¿El Crecimiento es Enemigo del Clima?

El Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, fijó su preocupación en aquellos que aseguran que la lucha contra las emisiones de gases es incompatible con el crecimiento económico. El desacuerdo tiene que ver con dos visiones que se oponen. Una en la cual el sistema económico es una suerte de maquina rígida, que transforma en riqueza los flujos de materia y energía. Y otra, que lo considera como una máquina flexible, plástica, que puede ver su aporte de materias y de energía modificado, sin consecuencias dramáticas sobre la riqueza.


Stéphane Foucart

En una breve y vigorosa crónica titulada “Errores y emisiones” (New York Times, 18 de septiembre de 2014), el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, fijó sus preocupación en lo que él estima son los grandes falsificadores del “desencanto climático”, aquellos que aseguran que la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero es fundamentalmente incompatible con el crecimiento económico.

“Los más peligrosos adeptos de dicho desencanto son los anti-ecologistas de derecha”, escribe Krugman, pero ellos son ayudados y confortados por otros grupos, situados en la izquierda, que tienen sus propias razones para estar equivocados. De un lado están los medios de negocios neoconservadores que aseguran que es imposible luchar contra el recalentamiento sin deteriorar la economía. Del otro, “esencialmente el movimiento europeo por el decrecimiento o grupos americanos como el Post Carbon Institute”, precisa P. Krugman. Aquellos que preconizan la disminución de la velocidad de la economía como una condición necesaria de la reducción de las emisiones. Aliados involuntarios los dos extremos del espectro político estarían por consiguiente unidos para promover el “desencanto climático” ambiental, y por consiguiente, la parálisis y la inacción.

 De un lado están los medios de negocios neoconservadores que aseguran que es imposible luchar contra el recalentamiento sin deteriorar la economía. Del otro, “esencialmente el movimiento europeo por el decrecimiento o grupos americanos como el Post Carbon Institute”, sostiene Krugman.

El economista americano se apoya sobre varios trabajos recientes, algunos conducidos por el británico Nicolas Stern o por el FMI, para afirmar que el crecimiento puede ser fácilmente desacoplado de las emisiones de gas con efecto de calentamiento con una política climática ambiciosa. Fijar un precio mundial al carbón permitiría una reorientación muy rápida y masiva de las inversiones y de los modos de consumo, lo que conduciría a una baja sustancial de las emisiones.

Krugman recuerda que la producción energética descarbonizada es cada vez más abordable y cita por ejemplo “la división por dos del costo del foto voltaico desde el 2010.” Conclusión del Premio Nobel de economía: “Si un día nosotros pasamos por sobre los intereses particulares y la ideología que han bloqueado la acción necesaria para salvar el planeta, veremos que eso será más simple y menos costoso, que nadie, o casi nadie, no lo hubiera imaginado”.

Richard Heinberg, del Post Carbon Institute, ha respondido severamente al economista americano, acusándolo de múltiples errores y omisiones. El Think Tank californiano hace primero valer que Krugman no profesa el fin del crecimiento, solo se limita a constatar “los signos evidentes que el crecimiento se acaba de por sí, pues nuestra economía alcanzo el limite biofísico del sistema”.

“El limite más crítico al crecimiento económico es la disponibilidad de combustibles fósiles baratos, recursos extraordinarios alrededor de los cuales nosotros hemos organizado el conjunto de la economía mundial, sostiene Richard Heinberg del Post Carbon Institute.

“El limite más crítico al crecimiento económico es la disponibilidad de combustibles fósiles baratos, recursos extraordinarios alrededor de los cuales nosotros hemos organizado el conjunto de la economía mundial (y sus centena de billones de dólares de infraestructuras) en el curso del último siglo, escribe Richard Heinberg. Los economistas reconocen este límite pero la relegan resumidamente a la fila de los problemas fácilmente solucionables por el mercado.”

El nudo

¿Qué dice el consenso económico sobre esta cuestión? Pidamos el arbitraje a Ottmar Edenhofer, economista del Potsdam Institute for Climate Impact Research y copresidente del panel encargado de las cuestiones económicas del Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre la Evolución del Clima (GIEC).

“El crecimiento económico puede ser compatible con la reducción de las emisiones, incluida una disminución suficiente para mantenernos bajo los 2°C de recalentamiento. Nosotros hemos conducido un análisis económico muy cuidadoso en el marco del GIEC: En los escenarios sin cambio, el consumo crece de 1,6% a 3% anual. Una política ambiciosa de atenuación del recalentamiento reduciría este crecimiento en 0,06% anual”. Es decir muy, muy poco. La pregunta, agrega M. Edenhofer, no es el crecimiento económico como tal, sino saber “si nosotros elegimos un crecimiento inteligente, en vez de elegir un crecimiento que desestabilice el clima del planeta”.

El nudo del desacuerdo tiene que ver con la naturaleza misma de la economía. Dos visiones, por tanto, se oponen. Una visión de físico, en la cual el sistema económico es una suerte de maquina rígida, que ayudada por la ingeniosidad humana, transforma en riqueza los flujos de materia y energía. En esta visión “física”, la principal flexibilidad del sistema frente a la reducción de los flujos de materia y energía, es el exceso de endeudamiento. En un artículo publicado en enero 2012 por Nature, James Murray (un oceanógrafo) y David King (un químico) veían por ejemplo la crisis de la zona euro como una consecuencia económica de la escasez de petróleo convencional, cuyo pico de producción ha sido alcanzado en el 2005.

 El nudo del desacuerdo tiene que ver con la naturaleza misma de la economía. Dos visiones se oponen. Una en la cual el sistema económico es una suerte de maquina rígida, que ayudada por la ingeniosidad humana, transforma en riqueza los flujos de materia y energía. Y otra que considera el sistema económico como una máquina flexible, plástica, que puede ver su aporte de materias y de energía modificado, sin consecuencias dramáticas sobre la riqueza producida. 

La visión de los economistas convencionales es diferente. Ella considera más bien el sistema económico como una máquina flexible, plástica, que puede ver su aporte de materias y de energía modificado, sin consecuencias dramáticas sobre la riqueza producida. Y de hecho, la noción misma de riqueza descansa también sobre creencias colectivas desconectada de la realidad material del mundo.

¿Cuál de esta dos visiones concurrentes es la que describe mejor las cosas? Nos cuidaremos mucho de no ser bastante presuntuosos para dirimir. El futuro se encargara muy luego de hacerlo.

Fuente: Le Monde, Septiembre 2014.

Traducción: Alexis Guardia B.

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Sobre el Autor

Stephane Foucart

Stephane Foucart

Periodista francés. Estudió en la Escuela Superior de Periodismo de Lille. Especialista en la cobertura de periodismo científico para Le Monde.