Doctora Carmen Parra: “Necesitamos un cambio de chip para que los futuros profesionales se inclinen por la economía solidaria”

La inserción social y económica de las personas más excluidas en la sociedad actual, tales como los indigentes, los ex presidiarios, los discapacitados y los inmigrantes, son temas de difícil manejo para los gobiernos de distintos países, sean éstos desarrollados o en vías de serlo. En Francia y España llevan años aplicando el concepto de la economía solidaria, que nace en los años 60 del siglo pasado, como respuesta al alto desempleo. Hoy el fenómeno de la inmigración y de los refugiados ha llevado a los europeos retomar este concepto, lo cual a su vez ha generado su propagación en el mundo occidental.


 

Por María Isabel Guzmán

La doctora en Derecho de la Universidad de Barcelona, Carmen Parra, es directora de la cátedra Economía Solidaria, en la Universidad Abat Oliba CEU, de la capital catalana. En esta institución académica ha impulsado el Observatorio de Economía Solidaria, en el que participan 25 universidades de España. Con ocasión de su visita a Chile, a mediados de diciembre de 2016, ofreció una entrevista a Política & Economía, con el fin de explicar la importancia de la economía solidaria.

Según la profesora Parra, el objetivo fundamental de la economía solidaria “es reincorporar a los más excluidos del sistema al mundo laboral”. Pero no solo eso, sino también contribuir a que éstos tengan una oportunidad formativa. “Son personas que no han podido estudiar, o que se han visto afectadas por enfermedades, por consumo de drogas, etc. y no han podido salir adelante; entonces el objetivo central es ofrecerles formación y acceso a un empleo remunerado”.

Carmen Parra estuvo en Chile invitada al lanzamiento del Núcleo Académico Desarrollo Humano y Economía Social, de la Facultad de Ciencias Humanas y Educación, de la Universidad del Pacífico. Allí ofreció la conferencia “La economía social y solidaria y sus aportes al desarrollo humano”.

¿Cómo operan las empresas solidarias, o empresas de inserción?

Esta es una figura novedosa, nacida en los países del sur de Europa. Es una empresa de servicios o de producción de alguna manufactura, que se caracteriza porque en ella trabajan conjuntamente personas regulares con personas que vienen de la inserción social. Una vez acogidas en estas empresas, aprenden un oficio y al mismo tiempo ganan dinero.

¿Esas personas reciben alguna certificación por trabajar y aprender a la vez?

Sí, desde luego. Y además desarrollan competencias transversales. Es decir, le enseñamos disciplina para poder convivir con el resto de la comunidad y tener una responsabilidad. Todo esto a través del trabajo, de convivir con sus compañeros y de tener ese deseo de incorporarse al mundo laboral.

¿Las empresas de economía social deben necesariamente estar vinculadas a una fundación sin fines de lucro?

Si, la ley española de empresas de inserción (Ley 14/2007), exige que sea una fundación la que esté detrás. Estas fundaciones a su vez manejan una base de datos de las personas que se pueden beneficiar.

¿Qué ocurre si estas empresas obtienen utilidades, como sería lo esperable?

Casi todas las fundaciones que no tenían empresas de inserción han tenido que cerrar, porque dejaron de recibir subsidios del gobierno. La solución vino entonces de la mano de las empresas de economía solidaria, porque producen ganancias y éstas van a la fundación, de tal forma que se crea un círculo virtuoso, porque con este dinero las fundaciones financian otros proyectos de ayuda social.

En Chile está de moda la responsabilidad social empresarial (RSE), a través de la cual las empresas realizan aportes de la ciudadanía y a la preservación del medioambiente. ¿Qué opina al respecto?

Es una alternativa válida y me tomo del ejemplo de España, porque allá las empresas tradicionales colaboran con las fundaciones, basándose en un objetivo social. Para estas empresas es el win to win. Por ejemplo, si ponen lámparas led en un hotel están demostrando a los clientes que están comprometidas con el ahorro de energía, que son ecológicas y eso a su vez agrada al cliente. Entonces, yo compro un producto porque sé que parte de lo que va a ganar la empresa sirve para apoyar a una comunidad indígena que produce quínoa, por ejemplo.

Usted plantea el uso del concepto de “territorio socialmente responsable y zona cero”. ¿De qué se trata esto?

Este concepto se da cuando las empresas de economía solidaria se proponen trabajar localmente, con todos los actores que se encuentran dentro del territorio. Entonces, por ejemplo, si son regiones agrícolas, a eso va la ayuda de esa zona. Si se trata de un barrio esta empresa le paga a los chicos que están en el colegio para que organicen un equipo de deportes, o un festival de rock. Así, las familias en este territorio se verán menos tentadas a comprar un producto chino, aunque sea más barato, porque preferirán apoyar los productos de la región.

¿Estas empresas ofrecen trabajo a los inmigrantes?

Sí, porque en España existe una política regulatoria de la inmigración y como los inmigrantes llegan como legales, hay cupos de entrada en el ámbito laboral.

Pero como este fenómeno ha tenido un aumento explosivo en los últimos años, hay más inmigrantes que oportunidades laborales. Por eso se han ido concentrando en bolsas de pobreza. Tenemos compromisos con los derechos humanos y en ese sentido la empresa de inserción considera al inmigrante como una posibilidad para ayudarlo a incorporarse dentro de la sociedad.

En el fondo, estamos dando un puesto de trabajo a una persona que va a producir para el país. O sea, si entra un inmigrante y lo voy a dejar sentado en una silla, me va a costar mucho dinero, pero si le doy un trabajo, esta persona va a producir, va a consumir y me va a ayudar a sacar adelante el país.

Si al inmigrante lo dejamos sentado en una silla, va a costar mucho dinero, pero si le damos un trabajo, esta persona va a producir y ayudará a sacar adelante el país.

¿Hay un tratamiento diferenciado para la mujer migrante?

En España las mujeres inmigrantes acceden a microcréditos, para abrir un puesto en el mercado, o montar una peluquería, o crear una academia de baile, todo esto lo consiguen con préstamos de bancos solidarios. A su vez, las personas que son accionistas de bancos, o que son socios de aluna cooperativa de crédito no les importa mucho recibir menos ganancias, pero si tener la satisfacción de estar contribuyendo a la comunidad. Eso no quiere decir que mi dinero no va a producir, pero yo controlo donde quiero que vaya y a quienes estoy ayudando. Y esto hace que se cree un trabajo en red muy potente.

¿Cuál es la deferencia entre un centro especial de empleos y una empresa de inserción?

La idea es la misma. Se diferencian en que las empresas de inserción trabajan con la exclusión social y los centros especiales de empleo con discapacitados. Pero estas últimas tienen mucha más ayuda estatal que las de inserción social. Reciben bonificaciones especiales y reducciones a las contribuciones de la seguridad social, así como bonificaciones laborales. Más que las empresas de inserción. Pero también es verdad que en España los programas para discapacitados llevan la delantera por años a las empresas de inserción social. Entonces, lo que intentan éstas es que se les apliquen los mismos beneficios.

¿Cómo plantearía esta idea en Chile, para incentivar a las empresas de economía social?

Hay que poner acento en la educación. Para mí todo pasa por la educación. Mis estudiantes en la universidad van a ser empresarios, abogados, políticos, etc. Dentro de 5, 6 ó 7 años, ese es mi público; a esos a los que tengo que convencer ahora; a esos tenemos que procurar un cambio de chip para que los futuros profesionales se inclinen por la economía solidaria.
A la ciudadanía, lo único que tengo que decirle es que le estoy ofreciendo un servicio, con la única diferencia que tiene un componente social. Y el ciudadano te lo va a comprar. Tú no eres más caro ni más barato, eres lo mismo que otro, pero vas a ayudar a que el cesante, el discapacitado o el inmigrante no te moleste en la calle pidiendo dinero porque no tiene trabajo.
Creo que esta es una manera de convencer a la gente, porque si no ayudamos con una visión de economía solidaria, al final lo tendrá que hacerlo el Estado y eso significa más impuestos.

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Editor Política & Economía