El afán hegemónico tras la guerra comercial de Estados Unidos y China

La cruzada proteccionista que lanzó hace un año el Presidente Donald Trump, con el fin de contrarrestar el déficit comercial de su país, partió con el aumento de aranceles, es decir, de los impuestos al valor de las importaciones para sus principales socios comerciales, en particular China y la Unión Europea. Sin embargo, no sabemos si esta medida desestabilizará aún más el comercio mundial, o agravará los problemas económicos internos de la economía estadounidense.


 

Por Alexis Guardia Basso

La secuencia de la denominada guerra comercial de Estados Unidos comenzó el 1 de marzo de 2018, con el aumento de aranceles de 25% y 10% a las importaciones de acero y aluminio efectuadas por Estados Unidos desde Canadá, México y Corea del Sur. Poco después siguió con un aumento de aranceles del 10% para las importaciones chinas, para posteriormente -el 10 de mayo del presente año- volver aumentarlos a 25%, imponibles sobre US$ 200 mil millones de productos chinos importados. Hacia fines de junio serían afectados productos chinos por unos US$ 300 mil millones de importación suplementaria, a la altura de 25% de arancel.

La respuesta de China ha sido imponer alzas de hasta 25% del arancel sobre US$ 60 mil millones de importaciones provenientes de Estados Unidos.

Naturalmente, el gobierno de Trump se encuentra en una posición de fuerza, pues China no puede replicar al mismo nivel, pues ellos importan mucho menos bienes de este país, respecto de las compras que hacen los estadounidenses en China. Por otro lado, no es menos cierto que el aumento de aranceles en EE.UU. de alguna manera puede repercutir en los precios, generando una presión inflacionaria que sacaría a la Reserva Federal (Banco Central) de Estados Unidos de su actual pasividad.

Guerra tecnológica

En mayo comenzaron las negociaciones entre EE.UU. y China. en torno al tema comercial. con un tema adicional que algunos llaman “la guerra tecnológica”, pues incluye el problema de la propiedad intelectual. Cuestión importante sin duda desde el punto de la hegemonía mundial, pues China no tiene la intención de renunciar a ser, hacia 2025, líder en diez sectores tecnológicos clave. Según The Wall Street Journal, las autoridades chinas se habrían negado recientemente a comprometerse por escrito a modificar su legislación sobre la propiedad intelectual y el respeto de las patentes, como tampoco las transferencias forzadas de tecnología y la subvención del Estado a las empresas chinas. Particularmente aquellas que están en la punta del progreso tecnológico.

La respuesta de Estados Unidos no ha sido menos fuerte, pues recientemente ha declarado al importante conglomerado económico chino Huawei (número dos mundial de las telecomunicaciones detrás de la empresa coreana Samsung, pero delante de Apple) como parte de la lista de las empresas que amenazan la seguridad nacional. En la práctica, esto significa que las empresas de Estados Unidos deben, en lo sucesivo, pedir una licencia especial antes de hacer negocios con Huawei.

En lo que se refiere a las medidas proteccionistas en torno al acero y el aluminio, las universidades de Los Ángeles (UCLA, Berkeley) y Columbia han estimado que los aumentos de aranceles impuesto por Estados Unidos han costado en un año US$ 69 mil millones a los consumidores estadounidenses, ya que deben pagar más caro los productos a base del acero o el aluminio.

El déficit comercial de Estados Unidos en 2018, fuera de los servicios, alcanzó US$ 891 mil millones, considerado un récord histórico.

Pero si nos vamos a la fuente de la cual surge, primero la preocupación y luego la política comercial actual de EE.UU., ello nos remite al importante déficit comercial de Estados Unidos en 2018, el cual fuera de los servicios, alcanzó US$ 891 mil millones, es decir un alza de 10% considerado, un récord histórico. Sin embargo, este aumento del déficit comercial es también resultado de un importante crecimiento económico de los Estados Unidos y que alcanzó en 2018 a 2,9%, y el primer trimestre del presente año 3,2% en ritmo anual, con una tasa de desempleo la más baja desde hace 50 años, y  un déficit fiscal que se encuentra actualmente en ritmo anual en 4,4% del PIB.

Sin embargo, no hay que olvidar que la economía de EE.UU. tiene algunos privilegios respecto de otros países que le compiten, pues es la única que dispone de la moneda de reserva dominante, el dólar, lo que le permite financiar sus déficits con el resto de los países, los cuales colocan sus ahorros en papeles en dólares, por el Tesoro de EE.UU.

En consecuencia, el déficit comercial de Estados Unidos no se explica por la deslealtad comercial de los chinos, ni de la mala voluntad de los europeos para comprar productos estadounidenses.

Si Estados Unidos compra mucho al resto del mundo y no exporta lo suficiente, se debe al privilegio indicado, que le permite enfrentar con mayor comodidad sus desequilibrios de orden presupuestario, es decir, básicamente con un ahorro insuficiente. Todo esto le ha permitido dopar a su economía vía reducción masiva de impuestos y aumento del déficit fiscal, derivado de un aumento importante del gasto presupuestario, que además en condiciones de pleno empleo y un alza del dólar favorece el crecimiento de la demanda de consumo, de bienes finales e intermedios, tanto nacionales como importados.

En este contexto, el conflicto comercial y tecnológico entre Estados Unidos y China es más amplio que un conflicto aduanero. Se trata de dos economías que tienen modalidades de funcionamiento diferentes en el ámbito económico y político. Pero ambos tienen en común la impronta nacionalista del logro de la hegemonía mundial.

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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.