Economista Robert J. Gordon desmitifica aporte de las nuevas tecnologías a la productividad

El economista Robert J. Gordon dice que el liderazgo económico de Estados Unidos está llegando a su fin, dejando atrás casi dos siglos de vigorosa expansión. Los factores fundamentales de este retroceso son lo que él llama la epidemia de la deuda fiscal, la baja de la productividad, el deterioro de la educación y la creciente desigualdad social. En esta entrevista concedida al periódico francés “Le Monde”, el mes pasado, Gordon plantea que es inevitable un largo período de estancamiento en la principal economía mundial, “del que quizá no se encuentre la manera innovadora de salir”.


 

Según Robert J. Gordon, las grandes rupturas tecnológicas ya han ocurrido y por eso la productividad global de factores progresa menos rápido. Con una óptica particular, Gordon plantea su escepticismo sobre la llamada “nueva economía”, altamente robotizada, que se adjudica a las tecnologías de la información.

En su libro “The rise and fall of american growth” usted plantea que el fuerte crecimiento de la economía de Estados Unidos entre 1870 y 1970 fue un paréntesis excepcional. ¿Por qué?

Antes de 1870 el crecimiento mundial era débil. Entre 1870 y 1970 la segunda revolución industrial en los Estados Unidos transformó todos los campos de la economía y los modos de vida. En solo algunos decenios, las grandes invenciones se combinaron para ofrecer a los estadounidenses el acceso al agua potable, a la electricidad, al teléfono. El automóvil revolucionó el transporte y los progresos de la medicina prolongaron la esperanza de vida. Estos cambios fueron acompañados de una fuerte alza de la productividad per cápita y del crecimiento. Ahora bien, después de la década de 1970 la productividad global, que mide la parte del crecimiento vinculado al progreso técnico, se debilitó. La edad de oro del crecimiento fuerte está detrás de nosotros.

¿Internet, la informática, los robots no aportan cambios mayores?

Sí, pero esta tercera revolución industrial concierne a una esfera estrecha principalmente el sector del entretenimiento, de la información y la comunicación que no pesa más que 7% del PIB de Estados Unidos. Estas tecnologías no transforman lo cotidiano de los individuos en las mismas proporciones que las innovaciones pasadas.

Después de la década de 1970 la productividad global, que mide la parte del crecimiento vinculado al progreso técnico, se debilitó.

En la oficina, el salto de la revolución digital se produjo a finales de la década de 1990, con la combinación de los computadores y de internet. Después las condiciones de trabajo no han cambiado: un computador, un teléfono y una conexión. Las grandes rupturas ya han ocurrido. Por eso la productividad global de factores progresa menos rápido.

¿No es un problema de la medida estadística? Porque el valor creado por ciertos servicios de la nueva economía no es tomado en cuenta en el PIB.

No, y por una simple razón: esto no es nuevo. La importancia económica de las innovaciones siempre ha sido subestimada. Eso no explica en nada la debilidad actual de la productividad.
¿Es esto una amenaza para el empleo?
No, porque las transformaciones inducidas por la digitalización y la inteligencia artificial son lentas. Los robots aparecieron hace más de 50 años en las fábricas de automóviles. La economía lleva tiempo en adaptarse; nuevos empleos aparecen y reemplazan aquellos destruidos por el progreso técnico, aún si el crecimiento es en el conjunto menos fuerte.

¿Este menor crecimiento pone fin al sueño americano?

Estados Unidos tiene plomo en las alas desde hace una treintena de años, con el aumento de las desigualdades y la erosión de los ingresos reales. Para las nuevas generaciones, la posibilidad de alcanzar un nuevo nivel de vida más elevado que el de sus padres no existe más.
La sociedad estadounidense está fracturada, en la parte baja de la escala distributiva, las familias monoparentales tienen niños que reciben una educación mediocre y -por tanto- sus oportunidades de ascenso social son limitadas.

¿Cómo reducir las desigualdades?

Es necesario grabar con impuestos más fuertes a los ingresos más elevados, con el objetivo de instaurar una nueva forma de redistribución, permitiendo mejorar el acceso a una mejor educación a las clases desfavorecidas, principalmente desde la pequeña infancia. Esta es la clave, pues el aumento de las desigualdades es también uno de los factores que alimentan la erosión de la productividad.
Ud. es uno de los teóricos de la estagnación secular. ¿Cuáles son sus causas?
La estagnación secular es reflejo del debilitamiento en el crecimiento de los países desarrollados. Además de la disminución de la productividad, es alimentada por el envejecimiento de la población. En los Estados Unidos la partida a la jubilación de los que protagonizaron la explosión demográfica explica una baja en el número de horas trabajadas por persona que debería continuar durante al menos dos décadas más.

¿Qué consecuencias tendrán estas mutaciones en las políticas monetarias y presupuestarias?

Del lado monetario, será necesario habituarse a tasas de interés estructuralmente más bajas. Es lo que los mercados comienzan a comprender, de allí su nerviosismo. Del lado presupuestario, las economías industrializadas estarán muy apretadas. El estancamiento de los salarios reales y el envejecimiento de la población se traducirán por ingresos fiscales menores y en una mayor presión por el aumento de los gastos sociales y de las pensiones. Todo ello implicara un aumento de la deuda pública. Lo cual puede incidir en un alza de impuestos y una baja de las prestaciones sociales.

Menor crecimiento, ascenso social quebrado, estancamiento de salarios… ¿Todo ello tendrá consecuencias políticas?

Seguro que sí. Después de cien años, el resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos está en gran parte vinculado con los desempeños económicos observados durante los años precedentes al escrutinio. Luego, aun con una tasa de desempleo muy baja, 4,9% de la población activa, los ingresos reales no crecen . Yo estoy muy inquieto. Si los republicanos ganan la elección presidencial en noviembre, ellos no harán nada para corregir las desigualdades. Nosotros retrocederemos en materia de política social y de regulación financiera.

Nota del editor:
Robert J. Gordon es economista neokeynesiano. Se graduó en Harvard University en 1962 y en 1967 se doctoró en MIT (Massachusetts Institute of Technology). Es autor de diversas publicaciones en el campo de la macroeconomía social, con foco en productividad, crecimiento y distribución de ingresos. Actualmente es profesor en Northwestern University (Illinois).

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Sobre el Autor

Editor Política & Economía