Confluencia desde las antípodas para contener la globalización capitalista

El XXV Foro de Cooperación Económica Asia-Pacifico (APEC), realizado el 10 y 11 de noviembre en Da Nang, Vietnam, ha dejado para la posteridad la presencia como máximos protagonistas a Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping, hombres al mando de Estados Unidos, Rusia y China, respectivamente. Sin embargo, esta cumbre ha de ser recordada por algo aún más importante que, si bien no es aparente a priori, es clave para el devenir internacional: el rechazo a las políticas de libre mercado, en la forma como operan hoy.


Por Benjamín Vallejos Rojas

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no perdió oportunidad en la XXV cumbre de la APEC, para atacar el proceso de globalización y de integración de mercados, dejando en claro que los intereses de Estados Unidos están primero y serán salvaguardados en su gobierno: “no dejaremos que se sigan aprovechando de Estados Unidos. Siempre voy a poner a Estados Unidos primero”, dijo Trump en la reunión realizada en la ciudad vietnamita de Da Nang.
El rechazo de Trump a la globalización contrasta con el discurso del Presidente de China, Xi Jinping, quien en la misma cumbre invitó a los participantes del foro a sumarse a una visión integrada del comercio y la inversión internacional.

La disputa entre más integración y menos integración, no es más que otro capítulo que se escribe del proteccionismo moderno en la agenda internacional.
El rearme de las corrientes proteccionistas y nacionalistas a lo ancho del globo es una realidad. Con los ejemplos de Marine Le Pen en Francia, la llegada al poder de Trump, o el triunfo del Brexit en Reino Unido, el escenario político internacional parece haberse alterado de forma significativa, no solo por la irrupción de nuevos actores, sino porque el clivaje tradicional de izquierda–derecha, que por tanto tiempo ordenó y definió el juego de la política, hoy da serias señales de ser insuficiente para en entender el debate económico y político a nivel global.

La forma tradicional de entender estos temas, o al menos con el enfoque que ha predominado desde hace décadas, resulta cada vez más incompleta para entender los movimientos político-económicos que han acaparado buena parte de la discusión internacional en el último tiempo. Así, basta con analizar la política europea para entender esto, pues recientemente los partidos y movimientos nacionales europeos han tomado gran relevancia mediática.

Ejes programáticos

En general, los ejes programáticos de los partidos y movimientos nacionalistas europeos abarcan tópicos comunes, destacando los siguientes: el rechazo al euro y a la integración económica; el rechazo de la inmigración; y la búsqueda de mayor protección para la industria local. Con estos ejes dichos partidos han cosechado gran parte de sus votos y victorias políticas, disputándoles apoyo a los partidos de izquierda.

Los neoproteccionistas, nacionalistas y los anti-globalización, seguirán dando mucho de que hablar, pues tras los triunfos de Trump, o del Brexit y la retroalimentación de los nacionalismos en países como Austria, Alemania, Francia, Grecia y Países Bajos, está siendo marcada por el auge y consolidación de una derecha dura y extrema.

Es preciso señalar que el rechazo al sistema de libre mercado no viene solo desde la derecha más dura. En países como España la izquierda más radical (ejemplo, Podemos, liderado por Pablo Iglesias) se ha ganado un espacio significativo en el escenario político, lo que se entiende como otra faceta de aquel sentimiento de desconfianza hacia el libre mercado y a la clase política tradicional.

Frente Amplio en Chile

En tanto, en Chile, el Frente Amplio (FA) ha dado la sorpresa y en las elecciones del 19 de noviembre pasado se consolidó como la tercera fuerza política, del país. Así, este nuevo conglomerado de izquierda se convierte en el catalizador de aquella parte de población que ve en las políticas de mercado la perpetuación de las injusticias sociales.

Los principales ejes programáticos que han catapultado al FA tienen un fuerte arraigo en las demandas ciudadanas contra el sistema de pensiones privado; contra el sistema de salud, sustentado en la discriminación (según sea la capacidad de pago de los pacientes); contra el actual sistema educacional; y contra la clase política tradicional. Ahora no es de extrañar que el FA, pese a contar con importantes semejanzas programáticas con la izquierda tradicional chilena, se niegue a pactar con ésta, pues actúa sobre ejes ordenadores más radicales y rupturistas del sistema capitalista.

Una vez dilucidado que la antinomia izquierda-derecha es al menos insuficiente para explicar el concierto político, cabe preguntarse ¿cuál es el eje que está ordenando la política tanto en Chile como a nivel internacional? La respuesta a esta interrogante no es simple, pues existen distintas confrontaciones que han venido tomando relevancia en la escena política. Sin embargo, hay una que la está determinando en forma significativa y que definiremos como “pro-sistema versus anti-sistema”.

La globalización y el libre mercado encuentran enemigos y detractores tanto en la derecha más dura, como en la izquierda más radical.

Por una parte, tenemos a quienes defienden las políticas liberales, el mercado, la globalización y la perpetuación del sistema, de forma completa o parcial. Acá encontramos a buena parte de los partidos tradicionales, donde puede haber algunos que si bien no defienden el sistema a cabalidad, lo que buscan es reformar alguno de sus aspectos. Por otro lado tenemos a quienes pretenden desplazar las políticas de mercado, reestructurando de forma significativa el sistema.

En este último grupo reina la desconfianza hacia el libre mercado y los supuestos beneficios de la globalización de los mercados; la desconfianza en las instituciones tradicionales, y el rechazo a la clase política tradicional.

Es aquí donde podemos agrupar también a los distintos partidos y movimientos de extrema derecha, que se resisten a la integración internacional de mercados y a los procesos migratorios y promueven el proteccionismo.
Simultáneamente, observamos partidos y conglomerados progresistas, que tomando como base programática las demandas sociales, también pretenden dar pie atrás a las políticas de libre mercado y reivindicar un estado más activo y gravitante en la economía.

Por lo tanto, hoy por hoy, la globalización y el libre mercado encuentran enemigos y detractores tanto en la derecha más dura, como en la izquierda más radical.

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Editor Política & Economía