El desinfle de los “tiempos mejores” del gobierno de Piñera

Con un crecimiento de 3,9% en 2018, la economía chilena duplicó el promedio de expansión registrado en los cuatro años anteriores, correspondiente al segundo gobierno de Michelle Bachelet. Sin embargo, ese 3,9% y la proyección algo menor para 2019 (3,3%, según estimación de la Cepal), están por debajo de las expectativas que se esperaban del segundo gobierno de Sebastián Piñera, las cuales impulsaron su triunfo en la elección  presidencial de diciembre de 2017. Es decir, la vara de los electores estaba más arriba que el resultado mostrado hasta ahora por el gobernante de la derecha chilena.


 

Por Niccolo Moro

En la última encuesta de 2018 realizada por la firma Cadem (1), el nivel de rechazo hacia el gobierno de Piñera alcanzó al 47%, mientras que el de aprobación fue del 38%. Estas cifras contrastan con el resultado de una encuesta similar realizada por esta misma empresa, en marzo de 2018 (a solo días de asumido), cuando la desaprobación solo fue de 19% y la aprobación alcanzó al 54%. Para los expertos en este tipo de sondeos, cuando el nivel de desaprobación supera al de aprobación, como es el caso actual, el gobierno tiene una dura tarea por delante si quiere proyectarse con alguna garantía de éxito en una próxima elección presidencial.

De tener la citada encuesta un rango de certeza tolerable, se puede afirmar que en menos de un año el gobierno de Piñera traspasó la barrera crítica de desaprobación y se le hace cuesta arriba su afán por mantenerse en el gobierno más allá de 2021, cuando la ciudadanía sea convocada a una nueva elección presidencial.

El sueño de la derecha chilena es gobernar al menos por dos gobiernos consecutivos y quizás más, con el fin de superar en parte a la actual oposición de centroizquierda, que ostenta el record histórico de haber gobernado dos décadas, con una alternancia de cuatro presidentes seguidos (1990-2010).

Los resultados preliminares de segundo gobierno de Sebastián Piñera están lejos de las expectativas que la propaganda electoral encumbró en 2017, para permitir el retorno de la derecha a La Moneda. Notoriamente, el elector medio, que mostró su desaliento con el último gobierno de Bachelet en la elección presidencial de 2017, esperaba más: un crecimiento milagroso con más empleo y mejores salarios.

La realidad muestra un crecimiento modesto, de entre 3,9% y 4% (2 ), en que la mayor proporción de esta cifra corresponde a una expansión recuperativa, basada en la baja tasa de comparación que ofrecía la economía chilena en el gobierno anterior. Una mezcla de factores internos y externos llevaron a que el crecimiento económico durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet alcanzara un paupérrimo 1,7%, como promedio en sus cuatro años de mandato. Entre los factores internos destaca la resistencia empresarial a las reformas estructurales emprendidas por el gobierno de Bachelet en los ámbitos laboral, tributario y educación. La respuesta de los grandes empresarios a estos cambios fue el congelamiento de los proyectos de inversión, lo que coincidió con el factor externo de una baja en el precio del cobre y por ende, una baja de las inversiones en la gran minería.

La tasa de desempleo por encima del 7% refleja la brecha productiva que prevalece, en función del llamado crecimiento potencial del país. Según el Banco Central, este oscila entre 3 y 3,5%. Así lo expuso el ente emisor en el Informe de Política Monetaria (Ipom) de diciembre pasado:

“En el tercer trimestre (2018) el PIB redujo su tasa de crecimiento anual respecto de la primera mitad del año. Esto es coherente con un escenario en que la economía crece a tasas más cercanas a su potencial —que se estima entre 3 y 3,5%— dado el avance en el proceso de cierre de las holguras de capacidad, la desaparición de factores puntuales que favorecieron el crecimiento del primer semestre y una base de comparación más exigente en el segundo.” (3).

Es más, pese a que la baja en el ritmo de crecimiento estaba prevista, debido a la desaparición de las holguras derivadas de la comparación con trimestres anteriores de muy bajo crecimiento, según el Banco Central la disminución fue mayor a lo previsto, debido a un menor crecimiento de la minería y la industria. En el primer caso, la baja se explica por problemas operativos y en el segundo como consecuencia de la mayor cantidad de días feriados que hubo en el tercer trimestre de 2018. Ambos casos dan cuenta de una fragilidad en el crecimiento que no fue compensada con un dinamismo en otros sectores productivos.

Lo anterior contrasta con la oferta de “tiempos mejores” que permitió que Piñera ganara con facilidad por segunda vez la contienda presidencial. En todo caso, cualquier eslogan hubiera sido de fácil consumo por parte de los potenciales votantes, si estos a su vez tomaban en cuenta los pobres resultados económicos del segundo mandato de la Presidenta Michelle Bachelet. Por lo tanto, este eslogan fue certero y contundente para que la derecha volviera al gobierno. Pero a la vez fue una espada de doble filo, porque los votantes pro Piñera esperan más de su gobierno

Inmigrantes y cifras de desempleo

Como consecuencia del bajo crecimiento del producto, el segundo gobierno de Bachelet también tuvo un desempeño mediocre en materia de empleo y su sucesor tampoco ha sido capaz de superar esta situación. En este ámbito también flaquea el eslogan de los “tiempos mejores”, porque los ciudadanos que estuvieron más motivados por factores materiales que ideológicos para apoyar al candidato de derecha, con su voto buscaban (o quizás siguen buscando) resultados concretos en materia de empleo y salarios. De allí entonces lo que muestran las últimas encuestas que miden el respaldo popular al gobierno, en las cuales se nota el desencanto de los votantes, a los cuales se puede adjudicar una actitud más exigente, porque esperaban resultados en corto tiempo.

El último Ipom el Banco Central le brindó una ayuda técnica al gobierno en su afán por explicar el persistente desempleo del 7% que ha informado oficialmente el INE.

Lo que está ocurriendo en el mercado laboral ha sido objeto de debate entre los técnicos del gobierno y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), por la medición del empleo y el desempleo, debido a una aparente contradicción entre los resultados de las encuestas de este organismo y las cifras que se obtienen por la vía administrativa, particularmente de los registros de afiliados (trabajadores) con sus cotizaciones al día en las administradoras de fondos de pensiones (AFP) y en las instituciones de salud, tanto privadas (isapres) como en el estatal Fonasa. En este plano, el último Ipom el Banco Central le brindó una ayuda técnica al gobierno en su afán por explicar el persistente desempleo del 7% que ha informado oficialmente el INE (hasta en las encuestas de los últimos meses de 2018):

“Respecto del mercado laboral, se evalúa que el rezago del empleo respecto de la actividad es menor al antes considerado. Ello, pues al contemplar el impacto del significativo flujo inmigratorio, el crecimiento del empleo registrado desde el 2016 ha sido mayor que lo informado por las encuestas. No obstante, la absorción completa de la mayor oferta laboral que implica la inmigración puede tomar más tiempo, por lo que este mayor crecimiento del empleo no implica mayor estrechez del mercado laboral.” (4).

Sin embargo,  el ente emisor añade que los indicadores salariales, tanto las cifras revisadas del INE como los registros administrativos, muestran tasas de crecimiento menores, lo que es coherente con la brecha que aún presenta la oferta laboral. Este último dato tiende a relativizar el efecto de la masa de trabajadores migrantes que se ha instalado en el país, por cuanto si bien pueden servir para contradecir las cifras de empleo del INE, también estarían dando cuenta del aumento efectivo de ocupaciones informales y de empleos mal remunerados.

En cualquier caso, el millón y tanto de inmigrantes que ha recibido Chile en los últimos años ha estado presionando a la fuerza laboral local, tanto para acceder a un empleo como para que esta última modere las demandas por mejores salarios. En la lectura del Banco Central, este fenómenos ha estado contribuyendo a que los precios internos no reciban una presión adicional al alza, proveniente del aumento de salarios.

“Respecto de sus efectos en la inflación, la inmigración la eleva de forma acotada, predominando el efecto del mayor gasto en consumo por sobre el de las presiones salariales”, concluye el Banco Central.

Lo que está ocurriendo en el plano de los inmigrantes ha sido de gran ayuda política para el gobierno de Piñera, ya que a nivel popular el fenómeno de la inmigración es visto como una competencia directa en el acceso a los empleos, sobre todo aquellos de menor calificación. No por otra cosa entonces, en otra encuesta de Cadem sobre los inmigrantes, el 83% de los encuestados estimó que el país debe restringir el acceso y el 58% apoyó la decisión del gobierno de no firmar el Pacto Global Migratorio de Naciones Unidas.

Con un claro sentido populista, el gobierno de Piñera ha estado recurriendo al fenómeno de la inmigración para contrarrestar su débil aprobación en el ámbito económico. Con este fin ha recurrido a un amplio despliegue mediático con el plan de repatriación de ciudadanos haitianos, mediante el flete de aviones pagados por el Estado desde Santiago a Puerto Príncipe.

Con un sentido similar, Piñera instruyó al ministro de Hacienda, Felipe Larraín, a sacar de la billetera fiscal $ 10.000 millones (poco más de US$ 13 millones) para cubrir parte del déficit del sistema de transporte metropolitano de pasajeros, conocido como Transantiago. Este aporte se produjo a solo días de que las empresas de buses revelaran que un aumento de las tarifas se hacía inminente.

Esto muestra que el gobierno de Piñera está dispuesto a sacrificar su discurso de austeridad fiscal para contrarrestar la baja adhesión en las encuestas, con el fin de lograr un segundo periodo de gobierno consecutivo para la derecha, a partir de 2022. A esta tarea está contribuyendo pasivamente una centroizquierda atomizada y carente de liderazgos.

 

Citas:

(1)   Disponible en: https://www.cadem.cl/wp-content/uploads/2018/12/Track-PP-257-Diciembre-S2-VF_2.pdf

(2)   El 4% de variación del PIB para 2018 corresponde a la proyección del Banco Central hecha en su último Informe de Política Monetaria, de diciembre de 2018.

(3)   Banco Central de Chile, “Informe de Política Monetaria, diciembre 2018”. Pág. 7.

(4)   Op cit, pág. 8.

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Sobre el Autor

Editor Política & Economía