su modelo de exportación, los bloques macroeconómicos que lo han consolidado, sus encadenamientos hacia atrás (multiplicadores) y las rentas laborales como resultado de este arreglo institucional. Quedan piezas faltantes de este rompecabezas de crecimiento y reducción de pobreza que no serán abordadas en este informe como, por ejemplo, la ligazón entre la informalidad y la formalidad, el papel de la clase empresarial, el sector financiero o la demanda de mano de obra del aparato productivo. A pesar de eso, el presente informe coloca un eslabón más en este enigma económico y profundiza una discusión que los economistas heterodoxos han rehuido. En ese sentido, se sigue escribiendo sin punto final, colocando más indicios que ayuden a caracterizar el llamado “milagro” económico peruano.

Los vínculos subyacentes entre las condiciones macroeconómicas y el ingreso de los hogares es la clave para saber qué ha ocurrido en Perú. La primera hipótesis que sobresale es el papel de la minería como actor central en la expansión de la demanda agregada de la economía, vía exportaciones (“export led-growth”), atracción de inversión extranjera directa y, al mismo tiempo, la generación de encadenamientos hacia atrás para otros sectores de la economía doméstica.

Según Fairlie, 2011 (2) la minería es responsable del 21% de la inversión extranjera directa (IED) y del 60% de las exportaciones. Según el Instituto de Estadísticas del Perú (INEI) la IED de la minería en 2006 representaba el 17% del stock total y pasó a ser el primer sector en 2012, con una participación del 24% total. La minería, junto con las finanzas y las comunicaciones, concentran más del 58% del stock de IED en el país hasta 2012.

Si consideramos la identidad del PIB (C+G+I+X-M) hay que entender que la minería para el Perú afecta positivamente a cada uno de los componentes de la demanda: aumenta las exportaciones (X); repercute en la inversión (I) ya sea con inversiones domésticas de las empresas mineras o a través de IED; el Estado vía impuestos y regalías recibe ingresos de esta actividad lo cual le permite financiar el gasto (G) y finalmente, mediante el proceso de encadenamientos hacia atrás, los hogares tienen fuentes de ingresos que hacen una expansión del consumo (C). Según Fairlie (2011) el 65% de las compras nacionales que realizan las empresas mineras son por fuera de las zonas de explotación, es decir, la mayoría de sus compras van a empresas que están localizadas en otras partes del Perú, lo cual expande su capacidad de encadenamientos. La mayoría del consumo intermedio se localiza en transporte, energía, productos para la extracción, fabricación metalmecánica y servicios financieros (IEP, 2017) (3).

Matriz productiva

Perú, desde los años 90, adoptó un modelo privatizador del sector minero, entregando a las empresas privadas el oligopolio de la explotación y la exportación. Esto si bien trajo un incremento de la inversión doméstica, de la proliferación de conglomerado de minería y atracción de IED, también ha significado que el Estado haya dejado a la explotación de recursos naturales como estrategia de desarrollo y transformación de la matriz productiva, perdiendo una oportunidad valiosa para generar las condiciones para transformar la tradicional senda de crecimiento primario-exportador.

Desde los años 90, adoptó un modelo privatizador del sector minero, entregando a las empresas privadas el oligopolio de la explotación y la exportación.

Es evidente que el modelo peruano se constituye como un modelo clásico de explotación de recursos naturales con bajos o nulos efectos de transformación de las estructuras productivas: entre 2000 y 2014 el aporte de los diferentes sectores en el PIB permaneció prácticamente inalterado. Por ejemplo, la manufactura representaba el 16% del PIB en 2000 y el 15% en el 2014; los hidrocarburos el 13% en 2000 y el 12% en 2014; el comercio el 10% en 2000 y 2014; los servicios el 47% en el 2000 y 49% en 2014.
Este modelo extractivo sin transformación se refleja en la pronunciada salida de las rentas de factores hacia el exterior. El caso peruano ha configurado un modelo extractivo de viejo cuño en donde las empresas transnacionales repatrian todas sus ganancias hacia el lugar de destino o a paraísos fiscales. El boom de las materias primas ha recrudecido la salida (al exterior) de los rendimientos.
Se hace evidente que las rentas de los factores se mueven en una relación inversa respecto a la balanza comercial. Es decir, cuando la balanza comercial se hace superavitaria a consecuencia de los términos de intercambio del país, las rentas de factores (dividendos y utilidades) se fugan de la economía con igual intensidad; de igual forma la reducción del superávit comercial reduce también la salida de la renta de factores.

Balanza comercial

Entre 2000-2008 el superávit comercial sube de forma pronunciada y las rentas de factores también salen con igual velocidad. Desde 2008 a 2015 la balanza comercial se desacelera y la renta de factores también reducen su velocidad de salida. A partir de 2015 la relación entre las dos curvas se mantiene y corrobora lo dicho anteriormente. Esto demuestra que la internacionalización de la economía peruana al capital extranjero, aunque ha traído beneficios, no está ayudando en la transformación productiva, pues está ocurriendo lo que CEPAL viene advirtiendo: una IED que se localiza en industrias extractivas y los flujos netos de la inversión extranjera (diferencia entre las entradas por IED y las salidas como repatriación de ganancia) tienden a ser negativos en el largo plazo porque, al final, termina saliendo más de lo que entra.
A partir de la década del 90, la economía peruana se internacionaliza a consecuencia de las concesiones mineras. Producto de este modelo, la entrada de divisas vía inversión inicia una fase expansiva. Entre 1980 y 2017 la economía recibió entrada de capitales privados (excluyendo de corto plazo) por un valor acumulado de 112% del PIB. Pero, al mismo tiempo, como alerta la CEPAL, la salida acumulada de divisas como pago a los factores (privados) ha sido igual de importante. En el mismo período el monto acumulado de salida fue de 116% del PIB.

Cuenta corriente

Producto de esta salida de las rentas de factores, la cuenta corriente del Perú -a pesar del boom de materias primas- muestra ser deficitaria de manera recurrente en las últimas décadas. En el período 1990-2003 el país presenta en promedio un déficit de cuenta corriente de 4,8% del PIB. Entre 2004 y 2007 existió un corto y escueto superávit promedio de 1,9% del PIB. A partir de 2008 la economía retornó a su senda estructural del déficit: 2,9% en promedio entre 2005 y 2017. El déficit de cuenta corriente tampoco pudo ser amortiguado mediante el sector fiscal, pues éste en el período 1991-2017 presentó recurrentes superávits fiscales (3,8% del PIB, en promedio).

La austeridad (superávit fiscal) sumada a un déficit de cuenta corriente lleva a un deterioro del ahorro de sector privado doméstico, lo que obliga a que este desequilibrio deba ser financiado con fondos del exterior. En otras palabras, el déficit de cuenta corriente debe ser financiado con la adquisición de pasivos externos: deuda externa, inversión directa o entrada para compra de cartera o participaciones. En este escenario de déficit de cuenta corriente la economía peruana viene acumulando pasivos de forma recurrente con el exterior. La posición neta de pasivos total del Perú pasó de ser 81% del PIB en 1990 a reportar una ratio de 92% en 2017, esto como resultado del recurrente déficit de cuenta corriente.

Se observa que la economía peruana ha sustituido el tipo de pasivo externo que adquiere; dejó de comprar deuda externa y, por el contrario, comenzó a financiarse a base de inversión directa y participaciones de capital (entrada de divisas por la cuenta de capitales de la balanza de pagos). Esta estrategia tiene ventajas, pues abandona pasivos que implican condicionamientos de los acreedores y que suele ser poco productiva y son sustituidos por pasivos (inversión extranjera directa) que tienen importantes efectos multiplicativos en la economía y que son difíciles que salgan en el corto plazo. El hecho de tener una ingente entrada de recursos del exterior en forma de inversión a sectores de exportación -por el principio contable de partida doble- hace que el activo también se haya incrementado, en especial, en la forma de reservas internacionales.
La posición neta de activos de Perú pasó de ser el 18% del PIB en 1990 a 55% del PIB en 2017. Las reservas internacionales se triplicaron entre 2003 y 2017: pasaron de US$ 10 mil millones en 2003 a más de US$ 63 mil millones en 2017. Esto deja en mucha mejor posición a la economía en términos de la solvencia patrimonial ante una crisis financiera o económica.

Los activos totales han mejorado en los últimos 30 años, pero hay que considerar que los pasivos totales, aunque han mutado en su composición, también han crecido respecto al PIB. A pesar de que siempre la IED es mejor que la deuda externa por los multiplicadores que tiene en la economía y el estímulo a la exportación (fuente de divisas), hay que recordar que no es un fondo gratuito de recursos, es un pasivo y como tal deberá ser devuelto en algún momento.

La IED no es una entrada incondicional de divisas, sino que genera un pasivo que generará en el futuro egresos de capital en concepto de remesas de capital, intereses o utilidades.

Cuando los pasivos van en aumento se hace cada vez más grande la repatriación de los rendimientos al exterior. Este flujo constante de salida obliga al país a demandar cada vez más entrada de divisas para equilibrar las salidas. En principio, la diversificación de las exportaciones debería subsanar estas exigencias del sector externo.

Fugas al exterior

Ese no es el caso de Perú, el modelo sigue teniendo dos grandes fugas en la cuenta corriente: (I) una balanza comercial volátil a factores externos como consecuencia de exportaciones dependientes del precio de la minería y un sistema arancelario que no previene la entrada de importaciones. (II) Una salida de divisas a través de las rentas de factores. Estas dos fugas hacen que la cuenta corriente sea deficitaria.

¿Cómo sobrevive el modelo?

El país seguirá necesitando que entren más pasivos vía inversión que a su vez alimenta un círculo sin fin de entrada y salida de rentas. Pues adquiere pasivos a través de la cuenta de capitales en forma de inversión extranjera. En otras palabras, la economía es cada vez más dependiente de los flujos que puedan entrar del exterior, casi exclusivamente, a sectores de recursos naturales y comunicaciones.

Así el modelo económico peruano gana aplausos por los resultados de corto plazo, pero deja muchos interrogantes para el futuro. ¿Qué pasará si los precios internacionales de la minería se reducen por tiempos prolongados? ¿Qué pasará si la IED se frena y no logra cubrir la salida de rentas de los factores? En perspectiva histórica (desde 1950), usando los términos de intercambio publicados por el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), entre 2000-2011 fue el momento más importante de los últimos 60 años para los precios de las exportaciones netas. Sin embargo, desde 2011 esta tendencia se detuvo y los términos de intercambio han entrado en una fase de decrecimiento, entre 2011 y 2015. Lo más probable es que la tendencia siga hacia el decrecimiento. Hay que considerar que el pico de 2011 en los términos de intercambio es el tercer momento más alto de los últimos 60 años (solo superado por los años 1951 y 1974), lo cual hace poco probable que vuelva a repetirse en el corto plazo.

Dependencia de la minería

A esto hay que sumar el hecho de que el mercado de minería metálica se ha modificado notablemente en los últimos 15 años, poniendo a China como un actor central en la demanda. Esta configuración imprime más riesgos sistémicos al modelo económico y abre una discusión sobre el agotamiento de la estrategia. También hace a la economía de Perú más dependiente de lo que pueda pasar con China. Adicionalmente, la correlación de fuerzas sociales viene rechazando la explotación extensiva del capital natural y los efectos de la minería en la vida de las comunidades. La disputa ambiental por el suelo y el agua vuelven la mirada hacia una medición del impacto ambiental del modelo de exportación. Si consideramos el pasivo ambiental ¿los réditos superan a los costos? Es un debate abierto que no podrá ser cubierto en este escueto informe, pero que tensiona la estrategia de crecimiento en sus cimientos.

En 15 años la economía supo atesorar una gran cantidad de reservas internacionales que han estabilizado los tipos de cambio y los precios en la economía.

En definitiva, lo que podemos presumir es que en 15 años la economía supo atesorar una gran cantidad de reservas internacionales que han estabilizado los tipos de cambio y los precios en la economía, permitiendo garantizar el poder adquisitivo de las grandes mayorías. La expansión de la demanda producto de una rentabilidad externa de los precios de los metales ha hecho que ingresen capitales a ese sector, dinamicen la demanda interna y ha permitido generar un efecto ingreso en capas que hasta ese momento estaban en la pobreza.
No obstante, no se ha transformado el aparato productivo y la salida de divisas ha igualado a las entradas. Como conclusión, encontramos una economía que no diversificó su matriz productiva y que es cada vez más dependiente de entrada de flujos de inversión para repagar el pasivo que viene contratando desde hace dos décadas.

¿Será posible sostener ese crecimiento en un contexto de una economía internacional que genera dudas sobre su solidez, deudas crecientes, guerras comerciales y una desaceleración de China?

¿Cómo se trasladó el efecto de la exportación a la economía doméstica?

La expansión de demanda interna producto de la exportación e inversión genera un efecto multiplicador sobre el resto de los sectores económicos. Este efecto multiplicativo será mayor o menor dependiendo de qué tanto el torrente de recursos se escape del circuito económico (efecto circular de la renta). La principal fuga que reduce los multiplicadores es la importación. Cuando la mayor cantidad de reservas e ingreso nacional repercute sobre un aumento de las importaciones poco productivas (bienes de consumo), la expansión de demanda fuga sin ningún impacto real sobre las condiciones económicas de los hogares. Hay que entender que el consumo importado de bienes terminados tiene una baja demanda de mano de obra lo que repercute en pocas oportunidades de empleo.

Exportaciones

Desde el año 2000, las exportaciones peruanas entraron en una fase de auge sin precedentes, pasando de representar el 16% del PIB en 2000 a alcanzar más del 30% en 2011 (excluyendo la crisis de 2009). Este efecto, liderado por la minería, arrastró ingentes cantidades de inversión, lo que hizo que la formación bruta de capital fijo también entrara en una fase expansiva. En la medida en que la oferta nacional no pudo responder a toda la demanda de inversión, las importaciones también se aceleraron. La demostración de esto es que la participación de las importaciones en el PIB se incrementó en la misma velocidad que la formación de capital fijo. En principio, un incremento de las importaciones puede esterilizar el efecto positivo de las exportaciones, sin embargo, dependerá de qué tipo de importación sea la que los encadenamientos arrastren: bienes de consumo o insumos para la producción.

La importación se concentra en insumos y bienes de capital. La limitada participación de las importaciones de bienes de consumo permite que la oferta doméstica pueda propagarse al ver una pujante demanda para bienes locales. Como es lógico, la expansión de la oferta local permite arrastrar mucho más empleo que cuando la oferta se cubre con bienes importados, generando más dinamismo económico, reduciendo la presión sobre los precios, elevando el multiplicador y diversificando de mejor forma el valor agregado entre las unidades productivas (los productores locales suelen estar menos concentrados que los importadores). Este hecho nos sugiere que la expansión de la demanda y el excedente no fueron capturados del todo por una élite importadora que tiene capacidad de fijación de precios y que demanda poca mano de obra. En otras palabras, el multiplicador de la exportación y de la inversión fue mayor gracias a que el aparato productivo y los hogares no demandaron una proporción mayor de bienes finales importados.

Esta expansión de la producción local permitió que las rentas laborales crecieran en la última década. Los sectores donde más creció el ingreso laboral son comercio y construcción, actividades donde se aloja la mano de obra de menor calificación y sectores de alta informalidad. A pesar de que los hogares peruanos han visto un sustancial aumento de sus ingresos, la producción no se ha diversificado, y con ello tampoco la capacidad del aparato productivo de demandar más mano de obra, mejoras en la productividad y, por ende, nula capacidad de ampliar el sistema de protección de las clases trabajadoras.
Según la OECD (2017) (4) la relación empleo/población es alta en Perú, llegando al 73%, pero con una preocupante calidad del empleo. El mismo estudio señala que el empleo informal (aquellos trabajadores que no tiene derecho a una pensión) alcanza el 70%, una de las más altas del mundo.

Concluyendo

En principio, este arreglo económico ha logrado los objetivos de reducir la pobreza, pero impone riesgos sistémicos dado que la economía depende de la inversión extranjera (pasivo al fin de cuenta) que llega por el precio de las materias primas. Como corolario, la estrategia de desarrollo está basada en el agotamiento permanente del activo ambiental, sin que este boom haya logrado transformar la senda de crecimiento. ¿Hasta cuándo podrá el Perú sostener este tipo de crecimiento?

Cualquier shock externo puede cortar el flujo de inversión que, bajo una cuenta corriente deficitaria, aumentará el desangre de divisas y la potencial desconfianza hará que también salgan divisas mediante la cuenta de capitales. El stock actual de reservas respaldaría esa situación, pero sin que eso no pueda tener un efecto directo sobre los hogares y los encadenamientos de la economía.

Perú ha podido reducir la pobreza gracias a que la importación de bienes finales de consumo no se ha descontrolado, a pesar del boom de exportación e inversión que ha vivido el país.

¿Qué condiciones hay en el tejido productivo peruano que hace que los bienes importados de consumo no ganen terreno a la velocidad que la modernidad y los sistemas capitalistas hegemónicos lo demandan? Esta pregunta exige explorar cómo está distribuida la oferta y la demanda de bienes y servicios. Por el lado de la oferta, al parecer los importadores no son una fuerza hegemónica en el mercado de comercialización, lo que les quita la capacidad de imponer precios y convertirse en un oligopolio frente a los productores locales. Juega un papel importante el sector informal y su vínculo con el sector formal, que limita el poder de los importadores.

Por el lado de la demanda –consumidores-, la inequidad del ingreso en Perú y la senda de crecimiento sin Estado -a diferencia de otras sociedades latinoamericanas- no ha consolidado grandes clases medias, lo que debilita la capacidad de consumo importado. De hecho, como demuestra Mendoza et al. (2016) (5) la brecha entre las rentas salariales y las ganancias de los capitalistas se han profundizado en 30 años: en 1992 la diferencia entre ambas rentas era 22% del PIB y para el 2009 esta diferencia alcanzó el 40,8% del PIB. Esta evidencia hace poco creíble que los trabajadores estén del todo mejor y, por ende, tampoco estén en capacidad de consumir bienes importados. Esto explicaría por qué el mercado de importación no puede expandirse a porciones mayores de la población. En otras palabras, la elasticidad ingreso de la importación es baja y ayuda sostener los equilibrios macro y fortalecer los multiplicadores de la exportación y la inversión.

Citas:
1) Herrera, Javier (2017) ‘Poverty and Economic Inequalities in Peru during the Boom in Growth: 2004-14 in Alternative Pathways to Sustainable Development: Lessons from Latin America, International Development Policy series No.9 (Geneva, Boston: Graduate Institute Publications, Brill-Nijhoff), pp. 138-173.
2) http://www20.iadb.org/intal/catalogo/pe/2011/08675.pdf
3) http://www.lampadia.com/assets/uploads_documentos/1b456-ipe-el-valor-agregado-de-la-mineria-final-.pdf
4) https://www.oecd.org/dev/MDCR%20PERU%20Principales%20mensages_FINAL.pdf
5) http://www.techo.org/paises/chile/wp-content/uploads/2016/08/CIS15-2-Mendoza-Leyva-y-Flor.pdf
Nota del Editor:
Este artículo fue publicado originalmente en:

https://www.telesurtv.net/opinion/Peru-descifrando-el-enigma-del-crecimiento-economico-y-la-pobreza-20180722-0027.html?utm_source=planisys&utm_medium=NewsletterEspa%C3%B1ol&utm_campaign=NewsletterEspa%C3%B1ol&utm_content=39

Recomienda este artículo
  • gplus
  • pinterest

Sobre el Autor

Editor Política & Economía