Crisis de la globalización y riesgos del rebrote proteccionista

¿Estamos viviendo el fin de la globalización feliz, donde todos ganan y a la que hasta hace poco debíamos adaptarnos de la mejor manera posible? El problema es que el balance señala que la globalización genera más daños que beneficios y existen legítimas dudas sobre las virtudes de este proceso. Hoy se habla del necesario balance que es necesario realizar entre los que ganan y los que pierden con la globalización y sus consecuencias políticas.


Por Alexis Guardia Basso

Las fuerzas de la globalización tal como las conocemos hoy irrumpieron en los años ‘90 del siglo pasado, desatadas por los países capitalistas desarrollados, cuando propusieron profundizar y desplegar una mayor apertura comercial, más la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), una vez culminada la Ronda Uruguay, en 1994. Por otra parte, esos mismos países, a través de las instituciones pertinentes (FMI, Banco Mundial) propusieron desplegar una mayor apertura financiera global para la entrada y salida de capitales. En poco más de 20 años la globalización inspirada de esta visión desreguladora de los mercados ha provocado un cambio profundo del capitalismo contemporáneo.
Las diatribas proteccionistas de Donald Trump, el Brexit, y el avance de los partidos nacionalistas de Europa hacen hoy del rechazo político de la globalización un tema relevante de las campañas electorales y de la reflexión política y económica.
A continuación detallamos los principales problemas que enfrenta el proceso de globalización.

 
Sobresalto y repliegue de las finanzas internacionales
Desde fines de los años ‘50 del siglo pasado hasta hoy los movimientos de capitales internacionales no han terminado de progresar. La liberalización cada vez más grande de los mercados de divisas, a partir 1971 (crisis del dólar y abandono de su paridad en oro) y posteriormente los avances en el desarrollo de las tecnologías de las comunicaciones fueron los principales motores de esta internacionalización de los capitales. Después este proceso se aceleró cuando se abrió la posibilidad para que los capitales extranjeros financiaran los déficit presupuestarios de los países, comprando títulos de la deuda pública a partir de los años ‘80, y en los ’90, cuando se permitió la liberalización de los servicios financieros, instalándose con ello en distintos países la oferta de servicios bancarios y financieros.
Aparece así la globalización financiera es decir un proceso de interconexión de los mercados de capitales al nivel internacional, conduciendo a la irrupción de un mercado mundial del dinero y de los activos financieros a la escala planetaria.
La crisis de subprime de 2007-2008, con epicentro en Estados Unidos, ha sido la más grande del capitalismo después de la de 1929, que obligo finalmente a los gobiernos intervenir y salvar al sector financiero prisionero de mercados fallidos. Esta crisis calmó los ardores de los inversionistas. El shock fue muy fuerte y después de 10 años de declarada el peso de los movimientos de capitales ha sido dividido por 10 desde, el peak del 2006. Los flujos de préstamos que se hacen los bancos entre ellos (sobre todo en Europa) bajaron en un tercio.

 
Baja del comercio internacional
Por otra parte, el comercio mundial creció menos que antes de la crisis (1980-2007), cuando se expandía dos veces más rápido que el crecimiento del PIB mundial. Después de un período de inestabilidad (2007-2011) el crecimiento del comercio mundial fue muy lento, poco más del 2% de promedio anual (2012-2016). Por cierto, la desaceleración del crecimiento mundial explica en parte esta debilidad, (menos se crece, menos se importa) pues el menor crecimiento del capitalismo desarrollado en buena medida obedece a la aplicación de políticas de austeridad.
Sin embargo, la pérdida de dinamismo del comercio mundial también se explica por factores más estructurales. En efecto, 60% del comercio internacional corresponde al intercambio entre distintas filiales de una misma empresa multinacional. Esto ha implicado una deslocalización de empresas comprometidas en el importante desarrollo al nivel mundial de sus cadenas de valor agregado. De este modo las grandes cadenas de producción industrial están hoy fragmentadas e instaladas en varios países.
Ejemplo: en la fábrica de teléfonos celulares (IFON) la pantalla táctil proviene de Japón; sus aparatos de fotos de Estados Unidos; el procesador de Corea del Sur y todo es armado en China antes de ser exportado.
China se encuentra después de algunos años en un proceso de redireccionamiento de su desarrollo hacia su economía interna y expansión del consumo. Ahora produce cada vez más localmente lo que importaba (sustitución de importaciones) y vende en el mercado doméstico. Se registra así una baja marcada para China de los intercambios mundiales de bienes intermedios para ser ensamblados. Además, en los países emergentes los salarios tienden a subir, cuando los costos de transporte de larga distancia ya no seguirán bajando. Las empresas multinacionales comienzan a repatriar una parte de sus cadenas productivas, a fin de seguir los cambios de gustos y evolución del progreso técnico en sus países de origen.

La deslocalización de empresas, o de parte de la cadena de valor, trajo consecuencias sociopolíticas relevantes en Estados Unidos y Europa.

La deslocalización de empresas, o de parte de la cadena de valor, trajo consecuencias sociopolíticas relevantes en Estados Unidos y Europa. La deslocalización de empresas hacia México y China, en el caso de Estados Unidos, creó una desindustrialización en el medio oeste del país, la que ha perdido más de la mitad de sus empleos industriales en 30 años, con un empobrecimiento de asalariados blancos, y que tradicionalmente en su mayoría votaban por el partido demócrata y ahora lo hicieron por Trump.
El Brexit ganó gracias a los votos de las regiones de Gran Bretaña devastadas por una desindustrialización, en parte imputable a la deslocalización de empresas. Francia deslocalizó parte de su industria en la Europa del Este, creando desempleo y abandono. Así grupos de trabajadores que antes votaban por el Partido Comunista ahora lo hacen por el Frente nacional.
Existe un Fondo Europeo de ajuste a la globalización y sus efectos son mitigados. En 2017, despues de 10 años de existencia, este fondo solamente ha podido asistir a 142.000 personas, víctimas del desempleo por deslocalización, una gota de agua para los 20 millones de desempleados en la Unión Europea.
Por cierto, no todo el desempleo es resultado de la deslocalización. también hay un efecto provocado por la globalización que es la mayor competencia que genera. Entre 2000 y 2015 más de 900.000 empleos industriales desaparecieron en Francia. Los expertos estiman que 15 a 20% de estas pérdidas están vinculadas a la competencia internacional.
Vale la pena recordar que la intensificación del comercio vía reducción de aranceles abre inmensos mercados a las empresas, según sus dominios de especialización. Los consumidores son también grandes beneficiados, en cuanto ella ha reducido los precios de numerosos productos. Pero simultáneamente ha generado más empleos precarios, recreando la noción de pobreza relativa (hogares que ganan menos del 60% del ingreso mediano) en países de Europa, donde la pobreza absoluta es muy baja (4,4% en Alemania). También la globalización está asociada a una disminución de las desigualdades entre el norte y el sur, con ascenso de los países emergentes, particularmente en Asia. Pero no menos cierto es que en el desarrollo de la globalización, la distribución del ingreso y del patrimonio, así como la movilidad social en los países líderes se ha empeorado.

 
La reacción proteccionista
Trump y su “America First” tiene el propósito de hacer volver algunas empresas (con un atractivo tributario) e iniciar un proceso de crecimiento local con un amplio programa de infraestructura. Además acaba de salir una orden ejecutiva que ordena un período de revisión de 180 días de todos los tratados de comercio de Estados Unidos. A su vez los partidos de extrema derecha europeos agitan el tema inmigratorio y la salida de la UE, con abandono del euro, ideas que también postula la izquierda más radical en Francia.
Sin embargo, el aumento de los aranceles sobre las importaciones chinas o mexicanas en Estados Unidos abriría una guerra comercial, pues los socios comerciales afectados tomarían medidas de retorsión, que se traduciría en pérdida de millones de empleo en Estados Unidos, además de inflación. Pasaría lo mismo en la UE si quisiera hacerlo.
En Europa, los países más favorables a la globalización son aquellos que han adaptado el Estado de bienestar a las patologías que ella genera: desempleo y empleo precario, en particular Europa del Norte. En Suecia (con un mercado interior de 10 millones de habitantes), los partidos políticos y los sindicatos son favorables a la globalización, pues no ven otra posibilidad. La ministra socialdemócrata de comercio sueca ha dicho que “nosotros somos extremadamente dependiente de nuestras exportaciones y una gran mayoría de los suecos lo comprende”.

 

El caso sueco
En 2016 Suecia exportó en bienes y servicios el 44% del valor de su PIB (Chile 25%) y tres cuartos los destinó a la UE. Sin el acceso al mercado internacional las empresas suecas no habrían jamás podido desarrollarse y encontrar el éxito. Se trata de exportaciones industriales y grandes empresas como IKEA, Volvo.
El jefe de la poderosa central sindical Sueca afirmaba: “nosotros luchamos por buenos salarios y buenas condiciones de trabajo, pero nunca hacemos trampa con la competitividad de las empresas, pues nosotros sabemos que esto es lo que nos hace vivir” (pragmatismo a la escandinava).
Según el Foro Económico Mundial, Suecia ocupa el sexto lugar mundial en el ranking de competitividad, con una tasa de actividad de 82% la más elevada desde 1992.
Las empresas que no llegan a competir desaparecen, “nosotros lo aceptamos (dice a ministra de comercio), pues no es soportable en el largo plazo tener empresas que no son competitivas.”
Todo esto funciona en Suecia, porque dispone de un poderoso sistema de protección social, que permite a los perdedores de la globalización insertarse en los procesos de renovación de la formación profesional que alientan la movilidad entre sectores.
A propósito de ello la Ministra afirmaba: “no es al obrero cuya empresa cierra por que ella no es más competitiva, de pagar el precio de la globalización. Esta responsabilidad debe ser asumida por toda la sociedad. Por lo demás es la única manera de garantizar el sostén de la opinión pública a la globalización” (1).
¿Francia y España podrían adoptar el pragmatismo a la escandinava?,
Podemos concluir que la globalización entró en una fase crítica cuando persistió en sus visiones utópicas que la inspiraron en su origen. Es decir, desregulación de los mercados y Estado mínimo a como dé lugar.

(1) Le Monde 20 marzo 2017. Pag 3 Economie &Entreprises.

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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.