Chile y su encrucijada

Mientras en Chile los grandes empresarios debaten sobre el anuncio de Adrónico Luksic, de fijar en 500 mil pesos (US$ 660) el salario básico para los trabajadores de su grupo de empresas, la historia nos recuerda que Henry Ford, en 1914, fue el primero en subir voluntariamente el salario a sus empleados para estimularlos a trabajar con esmero, lo cual implicó un salto del 51% en la productividad de su compañía.


 

Por Alexis Guardia Basso

La movilización masiva y pacifica que realizaron los chilenos el 25 de octubre pasado (1), contra las desigualdades, es un hito en su historia política. Pero no es menos cierto que el mundo entero se dio cuenta que Chile es un país que no obstante sus logros en el crecimiento, todavía se ubica entre los países de peor distribución del ingreso y donde el 1% más rico captura casi el 30% de los ingresos totales que se generan anualmente.

Al día siguiente de la gigantesca marcha, la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), importante agrupación de grandes empresas chilenas, se reunió para discutir sobre la situación del país. Lo extraordinario es que una parte no menor de este conclave, se destinó a criticar una reciente proposición del empresario Adrónico Luksic, quien anunciara públicamente que en sus empresas nadie ganaría menos de 500 mil pesos mensuales (660 dólares), a partir del año 2020.

Sin embargo, los grandes empresarios chilenos, tal vez por incultura o por olvido, no saben que la propuesta de Luksic es muy parecida a la que hizo Henry Ford en 1914, quien ofreció pagar cinco dólares diarios la jornada cuando sus salarios oscilaban entre tres y dos dólares. Cuenta la crónica de la época que al día siguiente de hecha esta propuesta diez mil trabajadores se presentaron a la empresa Ford para obtener un empleo. El hecho es que la productividad de los trabajadores de la Ford aumentó de 51% en 1914, después del aumento de salarios propuestos y el ausentismo se redujo a la mitad. Más tarde, el Ford mismo afirmaba que “el aumento de salarios ha sido la más formidable medida de reducción de los costos que el haya jamás realizado”.

Salario de eficiencia

Pero no es menos cierto que Ford también se dio cuenta de que no basta doblar los salarios para acrecentar de una vez por todas la productividad de sus obreros, pues lo que cuenta es que estos sean dos veces mejor pagados que en otras empresas similares, dado que el efecto de los aumentos de salarios sobre las motivaciones de los trabajadores no puede ser más que de corta duración.

Más tarde, en los años 80 y 90 del siglo pasado los economistas desarrollaron la teoría del “salario de eficiencia” que tuvo mucha importancia en el examen del mercado del trabajo (2). Sobre la base de los países de menor desarrollo, aumentando el salario de los obreros, se logra un aumento de la productividad más que proporcionalmente, por la razón simple que ello permite estar bien alimentado, bien alojado y bien cuidado, lo que al final es bueno para su productividad. Esta teoría fundada en análisis empíricos recuerda -por cierto- la propuesta de Ford, pues exponiendo a un obrero a perder un buen salario al cual ellos no podrían pretender en otra empresa, se los estimula a movilizar su esfuerzo y concentración. La teoría del salario de eficiencia, muestra así la relación compleja entre el crecimiento de un sector moderno de la economía y un sector atrasado o arcaico del otro.

Los grandes empresarios chilenos, tal vez por incultura o por olvido, no saben que la propuesta de Luksic es muy parecida a la que hizo Henry Ford en 1914.

Dada la importante crisis política por la que atraviesa el país, el empresariado chileno, particularmente el de las grandes empresas, tiene la oportunidad de revisar las normas dominantes que han generado en parte la desigualdad de oportunidades presente en la sociedad chilena, y que en muchas partes del mundo desarrollado, incluido los Estados Unidos, se ponen en cuestión, como es el principio único de la búsqueda de la maximización del valor solamente para los accionistas de la empresa, cuando la misión de las empresas no solo debe servir los intereses de sus accionistas en el largo plazo, sino también el de sus asalariados, de sus proveedores, así como el cuidado del medio ambiente en el cual trabaja la empresa, o el resto de ellas (3).

Como es sabido, fue el economista Milton Friedman (1912-2006) quien contribuyó a justificar la ineluctable lógica de la proposición de conducta para las empresas basada en que la responsabilidad social de las empresas era solamente maximizar sus ganancias. Hoy se discute en buena parte del mundo desarrollado el papel de las empresas en la sociedad. Chile, que se camina con dificultad hacia el desarrollo, no debería ser una excepción.

 

Notas:

(1)El 25 de octubre de 2019 se realizó la concentración más grande de que se tenga memoria en Chile, con una cifra estimada de 1.300.000 personas, que se congregaron en el sector de la plaza Baquedano y sus alrededores, en la capital chilena.
(2)Vease C. Shapiro y J. Stiglitz, “Efficiency wage as a worker disciplinedevise”, American Economic Review, 1984.
(3)Vease The New York Times, 19 de agosto de 2019.
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Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.